domingo, 22 de diciembre de 2013

LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE


 
Dice Rosa Montero en el libro La ridícula idea de no volver a verte que “cuando morimos nos llevamos un pedazo del mundo”. Estoy de acuerdo en esto, y ese pedazo del mundo que se ha ido acompañando a la persona amada, jamás se recupera y su carencia nos deja desvalidos.
Pero el libro de Rosa Montero no es sólo una reflexión ante la muerte de Pablo, su marido y de Pierre, esposo de Marie Curie, también en él se encuentra resumida la biografía de los dos científicos, en especial la de Marie Curie, de la que la escritora se vale para reflexionar acerca del papel asignado a las mujeres en el tiempo en que ésta vivió, de la superación del dolor, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a vivir con plenitud y con ligereza.
La ridícula idea de no volver a verte es una obra tan sincera que interpela al lector; Rosa Montero se dirige directamente a él y lo convierte en cómplice. Complicidad que te hace pensar y te conmueve. 
Cada persona tiene una forma distinta de afrontar el dolor que provoca la muerte de alguien muy querido, quizá la religión sea la más frecuente; pero hay otras como las drogas, la actividad intensa o la literatura. Marie Curie eligió el trabajo, al que se dedicó de manera frenética, y Rosa Montero busca el bálsamo de la literatura para hablarnos, no tanto de Pablo, como de ese pedazo del mundo que se fue con su muerte y que ambos habían compartido.
La biografía de Marie Curie nos presenta a la mujer tenaz y luchadora que en una sociedad dominada por hombres, frente a todo tipo de impedimentos y penurias, consiguió descubrir dos elementos químicos: el polonio y el radio, ocupó una cátedra en la Sorbona y ganó en dos ocasiones el premio Nobel.
Pero junto a la inteligente y brillante científica, Rosa Montero muestra a la mujer enamorada y a la madre educada para serlo, que se debate entre el papel que esa sociedad le ha asignado y sus propios intereses e inquietudes.
Luego está el otro aspecto del relato, lo que se relaciona con el diario, reproducido al final del libro, que Marie Curie escribe cuando muere su esposo: el dolor desgarrado que encontramos en esas breves páginas, que insisten una vez y otra sobre la parte del mundo que compartieron ambos y se ha desvanecido, que fue lo que impulsó a Rosa Montero, tras recibir el encargo de realizar un prologo en la publicación de dicho diario, a hablarnos de manera serena e intimista de su propio dolor.
La ridícula idea de no volver a verte podría definirse como un libro especial. Primero, porque es auténtico, no hay nada en él de artificioso o falso. Segundo, por el amor que transmiten sus páginas.
No sólo amor al otro, al esposo, al amante, al hijo o al amigo, sino amor a la vida en general, y, sobre todo, al trabajo elegido; en el caso de Marie Curie y Pierre, fue la ciencia; en el caso de Rosa Montero, es la literatura.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LEONORA

Fui a la biblioteca municipal en busca de un libro de Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013 y regresé con la biografía novelada de Leonora Carrington, obra por la que la escritora y periodista mejicana recibió en el año 2011 el premio Biblioteca Breve que concede la editorial Seix Barral.
Como de todos los movimientos artísticos que he debido estudiar nunca me atrajo el Surrealismo, no conocía a la protagonista de la obra citada. Ahora sé que nació en Inglaterra el año 1917 en una acomodada familia de industriales, que su era padre inglés y su madre irlandesa y que tenía tres hermanos, todos ellos varones.
Contada en tercera persona, con un estilo entre la crónica periodística y el reportaje de investigación, Elena Poniatowska, más joven que Leonora pero asidua de su casa en Méjico, hace hincapié en la rebeldía de la niña, lo que, unido a su inteligencia y extraordinaria imaginación, provocó que sus padres tuvieran muchas dificultades para educarla de acuerdo con lo que la elevada posición social que ocupaban requería.
Tras ser expulsada de varios colegios, logra por fin que le permitan estudiar pintura. Entra en contacto con el surrealismo y le impactan las obras del pintor alemán Max Ernst, con el que, a pesar de que sólo tiene 20 años y él 47 y está casado, inicia una relación amorosa en París en 1937.
En esta primera parte del libro y bastantes páginas de la segunda, Elena Poniatowska presenta a los protagonistas del surrealismo: André Breton, Artaud, Éluard, Dalí, Picasso Benjamín Péret, Marcel Duchamp, etc., hablándonos de sus obras y de su excéntrica y disparatada forma de vivir. La representación artística del mundo de los sueños, de los temores y deseos que alberga el inconsciente, da lugar a creaciones extrañas y terroríficas que ya entonces empezaban a pagarse muy bien por acaudalados mecenas, como la norteamericana Peggy Guggenheim.
La existencia llevada hasta el límite y la inestable relación que vive con Max Erns, hace que el equilibrio de Leonora se altere hasta bordear la locura y, en plena guerra mundial, internado Max en un campo de concentración francés, pasa a la España franquista en compañía de unos amigos, siendo ingresada, por mediación de su padre, en un sanatorio psiquiátrico en Santander.
En el sanatorio la someten a un agresivo y doloroso tratamiento que la autora narra con todo detalle. Una vez fuera, Leonora se traslada a Lisboa refugiándose en la embajada de Méjico. En Portugal se casa con el periodista y escritor mejicano Renato Leduc con el que viaja a Nueva York y después a Méjico, país al que, en un principio, no consigue adaptarse, lo que le lleva a separarse de Leduc.
Poco a poco Leonora se integra en el grupo de los surrealistas exiliados a causa de la guerra, se hace amiga de la pintora Remedios Varo y se une al fotógrafo húngaro de origen judío Imre Emerico Wesz (Chiki), con el que tiene dos hijos: Pablo y Gabriel.
En Méjico Leonora pinta, escribe y profundiza en la cultura ancestral del país, sintiéndose cercana a la creatividad de sus primeros pobladores, viviendo al margen de convencionalismo y explorando mediante la alquimia, la cábala, la meditación budista o la psicología de Jung las zonas oscuras que todo ser humano posee y que ella cree vislumbrar mostrándolas en sus obras.
En resumen, Leonora es un libro muy bien documentado, con el interés añadido de que su autora Elena Poniatowska conoció a la protagonista del relato homenaje, que la valora y admira de verdad y con la que, por diversas razones que dejo descubrir al lector, nuestra Premio Cervantes 2013 se identifica. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

TODO LO QUE ERA SÓLIDO

Cuando ya las ciudades están engalanadas para las próximas fiestas navideñas y el bombardeo publicitario, con la finalidad de aumentar el consumo, se hace cada día más insistente, creo que puede resultar interesante la lectura de Todo lo que era sólido, libro escrito por Antonio Muñoz Molina que nos habla, entre otras inquietantes y actuales cuestiones, del afán consumista propio de nuevos ricos que ha caracterizado a muchos españoles a lo largo de bastantes años.
El relato de Muñoz Molina está escrito desde el más absoluto desasosiego. El desasosiego que provoca a un hombre confiado en que el fin de la dictadura franquista y esa Transición considerada por tantos modélica traerían a España la democracia y la libertad ansiadas, analizar en qué nos hemos convertido.
Porque aunque es cierto que a España llegó la democracia y la libertad “sin ira” glosada por el cantor, junto a ellas aparecieron también actitudes y defectos propios de unas gentes a las que nadie enseñó a ser libres.
Ante la España actual, en la que el deterioro político, económico y social va en aumento, Muñoz Molina en Todo lo que era sólido se remonta al pasado, a su época como administrativo en Granada, como reconocido escritor en los fastos que acompañaron a la Expo en Sevilla, como Director del Instituto Cervantes en Nueva York, como un simple ciudadano que contempla lo que la especulación urbanística ha hecho con nuestros pueblos y ciudades, que está informado del despilfarro obsceno de tantas entidades y administraciones creadas cuando el dinero parecía inagotable, que ve surgir de nuevo rencillas propias de las dos Españas (por no decir diecisiete y pico), que helaron el corazón a Antonio Machado. Ante todo ese cúmulo de barbaridades y errores, Muñoz Molina alza su voz.
Y alza su voz con incredulidad y con rabia, buscando las razones que puedan explicar por qué se desvaneció en el aire “todo lo que era sólido”.
Nace así un relato vibrante y sincero, en el que se reconoce el buen hacer y el extraordinario ritmo narrativo característico de las muchas y variadas obras del escritor jienense.
Pero el ensayo no se limita sólo a denunciar de manera exhaustiva y pormenorizada, sino que una vez expuesto y analizado el panorama social, político y económico del país, una vez que nos ha colocado a todos frente al espejo de nuestra estupidez, nuestra ambición o nuestra cobardía, Muñoz Molina, como también lo hacen de continuo José Antonio Marina o Mario Vargas Llosa, plantea en Todo lo que era sólido la necesidad de “una serena rebelión cívica”, apremiándonos porque “hay cosas inaplazables”.
Hemos descubierto que “el rey está desnudo”, se ha desmontado El retablo de las maravillas y ante el falso oropel, ante la desnudez de aquellos que creímos dignos de confianza, “ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real”.
Ver las cosas como son implica distinguir lo que se ha hecho bien de lo que se ha hecho mal y actuar en consecuencia. Dejar a un lado ideologías, banderas y rasgos diferenciales. Buscar lo mejor para el conjunto cada uno en el puesto que tenga encomendado. Emular a Machado y procurar ser buenos con la misma intención que él se definiera en su Retrato; es decir, ser buenos “en el buen sentido de la palabra”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

LA TRAMA NUPCIAL

La trama nupcial, novela de quinientas treinta y una páginas escrita por el autor norteamericano Jeffrey Eugenides y que pronto será llevada al cine, al igual que ocurriera con otro de sus libros, Las vírgenes suicidas, conduce al lector al mundo universitario de Estados Unidos a principios de los ochenta, situándolo en la universidad de Brown en plena graduación de los nuevos licenciados.
La protagonista femenina de La trama nupcial es Madeleine Hanna, una joven de clase media alta estudiante de literatura clásica inglesa que está a punto de licenciarse en Lengua y cuya tesis ha versado sobre “la trama nupcial” en la novela victoriana; género por el que Madeleine, aficionada a la lectura desde la infancia, muestra predilección con autoras como Jane Austen y George Eliot.
Junto a Madeleine, comparten protagonismo dos jóvenes bastante diferentes:
-Leonard Bankhead, del que Madeleine se enamora, es un estudiante de Biología muy inteligente y brillante, pero con tendencias maniaco depresivas de origen genético, agravadas por haber vivido una infancia traumática.
Mitchell Grammaticus, enamorado de Madeleine, estudia Ciencias de la Religión e intenta encontrar un sentido a la existencia investigando corrientes religiosas en línea con los místicos, así como la forma de concretar en la práctica las distintas doctrinas. Por todo ello, tras graduarse, decide marchar a la India, iniciando un viaje que le llevará por Francia, Marruecos, Grecia y, finalmente, India, país en el que trabajará en un albergue fundado por la madre Teresa de Calcuta.
Muchas de las cuestiones reseñadas las vamos descubriendo conforme avanza la narración, ya que el relato no es lineal, sino que retrocede para contarnos situaciones vividas por los protagonistas siempre que Jeffrey Eugenides lo considera necesario.
De este modo, se nos proporciona información sobre las ramas del saber que interesan a Madeleine en la universidad: novela victoriana, semiótica o deconstrucción centrada sobre todo en Jacques Derrida. El análisis de estos tres aspectos de la formación académica de la joven es muy amplio y nos permite conocer, además de en qué consiste cada uno de ellos, el sistema de estudios de las universidades norteamericanas, más flexible y enriquecedor que el nuestro.
Dicho sistema se nos muestra también al reseñar el autor la trayectoria universitaria de los dos jóvenes. Exposición que Jeffrey Eugenides extiende hacia la enfermedad de Leonard, cuyos síntomas, evolución y tratamiento están explicados con todo detalle.
Las vidas de estos tres personajes principales se unen y separan en diversos momentos del relato; de modo que el final, en mi opinión muy acertado, termina sorprendiendo al lector.
En el curso de la historia, Jeffrey Eugenides, aparte de informarnos ampliamente sobre las cuestiones señaladas, analiza “la trama nupcial” de la que Madeleine es protagonista: romanticismo, sexo apasionado, angustia y dudas asociadas a la enfermedad del hombre al que ama, incomprensiones o apoyos familiares, etc.
Al lado de esta “trama nupcial” se presentan otras como la de la hermana de Madeleine, la de sus padres o la de los padres de Leonard, ninguna de ellas muy edificante.
En fin, La trama nupcial es una novela extensa, con gran variedad de registros, amplia información y bien escrita. Pero a mí no ha conseguido emocionarme.
 

 

domingo, 24 de noviembre de 2013

JUEGO Y DISTRACCIÓN

Voy a la biblioteca en busca de un libro no demasiado extenso que pueda comentar esta semana que preveo atareada.
Vuelvo a casa con Juego y distracción, novela escrita en el año 1967 por James Salter, autor norteamericano del que nunca oí hablar hasta ahora.
He elegido Juego y distracción porque Muñoz Molina, en cuyo criterio confío, se refiere a este libro de forma admirativa diciendo lo siguiente: “Salter logra lo que parece imposible, y de hecho casi siempre lo es: la dulzura explícita del sexo limpia de grosería, la sugestión de lo secreto y lo sagrado que ocurre entre dos amantes en el interior de una habitación”.
Al parecer, James Salter se inspiró para diseñar el principal personaje femenino de su novela, Anne-Marie, en una joven de 18 años que conoció en Francia allá por los años cincuenta, época y país en los que sitúa el relato.
La historia nos la cuenta en primera persona un narrador del que no llegamos a saber demasiado, sólo que es fotógrafo ocasional, que tiene amigos sofisticados y de clase alta, que una pareja de estos amigos le prestan la casa que poseen en una ciudad francesa de provincias; que viaja hasta ella en tren en un recorrido explicado con frases cortas y directas que son casi fotografías de los lugares que atraviesa y de las personas con las que coincide, en una país en blanco y negro extrañamente silencioso; y que ya en casa recibe la visita de Dean, joven norteamericano que había abandonado sus estudios en Yale y al que conoció en una de las reuniones con sus superficiales amigos.
El joven se presenta con un coche antiguo pero de gran precio y juntos se dedican a recorrer la zona. Hasta que Dean encuentra a Anne-Marie, oficinista de 18 años que no pertenece a su clase social, pero de la que se enamora convirtiéndose en amantes.
En adelante, el narrador nos describe la relación amorosa que se establece entre Dean y la chica por medio de un relato en parte atormentado y envidioso, en el que ha de inventarse multitud de elementos, así nos lo confiesa, intuyendo el final que no resulta demasiado amable.
Hay quien afirma que las muchas escenas de sexo que aderezan la historia determinó que, en principio, Juego y distracción  no obtuviese el éxito esperado (recordemos que la novela fue publicada en 1967).
Pero poco a poco los críticos han ido descubriendo y valorando la forma de escribir de James Salter, antiguo militar de carrera y piloto de las Fuerzas Aéreas (características profesionales que determinan, según mi parecer, el modo de tratar a los distintos personajes y ambientes),  y ahora, cuando ha cumplido ya 85 años, recibe toda clase de elogios y sus libros se reeditan por doquier.

domingo, 17 de noviembre de 2013

LAS AFUERAS

Escucho en la radio las respuestas de Luis Goytisolo a una de las muchas entrevistas que se le hacen por el hecho de haber conseguido el Premio Nacional de las Letras Españolas.
De todas ellas deduzco que es un autor complejo, no adscrito a movimiento literario alguno, que se exige mucho al escribir y que considera que la novela en su concepción clásica ha desaparecido a consecuencia, entre otras razones, de la rapidez con la que acostumbramos a vivir en los últimos tiempos. 
En la misma entrevista, Luis Goytisolo recomienda que aquellos que deseen iniciarse en la lectura de su obra empiecen por un libro titulado Fábulas que considera de gran actualidad.
Al no poder encontrar dicho libro (volvemos a las prisas), releo Las afueras, novela que el escritor barcelonés publicó en el año 1958 y con la que obtuvo el premio Biblioteca Breve.
Aun recibiendo la calificación de novela, Las afueras está compuesta por un conjunto de relatos que el entonces joven autor sitúa en escenarios rurales y urbanos (provincia y ciudad de Barcelona) a los dieciocho años de haberse acabado la guerra civil.
Contada en tercera persona, los protagonistas, cuyos nombres se repiten en las distintas historias, nos muestran, utilizando un lenguaje costumbrista y a través de sus reflexiones, diálogos y acciones, el cambio social, económico y cultural que empieza a producirse. La economía, sobre todo agraria, coexiste con el desarrollo de las fábricas, a las que los jóvenes aspiran a incorporarse. También el campo se moderniza llegando los primeros tractores.
Los conflictos que surgen al convivir mentalidades diferentes en entornos hostiles están expuestos con un realismo en el que subyace la crítica más descarnada.
Personajes que vivieron la guerra malviven ahora al margen del sistema, intentando conservar algún atisbo de dignidad. Mujeres embrutecidas por el trabajo. Niños a los que la miseria o la costumbre obligan a abandonar la infancia. Diferencias sociales que cuesta erradicar. El bar siempre presente. Antiguos propietarios añorando pasadas grandezas. Incipientes banqueros ya egoístas, etc., etc.
Todos ellos se mueven por paisajes descritos con enorme lirismo tratándose del campo (las afueras) y no tanto en lo que se refiere a la ciudad: barrios marginales, pensiones y garitos de mala muerte.
Volviendo a la consideración de novela que Luis Goytisolo aplica a Las afueras y que algunos críticos discutieron cuando se publicó, pienso en otra de las respuestas que escuché en la entrevista citada: afirma Luis Goytisolo que su obra requiere la colaboración del lector.
En mi caso es muy cierto. Mientras leía el libro, intentaba encontrar de manera automática el nexo de unión entre los relatos: la expresión “las afueras” repetida en algunos, los nombres de los ricos (Álvaro, Augusto, Víctor, Ignacio, Magdalena…) y de los pobres (Ciriaco, Mingo, Nap, Roig, Dineta…), Las circunstancias vividas por unos y por otros, la posible moraleja a extraer, etc.
Pero creo que cada lector se enfrentará a esta obra de un modo diferente y diferentes serán las conclusiones que extraiga de ella.
Yo recomiendo Las afueras porque, dejando a un lado las polémicas sobre su estructura, nos permite comprobar lo bien que escribía Luis Goytisolo a los 23 años y nos aproxima a una realidad social dibujada magistralmente y en bastantes aspectos superada.

domingo, 10 de noviembre de 2013

EL PROGRESO DEL AMOR

Voy a la biblioteca municipal en busca de un libro de Alice Munro, a la que acaban de conceder el Premio Nobel de Literatura 2013. Obtengo uno editado en el año 1986 y que se titula El progreso del amor. Con algo de desconfianza, lo recojo (hay libros que envejecen mal y autoras que recibieron el Nobel y  me resultaron ilegibles).
Ninguno de mis miedos literarios puede aplicarse a esta obra de Munro. Sin embargo, me veo reflejada en otros muchos temores que experimentan las protagonistas de los once relatos contenidos en ella.
Relatos que sólo podía haber escrito una mujer. Así que la idea de comparar a Alice Munro con Chejov seguro que se le ha ocurrido a un hombre. Sólo una mujer puede acercarse a la realidad cotidiana, describirla e interpretarla como lo hace la escritora canadiense.
Una mujer y además solitaria o con la facultad de abstraerse en medio del bullicio. Las historias que Alice Munro cuenta requieren tal grado de introspección y análisis, que resulta imposible alcanzarlo rodeados de gente.
En general, no son historias que se alejen de las que conocemos o hemos vivido: la divorciada que vuelve a casa al recibir la llamada del padre comunicándole que la madre ha muerto y recuerda retazos de su vida, la amistad de dos estudiantes adolescentes y los conflictos que tal relación conlleva; el largo viaje de un matrimonio y sus hijos por Estados Unidos y Canadá para visitar a los abuelos, evocado después por la protagonista cuando la vida en común ha terminado; el asesinato suicidio de una pareja de jubilados y el modo de reaccionar de la mujer que los encuentra…
En todos los relatos se alternan los tiempos: los protagonistas recuerdan, comparan, reviven sentimientos y sensaciones; lo hacen con sencillez y fluidez, pero siempre hay algo que se escapa. Intuyes que en la aparente cotidianidad se esconde un secreto absurdo, aburrido, pernicioso. Que los fragmentos claros de la vida que a veces disfrutamos no pueden considerarse promesas, sino espacios para respirar, que con frecuencia proyectamos sobre los demás nuestras precauciones y nuestros miedos; que cuando estamos bien, una persona o un momento pueden transformarse en un lirio flotando sobre las aguas brumosas del río perfectas y conocidas.  
El libro se titula El progreso del amor porque el amor está presente en todas las historias. Amor en la familia, la pareja primera y la segunda; entre hermanos, amigos o amantes, amor erótico, amor religioso… Amor en el que Alice Munro con seriedad, sin ningún margen para la burla o la ironía destaca las luces y las sombras, un poco más las sombras.
Vuelvo a leer lo que he escrito hasta aquí y creo que no he logrado explicar más que el aspecto superficial del libro que acabo de leer. La densidad que encierra, el torpedo emocional que supone lo que expresa; lo acertado y sagaz de las descripciones, la belleza y acierto en la utilización del lenguaje, todo eso y mucho más se escapa de mi análisis.
Por lo tanto, como en el caso de tantas otras opiniones personales más o menos literarias, olviden lo que acabo de decirles, busquen un libro cualquiera de relatos de Alice Munro y lean en soledad sus historias.
 
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL CUELLO DE LA JIRAFA

El cuello de la jirafa, segunda novela de la escritora alemana Judith Schalansky, ha recibido ya en Alemania la calificación de best seller y, tras su lectura, me pregunto qué vieron los lectores en este libro para convertirlo en uno de los más vendidos.
El cuello de la jirafa no es un libro fácil de leer, tampoco encierra reflexiones positivas sobre la vida y sus aledaños. La protagonista, Inge Lohnmark, profesora de biología en un colegio a punto de cerrar por la escasez de alumnos, es una mujer dura y hasta cruel que ve en los jóvenes que asisten a sus clases sujetos mediatizados por sus características físicas o su ambiente social, augurándoles en general a todos ellos un futuro bastante plano por no decir deprimente.
El entorno de la profesora resulta más deprimente aún. Su marido, que en la República Democrática Alemana se dedicaba a la investigación (demoledor el análisis que se nos hace de aquel tiempo y aquellas prácticas), ahora cría avestruces, lo que le tiene absorbido por completo. Su hija, Claudia, mantiene con ella desde Estados Unidos, país en el que reside, una relación tan fría que se casa y ni tan siquiera le invita a la boda. A sus compañeros de trabajo los juzga con la misma frialdad científica que a sus alumnos. La casa en la que habita apenas merecía ese nombre. Posee un coche muy viejo casi siempre averiado. Por no hablar de su vecino Hans, un pobre diablo y de otras personas más o menos cercanas e igual de atrayentes que el resto de los examinados.
Quizá el atractivo de la novela radique en la manera de contarnos el narrador la historia. Las frases son cortas y directas. Las opiniones de la protagonista están basadas en exhaustivos conocimientos de biología, genética, botánica y Evolucionismo que aplica de forma radical, mostrando una visión naturalista de la vida e intentando que sus alumnos acepten que la existencia es una competición en la que sólo sobreviven los más fuertes, “la adaptación lo es todo”. Por lo tanto, predica el Darwinismo a ultranza con pocas e inexplicables excepciones.
Como profesional de la enseñanza, Inge Lohnmark parece detentar muy pocas cualidades,  no conoce ni la empatía ni la compasión, desprecia a los débiles y los observa con la curiosidad de un entomólogo presto a la disección.
No obstante, algo hace que esa personalidad tan segura y tan férrea se agriete y afloren sentimientos para los que la profesora no encuentra explicaciones lógicas. El lector descubrirá cómo y por qué.
En resumen, El cuello de la jirafa es un libro original y muy bien escrito, ilustrado por la misma autora, en el que Judith Schalansky nos demuestra sus profundos conocimientos de todo lo tratado en el relato, consigue analizar con unas cuantas pinceladas irónicas una época en la historia de Alemania y traza un magnífico retrato de una mujer que se creía a salvo, hasta que su imagen biológica del mundo empezó, a su pesar, a derrumbarse.   

domingo, 27 de octubre de 2013

LOS AÑOS DE PEREGRINACIÓN DEL CHICO SIN COLOR

Antes de hablar del libro escrito por Haruki Murakami que acabo de leer titulado Los años de peregrinación del chico sin color, he de decir que me parece el menos “murakamiano” de todos los que he leído del autor japonés.
No por eso esta última obra publicada por Murakami merece, siempre según mi opinión más humilde, una crítica negativa. La historia que nos cuenta atrapa desde la primera página y se te hace difícil aplazar la lectura, esperando ver cómo afronta el protagonista del relato los variados asuntos que van surgiendo en su día a día.
Sin embargo, echo en falta la misteriosa, profunda e intimista atmósfera que Murakami crea en otras obras en las que, sirviéndose a veces de universos paralelos, nos muestra al ser humano en toda su inquietante fragilidad. Algo por lo que siempre adjudiqué a sus libros, admito que de manera harto simplista, una buena carga de pesimismo.
En Los años de peregrinación del chico sin color encontramos rasgos de lo que podríamos denominar “universo Murakami”: el gusto por la música, la cocina, la soledad; lo onírico y lo real en íntima convivencia, el mundo adolescente, las historias abiertas y con finales imprevisibles, los personajes enigmáticos que aparecen y desaparecen, la ciudad de noche, las llamadas de teléfono que nada resuelven, etc. Pero todo ello en dosis que no alteran en absoluto el ánimo del lector. Todo está medido para que su asimilación resulte fácil y hasta agradable.
Veamos el argumento. Tsukuru Tazaki es un ingeniero especializado en la construcción y conservación de estaciones de tren, trabajo que le apasiona desde que era un adolescente. Ahora, con 36 años cumplidos, ejerce su profesión en Tokio y, aunque las estaciones ya estén construidas, se encuentra satisfecho cuidando de su conservación.
El narrador, en 3º persona, nos cuenta que a los 19 años Tsukuru Tazaki estuvo a punto de suicidarse porque el grupo de amigos, dos chicos y dos chicas de los que se consideraba inseparable y que permanecieron en su ciudad, Nagoya, al marcharse él a la universidad en Tokio, rompen la relación de amistad sin explicarle en ningún momento el porqué. Con esos cuatro amigos lo compartía todo: diversiones, proyectos, confidencias… Todo a excepción de llevar como ellos el nombre de un color en su apellido.
Mirando atrás, continúa sin entender las causas del rechazo. Aun así procura no hacerse preguntas, visita poco su antigua ciudad y la vida que lleva en Tokio, ordenada y estable, con alguna que otra relación amorosa carente de importancia, le satisface en apariencia.
Hasta que aparece Sara, una joven por la que se siente atraído y que piensa le corresponde. Al intentar avanzar más en sus encuentros, consolidando el vínculo establecido, Sara le explica que antes debe solucionar todo aquello que le preocupa del pasado y descubrir qué motivó su expulsión del grupo.
Se inicia así una “peregrinación”, nombre que toma el escritor de la música titulada “Los años de peregrinación” de Franz Liszt, en concreto la melodía “Le mal du pays”, que tocaba muy bien al piano una de las amigas que rompieron con Tsukuru y que él escucha a menudo por otra serie de circunstancias, aquí sí un tanto misteriosas, que dejo que descubra el lector.
La peregrinación le conduce al encuentro con tres de los amigos que le muestran sus vidas actuales y le ayudan a entender por fin lo que ocurrió.
En resumen, Los años de peregrinación del chico sin color es un libro que se lee con placer, en el que se reconoce la maestría que posee Haruki Murakami contándonos historias. Pero, a no ser que entre líneas los lectores perciban que la vida de Tsukuru Tazaki esconde algo enigmático, algo difícil de entender para una mente racional, continuaré considerando esta obra como la menos “murakamiana” de su excelente y admirado autor.  

domingo, 20 de octubre de 2013

LA CIUDAD EN INVIERNO

La ciudad en invierno, libro que nos aconsejó leer su autora, Elvira Navarro, durante la entrevista que le hicimos en Opticks, como el mejor modo de introducirnos en su prosa, no es una obra amable.
Aunque la protagonista sea una niña, Clara, en algunos capítulos ya púber, la sobriedad de detalles que impliquen ternura y el hecho de que cuando las situaciones creadas por la escritora dan pie para que se produzcan, siempre haya algo que los difumine: el aspecto de las personas, sus pensamientos, su actitud forzada…, provoca en el lector una incomodidad que, al principio, puede parecerle inexplicable (en el primer capítulo, titulado Expiación, se nos muestra a una niña pequeña bañándose en la piscina de un chalet en el campo, al cuidado de dos personas mayores que se esfuerzan por atenderla).
Lo que sucede es que Elvira Navarro, sin aportarnos demasiados datos, con las palabras justas, consigue transmitirnos esa sensación de incomodidad a la que ya he aludido.
Sensación que eclosiona en el segundo capítulo, en el que la niña en plena pubertad resulta francamente repulsiva.   
Quizá el origen de los hechos rechazables descritos en el capítulo citado pudiera estar en los que vienen a continuación, empezando por el que comparte título con el libro: La ciudad en invierno. Pero afirmar esto resultaría demasiado simple. El comportamiento de Clara, su forma de pensar, su alejamiento de la realidad que le rodea, adentrándose en mundos marginales, extraños y peligrosos, no admite explicaciones lógicas.
De modo que, sin que pueda ser considerada una novela de aprendizaje y sin respetar en absoluto la estructura tradicional: exposición, nudo y desenlace; sólo valiéndose de un cuidado y exacto lenguaje, yendo y viniendo de atrás adelante y de adelante atrás con pinceladas cortas y hasta brutales, La ciudad en invierno crea unos ambientes que llevan al lector, si entra en la historia, a mirar al exterior, si no con miedo, sí con un poco de desasosiego.
Y si se queda fuera, analizando el texto con los ojos de un crítico literario, a valorar muy positivamente a la escritora nacida en Huelva y afincada en Madrid que recibió por ésta, su primera novela, publicada en el año 2007, junto a las unánimes alabanzas de la crítica, el reconocimiento como Nuevo Talento Fnac.

domingo, 13 de octubre de 2013

EL HÉROE DISCRETO

En El héroe discreto, novela que acabo de leer y última publicada por Mario Vargas Llosa, el autor peruano y Premio Nobel regresa a la Piura de su adolescencia y a la ciudad de Lima para situar a los protagonistas del relato, algunos de los cuales, como el sargento Lituma, “los inconquistables”, Don Rigoberto, Doña Lucrecia, Fonchito y Justiniana aparecieron ya en otros libros del escritor: Lituma en los Andes, La casa verde, Elogio de la madrastra
Por esa razón, podríamos decir que ésta es una novela de nostalgias y reencuentros. Mario Vargas Llosa hace que los personajes que la protagonizan recorran los lugares descritos en las obras citadas, observando los cambios que ha traído consigo el progreso y explicándoselos al lector.
En el libro conviven dos historias que se van alternando. El principal protagonista de la primera es Felicito Yanaqué, que vive en Piura, dirige la boyante empresa Transportes Marihuala, está casado con una mujer muy religiosa que habla poco llamada Gertrudis y tiene dos hijos que trabajan en la citada empresa: Miguel, de piel blanca y rasgos europeos, y Triburcio que ha heredado los rasgos indígenas del padre. Para lograr un bienestar completo, Felicito ha conseguido que Mabel, una mujer bastante más joven que él, le acepte por amante.
La situación idílica se tuerce al recibir Felicito un anónimo en el que alguien le amenaza pidiéndole dinero. La firma del anónimo es una arañita. Ofendido, el Sr. Yanaqué denuncia el caso en la comisaría atendida por el sargento Lituma y el capitán Silva. Les asegura que jamás pagará lo que le piden, porque su padre, que trabajó muy duro y sin descanso para que él llegara al lugar en que está, siempre le repetía que nunca se dejase pisotear por nadie.
Paralela a esta primera historia, conocemos ya en Lima la de Don Rigoberto, fiel y culto empleado de Ismael Carrera en la importante empresa de seguros que éste posee. Don Rigoberto está a punto de jubilarse y ha preparado un viaje por Europa con su esposa Doña Lucrecia y su hijo Fonchito.
Las complicaciones aparecen cuando Ismael le pide a su chofer Narciso y a Don  Rigoberto que sean los testigos de su boda con Amira, fiel sirvienta y ama de llaves desde la muerte de su esposa. Los dos hombres aceptan, atrayéndose así la enemistad de los mellizos hijos de Ismael a los que el padre llama “las hienas”.
Los embrollos en las dos historias son continuos aderezados por nuevos personajes: el “fantasmal” Edilberto Torres, los primos de Lituma, etc.
Al final, Mario Vargas Llosa busca un nexo de unión entre las vidas de los principales protagonistas y todo se soluciona de la mejor manera según criterio del escritor.
El problema, a mi parecer, viene cuando comparamos esta novela, sin duda bien escrita, con las anteriores  protagonizadas por personajes que aparecen aquí.
En ese caso, El héroe discreto queda como una novela amable que se lee con facilidad y mantiene el interés del lector, pero deja algunos cabos sueltos y carece de la profundidad, la enjundia y la riqueza en general que nos deslumbra en obras anteriores.

domingo, 6 de octubre de 2013

APROXIMACIÓN AL QUIJOTE

Al igual que la semana pasada, hoy quiero homenajear a un autor que acaba de morir trayendo a Opticks uno de sus libros publicado en 1970. Se trata de Martín de Riquer y de su Aproximación al Quijote.
Martín de Riquer, nacido en Barcelona en 1914, está considerado como uno de los humanistas españoles más destacados del siglo XX. Doctor en Filología Románica, especialista en literatura medieval y del Siglo de Oro, recibió por su actividad cultural y académica numerosos premios, como el Nacional de las Letras o el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Entre sus investigaciones y trabajos destacan los realizados sobre Miguel de Cervantes, de cuyas obras fue un ameno y extraordinario divulgador.
En los tiempos en los que yo estudié bachillerato El Quijote se consideraba una lectura obligatoria y no recuerdo a ningún compañero entusiasmado con la obligatoriedad (y posterior examen capítulo a capítulo) de tal lectura.
Sin embargo, Martín de Riquer en su Aproximación al Quijote y en tan sólo 166 páginas consigue lo que un año de lectura obligatoria no logró: que entiendas a la perfección la obra cumbre de Cervantes y que te apetezca leerla de nuevo, buscando los detalles, giros lingüísticos, intenciones y hasta errores que cometió su autor al escribirla.
Martín de Riquer empieza su libro hablándonos de Miguel de Cervantes. Conocemos así que su vida nunca fue fácil: soldado en los Tercios, herido en Lepanto, cinco años cautivo de los turcos, varios planes de fuga fallidos, recaudador de contribuciones, preso bajo la acusación de haberse quedado con el dinero recaudado, etc. En lo literario, tampoco alcanzó el éxito que le proporcionase honores y riquezas; ni tan siquiera encontró una persona importante para prologar El Quijote, la fama no le precedía.
Tras la biografía de Miguel de Cervantes y el análisis de su obra literaria, Martín de Riquer entra de lleno en la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha afirmando ya desde el principio que se trata de una obra de clara intención satírica y paródica.
En aquellos tiempos, finales del siglo XVI y comienzos del XVII, estaban de moda los libros de caballería, imagino que tenían la función que buena parte de la programación televisiva tiene en nuestros días: ayudar a que el lector o el que escuchaba tales historias se evadiera de las preocupaciones diarias. Cervantes, que conocía a la perfección dichos libros, arremete contra ellos parodiándolos desde el principio al fin con la sola intención de lograr que “el melancólico se vuelva a risa, el risueño la acreciente”.
Y es que, según mantiene Martín de Riquer, tras haber estudiado en profundidad a Cervantes, éste era un hombre con gran sentido del humor, pese a lo aciago de su existencia. Debo decir que a mí El Quijote siempre me pareció un libro triste, pero no es caso de explicar por qué.
Un humor que Cervantes admira en la novela del valenciano Johanot Martorell Tirant lo Blanc, hasta el punto de copiar de ella ciertos recursos, por ejemplo los refranes que aparecen de continuo en las parrafadas de Sancho, y de que el cura decida salvarla de la quema en el escrutinio de la librería del hidalgo.
Terminada la primera parte, Martín de Riquer analiza la segunda con la misma agudeza, maestría y amenidad como lo hizo con la primera. Sabemos así que esta segunda parte la escribió Cervantes empujado por la publicación del Quijote de Avellaneda y que se centra más en lo acaecido a los dos personajes principales que en la introducción de historias ajenas, picarescas, pastoriles o moriscas en las que demuestra su dominio de todos esos géneros pero que, de algún modo, le apartan de la idea central y hasta fue criticado por ello.
Termina Martín de Riquer su didáctico e ilustrativo libro con un breve análisis del estilo literario de Cervantes que viene a demostrarnos el porqué está considerado como un genio de la Literatura universal, su obra es alabada por todos los críticos y es motivo de gozo y disfrute para una gran cantidad de lectores.
 

domingo, 29 de septiembre de 2013

LA ÚLTIMA ESCALA DEL TRAMP STEAMER

Para Rafa, Rosen y Octavio, mis jóvenes y valiosos muñidores de historias.
 
Creo que el mejor homenaje que se puede hacer a un escritor que acaba de morir es hablar de sus libros.
Así que hoy traigo a Opticks una novela de Álvaro Mutis, el autor colombiano que murió hace unos días; se titula La última escala del Tramp Steamer y fue publicada por primera vez en el año 1989.
El narrador de la obra, escrita con un estilo sobrio y reflexivo, es el propio Álvaro Mutis que nos explica al principio el porqué del relato: dejar en el papel una historia de amor singular que le fue contada y que las casualidades del destino enlazaron con sus personales experiencias.
En la explicación, Álvaro Mutis manifiesta que su primer deseo fue contársela a alguien que en el arte de narrar “se ha manifestado como un maestro”; y ante la imposibilidad de hacerlo, decidió escribirla. Por la dedicatoria sabemos que ese maestro, además gran amigo, es Gabriel García Márquez, al que en ocasiones proporcionó documentación necesaria para alguno de sus mejores libros.
Centrándonos en La última escala del Tramp Steamer, también aquí aparece, desempeñando un papel secundario, Maqroll el Gaviero, personaje habitual en muchas obras de Mutis.
El protagonista principal de la novela es un barco de nombre Alción, el viejo y maltrecho Tramp Steamer que el autor nos dice va encontrándose en sucesivos viajes que realiza por motivos de trabajo a Finlandia, Costa Rica y Jamaica, y cuya imagen mugrienta y ruinosa, pero tras la que intuye un noble orgullo y una obstinada resistencia a dejarse abatir, le provoca cierta desazón que no acierta a explicarse.
Las casualidades del destino hacen que, al trasladarse en un remolcador por el río Orinoco hacia el puerto marítimo, Mutis coincida con el marino vasco Jon Iturri, último capitán del Alción. La larga travesía da lugar a que los dos hombres intimen, hasta el punto de que el marino relata al escritor la relación que tuvo con el barco y la historia de amor que vivió merced a él con su joven y bella propietaria, la libanesa Warda Bashur.
Pese a que, al igual que Anne Michaels, autora de La cripta de invierno, Álvaro Mutis se dedicó primero a la poesía, en La última escala del tram Steamer, al contrario que sucede con el libro de la autora canadiense, en el que predomina un lenguaje poético, la poesía está más presente en el fondo que en la forma.
Aunque las descripciones de los distintos viajes, en especial los realizados en la zona del delta del Orinoco y en las proximidades de los puertos, muestren elementos que podemos hallar en sus poemas, es la desesperanza, la consciencia de lo efímero que resulta el paso del ser humano sobre la tierra, el tiempo que todo lo destruye; esa especie de exilio interior, de desarraigo, de naufragio, de nostalgia y profunda soledad que experimenta el poeta lo que encontramos en la historia de Jon Iturri que Mutis nos transmite.
Nostalgia por la plenitud vivida en un instante que ha quedado atrás en el transcurso de esa historia de amor que se repite hasta el infinito desde el inicio de los tiempos sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura.

domingo, 22 de septiembre de 2013

LA CRIPTA DE INVIERNO

El libro que hoy traigo a Opticks, La cripta de invierno, está escrito por una mujer, Anne Michaels, que primero se dedicó a la poesía. Quizá por eso sus páginas reflejan una exquisita sensibilidad plasmada en la belleza de unas palabras que surgen tras la más profunda introspección.
Los personajes, muy estudiados, han sufrido pérdidas determinantes para la vida que llevan en la actualidad: padres, hijos, patria, esposos…; seres que vuelven una vez y otra a la narración, como vuelven una vez y otra los recuerdos a la mente de cualquier ser humano que reflexione sobre su existencia.
La pintura que de ellos hace la autora canadiense es tan real, los lugares en los que viven y las situaciones que atraviesan están descritos con tantos detalles, que se visualizan sin dificultad alguna y eres capaz de percibir y hasta de compartir sus dudas, alegrías y sufrimientos.
El libro empieza en Egipto en el año 1964 cuando bajo el mandato del presidente Nasser se está construyendo la presa alta de Assuan y los arqueólogos advierten que las aguas del Nilo van a sepultar los templos de Abu Simbel. Entonces, bajo el patrocinio de la UNESCO, se inicia el traslado de dichos templos a un lugar en el que el agua no pueda alcanzarlos.
Uno de los principales protagonistas del relato, el ingeniero inglés Avery, trabaja en el traslado del Gran Templo, por lo que vive en las inmediaciones. Le acompaña su esposa, Jean, canadiense y apasionada por la botánica.
La relación entre estas dos personas y con el entorno, el desastre ecológico y humano que supone la presa al desplazar de sus tierras inundadas a más de 90.000 nubios que son reubicados en lugares  inhóspitos, lejos de la influencia benefactora del Nilo; el desgarramiento que produce todo ello en los afectados y la forma, insisto, reflexiva y estudiada que tiene la autora de contarlo puedo asegurar que impresiona.
La intensidad con la que Avery y Jean han vivido los trabajos de reubicación del templo y sus efectos, unido a la muerte de la primera hija de ambos al término del embarazo, provoca que la joven decida que deben separarse. Ella vuelve a sus plantas e intenta encontrar un sentido a todo lo acaecido y él se matricula en la universidad para estudiar arquitectura, otra de sus aficiones junto a la ingeniería.
Al alejarse de Avery, Jean conoce a Lucjan, un pintor judío nacido en Polonia que vivió en el gueto de Varsovia, padeció la dominación alemana primero y soviética después, emigrando a Canadá donde se relaciona con varios compatriotas atrapados como él por su pasado. Ni qué decir tiene que aquí la historia que rememora el hombre impresiona aún más.
Lo que vamos sabiendo en el relato de la vida de estos tres personajes y de otros ya muertos, como el padre de Avery y las madres de Jean y Lucjan, o vivos como la madre de Avery, Marina, así como eruditas explicaciones de ingeniería, botánica, historia, arquitectura, pintura, etc. se intercala en el texto de un modo natural, de igual manera que pensamientos y conocimientos se materializan en forma de palabras durante una conversación con alguien que te comprende y escucha.
Pienso que el hecho de que los principales personajes elegidos por  Anne Michaels a la hora de escribir La cripta de invierno tengan inquietudes artísticas y sean especialmente sensibles ante la belleza, la naturaleza y sus cambios contribuye a que el libro resulte tan íntimo y poético, también a que nos interpele y nos haga pensar. Hay frases que te obligan a dejar la lectura, cerrar los ojos y decirte a ti mismo: Es así, es esto.

lunes, 16 de septiembre de 2013

JAN ALJALILI

La trágica situación de inestabilidad que vive Egipto y que tantas vidas está costando, me llevó a leer de nuevo a un fiel cronista de la realidad de aquel país que supo reflejar en sus libros de manera admirable. Se trata del escritor egipcio y Premio Nobel de Literatura 1988 Naguib Mahfuz.
La obra de Naguib Mahfuz que nos presenta esa realidad y que hoy traigo a Opticks se titula Jan Aljalili, novela ambientada en la ciudad de El Cairo como tantas otras de este escritor.
Jan Aljalili es un popular barrio de El Cairo en el que se encuentra un célebre mercado. A dicho barrio se traslada huyendo de los bombardeos en los días de la Segunda Guerra Mundial una familia de clase media integrada por los padres y su hijo mayor, Ahmad Akif, funcionario de Obras Públicas, que ha cumplido los 40 y que ha dedicado su vida al trabajo para costear los estudios del hermano menor, Rushdi,  del que se siente responsable, y a la lectura de libros de literatura árabe muchos de ellos religiosos.
El contacto con la bulliciosa y diversa gente del nuevo barrio altera la vida de este hombre que se debate en entablar relación con un grupo de vecinos que suelen reunirse en un café cercano o continuar con su rutina habitual. Por fin opta por las reuniones, lo que permite a Naguib Mahfuz realizar un profundo y acerado retrato de los diversos tipos humanos que integran el grupo, tanto en el aspecto físico como en el psicológico.
Poco a poco, Naguid sale de su aislamiento y conoce a una  hermosa jovencita, Nawal, que vive en la casa enfrente de la suya y a la que puede ver desde el balcón.
Las miradas de Nawal, aunque recatadas, hacen que en el interior del joven renazca el deseo, que él creía desaparecido, de formar una familia y recuperar las antiguas ilusiones juveniles.
Todo parece indicar que a la joven no le es indiferente, y cuando se ha hecho ya el propósito de dirigirse a ella venciendo su proverbial timidez, llega al barrio el hermano pequeño que ha sido trasladado desde la ciudad en la que trabajaba.
Sin saber las intenciones del mayor, el pequeño descubre el balcón y en él a la chica, a la que primero intenta seducir y de la que se termina enamorando. Así que la historia se complica, transformándose en un drama cuyo desenlace dejo que descubra el posible lector.
Naguib Mahfuz, considerado el mejor cronista del Egipto moderno, nos muestra en sus novelas la complejidad de una sociedad atrapada en los rigores de una religión a la que le cuesta adaptarse a los cambios que experimenta el mundo. El autor no omite detalles que hagan al lector percibir la diversidad y contradicciones de dicha sociedad, utilizando a veces en su exposición un humorismo amargo y descarnado, en el que subyace una buena parte de crítica que nunca aceptaron los extremistas musulmanes (ya sabemos que fue atacado por considerársele blasfemo, estuvo a punto de morir y al final lo catalogaron como hereje).
Sin embargo, en las obras de Naguib Mahfuz lo que yo percibo es un profundo amor por su tierra y sus compatriotas. Las descripciones están llenas de colorido y los detalles  demuestran que el autor es un observador minucioso de lo que le rodea.
De igual modo, el retrato que hace del carácter de los protagonistas del relato, de sus sentimientos y reacciones, le presentan también como un gran conocedor del alma humana, similar a los grandes escritores de la literatura universal y por ello muy aconsejable.

domingo, 8 de septiembre de 2013

EL MAESTRO DEL PRADO

Voy a empezar septiembre con un libro que leí en vacaciones y al que se le ha hecho una gran publicidad. Por tanto, creo que será bastante conocido por los lectores. Se titula El maestro del Prado y su autor es Javier Sierra.
De Javier Sierra he leído varios libros: La Cena Secreta, La dama azul y ahora El maestro del Prado. Todos ellos recogen las investigaciones que realiza el autor en un intento por desvelar secretos ocultos o desentrañar misterios históricos o enigmas del pasado que no les fue posible aclarar a investigadores más ortodoxos.
Este tipo de temas suelen interesar a las personas a las que atrae lo desconocido y buscan desentrañarlo mediante explicaciones esotéricas. Explicaciones que pueden o no convencerte, pero que, en el caso del autor turolense, te distraen, te informan y hasta llegan a despertar tu curiosidad.
Me sucedió con La Cena Secreta, libro que alguien me recomendó poco después del  inexplicable éxito obtenido por El Código Da Vinci de Dan Brown, y que me pareció ameno y bien documentado, frente a la decepción total que supuso la lectura del otro.
Ahora, centrándonos en El maestro del Prado, Javier Sierra se vale de una historia protagonizada por él mismo cuando estudiaba periodismo en Madrid en 1990. Un día, en una de las frecuentes visitas que realizaba al Museo del Prado, se le acercó un hombre de aspecto distinguido, que más tarde se identificaría como el Doctor Fovel, y comenzó a hablarle de los secretos que ciertos pintores: Rafael, Tiziano, El Bosco, Botticelli, Juan de Juanes, El Greco, etc. solían esconder tras las imágenes de algunos de sus cuadros.
En la historia participa también una amiga del joven, un anciano monje bibliotecario en El Escorial, un extraño inspector de Patrimonio y diversos personajes secundarios que completan el argumento, por ejemplo, Lucía Bosé.
En realidad, la historia que nos cuenta el autor, sea o no inventada, pienso que sólo pretende servir de conexión entre los aspectos del relato relacionados con las distintas pinturas y sus autores, por lo que tiene poco interés.
Lo destacable está en las explicaciones que el doctor  proporciona al estudiante de periodismo sobre los cuadros elegidos, cuyas imágenes aparecen en la obra, explicaciones que te impulsan a contemplarlos con ojos nuevos y apreciar los detalles que el tal doctor destaca.
En resumen, un libro en la línea de todos los que he leído de Javier Sierra, quizá un poco menos elaborado, pero que puede ser una herramienta de trabajo interesante para motivar a alumnos adolescentes o conseguir que las personas no expertas en Arte sientan curiosidad y visiten el Museo del Prado en busca de los cuadros y pintores descritos en el libro, logrando retenerlos de manera especial en su memoria.
 

 

 

viernes, 30 de agosto de 2013

LA CASA REDONDA

La novela ganadora del National Book Awvard 2012 se titula La casa redonda y su autora es Louise Erdrich, prestigiosa escritora norteamericana descendiente de la tribu india Ojibwe y nieta de un dirigente de la reserva india Ojibwe en Dakota del Norte en la que ella colabora activamente.
Con los antecedentes citados, no debe extrañarnos que la historia contenida en La casa redonda se desarrolle en una reserva india, que los protagonistas sean sobre todo personas que viven en dicha reserva y que estén muy presentes en el transcurso de la misma las injusticias que a lo largo de la historia de Estados Unidos se han cometido con ellas.
 
El relato lo cuenta en primera persona Joe, un chico de 13 años cuyo padre ejerce como juez entre los ojibwe y cuya madre es administradora tribal.
La plácida vida de esta familia se interrumpe de manera trágica cuando la madre sufre una terrible violación en los alrededores de La casa redonda. Tras recuperarse de las heridas sufridas, la mujer se encierra en su habitación sin querer hablar ni ver a nadie.
Como las investigaciones para averiguar la identidad del agresor van muy lentas, Joe decide, junto a su amigo Cappy, vengar a su madre castigando al hombre que ha cometido el atropello. Se inicia así una trama propia de novela negra que conduce al lector a un laberinto en el que la injusticia, la venganza, la culpa, el miedo, el dolor, el remordimiento y el sentido de familia, expresados a través de los ojos de un púber, le seducirán hasta el final.
 
La casa redonda es una novela fácil de leer porque la autora ha conseguido de manera perfecta hablarnos con la voz de un chico de sólo 13 años, al que la vida fuerza a madurar de forma abrupta, pero que no ha perdido su candor, su capacidad de soñar y su afán de aventura; y al que mueve a la acción el amor que siente por sus padres, por la historia y tradiciones de los suyos y el deseo de que se haga justicia.
 
Resumiendo, La casa redonda de Louise Erdrich es un libro aconsejable por múltiples razones: está muy bien escrito, con una prosa profunda y de gran belleza plástica; la historia que nos cuenta interesa y conmueve desde el principio al fin; todos los personajes, principales y secundarios, son creíbles y poseen una enorme intensidad dramática; permite que conozcamos la realidad actual de unas gentes a las que se les arrebataron sus tierras y con ellas sus formas de vida, y que aún, en medio del desastre, intentan conservar y legar a los jóvenes tradiciones y modos de existencia ancestrales y, lo más importante, intentan conservar su dignidad.