jueves, 27 de diciembre de 2012

DOS LIBROS MÁS

Terminamos diciembre y el año 2012 con dos libros que se leen en poco tiempo y pueden servir para evadirse de las contrariedades diarias (si acaso las hubiera).
El primero, publicado en 2009, se titula Un lugar en el que nunca he estado y, según nos informan en la contraportada, es el debut literario de la productora cinematográfica inglesa Rosie Alison.
La historia que contiene Un lugar en el que nunca he estado se inicia en 1939 con la evacuación de los niños de Londres a zonas más seguras, por miedo al posible bombardeo alemán de la capital. El primer capítulo lo protagoniza una niña, Anna, a la que su madre desea poner a salvo alejándola del peligro.
En el segundo capítulo aparece el embajador inglés en Varsovia y conocemos su reacción ante la entrada de los alemanes en territorio polaco.
Los capítulos sucesivos nos hablan de Anna y de su llegada, junto con otros niños, a una imponente mansión victoriana en la que vivirán hasta que pasen los horrores de la guerra. La mansión está habitada por un noble inglés y su esposa que han decidido cuidar en ella de los pequeños refugiados. Poco a poco, vamos conociendo el pasado de la casa y de sus propietarios. También cómo discurre la vida de la madre de Anna en Londres, de su padre en el frente, del embajador inglés en Varsovia y de su mujer (personajes reales que salvaron a judíos perseguidos por los nazis); de los niños londinenses y de sus maestros, de la relación amorosa que se establece entre el dueño de la casa y una de las profesoras que atiende a los escolares, de…
Y éste es uno de los fallos que encuentro en el libro, la autora ha pretendido contar en trescientas páginas tantas historias a la vez y, además, proporcionarles a todas un final más o menos verosímil, que no deja nada a la imaginación del lector y la narración adolece de falta de profundidad e intensidad dramáticas.
El segundo libro, muy diferente del primero y Premio Las Américas 2012, se titula El país imaginado. Su autor es el argentino Eduardo Berti.
Lo sorprendente es que, tratándose de un escritor argentino, sitúa los hechos que describe en la China rural del siglo XX (el país imaginado), en la que conviven costumbres ancestrales con una modernidad que se abre paso a duras penas. Pero en esta convivencia no se destaca ningún tipo de arista, los acontecimientos se desarrollan con sencillez y naturalidad.
La historia, relatada en primera persona por una niña de 13 años, empieza con la muerte de su abuela y termina unos años después de que contraiga matrimonio y sea madre. El eje central alrededor del que giran los hechos relatados es la relación de la niña, más bien jovencita, con otra algo mayor, Xiaomei, hija de un ciego vendedor de pájaros a la que considera su ideal de belleza; admirándola de un modo tan intenso, que hasta imita su forma de vestir y de peinarse y desea casarla con su hermano mayor para tenerla siempre cerca.
Los encuentros entre las dos muchachas, los planes de los padres con respecto a futuros matrimonios concertados, el trato con los criados y amigos, el deseo de influir por parte de la niña en las decisiones del hermano mayor, etc., todo va discurriendo como en una película de las que tanto gustan a la intuitiva y sensible narradora que, de alguna manera, vive orientada a través de los sueños por la persona de la abuela muerta.
En resumen, un bello marco y una bella historia narrada con exquisitez, delicadeza y una cierta dosis muy asiática de resignación y fatalismo.
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO 2013!


 Un año más me atrevo a felicitar a lodos los seguidores de Lecturas a dos voces con un poema escrito por mí. Con él van los mejores deseos de prosperidad, paz y alegría. 

 
 
                        ¡Cómo me gusta sentir
que todo el mar es un lago,
y el mundo, espacio normado,
un lugar que compartir!
¡Cómo me gusta saber
que son tuyas mis estrellas,
y tu luna, clara y bella,
va de confín a confín!
Y las fronteras, son líneas
de un pentagrama divino,
y de pájaros, los trinos
notas en clave de sol.
Y las lenguas, son imanes,
y las patrias, utopías;
y tu mano así, en la mía,
es el regalo mejor.
Y no hay banderas ni escudos
ni leyes que nos separen;
mi corazón late y sabe
que late tu corazón.
Y la luz que anuncia el alba
gozosa de la mañana,
es la misma, rosa y grana,
que te ha despertado a ti.
Y el aire que tú respiras,
es el aire que me llena,
y tus penas, son mis penas,
y tu dolor, mi dolor.
Pero también tu sonrisa
es mi sonrisa más cierta,
y son tus fiestas, mis fiestas,
y tus gozos, míos son.
¡Cómo me gusta sentir
que tú y yo somos hermanos,
y que juntos caminamos!
¡Cómo me gusta sentir!

 


 

domingo, 16 de diciembre de 2012

GOETHE SE MUERE

Thomas Bernhard fue un novelista, dramaturgo y poeta austriaco que nació en el año 1931 y murió en 1989. Pese a morir bastante joven, siempre tuvo una salud frágil, escribió gran cantidad de obras a las que merece la pena acercarse, dejando a un lado si compartimos o no sus opiniones, porque se trata de un extraordinario autor con características muy especiales:
-En relación con el estilo, puede calificarse de sobrio. Abundan los monólogos y las frases cortas en las que muchas veces se repite la misma palabra para darle más fuerza expresiva al relato.
-En lo referido al fondo de sus textos, no se trata de un escritor complaciente con el mundo en que vive y las instituciones planificadas por las personas que lo habitan. Todo lo contrario, su concepción del hombre como ser social resulta aterradora.
Considera, por ejemplo, a la familia como la institución que primero destruye al ser humano, ya que, imponiéndole normas y restricciones heredadas, impide que desarrolle su personalidad y creatividad de una manera libre y autónoma.
También ridiculiza y degrada con vehemencia los valores patrios; ésos en los que se apoyan los nacionalistas para diferenciarse del resto. Así que siempre se muestra como un convencido y furibundo antinacionalista.
Todas las características anteriores las encontramos en la obra de Bernhard que hoy traigo a Opticks y que está compuesta por cuatro relatos: Goethe se muere, que da nombre al libro, Montaigne, Reencuentro y Ardía.
En Goethe se muere, nos presenta al gran poeta alemán a las puertas de la muerte y esperando la visita de el filósofo Wittgenstein (nacido treinta años después). Utilizando las repeticiones y con aguda y malévola ironía, sitúa al filósofo por encima del poeta, cambiando incluso la última frase que se dice pronunció antes de morir; en lugar de Mehr Licht! (¡Más luz!, Mehr nicht! (¡Más nada!)
En el segundo y el tercer relato, la que sale muy mal parada es la familia; terrorífica en el titulado Montaigne y ridícula dentro de su malignidad en Reencuentro.
La crítica a la patria, Austria en concreto, es el tema de Ardía. Aquí el narrador en primera persona escribe a un amigo contándole un sueño en el que ha visto arder este país. Creo haber leído en algún lugar que Bernhard prohibió ser enterrado en él. Hasta ahí llegaba la animadversión que sentía.
En resumen un libro genial, nada complaciente con lo establecido ni tranquilizador de conciencias. Pero pienso que la labor de un genio, en el complejo campo de las artes, consiste es provocar una inquietud que puede ser de muy diversos tipos.
Les aseguro que en los libros de Bernhard esa inquietud va acompañada del deslumbramiento.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LOS DESORIENTADOS

Hablo con mi amiga Mila sobre el último libro que he comentado en Opticks, Tierra desacostumbrada. Me dice que ha empezado a leerlo y que le gusta poco. La verdad es que nuestros gustos en materia literaria no suelen coincidir y es normal, cada una tiene sus aficiones, su historia y su bagaje, que ha de entenderse siempre como riqueza, pero que condiciona.
Después de tantos libros comentados, a las personas que suelen entrar en este blog no creo que resulte necesario explicarles que mi intención no es usurpar la función de los críticos que se ocupan como trabajo de la Literatura. Tampoco pretendo influir en nadie a la hora de elegir una lectura determinada.
Lo único que hago es disfrutar hablando de las obras que leo y contar las razones por las que me agradan o no, pero sin pretender en ningún caso, como sucede con mi amiga Mila, que esas razones se compartan.
Por ejemplo, Los desorientados, la novela del escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias 2010, que recoge las reflexiones de éste sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, me interesó tanto, que la terminé en tres días, a pesar de sus quinientas veinticuatro páginas.
Pero es que dichas reflexiones, muchas de las cuales ya conocía por otras obras de Maalouf o por entrevistas que le hicieron tras concederle el citado Premio, coinciden con lo que yo pienso acerca de los mismos temas. Entonces, es lógico que me agrade el libro y hable de él de forma admirativa.
También es cierto que, en ocasiones, sin compartir la forma de pensar de un autor ni interesarme el argumento del relato que ha escrito, la perfección estilística resalta de tal modo, que lo demás me parece accesorio.
Centrados ya en Los desorientados, su protagonista, Adam, profesor árabe de Historia expatriado en París, recibe la llamada de un antiguo amigo, que permaneció en su país cuando estalló la guerra y que se está muriendo. Ese amigo, que formaba parte de un grupo de jóvenes idealistas que pretendían cambiar el mundo, desea justificarse ante él por una serie de decisiones que tomó en aquel tiempo no comprendidas por el resto del grupo cuyos integrantes, que se dispersaron a causa de la guerra, han iniciado caminos distintos.
El retorno de Adam a su patria, el encuentro con los que allí quedaron y el esfuerzo para reunir de nuevo a todos los amigos de antaño, se acompaña de una reflexión continuada sobre las motivaciones de unos y otros: musulmanes, cristianos, judíos; agnósticos y creyentes; hombres y mujeres que vivieron una época trágica, pero que, por encima de todo, son “buena gente”.
Ésa es otra razón por la que me ha gustado este libro. Amin Maalouf no juzga a las personas. Recuerda al lector los acontecimientos que han provocado el actual orden de cosas en Oriente Próximo, remontándose a los grandes cambios que originó en el mundo la Primera Guerra Mundial, y deja que algunos de los afectados por dichos cambios expliquen las razones de sus respectivos comportamientos.
Lo hace, alejándose de cualquier clase de dogmatismo, extendiendo su mirada comprensiva sobre las personas y los territorios, resaltando valores universales como el amor, la amistad, la compasión, la generosidad, el perdón, la belleza…
Además de todo lo anterior, el libro está muy bien escrito y en los momentos actuales, con esa zona del planeta Tierra sufriendo la devastación que trae siempre consigo la violencia, puede ser un regalo excelente para unas fiestas en las que tanto hablamos de felicidad, paz y alegría.

lunes, 3 de diciembre de 2012

TIERRA DESACOSTUMBRADA



Desde hace algún tiempo sólo compro los libros que me han gustado lo suficiente para desear conservarlos. El último en engrosar mi colección de favoritos  ha sido Tierra desacostumbrada de la escritora de ascendencia india Jhumpa Lahiri y que fue designado Mejor libro del año 2008 por el periódico The New York Times.
Jhumpa Lahiri estructura su obra en dos partes: la primera, que recoge cinco historias sin relación entre sí y la segunda con una sola historia desarrollada en tres relatos. En todas ellas los protagonistas son hombres y mujeres que, aunque han nacido o tienen ascendientes en la India, viven y trabajan en Estados Unidos; algunos, incluso, se han casado con norteamericanos. Además, comparten la pertenencia a una cierta élite cultural: profesores, ingenieros, periodistas…
Pero no han sido los aspectos relacionados con el mestizaje, la inmigración o las dificultades de estas personas para adaptarse a un nuevo país lo que más me interesó del libro; quizá porque tampoco yo nací en el lugar en el que vivo y las raíces nunca mediatizaron mis acciones. Lo que en el libro me atrapó desde el principio fue el modo de mirar de la autora y la elegante sencillez con la que nos transmite lo captado a través de esa profunda e inteligente mirada.
Es la vida tal cual, la vida de hombre y mujeres actuales con sus penurias y sus grandezas, sus derroches y sus renuncias, sus fracasos y sus aspiraciones. El amor, el dolor, la decepción, la rutina, el fracaso, la incertidumbre, la enfermedad,  la muerte… Todas las emociones y los sentimientos que compartimos los seres humanos del siglo XXI representados en las vivencias de distintas familias: padres e hijos, yernos y nueras, amigos, novios, amantes… Son historias abiertas en las que el final sólo es un paso más en el camino y te quedas pensando en cómo habrías reaccionado tú porque, mientras leías, te has sentido también protagonista.
En resumen, considero que Tierra desacostumbrada es uno de esos libros que suelen agradar a muchos lectores, ya que nos habla de lo cotidiano; pero no a la manera cruda, cruel y hasta cínica de otro escritor nacido en Norteamérica y grande entre los grandes, Raymond Carver , cuya lectura te deja siempre un regusto amargo.
Y es que, aun teniendo la vida sus momentos feroces, Jhumpa Lahiri logra suavizarlos y convertirlos en universales. Así que, cuando cierras el libro y reflexionas, te sientes menos solo y un poco más dispuesto a relativizar lo que sucede.