domingo, 25 de noviembre de 2012

LA TEJEDORA DE SOMBRAS


El libro La tejedora de sombras, obra del escritor mejicano Jorge Volpi ha recibido el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2012.
Según explica el autor, La tejedora de sombras surgió por casualidad mientras buscaba documentación para otro libro en la biblioteca de la universidad de Harvard. Allí encontró las referencias a Christiana Morgan y los cuadernos con algunos de sus dibujos. Interesado por el personaje, comenzó a investigar hasta reunir el material suficiente que le permitiera escribir la novela.
Porque se trata de una novela, basada en personas y hechos reales, pero con diálogos y vicisitudes de los protagonistas inventados por Volpi.
La historia, narrada en primera y tercera persona, gira en torno a la norteamericana Christiana Morgan, una mujer de enorme sensibilidad, psicoanalista aficionada que, casada y con un hijo, se enamora del psicólogo y profesor universitario en Harvard Henry Murray, casado y con hijos también, convirtiéndose en amantes.
Estamos a principios del siglo XX, el psicoanálisis y la psicología del inconsciente tienen gran importancia y en Suiza reside Carl Gustav Jung, durante un tiempo discípulo predilecto de Freud y fundador más tarde de la escuela psicoanalítica rival de la vienesa, convertido ahora en el psicólogo que podríamos denominar “de moda” entre las élites.
Christiana, Henry y algunos amigos más se entrevistan con Jung que queda prendado de la personalidad de la joven, le pide que profundice en su mundo onírico y que exprese mediante dibujos todo lo que descubra, añadiendo que ella ha nacido para “fecundar” a los hombres y extraer así de su interior las creaciones que sin su fuerza intensamente femenina permanecerían ocultas.
Decidida a seguir los consejos de Jung, Christiana se centra en su gran amor, Henry, estableciéndose entre ellos una relación absorbente con tintes, incluso, sadomasoquistas en la que lo único que importa es lo que entre los dos pueden llegar a crear. Por ejemplo, un test de personalidad, el TAT (Test de Apercepción Temática) ideado en gran parte por Christiana y que aún se utiliza, aunque el nombre de la mujer pronto desaparecerá en las nuevas versiones.
No sé dónde he leído que la creatividad muchas veces va unida al egoísmo y a una sensualidad desaforada. Me refiero, como en algún otro comentario, a los grandes creadores. Pienso en Picasso, en Neruda, en Henry Miller, en Virginia Woollf, en Ernesto Sabato
Aquí, Christiana vive sólo para Henry Murray y su fuerza creativa es tal que bastantes personas de su entorno terminan destrozadas física y psicológicamente, alcanzando dicha destrucción a la propia Christiana.
Quizá porque pretende transmitir al lector esa fuerza que emana de la protagonista del relato, Jorge Volpi, a mi parecer, peca de excesivo en esta obra que resulta, en general, demasiado literaria tanto en la forma como en el contenido.
Sólo el inicio, con las citas extraídas de Moby Dick de Melville y de Frankenstein de Mary Shelley, ya nos da idea de los sentimientos del autor a la hora de enfrentarse al desarrollo de su novela.

domingo, 18 de noviembre de 2012

SIEMPRE TUYO

Siempre tuyo es la última novela publicada en España del escritor austriaco Daniel Glattauer. Al parecer y por lo que he leído sobre este autor, sus anteriores novelas se encuadran dentro del género romántico; una de ellas, Contra el viento del norte, fue finalista del prestigioso German Book Prize, convirtiéndose pronto en un best-seller.
Quizá ésa sea la razón por la que las primeras páginas de Siempre tuyo se asemejan a las que podrían corresponder a un relato del género citado, cuando Judith, atractiva mujer de 36 años e ilusionada propietaria de una tienda de lámparas, conoce en un supermercado a Hannes Bergtaler, apuesto arquitecto de 42.
La narración, que se nos cuenta en tercera persona desde la perspectiva de Judith, avanza sin sobresaltos hasta la página 50 más o menos. Hasta ahí hemos comprobado lo enamorado que está Hannes de ella, cómo se lo demuestra con cantidad de detalles y atenciones, y la percepción por parte de la joven de que tal vez haya encontrado al hombre de su vida.
Pero a partir de la página señalada, correspondiente a la fase 3 en la relación (la historia se extiende a lo largo de 277 páginas repartidas en 15 fases), el deslumbramiento inicial deja paso a la inquietud en el ánimo de la chica, que ve a su pretendiente introducirse poco a poco en los ambientes que ella frecuentaba: familia, amigos… y comienza a controlarlo todo. Lo hace con regalos, ayudando a unos y a otros, repitiendo siempre lo mucho que la quiere; es decir, de una manera tan esmerada y generosa, que a todos les parece encantador y la felicitan por la buena suerte que ha tenido al encontrar una persona así.
Llega un momento (fase 5), en el que Judith se siente atrapada en la tela de araña que él ha tejido a su alrededor y decide romper el idilio. En apariencia, el hombre acepta la ruptura. Sin embargo, el acoso sigue, valiéndose ahora de los familiares y amigos previamente conquistados y de otros medios que no especifico para que la intriga por el desenlace logre atraer a posibles lectores hasta el final del libro, que está bastante bien logrado.
En resumen, una novela ágil y amena que se lee en un rato, explica de forma interesante y correcta un caso de violencia psicológica, tiene rasgos de humor que se agradecen y conseguirá hacernos olvidar por algún tiempo los problemas de la vida diaria (si es que no son demasiado agobiantes).

lunes, 12 de noviembre de 2012

MELOCOTONES HELADOS



En 1999 obtuvo el Premio Planeta un libro escrito por una autora vasca de veinticinco años. El libro se llamaba Melocotones helados y la autora, Espido Freire, que se convirtió así con este premio en la persona de menor edad que lo había recibido hasta el momento.
Melocotones helados cuenta la historia de Elsa, una joven pintora que se ha visto obligada a dejar el lugar en el reside, tras recibir varias cartas amenazantes, y se refugia en casa de su abuelo paterno que, muerta su esposa, vive con la “tata”.
 Poco a poco, vamos conociendo otras historias: la de Esteban, el abuelo de Elsa, soldado en la Guerra Civil y que, a su término, mantuvo una relación amorosa con Rosa, mujer de un compañero caído en combate y con su hija, Silvia Kodama, a la que nunca consiguió olvidar; de su abuela Antonia, dueña, junto al abuelo Esteban, de una pastelería durante muchos años;  de César, voyeur y empleado en la pastelería; de su padre Miguel y de su tío Carlos; de otra tía que desapareció siendo una niña y que se llamaba Elsa como ella; de su amiga Blanca que padece bulimia; de su novio Rodrigo, recto y concienzudo, empleado en un banco; de su prima, Elsa también, atrapada por una peligrosa secta de la que acaba de huir y a cuyos componentes ha denunciado, etc., etc., etc.
Todas estas historias no están contadas en un orden lineal, sino a retazos atrás y adelante que Espido Freire intenta unir al concluir el libro de manera un tanto apresurada.
Como se trata de una obra escrita y publicada por alguien muy joven, encuentro que quizá esa acumulación de temas, otrora candentes y en los que no profundiza demasiado, se debió a la misma juventud de la autora, en estos momentos muy reconocida en los círculos literarios.
Porque, por lo demás, el libro está bastante bien escrito y hay páginas profundas y de gran belleza descriptiva.
Seguro que en las siguientes obras que Espido Freire ha ido publicando desde aquella primera, los errores que considero asociados a la juventud estarán ampliamente superados. Tendré que comprobarlo leyéndolas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

BAILA, BAILA, BAILA

BAILA, BAILA, BAILA, el nuevo libro editado en España de Haruki Murakami, quizá sorprenda a los aficionados a este autor, Carnets, por ejemplo. No en la forma: el escritor japonés se expresa con la misma claridad y corrección de siempre, es un placer leerlo.
Tampoco los personajes difieren mucho de los aparecidos en obras comentadas: adolescentes de carácter complejo, bellas prostitutas, hijos únicos en la treintena, personas solitarias y sensibles…
De igual modo, también aquí encontramos precisas y detalladas descripciones de cafeterías, restaurantes, hoteles… Se nos explica cómo se elaboran platos típicos de Japón. Nos inquietan individuos y situaciones pertenecientes a mundos ocultos y realidades paralelas. Se realiza un análisis psicológico de los hombres y mujeres que protagonizan el relato. Y el autor comparte con nosotros sus gustos musicales, referidos en este caso al rock, desde Elvis Presley hasta los grupos más representativos de la década de los 80.
Sin embargo, aceptando lo anterior, la novela presenta una variante que considero fundamental, al compararla con las otras tres que he leído de Haruki Murakami: el protagonista, un redactor freelance divorciado, “cae bien” a la gente, infunde confianza y, además, pretende ser feliz al lado de una mujer a la que ha conocido por mediación de seres paranormales, provenientes de esas realidades paralelas citadas.
Estos elementos modifican el contenido de la historia, dulcificándola y apartando de ella el pesimismo y la amargura que siempre sobresalen en obras posteriores.
Porque ésa ha sido mi sorpresa. Al concluir el libro, imaginando que se trataba del último escrito por Haruki Murakami, pensé que los años, al contrario que en la mayoría de autores que conozco, habían modificado hacia lo positivo su manera de percibir las realidades circundantes y su juicio sobre las personas.
Después, mirando la fecha en que la obra fue publicada en Japón (1988), me he dado cuenta de que era lo contrario. Murakami sigue escribiendo bien y las traducciones siguen siendo muy buenas, pero la forma de mirar del autor se ha oscurecido, es cada vez más negativa y pesimista.
Así que, en los dificultosos tiempos que vivimos, la lectura de BAILA, BAILA, BAILA no nos deprimirá. Además de hacernos disfrutar con la belleza de su prosa, Haruki Murakami compartirá con nosotros la certeza, que parecía tener al escribir el libro y que espero no haya descuidado, de que entre todos los seres humanos existe una profunda conexión que hay que tener en cuenta y atender siempre bailando a sus sones.
Lograremos así, mientras bailamos, dotar a nuestra vida de sentido.