lunes, 27 de agosto de 2012

STONER

En la contraportada de Stoner, libro del escritor norteamericano John Williams, del que me hablo hace unos días Niko Ariel Crispino, y que acabo de leer, aparecen una serie de comentarios admirativos realizados por personalidades importantes dentro del campo de la cultura.
Repasándolos, me doy cuenta de que tengo poco que añadir a ellos. Quizá unirme a la sorpresa de Enrique Vila-Matas, cuando afirma no entender por qué una obra de esta categoría, publicada en 1965, no ha tenido mayor trascendencia.
Aunque tal vez sea dicha categoría la que no hace de Stoner una obra apta para el “gran público”. No porque su lectura resulte complicada ni porque utilice un lenguaje que no pueda entender el lector medio. Todo lo contrario, se trata de un relato sencillo en apariencia con muchos diálogos e intriga, en el que John Williams nos cuenta la vida de un profesor universitario, hijo único de unos humildes agricultores de Missouri, desde que nace en la deprimida granja paterna, es enviado por sus padres a la universidad para estudiar agricultura; allí descubre por medio de un profesor y en una especie de deslumbramiento, el mundo de la literatura, convirtiéndose en profesor de esta materia y ejerciendo su profesión, al igual que el resto de los quehaceres y afectos que surgen en su vida, con total integridad, hasta que muere en las últimas páginas de la novela.
Volviendo al estudio comparativo que realicé en la anterior entrada, Juan Marsé crea un personaje con una clara intencionalidad y lo convierte en protagonista del libro El amante Bilingüe. Charles Dickens actúa de igual modo, la Esther de Casa Desolada reúne todas las virtudes que el autor considera debería tener una mujer en la sociedad victoriana de la que forma parte; por lo tanto, tampoco se percibe como real.
El profesor Stoner creado por John Williams, sus padres, su mujer, su hija, sus compañeros, etc. son seres reales, con sus dudas, contradicciones, sueños frustrados, mezquindades, grandezas…
El autor no hace pedagogía, a pesar de haber sido profesor, también lo sea el protagonista principal del relato, y éste se desarrolle, sobre todo, en la universidad de Missouri. No pretende aleccionar a nadie ni exorcizar los propios demonios. Se limita a desplegar ante nosotros la vida de unos seres humanos con tal maestría, que terminas compartiendo cada segundo de esas existencias y te implicas en ellas y sufres y te enfadas. Y al final piensas que el desenlace que el autor elige en la conclusión de su libro no podía ser otro y es lo más hermoso que has leído en mucho tiempo.
Sí, puede que sea la sencillez, la autenticidad y la maestría con la que John Williams construye la historia de Stoner lo que ha impedido su mayor difusión. Libros de esta clase remueven por dentro, consiguen que te impliques y te cuestiones. No puedes evadirte leyéndolos.
Aún así, agradezco a Niko la posibilidad de conmoverme que me ha ofrecido con su lectura. Quizá hoy me sienta un poco triste; pero también, y se lo debo a él, un poco más consciente y más sabia.



lunes, 20 de agosto de 2012

EL AMANTE BILINGÜE

Me dice Manel, refiriéndose a Dickens, que las obras que ha leído del autor inglés le parecen un tanto “edulcoradas”. Le respondo que en “Casa Desolada” también lo edulcorado está presente. De hecho, el mismo Dickens destaca al principio de la novela el aspecto “romántico” del relato.
Eso me hace pensar en la cantidad de peculiaridades de los libros comentados en Opticks que se quedan sin reseñar: porque no me atraen demasiado, porque las considero poco significativas, porque espero que el lector las descubra y disfrute, por despiste, por falta de tiempo…
Así que hoy, enmendando el olvido, pongo de nuevo ante el lector paciente a Charles Dickens y a Daniel Pennac; a los que añadiré a Juan Marsé con uno de sus libros que acabo de leer, El amante bilingüe, por el que obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla 2009.
Ellos me permitirán tratar una de esas peculiaridades a la que no creo haberme referido en anteriores entradas: la influencia que tiene la personalidad de un escritor, circunstancias y motivaciones en el conjunto de su obra.
Simplificando mucho, yo diría que las obras de Dickens poseen una intención moralizante, las de Daniel Pennac son, sobre todo, pedagógicas, y en las de Juan Marsé el afán es más que nada crítico.
Como lectora imagino a Dickens satisfecho de su propia vida: prestigio social, reconocimiento literario, dinero, amores, familia, etc. Todo aquello que soñaba de niño lo ha conseguido. Pero eso no le hace olvidar su propia historia ni le impide ver las injusticias que se agolpan a su alrededor.
Pennac ha sido un profesor apasionado por su trabajo. Posiblemente tuvo que enfrentarse a los conflictos que sus alumnos adolescentes le plantearon en relación con el propio cuerpo: complejos, vergüenzas, obsesiones… De ahí la idea de escribir un libro en el que todo lo concerniente al cuerpo se tratase con absoluta naturalidad.
Juan Marsé fue un niño adoptado. Nació en Barcelona pero optó por el castellano cuando decidió ser escritor. En el mundillo nacionalista esto no está demasiado bien visto; peor aún, concita un significativo rechazo.
En las obras de Marsé aparece siempre el deseo de encontrar la propia identidad, junto al angustioso anhelo de ser otro. Todo ello en el seno de una sociedad esquizofrénica, en la que la división entre clases sociales está muy acusada; en la que importa más la lengua en que te expreses que tu propio valor o lo que quieras expresar con ella.
En El amante bilingüe la búsqueda de la identidad y la descripción irónica y caústica de los grupos humanos que conviven en Cataluña: charnegos y catalanes de pro, roza el esperpento y rezuma amargura.
La historia de Juan Marés, catalán de familia desestructurada y humilde, que se casa con Norma, hija única perteneciente a la alta burguesía catalana, y que, al divorciarse de ésta, obsesionado con su recuerdo y conocedor de sus gustos sexuales, para volver a conquistarla, se transforma poco a poco en Faneca, un charnego chuleta y atrevido que conoció de niño, se convierte en una sátira feroz sobre la dualidad lingüística catalana, agravada por las diferencias de clase.
Extraordinario y doliente libro que yo invito a leer, junto con cualquier otro de Dickens y Pennac.
Realizar estudios comparativos de obras bien escritas y de autores auténticos, proporciona un sinfín de conocimientos y un ameno y sentido disfrute.

lunes, 13 de agosto de 2012

DIARIO DE UN CUERPO

El único libro que he leído de Daniel Pennac ha sido “Como una novela y me gustó mucho porque estaba escrito de forma clara y directa y porque su contenido coincidía con mi propia manera de pensar.
En "Diario de un cuerpo" he encontrado ese mismo estilo, al que he de añadir la autenticidad que reflejan ambas obras. No hay en ellas nada de artificioso, ningún guiño para los modos y modas actuales.
Daniel Pennac se vale al comienzo de este relato de una estrategia común a bastantes escritores: cierta amiga que acaba de enterrar a su padre le entrega multitud de cuadernos en los que el fallecido recoge sus vivencias. En vista del interés de lo narrado, él promueve la publicación de dichos cuadernos, respetando el anonimato impuesto por su autor.
Se trata pues de un diario en el que el protagonista cuenta su vida desde los 12 años en 1936 hasta que muere en 2010.
Lo original del diario es que la persona que lo escribe cuenta su vida relacionándola con el propio cuerpo.
Comienza cuando el miedo le impide controlar sus reacciones fisiológicas en un campamento de verano y se impone el reto de vencer esa sensación, para continuar después pendiente de cada cambio físico, orgánico, emocional, etc. en la adolescencia, en los estudios, como miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, al enamorarse, trabajar, divertirse, enfermar, tener hijos, envejecer, convivir con la esposa, los hijos, los amigos, los nietos, los bisnietos y sentir la llegada de la muerte que pone fin a una vida plena y conscientemente vivida.
Todo ello está expresado, insisto, de modo tan auténtico, que obliga al lector a observarse a sí mismo, sorprenderse, analizar sus más intimas reacciones, sonreír ante ciertos detalles, inquietarse ante otros y deleitarse siempre con la manera de mirar el mundo que tiene este escritor.
Una mirada tierna, compasiva y esperanzada en la que se conoce al pedagogo narrador de historias que fue, es y será siempre el gran lector, profesor y más tarde escritor Daniel Pennac.

lunes, 6 de agosto de 2012

CASA DESOLADA

Hace algún tiempo, también durante el mes de agosto, disfruté con la lectura de “Casa Desolada”, libro de Charles Dickens que hoy traigo a esta página. Ahora, aprovechando que en febrero de 2012 celebramos el bicentenario de su nacimiento (1812-1870) y consciente de que necesito algún “disfrute”, he empezado a leerlo de nuevo. Así que mis antiguas y gozosas percepciones, al tratarse de un “clásico”, se han enriquecido con otras nuevas.
Dickens publicó “Casa Desolada” en 1853, cuando ya era un autor de enorme prestigio. No hay que olvidar que el éxito le llegó con su primera novela, Papeles Póstumos del club Pickwick. Después vendrían Las aventuras de Oliver Twist, Almacén de Antigüedades, Cuento de Navidad, David Copperfield y algunas más. Sin embargo, a pesar de la importancia de las enumeradas, muchos críticos afirman que es Casa Desolada la obra en la que Dickens alcanza la madurez plena como novelista.
Casa Desolada se publicó por entregas, al igual que muchos relatos de este autor. La historia que contiene gira en torno a una herencia sujeta a un larguísimo proceso legal, JARNDYCE Y JARNDYCE. La protagonista principal, Esther Summerson, en primera persona y alternándose con el narrador, nos cuenta su vida. Abandonada al nacer y tras pasar la infancia junto a la que ella llama madrina que la trata con desprecio y frialdad, a los 18 años, muerta la madrina, es recogida por el que había sido siempre su protector, John Jarrndyce, un caballero generoso y amable que la recibe en su casa (Casa Desolada), junto a dos adolescentes, Ada y Richard, primos de dicho caballero que, al igual que él, son víctimas del proceso legal, “JARNDYCE Y JARNDYCE”.
La extensión de Casa Desolada, 1115 páginas, permite a los lectores descubrir lo que podríamos llamar “Universo Dickens”. La descripción de personajes, lugares y ambientes en la Inglaterra victoriana en la que la incipiente Revolución Industrial ha atraído a las ciudades a multitud de campesinos que sobreviven en condiciones miserables, ofrece a Dickens la posibilidad de ejercer con maestría la crítica, muchas veces irónica, de todo lo que a su alrededor no le parece ético: las enormes diferencias sociales, la altanería de las clases altas, la explotación de los humildes, la usura, la situación de los barrios marginales, la hipocresía de unas personas que viven de apariencias, la lentitud, vacuidad y arrogancia del aparato judicial; los movimientos feministas, la burocracia, etc., etc.
Algunas de las situaciones descritas las había vivido el propio Dickens cuando su padre ingresó en la cárcel por deudas y él, con 12 años, tuvo que trabajar en una fábrica en la que las ratas eran sus visitantes habituales. Más tarde, solucionados en parte los problemas económicos de la familia gracias a una oportuna herencia, siguió estudiando y se colocó como empleado en un bufete de abogados. Por tanto, también tuvo ocasión de conocer el funcionamiento de la justicia.
A los 21 años publicó en una revista su primer trabajo literario, una especie de artículo de costumbres, y de ahí hasta su muerte no paró de escribir, publicar y leer personalmente ante nutridos auditorios sus obras.
Tal vez lo mucho que las personas valoraban lo que Dickens escribía, incluso los que no sabían leer esperaban impacientes que alguien les leyera la siguiente entrega de alguno de sus libros, quizá porque en ellos veían reflejada la forma en que vivían y la crítica con la que esa forma se presentaba les hacía reflexionar sobre lo injusto de la misma y mantener la esperanza de un cambio positivo, hizo que Dickens no fuese rechazado ni por aquellos a los que más criticó.
En resumen, aprovechar el mes de agosto para leer a Dickens, en espera de la “desolación” que nos auguran llegará en septiembre, ayuda a prepararse contra la adversidad, a relativizar lo que sucede, a observar los acontecimientos armados de ironía y de una indignación “operativa” y a desear hallar al escritor capaz de condensar en sus escritos la variedad y complejidad de un tiempo histórico con el rigor, la generosidad, la técnica, el humor y el compromiso social que reflejan los libros de Charles Dickens.