domingo, 9 de diciembre de 2012

LOS DESORIENTADOS

Hablo con mi amiga Mila sobre el último libro que he comentado en Opticks, Tierra desacostumbrada. Me dice que ha empezado a leerlo y que le gusta poco. La verdad es que nuestros gustos en materia literaria no suelen coincidir y es normal, cada una tiene sus aficiones, su historia y su bagaje, que ha de entenderse siempre como riqueza, pero que condiciona.
Después de tantos libros comentados, a las personas que suelen entrar en este blog no creo que resulte necesario explicarles que mi intención no es usurpar la función de los críticos que se ocupan como trabajo de la Literatura. Tampoco pretendo influir en nadie a la hora de elegir una lectura determinada.
Lo único que hago es disfrutar hablando de las obras que leo y contar las razones por las que me agradan o no, pero sin pretender en ningún caso, como sucede con mi amiga Mila, que esas razones se compartan.
Por ejemplo, Los desorientados, la novela del escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias 2010, que recoge las reflexiones de éste sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, me interesó tanto, que la terminé en tres días, a pesar de sus quinientas veinticuatro páginas.
Pero es que dichas reflexiones, muchas de las cuales ya conocía por otras obras de Maalouf o por entrevistas que le hicieron tras concederle el citado Premio, coinciden con lo que yo pienso acerca de los mismos temas. Entonces, es lógico que me agrade el libro y hable de él de forma admirativa.
También es cierto que, en ocasiones, sin compartir la forma de pensar de un autor ni interesarme el argumento del relato que ha escrito, la perfección estilística resalta de tal modo, que lo demás me parece accesorio.
Centrados ya en Los desorientados, su protagonista, Adam, profesor árabe de Historia expatriado en París, recibe la llamada de un antiguo amigo, que permaneció en su país cuando estalló la guerra y que se está muriendo. Ese amigo, que formaba parte de un grupo de jóvenes idealistas que pretendían cambiar el mundo, desea justificarse ante él por una serie de decisiones que tomó en aquel tiempo no comprendidas por el resto del grupo cuyos integrantes, que se dispersaron a causa de la guerra, han iniciado caminos distintos.
El retorno de Adam a su patria, el encuentro con los que allí quedaron y el esfuerzo para reunir de nuevo a todos los amigos de antaño, se acompaña de una reflexión continuada sobre las motivaciones de unos y otros: musulmanes, cristianos, judíos; agnósticos y creyentes; hombres y mujeres que vivieron una época trágica, pero que, por encima de todo, son “buena gente”.
Ésa es otra razón por la que me ha gustado este libro. Amin Maalouf no juzga a las personas. Recuerda al lector los acontecimientos que han provocado el actual orden de cosas en Oriente Próximo, remontándose a los grandes cambios que originó en el mundo la Primera Guerra Mundial, y deja que algunos de los afectados por dichos cambios expliquen las razones de sus respectivos comportamientos.
Lo hace, alejándose de cualquier clase de dogmatismo, extendiendo su mirada comprensiva sobre las personas y los territorios, resaltando valores universales como el amor, la amistad, la compasión, la generosidad, el perdón, la belleza…
Además de todo lo anterior, el libro está muy bien escrito y en los momentos actuales, con esa zona del planeta Tierra sufriendo la devastación que trae siempre consigo la violencia, puede ser un regalo excelente para unas fiestas en las que tanto hablamos de felicidad, paz y alegría.

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