domingo, 4 de noviembre de 2012

BAILA, BAILA, BAILA

BAILA, BAILA, BAILA, el nuevo libro editado en España de Haruki Murakami, quizá sorprenda a los aficionados a este autor, Carnets, por ejemplo. No en la forma: el escritor japonés se expresa con la misma claridad y corrección de siempre, es un placer leerlo.
Tampoco los personajes difieren mucho de los aparecidos en obras comentadas: adolescentes de carácter complejo, bellas prostitutas, hijos únicos en la treintena, personas solitarias y sensibles…
De igual modo, también aquí encontramos precisas y detalladas descripciones de cafeterías, restaurantes, hoteles… Se nos explica cómo se elaboran platos típicos de Japón. Nos inquietan individuos y situaciones pertenecientes a mundos ocultos y realidades paralelas. Se realiza un análisis psicológico de los hombres y mujeres que protagonizan el relato. Y el autor comparte con nosotros sus gustos musicales, referidos en este caso al rock, desde Elvis Presley hasta los grupos más representativos de la década de los 80.
Sin embargo, aceptando lo anterior, la novela presenta una variante que considero fundamental, al compararla con las otras tres que he leído de Haruki Murakami: el protagonista, un redactor freelance divorciado, “cae bien” a la gente, infunde confianza y, además, pretende ser feliz al lado de una mujer a la que ha conocido por mediación de seres paranormales, provenientes de esas realidades paralelas citadas.
Estos elementos modifican el contenido de la historia, dulcificándola y apartando de ella el pesimismo y la amargura que siempre sobresalen en obras posteriores.
Porque ésa ha sido mi sorpresa. Al concluir el libro, imaginando que se trataba del último escrito por Haruki Murakami, pensé que los años, al contrario que en la mayoría de autores que conozco, habían modificado hacia lo positivo su manera de percibir las realidades circundantes y su juicio sobre las personas.
Después, mirando la fecha en que la obra fue publicada en Japón (1988), me he dado cuenta de que era lo contrario. Murakami sigue escribiendo bien y las traducciones siguen siendo muy buenas, pero la forma de mirar del autor se ha oscurecido, es cada vez más negativa y pesimista.
Así que, en los dificultosos tiempos que vivimos, la lectura de BAILA, BAILA, BAILA no nos deprimirá. Además de hacernos disfrutar con la belleza de su prosa, Haruki Murakami compartirá con nosotros la certeza, que parecía tener al escribir el libro y que espero no haya descuidado, de que entre todos los seres humanos existe una profunda conexión que hay que tener en cuenta y atender siempre bailando a sus sones.
Lograremos así, mientras bailamos, dotar a nuestra vida de sentido.

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