lunes, 17 de septiembre de 2012

EL GRAN MEAULNES

Pese a que El gran Meaulnes es una obra considerada “de culto”, yo no había tenido ocasión de leerla aún y esta semana me he dedicado a ello.
Su autor, Alain-Fournier, nació en Francia en 1886. Estudios y aficiones le conducen a la escritura, colaborando en diversos periódicos y revistas. En 1913 publica El gran Meaulnes que está a punto de ganar el Goncourt y consigue un enorme éxito de público y de crítica. En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, toma parte en la lucha con el grado de teniente y es abatido cerca de Verdún. Había cumplido 28 años.
Al igual que El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, El gran Meaulnes se considera una novela de iniciación a la vida adulta que recoge las inquietudes, sueños y vivencias característicos de un adolescente.
Lo curioso es que muchos acontecimientos de la novela tienen una base real, sucedieron en verdad a su autor. Por eso el relato resulta tan creíble y engancha desde la primera línea.
La historia que contiene la cuenta en primera persona François Seurel, un adolescente tímido e introvertido cuyos padres, maestros de profesión, están al frente de un colegio en una población del interior de Francia.
François acaba de cumplir quince años cuando su vida, rutinaria y metódica, se ve alterada por la incorporación al colegio y a la propia casa familiar de Augustin Meaulnes, un chico de su edad pero distinto en todo, empezando por la estatura que le hace sobresalir del resto y continuando por el carácter, decidido y aventurero, que pronto le convierte en un líder dentro de la clase y en un modelo para el muchacho.
La llegada de los abuelos de François y la necesidad que se plantea de ir a recogerlos, hace que el maestro elija a uno de los alumnos con ese fin. Al no ser elegido, Augustin decide ir por su cuenta. Durante el viaje, equivoca el camino y va a parar a un lugar recóndito y misterioso en el que existen unas antiguas edificaciones de tipo palaciego, pero en estado casi de ruina, en las que se prepara una fiesta.
Por un momento, el lector cree que Meaulnes sueña o está alucinando. No es así. Realmente en ese lugar se ha preparado la fiesta en la que se casarán el hijo del dueño de la finca, Frantz de Galais y su bella prometida Valentine. Los invitados, vestidos con lujosos y anticuados trajes, se divierten mientras esperan a los novios. Augustin encuentra un traje a su medida y se incorpora al convite en el que conoce a la hermana de Frantz, Yvonne de Galais, prendándose al instante de ella. Al no acudir la novia como era lo previsto, la celebración concluye abruptamente. Meaulnes regresa al colegio y desde ese momento sueña con encontrar lo que considera el paraíso perdido, haciendo partícipe de sus deseos y averiguaciones a su amigo François.
El resto de la novela, que supone la llegada de los dos jóvenes a la vida adulta y el desenlace del relato, creo que debe descubrirla el lector por lo que tiene de misterio e intriga.
Sin adelantar nada, resulta obligado decir que este libro está en la línea de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, que la descripción de los paisajes es una maravilla, que sin pretenderlo te ves sumergido en un mundo onírico y brumoso y acompañas al gran Meaulnes en busca de su ideal, de esa belleza perfecta que en un tiempo anhelaste y cuya a usencia te llenaba el pecho de un ansia extraña y dulce, hasta que comprendiste, igual que el gran Meaulnes, que ninguno de tus anhelos, incluso si lo alcanzas sufriendo en el empeño, perdurará más allá de un instante.



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