lunes, 7 de mayo de 2012

LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO

Coincidir con las opiniones y juicios expresados en un libro por alguien a quien admiras, ayuda a no sentirte equivocado y a reafirmar la confianza en tus propios juicios y opiniones, aunque no parezca que sean compartidos por un buen número de personas.
Eso me ha sucedido a mí, mientras leía La civilización del espectáculo, un ensayo de Mario Vargas Llosa.
Hacía tiempo que no subrayaba una obra con el entusiasmo que he subrayado ésta. Mirando atrás, creo que fue La era del vacío, también un breve ensayo de Gilles Lipovetsky, la última en la que experimenté semejante arrebato.
El libro de Vargas Llosa añade a reflexiones juicios y críticas de reciente factura, otras que publicó en su día el diario El País, y que completan con cuestiones de actualidad las primeras.
Estas reflexiones, juicios y críticas giran en torno a la cultura. Llegando a afirmar el autor que la cultura, manifestada en obras de arte que el artista o creador desea perdurables, que le suponen un esfuerzo y que se convierten muchas veces en la conciencia de la sociedad a la que representan, se trate de pintura, música, arquitectura, literatura, escultura, etc. ha muerto, y apoya su tesis en autores de distinta ideología y signo político que ya anunciaron, en vista del desmadre social que hace tiempo empezó a manifestarse y que ahora se ha acelerado, la desaparición de la cultura.
Las muestras de esa desaparición, nos dice Vargas Llosa, son innumerables y palmarias. Analizándolas, demuestra que la civilización en la que se desenvuelve actualmente nuestra vida es la civilización del espectáculo, en la que prima la frivolidad (importa más la apariencia que la esencia, más la forma que el contenido, más el precio que el valor), lo light, la diversión, la publicidad, la masificación, el laicismo y la banalización.
Cada uno de los rasgos anteriores los desarrolla el autor de manera exhaustiva, apoyándose en multitud de ejemplos fácilmente observables a nuestro alrededor. La diversión a toda costa (cuántas veces se nos ha dicho a los maestros que debíamos hacer las clases divertidas), la apariencia (el culto a la imagen), la masificación en grandes espectáculos musicales o futbolísticos, la banalización de las relaciones de pareja, del sexo que ha hecho desaparecer el erotismo, de la política y hasta de las leyes que muchos no dudan en incumplir presumiendo de ello.
Pero como sucede con todo en esta vida, esa forma de actuar lleva aparejadas consecuencias. El ser humano no puede limitarse a seguir unos impulsos que le conduzcan a pasarlo bien, pensar poco y hacer lo que le plazca. Y cuando intenta que su vida se reduzca a esto, individualmente surgen las depresiones, las rupturas, rebrota la violencia; se pretende erradicar la angustia mediante drogas, botellones o sectas. En lo social, se buscan los extremos en política, espectáculos, modas… Crece el nacionalismo, el apego a lo propio, porque el anclaje que nos proporcionaban los valores que la familia, la religión y la auténtica cultura trasmitían, está disminuyendo o ya no existe.
En resumen, considero que La civilización del espectáculo es un libro interesante del que yo aporto aquí una parte pequeña, pero que tiene mucho más contenido que hace pensar, se esté o no de acuerdo con el mismo y apetezca o no apetezca subrayarlo.

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