lunes, 14 de mayo de 2012

LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS

El libro de esta semana, Los peces no cierran los ojos, del escritor italiano Erri De Luca, tiene sólo ciento veinticuatro páginas, pero tan bien escritas, tan sobrias, tan auténticas, obviando las palabras de adorno o de relleno, que podemos considerar cada una de ellas como un compendio de la mejor literatura.
Los hechos que Erri de Luca nos cuenta de manera intimista y poética, como el que hace una confidencia, ocurrieron durante el verano en el que, cumplidos los diez años, pasaba las vacaciones con su madre en un pueblo costero cerca de Nápoles.
Para él, un niño solitario, gran lector y poco aficionado a las diversiones comunes a otros niños, los diez años determinaban el final de la infancia.
Convencido de que “la infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años”, le preocupaba que en su caso no sucediera así. El desarrollo físico no avanzaba a la vez que el mental, “estaba en un cuerpo encapullado y sólo la cabeza intentaba forzarlo”.
Ese esfuerzo, ese aflorar de nuevas sensaciones, de llegar a ser la persona que su cabeza le decía que era, lo relata el autor, mientras mira hacia atrás desde la perspectiva de hombre adulto.
La pesca solo o al lado del pescador que hablaba poco y empezaba las frases con una “y”; la historia de su familia entre la guerra, la añoranza y el desarraigo; la presencia cálida y tierna de la madre y enérgica y vitalista del padre; el encuentro con la niña sin nombre, conocedora de los animales, que le descubre el valor de palabras como amor o justicia; los esfuerzos que hace, con violencia incluida, hasta romper la cáscara de su cuerpo de niño…
Todo el relato es una reflexión continuada, una mirada retrospectiva atenta, inteligente y amable sobre un tiempo crucial, en el que se va modelando la personalidad posterior.
Una personalidad adulta, manifestada en actitudes, comportamientos y modos de vida que Erri De Luca enlaza de modo magistral con los sentimientos, deseos e inquietudes del niño de diez años que se sabía mayor de su apariencia.



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