lunes, 16 de abril de 2012

LLÁMAME BROOKLYN

El libro del que voy a hablar hoy también es una novela, pero no resulta fácil de leer como sucede con las dos anteriores. Sin embargo, cuando la terminas, te apetece empezar de nuevo; porque poco a poco te has ido dejando seducir por una forma de escribir perfecta y por la azarosa existencia de unos personajes que, como tantos seres humanos que conoces, literarios o no, dotados de sensibilidad extrema, buscan y anhelan algo sublime que les llene por dentro.
Se trata de Llámame Brooklyn, primera novela del profesor madrileño Eduardo Lago, Doctor en Literatura por la Universidad de Nueva York, ciudad donde reside y en la que se desarrolla la mayor parte de esta obra, por la que recibió el Premio Nadal 2006 y algunos otros galardones.
Definida como “calidoscópica”, en ella nada es lo que parece, comienza con la muerte de Gal Ackerman, un escritor bohemio que reside en un motel de Brooklyn, el “Oakland”. La noticia de esta muerte obliga a Nestor Oliver Chapman, periodista de origen español que colabora con el New York Post y es amigo de Ackerman, a pesar de tener veinticinco años menos, a cumplir un pacto tácito que el escritor muerto le impulsó a aceptar: escribir, extrayéndola de los cientos de cuadernos, recortes, cartas, etc. que Gal posee, la novela que no consiguió terminar y que está dedicada a una única lectora, la mujer de la que se enamoró fatalmente, Nadia Orlov.
La lectura de todo lo que contiene el archivo de Ackerman, da lugar a que vayan apareciendo ante el lector multitud de historias que se entrecruzan y que nos hacen avanzar y retroceder en el tiempo. Así conocemos que Gal creyó hasta los catorce años que era hijo de una pareja de norteamericanos, miembros de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española. En realidad, su madre fue una vallisoletana que murió en el parto y su padre un italiano participante también en la Guerra.
La vida de Gal, junto a sus padres adoptivos y su abuelo anarquista que le enseña la historia de Brooklyn, el viaje que realiza a la España de los 60 buscando sus orígenes, la relación atormentada con Nadia, sus amigos, sus sueños y fracasos, se enlazan, formando una valiosa urdimbre, con historias de seres anónimos y reales, en las que predomina la amistad, los amores desgraciados y las empresas imposibles; (Eduardo Lago es miembro de la Orden del Finnegans, al igual que Jordi Soler y Enrique Vila-Matas y, por lo tanto, gusta como ellos de lo que algunos llaman “metaliteratura”).
En resumen, Llámame Brooklyn es una novela extraordinaria, llena de estudiados recursos literarios, cuya lectura requerirá toda nuestra atención; pero que, al valerse de los mejores medios que nos brinda el arte de la escritura, nunca nos dejará indiferentes.

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