lunes, 19 de marzo de 2012

EN TIEMPO DE PRODIGIOS

Esta semana, y sin ninguna intención por mi parte, he leído una novela, En tiempo de prodigios, de la escritora gallega Marta Rivera de la Cruz, por completo distinta a la que comenté la semana pasada, La posibilidad de una isla de Michel Houellebecq.
Y es que, si podemos calificar a La posibilidad de una isla como “políticamente incorrecta” de principio a fin, En tiempo de prodigios, que fue finalista del Premio Planeta 2006, debería considerarse “políticamente correcta” en todas y cada una de sus páginas.
Veamos el argumento de la novela que escribe Marta Rivera de la Cruz. La protagonista principal, Cecilia, nos cuenta en primera persona la muerte de su madre a consecuencia de un cáncer tardíamente diagnosticado. Esa muerte y la ruptura con el hombre que ha sido su pareja durante varios años, le hace caer en una profunda crisis personal. El contacto con Silvio, abuelo de su mejor amiga, al que visita con regularidad por encargo de ésta, le ayuda a superar poco a poco la crisis. Silvio, valiéndose de antiguas fotografías, le relata una historia de espionaje, amistad, amor y tragedia en el marco de la 2ª Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la posguerra, que hace a la joven cambiar la perspectiva con la que se enfrenta a la situación que está atravesando y ver con claridad lo que desea para el futuro.
El libro se lee en unas horas y está correctamente escrito. Lo más destacado es el homenaje que la escritora realiza en él a su madre muerta, a la que retrata como una extraordinaria persona, poseedora, además de belleza, de todas aquellas cualidades que hacen a un ser humano inolvidable e insustituible. El problema es que esa historia, aunque se trate de un caso real, no llega a conmover en absoluto. Como tampoco provoca ninguna clase de hormigueo interior lo relacionado con el abuelo Silvio y sus amigos americanos y polacos.
En resumen, un libro plano, adecuado para leer cuando la vida nos ofrece sólo su cara amable. Entonces, la pintura pastel de la escritora puede hasta hacernos gracia. El resto de los días, alrededor de trescientos sesenta y cuatro y medio, es más interesante dejarse acompañar por Houellebecq, su escepticismo, su irreverencia y su iconoclasta visión de la existencia.

1 comentario:

  1. ACABO DE LEER ESTE LIBRO Y PARA MI FUE MUY BUENO Y ME EMOCIONO MUCHO LA FORMA DE HAB LAR DE CECILIA SOBRE SU MADRE, EL RESTO ME PARECIO INTERESANTE Y BIEN ESCRITO CON ALGUNOS DATOS VERDADEROS. NO TODOS NOS PODEMOS CONMOVER CON EL MISMO LIBRO

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