domingo, 22 de enero de 2012

BARRIO CERO

De Javier Reverte sólo he leído un libro, Corazón de Ulises, y me gustó tanto, que lo he convertido en objeto de consejo habitual para mis amigos lectores.
Así que al comenzar Barrio Cero, obra de este autor por la que obtuvo el Premio de novela Fernando Lara 2010, pensé hallar en ella excelencias que me ayudasen a considerarla aconsejable. No ha sido así y lo lamento, porque está escrita con agilidad y toca cuestiones desgraciadamente muy actuales: maltrato de la mujer a manos del marido, drogas, Ley del Talión ante la inoperancia de la justicia, medios de comunicación sensacionalistas y manipuladores, inmigración que origina focos de marginalidad, etc.
Según parece, Javier Reverte se inspiró al escribir el libro en un caso real: el de la madre que mató al violador de su hija cuando éste salió de la cárcel.
En la novela, la protagonista también es mujer, se llama Paquita Romero y vive en un barrio en el que se hacinan inmigrantes de las más variadas procedencias: rumanos, magrebíes, subsaharianos, chinos…
Paquita, hija de un maltratador, forma su propia familia y ve repetido el esquema de maltrato, al igual que otras muchas mujeres del lugar en el que reside. Tras años de palizas y humillaciones, muerto el marido y creyéndose ya liberada, descubre que su hijo adolescente se ha enganchado a la heroína. Después de una serie de intentos fallidos para que supere la adicción, considera que sólo podrá salvar al chico matando al que le vende la droga. Así lo hace y, de inmediato, consciente de haber delinquido, se entrega a la policía. Es en ese momento en el que Paquita, “Mamá Romero”, empieza a contarnos su historia.
Tal vez el hecho de tocar tantos temas, (bastantes más de los citados), provoca que el autor no profundice en ninguno.
Por otro lado, tampoco nos descubre nada nuevo; el relato está lleno de tópicos: el plató de televisión y sus personajes estereotipados, el cura “Kiko”, las feministas, los políticos que buscan la foto, la reacción de los vecinos de Paquita, ¡hasta el hijo que se llama Jonathan!
En fin, si hay que buscar un valor a la novela, el valor residiría en que es corta y fácil de leer; y que, quizá, aquellas personas con pocos hábitos de lectura y mucha afición a los culebrones y a la crónica negra la pueden encontrar apasionante.

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