jueves, 27 de diciembre de 2012

DOS LIBROS MÁS

Terminamos diciembre y el año 2012 con dos libros que se leen en poco tiempo y pueden servir para evadirse de las contrariedades diarias (si acaso las hubiera).
El primero, publicado en 2009, se titula Un lugar en el que nunca he estado y, según nos informan en la contraportada, es el debut literario de la productora cinematográfica inglesa Rosie Alison.
La historia que contiene Un lugar en el que nunca he estado se inicia en 1939 con la evacuación de los niños de Londres a zonas más seguras, por miedo al posible bombardeo alemán de la capital. El primer capítulo lo protagoniza una niña, Anna, a la que su madre desea poner a salvo alejándola del peligro.
En el segundo capítulo aparece el embajador inglés en Varsovia y conocemos su reacción ante la entrada de los alemanes en territorio polaco.
Los capítulos sucesivos nos hablan de Anna y de su llegada, junto con otros niños, a una imponente mansión victoriana en la que vivirán hasta que pasen los horrores de la guerra. La mansión está habitada por un noble inglés y su esposa que han decidido cuidar en ella de los pequeños refugiados. Poco a poco, vamos conociendo el pasado de la casa y de sus propietarios. También cómo discurre la vida de la madre de Anna en Londres, de su padre en el frente, del embajador inglés en Varsovia y de su mujer (personajes reales que salvaron a judíos perseguidos por los nazis); de los niños londinenses y de sus maestros, de la relación amorosa que se establece entre el dueño de la casa y una de las profesoras que atiende a los escolares, de…
Y éste es uno de los fallos que encuentro en el libro, la autora ha pretendido contar en trescientas páginas tantas historias a la vez y, además, proporcionarles a todas un final más o menos verosímil, que no deja nada a la imaginación del lector y la narración adolece de falta de profundidad e intensidad dramáticas.
El segundo libro, muy diferente del primero y Premio Las Américas 2012, se titula El país imaginado. Su autor es el argentino Eduardo Berti.
Lo sorprendente es que, tratándose de un escritor argentino, sitúa los hechos que describe en la China rural del siglo XX (el país imaginado), en la que conviven costumbres ancestrales con una modernidad que se abre paso a duras penas. Pero en esta convivencia no se destaca ningún tipo de arista, los acontecimientos se desarrollan con sencillez y naturalidad.
La historia, relatada en primera persona por una niña de 13 años, empieza con la muerte de su abuela y termina unos años después de que contraiga matrimonio y sea madre. El eje central alrededor del que giran los hechos relatados es la relación de la niña, más bien jovencita, con otra algo mayor, Xiaomei, hija de un ciego vendedor de pájaros a la que considera su ideal de belleza; admirándola de un modo tan intenso, que hasta imita su forma de vestir y de peinarse y desea casarla con su hermano mayor para tenerla siempre cerca.
Los encuentros entre las dos muchachas, los planes de los padres con respecto a futuros matrimonios concertados, el trato con los criados y amigos, el deseo de influir por parte de la niña en las decisiones del hermano mayor, etc., todo va discurriendo como en una película de las que tanto gustan a la intuitiva y sensible narradora que, de alguna manera, vive orientada a través de los sueños por la persona de la abuela muerta.
En resumen, un bello marco y una bella historia narrada con exquisitez, delicadeza y una cierta dosis muy asiática de resignación y fatalismo.
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO 2013!


 Un año más me atrevo a felicitar a lodos los seguidores de Lecturas a dos voces con un poema escrito por mí. Con él van los mejores deseos de prosperidad, paz y alegría. 

 
 
                        ¡Cómo me gusta sentir
que todo el mar es un lago,
y el mundo, espacio normado,
un lugar que compartir!
¡Cómo me gusta saber
que son tuyas mis estrellas,
y tu luna, clara y bella,
va de confín a confín!
Y las fronteras, son líneas
de un pentagrama divino,
y de pájaros, los trinos
notas en clave de sol.
Y las lenguas, son imanes,
y las patrias, utopías;
y tu mano así, en la mía,
es el regalo mejor.
Y no hay banderas ni escudos
ni leyes que nos separen;
mi corazón late y sabe
que late tu corazón.
Y la luz que anuncia el alba
gozosa de la mañana,
es la misma, rosa y grana,
que te ha despertado a ti.
Y el aire que tú respiras,
es el aire que me llena,
y tus penas, son mis penas,
y tu dolor, mi dolor.
Pero también tu sonrisa
es mi sonrisa más cierta,
y son tus fiestas, mis fiestas,
y tus gozos, míos son.
¡Cómo me gusta sentir
que tú y yo somos hermanos,
y que juntos caminamos!
¡Cómo me gusta sentir!

 


 

domingo, 16 de diciembre de 2012

GOETHE SE MUERE

Thomas Bernhard fue un novelista, dramaturgo y poeta austriaco que nació en el año 1931 y murió en 1989. Pese a morir bastante joven, siempre tuvo una salud frágil, escribió gran cantidad de obras a las que merece la pena acercarse, dejando a un lado si compartimos o no sus opiniones, porque se trata de un extraordinario autor con características muy especiales:
-En relación con el estilo, puede calificarse de sobrio. Abundan los monólogos y las frases cortas en las que muchas veces se repite la misma palabra para darle más fuerza expresiva al relato.
-En lo referido al fondo de sus textos, no se trata de un escritor complaciente con el mundo en que vive y las instituciones planificadas por las personas que lo habitan. Todo lo contrario, su concepción del hombre como ser social resulta aterradora.
Considera, por ejemplo, a la familia como la institución que primero destruye al ser humano, ya que, imponiéndole normas y restricciones heredadas, impide que desarrolle su personalidad y creatividad de una manera libre y autónoma.
También ridiculiza y degrada con vehemencia los valores patrios; ésos en los que se apoyan los nacionalistas para diferenciarse del resto. Así que siempre se muestra como un convencido y furibundo antinacionalista.
Todas las características anteriores las encontramos en la obra de Bernhard que hoy traigo a Opticks y que está compuesta por cuatro relatos: Goethe se muere, que da nombre al libro, Montaigne, Reencuentro y Ardía.
En Goethe se muere, nos presenta al gran poeta alemán a las puertas de la muerte y esperando la visita de el filósofo Wittgenstein (nacido treinta años después). Utilizando las repeticiones y con aguda y malévola ironía, sitúa al filósofo por encima del poeta, cambiando incluso la última frase que se dice pronunció antes de morir; en lugar de Mehr Licht! (¡Más luz!, Mehr nicht! (¡Más nada!)
En el segundo y el tercer relato, la que sale muy mal parada es la familia; terrorífica en el titulado Montaigne y ridícula dentro de su malignidad en Reencuentro.
La crítica a la patria, Austria en concreto, es el tema de Ardía. Aquí el narrador en primera persona escribe a un amigo contándole un sueño en el que ha visto arder este país. Creo haber leído en algún lugar que Bernhard prohibió ser enterrado en él. Hasta ahí llegaba la animadversión que sentía.
En resumen un libro genial, nada complaciente con lo establecido ni tranquilizador de conciencias. Pero pienso que la labor de un genio, en el complejo campo de las artes, consiste es provocar una inquietud que puede ser de muy diversos tipos.
Les aseguro que en los libros de Bernhard esa inquietud va acompañada del deslumbramiento.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LOS DESORIENTADOS

Hablo con mi amiga Mila sobre el último libro que he comentado en Opticks, Tierra desacostumbrada. Me dice que ha empezado a leerlo y que le gusta poco. La verdad es que nuestros gustos en materia literaria no suelen coincidir y es normal, cada una tiene sus aficiones, su historia y su bagaje, que ha de entenderse siempre como riqueza, pero que condiciona.
Después de tantos libros comentados, a las personas que suelen entrar en este blog no creo que resulte necesario explicarles que mi intención no es usurpar la función de los críticos que se ocupan como trabajo de la Literatura. Tampoco pretendo influir en nadie a la hora de elegir una lectura determinada.
Lo único que hago es disfrutar hablando de las obras que leo y contar las razones por las que me agradan o no, pero sin pretender en ningún caso, como sucede con mi amiga Mila, que esas razones se compartan.
Por ejemplo, Los desorientados, la novela del escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias 2010, que recoge las reflexiones de éste sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, me interesó tanto, que la terminé en tres días, a pesar de sus quinientas veinticuatro páginas.
Pero es que dichas reflexiones, muchas de las cuales ya conocía por otras obras de Maalouf o por entrevistas que le hicieron tras concederle el citado Premio, coinciden con lo que yo pienso acerca de los mismos temas. Entonces, es lógico que me agrade el libro y hable de él de forma admirativa.
También es cierto que, en ocasiones, sin compartir la forma de pensar de un autor ni interesarme el argumento del relato que ha escrito, la perfección estilística resalta de tal modo, que lo demás me parece accesorio.
Centrados ya en Los desorientados, su protagonista, Adam, profesor árabe de Historia expatriado en París, recibe la llamada de un antiguo amigo, que permaneció en su país cuando estalló la guerra y que se está muriendo. Ese amigo, que formaba parte de un grupo de jóvenes idealistas que pretendían cambiar el mundo, desea justificarse ante él por una serie de decisiones que tomó en aquel tiempo no comprendidas por el resto del grupo cuyos integrantes, que se dispersaron a causa de la guerra, han iniciado caminos distintos.
El retorno de Adam a su patria, el encuentro con los que allí quedaron y el esfuerzo para reunir de nuevo a todos los amigos de antaño, se acompaña de una reflexión continuada sobre las motivaciones de unos y otros: musulmanes, cristianos, judíos; agnósticos y creyentes; hombres y mujeres que vivieron una época trágica, pero que, por encima de todo, son “buena gente”.
Ésa es otra razón por la que me ha gustado este libro. Amin Maalouf no juzga a las personas. Recuerda al lector los acontecimientos que han provocado el actual orden de cosas en Oriente Próximo, remontándose a los grandes cambios que originó en el mundo la Primera Guerra Mundial, y deja que algunos de los afectados por dichos cambios expliquen las razones de sus respectivos comportamientos.
Lo hace, alejándose de cualquier clase de dogmatismo, extendiendo su mirada comprensiva sobre las personas y los territorios, resaltando valores universales como el amor, la amistad, la compasión, la generosidad, el perdón, la belleza…
Además de todo lo anterior, el libro está muy bien escrito y en los momentos actuales, con esa zona del planeta Tierra sufriendo la devastación que trae siempre consigo la violencia, puede ser un regalo excelente para unas fiestas en las que tanto hablamos de felicidad, paz y alegría.

lunes, 3 de diciembre de 2012

TIERRA DESACOSTUMBRADA



Desde hace algún tiempo sólo compro los libros que me han gustado lo suficiente para desear conservarlos. El último en engrosar mi colección de favoritos  ha sido Tierra desacostumbrada de la escritora de ascendencia india Jhumpa Lahiri y que fue designado Mejor libro del año 2008 por el periódico The New York Times.
Jhumpa Lahiri estructura su obra en dos partes: la primera, que recoge cinco historias sin relación entre sí y la segunda con una sola historia desarrollada en tres relatos. En todas ellas los protagonistas son hombres y mujeres que, aunque han nacido o tienen ascendientes en la India, viven y trabajan en Estados Unidos; algunos, incluso, se han casado con norteamericanos. Además, comparten la pertenencia a una cierta élite cultural: profesores, ingenieros, periodistas…
Pero no han sido los aspectos relacionados con el mestizaje, la inmigración o las dificultades de estas personas para adaptarse a un nuevo país lo que más me interesó del libro; quizá porque tampoco yo nací en el lugar en el que vivo y las raíces nunca mediatizaron mis acciones. Lo que en el libro me atrapó desde el principio fue el modo de mirar de la autora y la elegante sencillez con la que nos transmite lo captado a través de esa profunda e inteligente mirada.
Es la vida tal cual, la vida de hombre y mujeres actuales con sus penurias y sus grandezas, sus derroches y sus renuncias, sus fracasos y sus aspiraciones. El amor, el dolor, la decepción, la rutina, el fracaso, la incertidumbre, la enfermedad,  la muerte… Todas las emociones y los sentimientos que compartimos los seres humanos del siglo XXI representados en las vivencias de distintas familias: padres e hijos, yernos y nueras, amigos, novios, amantes… Son historias abiertas en las que el final sólo es un paso más en el camino y te quedas pensando en cómo habrías reaccionado tú porque, mientras leías, te has sentido también protagonista.
En resumen, considero que Tierra desacostumbrada es uno de esos libros que suelen agradar a muchos lectores, ya que nos habla de lo cotidiano; pero no a la manera cruda, cruel y hasta cínica de otro escritor nacido en Norteamérica y grande entre los grandes, Raymond Carver , cuya lectura te deja siempre un regusto amargo.
Y es que, aun teniendo la vida sus momentos feroces, Jhumpa Lahiri logra suavizarlos y convertirlos en universales. Así que, cuando cierras el libro y reflexionas, te sientes menos solo y un poco más dispuesto a relativizar lo que sucede.

domingo, 25 de noviembre de 2012

LA TEJEDORA DE SOMBRAS


El libro La tejedora de sombras, obra del escritor mejicano Jorge Volpi ha recibido el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2012.
Según explica el autor, La tejedora de sombras surgió por casualidad mientras buscaba documentación para otro libro en la biblioteca de la universidad de Harvard. Allí encontró las referencias a Christiana Morgan y los cuadernos con algunos de sus dibujos. Interesado por el personaje, comenzó a investigar hasta reunir el material suficiente que le permitiera escribir la novela.
Porque se trata de una novela, basada en personas y hechos reales, pero con diálogos y vicisitudes de los protagonistas inventados por Volpi.
La historia, narrada en primera y tercera persona, gira en torno a la norteamericana Christiana Morgan, una mujer de enorme sensibilidad, psicoanalista aficionada que, casada y con un hijo, se enamora del psicólogo y profesor universitario en Harvard Henry Murray, casado y con hijos también, convirtiéndose en amantes.
Estamos a principios del siglo XX, el psicoanálisis y la psicología del inconsciente tienen gran importancia y en Suiza reside Carl Gustav Jung, durante un tiempo discípulo predilecto de Freud y fundador más tarde de la escuela psicoanalítica rival de la vienesa, convertido ahora en el psicólogo que podríamos denominar “de moda” entre las élites.
Christiana, Henry y algunos amigos más se entrevistan con Jung que queda prendado de la personalidad de la joven, le pide que profundice en su mundo onírico y que exprese mediante dibujos todo lo que descubra, añadiendo que ella ha nacido para “fecundar” a los hombres y extraer así de su interior las creaciones que sin su fuerza intensamente femenina permanecerían ocultas.
Decidida a seguir los consejos de Jung, Christiana se centra en su gran amor, Henry, estableciéndose entre ellos una relación absorbente con tintes, incluso, sadomasoquistas en la que lo único que importa es lo que entre los dos pueden llegar a crear. Por ejemplo, un test de personalidad, el TAT (Test de Apercepción Temática) ideado en gran parte por Christiana y que aún se utiliza, aunque el nombre de la mujer pronto desaparecerá en las nuevas versiones.
No sé dónde he leído que la creatividad muchas veces va unida al egoísmo y a una sensualidad desaforada. Me refiero, como en algún otro comentario, a los grandes creadores. Pienso en Picasso, en Neruda, en Henry Miller, en Virginia Woollf, en Ernesto Sabato
Aquí, Christiana vive sólo para Henry Murray y su fuerza creativa es tal que bastantes personas de su entorno terminan destrozadas física y psicológicamente, alcanzando dicha destrucción a la propia Christiana.
Quizá porque pretende transmitir al lector esa fuerza que emana de la protagonista del relato, Jorge Volpi, a mi parecer, peca de excesivo en esta obra que resulta, en general, demasiado literaria tanto en la forma como en el contenido.
Sólo el inicio, con las citas extraídas de Moby Dick de Melville y de Frankenstein de Mary Shelley, ya nos da idea de los sentimientos del autor a la hora de enfrentarse al desarrollo de su novela.

domingo, 18 de noviembre de 2012

SIEMPRE TUYO

Siempre tuyo es la última novela publicada en España del escritor austriaco Daniel Glattauer. Al parecer y por lo que he leído sobre este autor, sus anteriores novelas se encuadran dentro del género romántico; una de ellas, Contra el viento del norte, fue finalista del prestigioso German Book Prize, convirtiéndose pronto en un best-seller.
Quizá ésa sea la razón por la que las primeras páginas de Siempre tuyo se asemejan a las que podrían corresponder a un relato del género citado, cuando Judith, atractiva mujer de 36 años e ilusionada propietaria de una tienda de lámparas, conoce en un supermercado a Hannes Bergtaler, apuesto arquitecto de 42.
La narración, que se nos cuenta en tercera persona desde la perspectiva de Judith, avanza sin sobresaltos hasta la página 50 más o menos. Hasta ahí hemos comprobado lo enamorado que está Hannes de ella, cómo se lo demuestra con cantidad de detalles y atenciones, y la percepción por parte de la joven de que tal vez haya encontrado al hombre de su vida.
Pero a partir de la página señalada, correspondiente a la fase 3 en la relación (la historia se extiende a lo largo de 277 páginas repartidas en 15 fases), el deslumbramiento inicial deja paso a la inquietud en el ánimo de la chica, que ve a su pretendiente introducirse poco a poco en los ambientes que ella frecuentaba: familia, amigos… y comienza a controlarlo todo. Lo hace con regalos, ayudando a unos y a otros, repitiendo siempre lo mucho que la quiere; es decir, de una manera tan esmerada y generosa, que a todos les parece encantador y la felicitan por la buena suerte que ha tenido al encontrar una persona así.
Llega un momento (fase 5), en el que Judith se siente atrapada en la tela de araña que él ha tejido a su alrededor y decide romper el idilio. En apariencia, el hombre acepta la ruptura. Sin embargo, el acoso sigue, valiéndose ahora de los familiares y amigos previamente conquistados y de otros medios que no especifico para que la intriga por el desenlace logre atraer a posibles lectores hasta el final del libro, que está bastante bien logrado.
En resumen, una novela ágil y amena que se lee en un rato, explica de forma interesante y correcta un caso de violencia psicológica, tiene rasgos de humor que se agradecen y conseguirá hacernos olvidar por algún tiempo los problemas de la vida diaria (si es que no son demasiado agobiantes).

lunes, 12 de noviembre de 2012

MELOCOTONES HELADOS



En 1999 obtuvo el Premio Planeta un libro escrito por una autora vasca de veinticinco años. El libro se llamaba Melocotones helados y la autora, Espido Freire, que se convirtió así con este premio en la persona de menor edad que lo había recibido hasta el momento.
Melocotones helados cuenta la historia de Elsa, una joven pintora que se ha visto obligada a dejar el lugar en el reside, tras recibir varias cartas amenazantes, y se refugia en casa de su abuelo paterno que, muerta su esposa, vive con la “tata”.
 Poco a poco, vamos conociendo otras historias: la de Esteban, el abuelo de Elsa, soldado en la Guerra Civil y que, a su término, mantuvo una relación amorosa con Rosa, mujer de un compañero caído en combate y con su hija, Silvia Kodama, a la que nunca consiguió olvidar; de su abuela Antonia, dueña, junto al abuelo Esteban, de una pastelería durante muchos años;  de César, voyeur y empleado en la pastelería; de su padre Miguel y de su tío Carlos; de otra tía que desapareció siendo una niña y que se llamaba Elsa como ella; de su amiga Blanca que padece bulimia; de su novio Rodrigo, recto y concienzudo, empleado en un banco; de su prima, Elsa también, atrapada por una peligrosa secta de la que acaba de huir y a cuyos componentes ha denunciado, etc., etc., etc.
Todas estas historias no están contadas en un orden lineal, sino a retazos atrás y adelante que Espido Freire intenta unir al concluir el libro de manera un tanto apresurada.
Como se trata de una obra escrita y publicada por alguien muy joven, encuentro que quizá esa acumulación de temas, otrora candentes y en los que no profundiza demasiado, se debió a la misma juventud de la autora, en estos momentos muy reconocida en los círculos literarios.
Porque, por lo demás, el libro está bastante bien escrito y hay páginas profundas y de gran belleza descriptiva.
Seguro que en las siguientes obras que Espido Freire ha ido publicando desde aquella primera, los errores que considero asociados a la juventud estarán ampliamente superados. Tendré que comprobarlo leyéndolas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

BAILA, BAILA, BAILA

BAILA, BAILA, BAILA, el nuevo libro editado en España de Haruki Murakami, quizá sorprenda a los aficionados a este autor, Carnets, por ejemplo. No en la forma: el escritor japonés se expresa con la misma claridad y corrección de siempre, es un placer leerlo.
Tampoco los personajes difieren mucho de los aparecidos en obras comentadas: adolescentes de carácter complejo, bellas prostitutas, hijos únicos en la treintena, personas solitarias y sensibles…
De igual modo, también aquí encontramos precisas y detalladas descripciones de cafeterías, restaurantes, hoteles… Se nos explica cómo se elaboran platos típicos de Japón. Nos inquietan individuos y situaciones pertenecientes a mundos ocultos y realidades paralelas. Se realiza un análisis psicológico de los hombres y mujeres que protagonizan el relato. Y el autor comparte con nosotros sus gustos musicales, referidos en este caso al rock, desde Elvis Presley hasta los grupos más representativos de la década de los 80.
Sin embargo, aceptando lo anterior, la novela presenta una variante que considero fundamental, al compararla con las otras tres que he leído de Haruki Murakami: el protagonista, un redactor freelance divorciado, “cae bien” a la gente, infunde confianza y, además, pretende ser feliz al lado de una mujer a la que ha conocido por mediación de seres paranormales, provenientes de esas realidades paralelas citadas.
Estos elementos modifican el contenido de la historia, dulcificándola y apartando de ella el pesimismo y la amargura que siempre sobresalen en obras posteriores.
Porque ésa ha sido mi sorpresa. Al concluir el libro, imaginando que se trataba del último escrito por Haruki Murakami, pensé que los años, al contrario que en la mayoría de autores que conozco, habían modificado hacia lo positivo su manera de percibir las realidades circundantes y su juicio sobre las personas.
Después, mirando la fecha en que la obra fue publicada en Japón (1988), me he dado cuenta de que era lo contrario. Murakami sigue escribiendo bien y las traducciones siguen siendo muy buenas, pero la forma de mirar del autor se ha oscurecido, es cada vez más negativa y pesimista.
Así que, en los dificultosos tiempos que vivimos, la lectura de BAILA, BAILA, BAILA no nos deprimirá. Además de hacernos disfrutar con la belleza de su prosa, Haruki Murakami compartirá con nosotros la certeza, que parecía tener al escribir el libro y que espero no haya descuidado, de que entre todos los seres humanos existe una profunda conexión que hay que tener en cuenta y atender siempre bailando a sus sones.
Lograremos así, mientras bailamos, dotar a nuestra vida de sentido.

lunes, 29 de octubre de 2012

UNA MISMA NOCHE

Hay ocasiones en las que, mientras lees un libro, vas intuyendo que lo que intenta contarnos el autor le ha sucedido en realidad. Ésa es la sensación que tuve al adentrarme en las páginas de “Una misma noche”, obra del escritor argentino Leopoldo Brizuela y Premio Alfaguara de Novela 2012.
Intenté justificar tal sensación apoyándome en la edad y nacionalidad del premiado, elementos que hacían factible el conocimiento y la vivencia de los hechos narrados. Y seguí leyendo. Pero anoche, cuando buscaba en Internet algún dato más de Leopoldo Brizuela, al que hasta ahora desconocía, hallé una entrevista en la que afirmaba haber vivido en realidad la experiencia traumática que da pie al relato: Una noche, teniendo él 12 años (1976, gobierno de la dictadura militar en Argentina), entraron en su casa cuatro hombres armados. A su madre la encerraron en la cocina y a su padre le obligaron a acompañarles al patio límite con la casa de al lado, vacía en apariencia, para intentar entrar a través de él. Leopoldo, que entonces estudiaba música, sin entender aún hoy el porqué de su acción, ante un hecho tan inesperado y terrible, se puso a tocar el piano.
Lo que viene a partir de este hecho, y que desarrolla en la novela, seguramente se lo habrá inventado el autor. Aceptándolo, continúa pareciéndome real.
La narración comienza con la frase: “Si me hubieran llamado a declarar, pienso. Pero eso es imposible. Quizá, por eso, escribo”. El protagonista principal y narrador es Leonardo Bazán, escritor de unos cuarenta años que ha vuelto a casa para cuidar de su madre ya anciana. Una noche contempla el asalto a la vivienda de sus actuales vecinos. Al igual que en 1976 (vivencias reales convertidas aquí en ficción), hay también hombres armados y un coche de la policía científica aparcado en las inmediaciones. Todo esto le hace recordar el primer asalto y decide, apelando a su memoria e informándose sobre la familia que entonces habitaba dicha vivienda, los Kuperman de origen judío, reconstruir los acontecimientos de esa lejana fecha y averiguar la posible implicación de su padre en ellos.
Por esta razón, la historia no es lineal, va del presente al pasado en virtud de los recuerdos, experiencias y descubrimientos que el autor realiza mientras idea el libro que exorcizara viejos fantasmas.
Se trata de un viaje introspectivo en el que, llevados por el protagonista, viviremos el terror y la angustia de los disidentes, el papel de la sociedad civil en este tipo de regímenes totalitarios y criminales (denuncia, delación, ambigüedad…) y las reacciones que el paso del tiempo va provocando en los que sobrevivieron al horror. Horror que se nos muestra en la novela con toda su crudeza durante la visita que Leonardo Bazán realiza a la ESMA, escuela militar en la que había estudiado su padre y principal centro de confinación y tortura durante el mandato de la Junta Militar.
En resumen, un libro interesante, quizá con ciertos “flecos” que incomoden al lector exquisito. Pero, si aceptamos la explicación de Leopoldo Brizuela de que la memoria modifica los recuerdos, hemos de aceptar también que en la transcripción de esos recuerdos se puedan producir ciertas lagunas.  

domingo, 21 de octubre de 2012

EL TEMBLOR DEL HÉROE

"El temblor del héroe", novela por la que el escritor santanderino Álvaro Pombo recibió el Premio Nadal 2012, tiene un narrador omnipresente. Es decir, un ser que contempla desde su atalaya a los protagonistas del relato y nos cuenta todo lo que hacen y piensan, utilizando términos filosóficos y citas en latín e inglés sin traducción a pie de página, con las que, debo confesar, me he perdido en bastantes ocasiones.
Así sabemos que Román, el principal protagonista, es un profesor de Filosofía recién jubilado cuyas clases, nacidas del amor por la disciplina impartida y la vocación docente, resultaron determinantes para que Eugenio y Helena, pareja en la actualidad, se convirtiesen en médicos traumatólogos. Ambos, que continúan sintiéndose deudores de su antiguo y apasionado profesor, al que también consideran amigo, se preocupan por la apatía con la que ha enfrentado la jubilación y desearían que escribiese o iniciase algún otro trabajo literario con el que llenar el vacío de sus días de total asueto.
Por otro lado, Elena, que se siente atraída en el aspecto sentimental por Román y que se ve con él a espaldas de Eugenio, aunque todo se haya reducido a pasear juntos, piensa que no está siendo leal con su compañero y analiza la atracción que experimenta hacia el profesor, buscando explicaciones y certezas.
La aparición de un nuevo personaje, Héctor, periodista de pasado difícil, incluyendo la pederastia, que entrevista a Román, despierta el interés de éste, halagado por las atenciones del joven, persona de múltiples aristas.
Establecida la relación, Héctor introduce en la vida del profesor jubilado a Bernardo, ex sacerdote, maestro y protector suyo en otro tiempo.
No explico más para no restar interés a la intriga. Ahora debo decir que a mí el libro no me ha gustado. Quizá podría calificarlo de demasiado intelectual, pero tampoco es eso. Creo que los elementos enumerados: vocación docente y su influencia, jubilación y sus secuelas, problemas en la infancia y pederastia, etc. son suficientemente importantes para construir una novela que interese y atraiga a los lectores. Sin embargo, las continuas disquisiciones filosóficas de las que se vale el narrador, aderezadas con el latín y el inglés, en lugar de dar profundidad y trascendencia a lo narrado, aburren y marean.
La heroicidad de los personajes no logro ni atisbarla. Puede ser que, como el título indica, se reduce a un temblor y éste es muy tenue.

lunes, 15 de octubre de 2012

YO, TU HIJA. JUSTINE

Hoy voy a comentar dos libros muy distintos. El primero, que me prestó mi amiga Reme, se titula "Yo tu hija", breve ensayo publicado en 1990 por la periodista y escritora francesa Christiane Collange.
El segundo, "Justine" (1957), es una novela que pedí en la biblioteca ya que, tras leer dos obras de Gerald Durrell que no se consideraba escritor, me apetecía conocer alguna de las escritas por su hermano, Lawrence Durrell, que se juzgaba a sí mismo como tal, y que ha sido comparado por la crítica especializada con Faulkner y Proust por su extraordinaria exploración del lenguaje narrativo y la experimentación formal del tiempo y el espacio que realiza en sus libros.

"Yo, tu hija" aborda el tema de los mayores de manera realista. Con estilo ágil y directo, propio de una buena comunicadora, Christine Collange parte para su estudio de los problemas que surgen en la convivencia entre personas de cuarenta años en adelante y sus padres ya ancianos.
Apoyándose en multitud de ejemplos, va presentando al lector estos problemas, característicos de las sociedades avanzadas, analizando sus causas y aportando soluciones nacidas de la experiencia personal y de casos conocidos o habituales: dificultades en la convivencia, entre hermanos, por herencias o distribución de los cuidados al mayor, dependencia, residencia o casa, actitud ante la muerte, etc.
Al final la conclusión, aunque suene cruda y sarcástica, viene a decirnos que los que pasamos de los cuarenta años y tenemos a nuestro cargo a jóvenes y a mayores, formamos algo así como una generación bisagra (seguro que el calificativo no es mío): siempre disponibles, “engrasados” con algunos euros para unos y para otros, y conscientes de que el silencio ha de ser nuestro lema. No hay nada más incómodo que una bisagra que chirríe. Si a eso añadimos la crisis económica actual, podremos suponer lo que recae sobre los goznes de las pobres y sufridas bisagras.

"Justine", la novela de Lawrence Durrell, forma parte del llamado Cuarteto de Alejandría, en concreto es la primera novela.
Según parece, Lawrence Durrell no deseaba ser identificado con una determinada nación, se prefería cosmopolita. Residió en distintos lugares y países a los que reprodujo en sus obras, como sucede con Alejandría, en la que se desarrolla el citado cuarteto.
Respecto a Justine, su protagonista masculino, del que no conocemos el nombre, narra en primera persona lo que significó para él vivir en dicha ciudad, centrándose sobre todo en la relación amorosa que mantuvo con la mujer que da nombre al relato, una joven casada de personalidad compleja y pasado tormentoso, a la que admiran y desean muchos en su entorno.
Las descripciones de paisajes, individuos y ambientes están perfectamente logradas. Pasajes de gran belleza se mezclan con la profundidad de la poesía de Cavafis, el viejo, con la continúa introspección doliente de los personajes principales y con casos de corrupción política, personal y económica, en el ámbito de una investigación sensual que tiene como sujeto preferente a Alejandría, la mítica ciudad situada en el delta del Nilo, al lado del lago Mareotis, junto al que sucede uno de los episodios fundamentales de la historia.
He leído que Justine es más que nada una novela de amor. Hoy, que me ha dado por disentir de casi todo, yo diría que se trata más bien un relato de egoísmos, soledades y fracasos. Si el libro hubiese sido mío, habría subrayado todo aquello que lo corrobora.
El marco es espléndido y la obra está extraordinariamente bien escrita, por algo se considera a su autor un clásico de nuestro tiempo. Pero junto al placer que proporciona la buena literatura, queda el regusto amargo que nos da la certeza de que para los personajes que aparecen en ella, como dice Cavafis:

"La ciudad es una jaula.
No hay otro lugar, siempre el mismo
puerto terreno, y no hay barco
que te arranque a ti mismo. ¡Ah! ¿No comprendes
que al arruinar tu vida entera
en este sitio, la has malogrado
en cualquier parte del mundo?"



lunes, 8 de octubre de 2012

¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Ante la admiración que decía sentir por Guy de Maupassant la bibliotecaria protagonista de “Signatura 400”, busqué una obra del autor francés y encontré un conjunto de relatos con el título de “El Horla y otros cuentos fantásticos”.
En el prólogo se presentan como ingredientes principales de los cuentos “el misterio, la locura y los crímenes motivados por diversas presiones más o menos inexplicables a las que el ánimo humano se ve sometido”.
Conforme me adentraba en el libro, fui recordando obras similares constituidas igualmente por un conjunto de relatos de características parecidas. La primera de estas obras que alteró algunas noches de mi adolescencia y me sirvió después para entretener y motivar a ciertos alumnos, fue escrita por Gustavo Adolfo Bécquer, ¿quién no conoce sus famosas Leyendas?
Llegaron más tarde las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe, algunos cuentos de Julio Cortázar y, por último, el “horror cósmico” de H. P. Lovecraft.
Sin duda ninguna, dejando a un lado miedos adolescentes, los relatos que más me han impresionado (e impresionan), dentro del género terrorífico y fantástico son los de Lovecraft, experto en crear una clase de atmósfera tan extraña y opresiva, que logra provocar en el lector una sensación de angustia y un sentimiento de pavor, al situarlo ante algo desconocido imposible de definir.
Volviendo al autor origen de la entrada de hoy, Guy de Maupassant (1859-1893), igual que sucediera con Lovecraft (1890-1937), Allan Poe (1809-1849) y Bécquer (1836-1870), su vida es corta y profundamente desgraciada; aquejado de sífilis, alucinaciones, intentos de suicidio, etc., muere en una casa de salud.
Previo al internamiento, escribe los últimos relatos en parte como una necesidad de expresar el terror que va apoderándose de su espíritu enfermo, de ahuyentar, convirtiéndolas en materia artística, las pesadillas que le acosaban. Cuentos como "El Horla", "¿Quién sabe?", "La mano" o "Un loco", son la expresión desesperada de un enfermo que siente, poco a poco, su desintegración.
Para terminar y reflexionando sobre lo escrito, me pregunto si a los autores citados, todos maestros en el género, se les puede aplicar aquello de “Yo soy yo y mis circunstancias”. Si los cuatro hubiesen llegado a escribir como lo hicieron rodeados por circunstancias distintas. Nunca lo sabremos.
Ahora sólo nos está permitido especular compartiendo, eso sí, parte de sus terrores y temores, mientras reconocemos el genio que subyace, dispuesto a aparecer y deleitarnos (asustarnos también) en las historias que ellos inventaron.

domingo, 30 de septiembre de 2012

SIGNATURA 400

Signatura 400, libro de fácil y amena lectura, es la primera obra publicada de Sophie Divry, escritora francesa.
En él, una bibliotecaria de la que no se nos dice el nombre, entabla un diálogo (más bien monólogo porque no se materializan las respuestas del oyente), con un usuario de la biblioteca en la que trabaja al que descubre dormido, tras pasar la noche en ella por haberse quedado encerrado el día anterior.
El inesperado encuentro con esta persona da pie a que la mujer se explaye ampliamente sobre cómo surgió la ordenación que rige en las bibliotecas actuales, no entienda el vacío de la signatura 400 y nos hable de Melvil Dewey, el norteamericano creador de la Clasificación Decimal Universal que determina dicha ordenación; de Gabriel Naudé, jefe de la biblioteca del cardenal Mazarino en la que en el siglo XVII realizó una primera clasificación, convirtiéndose así en el precursor de Dewey en Francia; o de Eugène Morel que en 1908 publicó un libro en el que, tras investigar sobre bibliotecas europeas y estadounidenses, explicaba las características que debían reunir estos lugares para cumplir eficazmente su función: servicio de préstamo, amplio horario de apertura, distribución cómoda, asientos reservados a los niños, etc.
Pese a los muchos datos que aporta la autora, Signatura 400 no es un ensayo; entre dato y dato, buscando siempre la relación con ellos, la bibliotecaria vierte sus opiniones, en general ácidas y bastante críticas, sobre el sistema, sus superiores y compañeros de pisos altos que tienen la plaza en propiedad (su puesto está en el sótano, es interina y le han adjudicado la poco agradable sección de geografía y urbanismo), los arquitectos que planifican los edificios de las bibliotecas con diseños imposibles, la historia de Francia en la que destaca la Revolución de 1789, las matanzas de la guerra del Catorce y la píldora anticonceptiva como acontecimientos fundamentales, etc., etc.
Pero no sólo esto diferencia a la novela de un ensayo, la protagonista del relato también explica sus frustrantes relaciones con un novio que la dejó por otra y la platónica atracción que siente por un estudiante asiduo a su sala. No falta pues el “toque” amoroso.
Aunque algunas opiniones de la bibliotecaria reflejen histrionismo y actitudes neuróticas, abundan más las agudas y divertidas; así como aquellas que demuestran el enorme amor que siente por los libros y las bibliotecas en general: “Extensiones librescas que colman el sentimiento atroz de vacío que hace de nosotros gusanos de este bajo mundo. Largas estanterías que nos devuelven una imagen ideal, la de los dominios completos del espíritu humano”.
Conforme envejece, ya sólo le queda la literatura para elevarse, los buenos libros y, quizá, también, los buenos lectores. Ésos que te preguntan, se interesan y a los que un bibliotecario eficaz que ama su trabajo orienta y acompaña en su búsqueda de la excelencia.
En resumen, un libro interesante y bien escrito que cumple perfectamente la función de informar y distraer a la vez, y en el que podemos reconocernos, compartiendo opiniones, ideas y hasta críticas, muchos amantes
de los buenos libros y de las buenas bibliotecas.

lunes, 24 de septiembre de 2012

FILETES DE LENGUADO. ATRÁPAME ESE MONO

Si atendemos a la situación actual del mundo: crisis económica, enfrentamientos entre países y comunidades, fanatismo religioso, etc., encontramos pocas razones para el optimismo.
Ése es el motivo por el que hoy traigo a las páginas de Opticks a un autor que puede contribuir a que miremos la vida de modo diferente o, al menos, hacernos sonreír. Se trata del naturalista, zoólogo y defensor de animales en peligro de extinción Gerald Durrell (no confundir con su famoso hermano el novelista Lawrence Durrell, del que hablaré en otro momento).
Gerald Durrell nació en la India en el año 1925 y murió en la isla de Jersey (Gran Bretaña) en 1995. Sus padres eran de origen europeo, de ascendencia británica él e irlandesa ella. Al fallecer el padre en 1928, la familia vivió alternativamente en Inglaterra y en la isla griega de Corfú.
Según cuenta el propio Gerald, su afición a la zoología comenzó en la India cuando le llevaron a visitar un zoológico. Aquella visita puso las bases para que se convirtiera en un entusiasta de los animales; entusiasmo fomentado por los tutores y amigos de la familia que se encargaron de su educación, ya que no asistió con regularidad a ninguna institución educativa.
Su interés por el reino animal y la preocupación que sentía por todas las especies que estaban desapareciendo, le condujo a financiar él mismo expediciones a países de varios continentes, destinadas a salvar especies amenazadas.
Poco a poco, su trabajo en beneficio de esta clase de seres fue reconocido, constituyéndose una fundación en la isla de Jersey con objeto de gestionar el zoo que él había creado en ese lugar y en el que iba reuniendo multitud de animales en peligro para preservarlos, que se reprodujeran y, posteriormente, integrarlos de nuevo en su hábitat natural.
Cuento estos detalles de su biografía porque Gerald Durrell no se consideraba un escritor profesional; utilizaba la escritura con la intención de recaudar fondos que le permitieran continuar ejerciendo su benéfica labor.
De los libros de hoy , escritos con tal propósito, el primero de tipo divulgativo: Atrápame ese mono, en el que el autor nos cuenta las peripecias a las que solía enfrentarse para lograr llevar hasta su zoo a diversos animales en peligro, que nos describe con detalle y apasionamiento, pienso que interesará sobre todo a los aficionados a la zoología. Aunque he de decir que yo, sin ser aficionada, he disfrutado leyéndolo.
Sin embargo, el segundo, Filetes de lenguado, estoy casi segura de que va a gustar a todos los posibles lectores. Se trata de un conjunto de relatos en los que el tema de los animales resulta secundario y destaca más el tono humorístico que adopta el escritor al relatarnos distintas aventuras relacionadas con su entorno familiar, su expedición a Camerún, su estancia en una clínica de reposo o la relación amorosa que mantuvo con Ursula, joven que hablaba el inglés de manera bastante peculiar.
Gerald Durrell escribe con un estilo claro y ágil, así que se lee fácilmente. El humor de los relatos contenidos en Filetes de lenguado no va contra nadie, es decir, no pretende herir ni ridiculizar; se limita a relatar situaciones absurdas o apuradas que le han sucedido, en las que aparecen diferentes tipos humanos con sus rarezas, costumbres o características personales que les hacen actuar de una determinada forma que resulta al lector divertida y hasta hilarante.
Resumiendo, dos libros que, sin ser de autoayuda, pueden ayudarnos a valorar el mundo que nos rodea y a comprobar hasta qué punto el entusiasmo de una persona por su profesión contribuye a que consiga ejercerla con éxito (Atrápame ese mono).
Pero también (Filetes de lenguado), a suavizar los rigores de la vida diaria provocándonos una enorme y, espero, gratificante y contagiosa sonrisa.

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL GRAN MEAULNES

Pese a que El gran Meaulnes es una obra considerada “de culto”, yo no había tenido ocasión de leerla aún y esta semana me he dedicado a ello.
Su autor, Alain-Fournier, nació en Francia en 1886. Estudios y aficiones le conducen a la escritura, colaborando en diversos periódicos y revistas. En 1913 publica El gran Meaulnes que está a punto de ganar el Goncourt y consigue un enorme éxito de público y de crítica. En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, toma parte en la lucha con el grado de teniente y es abatido cerca de Verdún. Había cumplido 28 años.
Al igual que El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, El gran Meaulnes se considera una novela de iniciación a la vida adulta que recoge las inquietudes, sueños y vivencias característicos de un adolescente.
Lo curioso es que muchos acontecimientos de la novela tienen una base real, sucedieron en verdad a su autor. Por eso el relato resulta tan creíble y engancha desde la primera línea.
La historia que contiene la cuenta en primera persona François Seurel, un adolescente tímido e introvertido cuyos padres, maestros de profesión, están al frente de un colegio en una población del interior de Francia.
François acaba de cumplir quince años cuando su vida, rutinaria y metódica, se ve alterada por la incorporación al colegio y a la propia casa familiar de Augustin Meaulnes, un chico de su edad pero distinto en todo, empezando por la estatura que le hace sobresalir del resto y continuando por el carácter, decidido y aventurero, que pronto le convierte en un líder dentro de la clase y en un modelo para el muchacho.
La llegada de los abuelos de François y la necesidad que se plantea de ir a recogerlos, hace que el maestro elija a uno de los alumnos con ese fin. Al no ser elegido, Augustin decide ir por su cuenta. Durante el viaje, equivoca el camino y va a parar a un lugar recóndito y misterioso en el que existen unas antiguas edificaciones de tipo palaciego, pero en estado casi de ruina, en las que se prepara una fiesta.
Por un momento, el lector cree que Meaulnes sueña o está alucinando. No es así. Realmente en ese lugar se ha preparado la fiesta en la que se casarán el hijo del dueño de la finca, Frantz de Galais y su bella prometida Valentine. Los invitados, vestidos con lujosos y anticuados trajes, se divierten mientras esperan a los novios. Augustin encuentra un traje a su medida y se incorpora al convite en el que conoce a la hermana de Frantz, Yvonne de Galais, prendándose al instante de ella. Al no acudir la novia como era lo previsto, la celebración concluye abruptamente. Meaulnes regresa al colegio y desde ese momento sueña con encontrar lo que considera el paraíso perdido, haciendo partícipe de sus deseos y averiguaciones a su amigo François.
El resto de la novela, que supone la llegada de los dos jóvenes a la vida adulta y el desenlace del relato, creo que debe descubrirla el lector por lo que tiene de misterio e intriga.
Sin adelantar nada, resulta obligado decir que este libro está en la línea de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, que la descripción de los paisajes es una maravilla, que sin pretenderlo te ves sumergido en un mundo onírico y brumoso y acompañas al gran Meaulnes en busca de su ideal, de esa belleza perfecta que en un tiempo anhelaste y cuya a usencia te llenaba el pecho de un ansia extraña y dulce, hasta que comprendiste, igual que el gran Meaulnes, que ninguno de tus anhelos, incluso si lo alcanzas sufriendo en el empeño, perdurará más allá de un instante.



martes, 11 de septiembre de 2012

AIRE DE DYLAN

Mis muchos años de lectura, a veces compulsiva, no me habían otorgado la facultad de reconocer en los primeros renglones de una novela a su autor. Cuestión distinta fue la de los poetas, al menos los más cercanos a mis gustos: Antonio Machado, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Luis Cernuda, León Felipe y otros que omito, porque no es de poesía de lo que hablaré hoy, me son inconfundibles.
Tal vez no poseía esa facultad por lo poco que acostumbraba a analizar los libros leídos desde el punto de vista de la forma. Sin embargo, durante los últimos diez años y gracias a la influencia de mi amigo Manolo, me vi casi obligada a percatarme tanto del fondo como de la forma, ¡era preciso estar a su altura!
Ahora ya hay escritores que identifico en las primeras líneas. Uno de ellos es Enrique Vila-Matas. Seguro que ciertos lectores no ven en esto ningún mérito y afirman que Vila-Matas no puede confundirse. Cierto, pero quizá antes yo lo habría confundido y ahora, no. (Déjenme que presuma).
Hablar de Vila-Matas es hablar de Literatura en estado puro. Aire de Dylan se ajusta a ese personal modo de narrar y de ser.
La narración comienza en Barcelona, cuando un prolífico escritor, que ha decidido íntimamente no escribir más, a pesar de creer que nunca consiguió la obra maestra, es invitado a un congreso literario sobre el fracaso en la universidad suiza de San Gallen. En una de las sesiones del congreso, este escritor conoce a Vilnius Lancastre, auténtico protagonista del relato.
Vilnius Lancastre tiene un gran parecido con Bob Dylan, que fomenta con su manera de vestir y de peinarse. El invitado al congreso había sido su padre, famoso autor catalán; pero al morir de un infarto días antes, el hijo ocupó su plaza, ya que, aunque lo que más le interesa es el cine, está escribiendo una extensa obra que titula Archivo General del Fracaso.
La aportación al congreso de Vilnius consiste en un texto autobiográfico que titula “Teatro de realidad”. Cuenta que su padre, con el que tuvo una relación pésima, se está infiltrando en su mente y pasándole sus recuerdos. En ocasiones, le llama Hamlet, por lo que creé que puede ser una incitación a la venganza. Habla también de su afición por el cine y de que la frase: “Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien”, pronunciada en la película “Tres camaradas” y atribuida a uno de los guionistas, Sott Fitzgerald, es una guía para acercarse a su verdadera identidad y a su realidad última. Identidad que él considera terminará por identificarse con Oblomovs, joven de la Literatura rusa indiferente al mundo que le rodea y que ha decidido no hacer nada.
De vuelta a Barcelona, se suceden las aventuras. Vilnius vuelve a enfrentarse con su odiosa madre, descubre que tiene un amante. A su vez se enamora de Débora, amante de su padre y juntos fundan la infraleve y muy ligera sociedad Aire de Dylan, encargando al escritor que optó por no escribir se ocupe de redactar las memorias del muerto.
Esto es sólo una mínima parte de lo que podemos encontrar en el libro: Literatura en grado sumo con citas de autores y obras que enriquecen el texto; teatro, aludiendo sobre todo a Shakespeare y a Calderón; cine, a partir de la frase citada y la visita de Vilnius a Hollywood para investigar su autoría; crítica irónica del postmodernismo en contraposición a la cultura del esfuerzo, ésa que conduce a un escritor a ser auténtico: “Eliminando todos los tabúes que nos impiden darle la vuelta al lenguaje muerto, a los dogmas de segunda mano, a las verdades que no son propias sino de otros, a los lemas, a los eslóganes, a las mentiras nacionales, a los mitos de nuestra propia época histórica. Una vez eliminado todo eso, lo que queda es la verdad de una persona, por lo menos la parte de verdad que puede ser transmitida a través del lenguaje”.
Ni más ni menos que Vila-Matas.