domingo, 27 de noviembre de 2011

SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO

Si una noche de invierno un viajero, libro de Italo Calvino y mi más reciente lectura, no es una obra fácil de leer. Yo diría que hasta resulta incómoda en su genialidad. Intentaré explicar por qué.
Si nadie te ha puesto en antecedentes de la temática que aborda y no hace mucho tuviste ocasión de leer del mismo autor El barón rampante, con el mejor ánimo, te dispones a disfrutar de algo que esperas resulte similar a lo que ya has leído.
Y empiezan las sorpresas.
Las cuatro páginas primeras se dirigen a ti como lector, indagan en tus hábitos, gustos y hasta manías. Insisten, te interpelan, te obligan a reflexionar y a situarte.
Una vez situado, comienzas a leer Si una noche de invierno un viajero. El relato te atrapa, ¡qué bien escribe Italo Calvino! Adelantas en lo que parece ser una historia de espías. A ver, a ver qué sucede.
Entonces, ¡oh sorpresa!, se persona en el texto un segundo lector, modificando así tu percepción primera. Sin pretenderlo, te ves convertido en un lector que analiza las reacciones de otro. Un lector que se enfada cuando descubre que el mismo texto se va repitiendo hasta el final del libro; y que, al reclamar en la librería en la que lo adquirió, la excusa del librero es que el error fue cometido por la editorial, que colocó la portada y el título del libro de Calvino a la obra Fuera del poblado de Malbork, escrita por un autor polaco.
A ese nuevo lector, al que tú observas, ya no le importa hallar Si una noche de invierno un viajero; la historia del poblado le interesa y desea continuar su lectura. El librero apostilla que acaba de atender a una lectora con pretensión idéntica. La lectora, joven y guapa, aún permanece en la librería. El nuevo lector habla con ella y vuelve a casa con un prometedor número de teléfono y el libro del polaco en el bolsillo.
Con renovados bríos, aumentados ahora por el factor romántico, busca la historia interrumpida en ese libro y ¿qué encuentra?, una historia distinta: Asomándose desde la abrupta costa. Historia que tampoco termina, ya que, en el momento más impactante, las páginas aparecen en blanco.
De aquí en adelante, la lectora desempeña en el texto un papel primordial. Representa a la persona para la que los libros poseen un significado especial, que trasciende al autor y hasta al relato en sí. Es como si desde siempre fuese destinataria de un hálito divino que se ha servido del libro y del autor para llegar hasta ella, lectora prístina y primigenia.
El libro de Calvino se va complementando con la aparición de diferentes tipos de lectores, autores e historias que él nos presenta de un modo magistral, con la estrategia que ya conocemos por los cuentos de Las mil y una noches.
Aquí son diez las narraciones interrumpidas en un instante crucial de la trama. Narraciones que, en la ficción, aparentan haber sido escritas por autores distintos y de diferentes nacionalidades. Lo genial es que dan esa impresión y, no sólo eso, sino que cada una de ellas representa a una clase de novela: realismo mágico, gótica, ciencia ficción….
Todo lo anterior, hace que te impliques por entero en la lectura. Que te vayas identificando con unos u otros personajes y, desde la primera página a la última, que reflexiones y te hagas preguntas (incómoda costumbre) sobre el hermoso vicio de leer.

domingo, 20 de noviembre de 2011

TARDES CON MARGUERITTE

La obra Tardes con Margueritte, de la escritora francesa Maríe-Sabíne Roger, requiere sólo un rato de lectura, pero puede afirmarse que se trata de un rato provechoso. Al menos, lo ha sido para mí y por varias cuestiones.
Primero, porque un libro de esta clase ha debido escribirlo alguien que, como yo y aunque suene pedante y quizá cursi, ama profundamente la enseñanza.
Segundo, porque es un pequeño tratado de lo que nunca debemos hacer los que pretendemos transmitir saberes y ayudar a que otros los adquieran por sí mismos (enseñar); mucho menos si de lo que se trata es de educar.
Tercero, porque la historia está muy bien contada y no cae, pese a lo que puedan dar a entender los puntos anteriores, ni en la cursilería ni en el aburrido rollo pedagógico.
El protagonista del relato comienza diciéndonos en la primera página del libro que ha decidido adoptar a Margueritte. A partir de ahí, despliega ante nosotros el oscuro tapiz de su existencia: nacido de un desliz pasajero de la mujer a la que insiste en llamar mamá, a pesar de que ella no parece poseer instinto maternal alguno; alumno de un colegio en el que el profesor utiliza su elevada estatura y limitadas aptitudes para el aprendizaje como objeto de burla colectiva, vecino de una barriada con escasos estímulos culturales y sin ocupación laboral reconocida, entre otra gran variedad de detalles narrados sin ninguna acritud y pesadumbre, sino con humor, sencillez, ternura y naturalidad.
Esa vida anodina que transcurre un día y otro día sin que la persona que la vive reflexione sobre lo que acontece, empieza a ser distinta cuando Germain, así se llama nuestro protagonista, encuentra en un parque público a Margueritte, una frágil anciana de ochenta y seis años que, de manera sutil e inteligente, le introduce en un mundo poblado de palabras que le ayudan a reflexionar y modifican casi todos sus esquemas mentales, en especial, la manera de percibirse a sí mismo y percibir a los que le rodean.
Me informa Isa que de esta obra se ha hecho una película. Si el director ha sabido ser fiel al texto escrito, seguro que se trata de una película agradable de ver y exquisitamente pedagógica.

domingo, 13 de noviembre de 2011

ROSA CANDIDA

La semana pasada, al hablarles de Gog, el libro escrito por Giovanni Papini, me referí a un relato contenido en el mismo que el autor titula Paidocracia.
Como su nombre indica, dicho relato alude al poder de los jóvenes y a su influencia sobre el devenir de las sociedades occidentales. Influencia que podía apreciarse en el arte (surrealismo y dadaísmo), en el auge de la novela, la obsesión por los records; la importancia del cine, que no exige reflexión ni cultura; las diversiones populares o el deporte, que tampoco requieren un excesivo esfuerzo intelectual, etc.
Todo esto y mucho más me ha venido a la mente mientras leía Rosa candida, una novela recién publicada de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir, premiada con multitud de galardones.
El protagonista de Rosa candida es un joven de veintidós años que viaja hasta un antiguo monasterio para encargarse de cuidar el jardín, famoso por su extraordinaria rosaleda, y que ahora, al envejecer los monjes encargados de él, se encuentra en muy malas condiciones.
El joven es el que nos cuenta la historia narrada en el libro: padre mayor, hermano gemelo autista, madre muerta en un accidente de coche e hija de pocos meses, fruto de una relación imprevista y momentánea.
Con este bagaje, el joven emprende el viaje hasta el lejano monasterio, situado en una población pequeña y apartada, de la que no conoce ni tan siquiera el idioma habitual.
Lo que sucede durante el camino y al llegar al lugar en el que desempeñará su trabajo, pertenece a la trama desarrollada en la novela y que, por razones obvias, debo dejar descubran los posibles lectores.
Y, como además de un jardín, un monje aficionado al cine y una chica de ojos “verdiazules”, hay un bebé por medio un tanto singular, creo que Rosa candida posee los ingredientes necesarios para considerarla fruto de aquella paidocracia de la que habló Papini.
Pero también resulta de justicia decir que se trata de una obra agradable, en la que todos los personajes son buena gente, y puede hacernos pasar un rato de lectura ameno y relajado.
Por supuesto, no habrá necesidad de que durante ese rato nos veamos obligados a realizar esfuerzo intelectual alguno.

martes, 8 de noviembre de 2011

GOG

Leyendo la biografía de Giovanni Papini, autor de Gog, libro que acabo de leer, he evocado de nuevo la imagen de mi amigo Manolo. Él me lo recomendó, entre otros muchos igual de valiosos, confeccionando así una cuidada lista, a la que acudo de vez en cuando. Creo que para apreciar en su justa medida los placeres, es preciso intentar dosificarlos.
Decía que Papini me recuerda a Manolo, por su primera profesión, maestro, (posteriormente el autor florentino se haría periodista). Porque, al igual que mi amigo, llevaba hasta el extremo su amor por los libros y la literatura en general. Por su escepticismo a cerca del género humano, su inteligente sentido del humor y porque también como él, Manolo fue siempre un polemista apasionado.
La pasión que observamos en la literatura de Papini impregna todos los aspectos de su existencia: ideas, opciones, creencias, sentimientos… Así, en la primera parte de su vida, se manifestó como un ateo radical; y en la segunda, como un ferviente católico, por poner un ejemplo, entre los muchos que podrían citarse y que encontrarán en las páginas de Gog aquellos que deseen disfrutar de un rato de lectura divertida, amena, sorprendente, inquietante y hasta algo repulsiva en ocasiones.
El procedimiento que utiliza Giovanni Papini para presentarnos a Gog no es original, otros escritores lo han utilizado; afirma que lo conoció en un manicomio al que iba de vez en cuando para visitar a un amigo poeta. En una de esas visitas, Gog le entregó el manuscrito que daría lugar al libro posterior.
Pero esa falta de originalidad en el planteamiento se olvida por completo cuando empiezas a leer el diario o libro de viajes en el que Gog, un multimillonario americano, cínico, cruel y egoísta que, asegurada su fortuna, decide gastar una parte de ella “para abrir los ojos y disfrutar”, relata sus experiencias en diversos lugares del mundo, ideando o poniendo en práctica proyectos absurdos o fantásticos, entrevistando a personajes famosos: Lenin, Gandhi, Henry Ford, Gómez de la Serna…; o inventando situaciones y seres que unas veces te hacen reír y otras, estremecer.
Giovanni Papini repasa en estas historias, que se pueden leer seguidas o no y empezando por el principio o por el final, ya que son independientes entre sí, buena parte de la historia del mundo en la época que va desde la primera guerra mundial a los prolegómenos de la segunda. Siempre con un espíritu crítico y mordaz, analiza personajes y situaciones en relatos, incluso, proféticos; por ejemplo, el titulado Paidocracia.
Resumiendo, Gog es un libro extraordinario por lo bien escrito, por su contenido filosófico que responde a las inteligentes y agudas percepciones del autor, porque nos muestra cómo era el mundo en aquel tiempo y las claves para hallar las causas de acontecimientos posteriores y porque posee la misma vigencia que en los días en que fue publicado, cuando los críticos lo consideraron la mejor obra de Giovanni Papini.