viernes, 23 de septiembre de 2011

LAS ALAS DEL DINOSAURIO

Las alas del dinosaurio es otra novela que se lee en dos tardes y que, dejando a un lado las primeras páginas, absorbe la atención del lector por su inteligente y entretenido desarrollo.
La autora, que pertenece a lo que podríamos llamar generación de cultivadores del género negro nacidos en latitudes altas, es la danesa Sissel-Jo Gazan. Su profesión, Doctora en Biología, determina el contenido del relato. Ya que la joven, Anna Bella Nor, protagonista del mismo, prepara en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Copenhague la tesina que necesita para obtener el título de bióloga, y que ha basado en el estudio del parentesco entre las aves y los dinosaurios. Cuando uno de los profesores encargados de asesorarla, Lars Helland, aparece muerto en su despacho con la lengua cercenada a mordiscos, Anna y su compañero Johannes, descubridores ambos del cadáver, se ven envueltos en una trama en la que nadie y todos, incluso ellos dos, aparecen como sospechosos.
Desde el principio de la novela, Sissel-Jo Gazan va intercalando, junto a la investigación que lleva a cabo el inspector de policía Soren Marhange, explicaciones de carácter científico que interesan y no aburren en absoluto. A la vez, disecciona la vida de los protagonistas, presentándolos como seres vulnerables, frustrados e inestables. Características debidas en gran parte a sucesos acaecidos en la infancia que vamos descubriendo poco a poco.
Al lado del retrato psicológico, social y familiar de los distintos personajes, destaca la destreza de la autora para anudar los cabos que ha ido dejando sueltos a lo largo de la historia, con la intención de atraer y hasta de despistar al lector.
Otro aspecto importante y destacable en la novela es la visión crítica y objetiva de la escritora al describirnos el mundo académico: rivalidades y luchas entre departamentos, causadas por la necesidad de obtener los fondos económicos que les permitan subsistir; interés de las revistas científicas más por la polémica (que es lo que vende) que por la ciencia en sí; celos, rivalidades, obcecación en principios superados, etc.
En resumen, un libro bien escrito que nos cuenta una historia interesante resuelta con gran habilidad y que, por tanto, merece de sobra el premio que recientemente le ha sido otorgado: Mejor Novela Negra Danesa de la Década (2.000 – 2.010).

lunes, 19 de septiembre de 2011

SOLAR

Que un escritor tan prestigioso como Ian McEwan, considerado una especie de gloria nacional en su país, Gran Bretaña, decida escribir un libro de ficción sobre energías renovables, y que el protagonista del mismo sea un físico que ha obtenido tempranamente el Premio Nobel, requiere audacia, técnica y documentación.
Armonizando los tres elementos con gran habilidad, (hay quien dice que en las explicaciones científicas que corresponden al tercero se pasa un poco), el autor construye una novela que no deja ningún cabo suelto; quizá el final, pero no podría ser de otra forma.
El personaje principal, y en el que se apoya toda la trama, es Michael Beard, un físico premiado pronto con el Nobel y que ahora, a sus cincuenta y pocos años, vive, podríamos decir, “de las rentas”. Ésta es una de las variadas críticas irónicas del escritor que aparecen en el libro: el prestigio obtenido por determinados personajes, aunque sea en pasado, magnifica cualquier acto social al que asistan. Así que se les invita y se les paga por dar conferencias, participar en convenciones o en proyectos subvencionados, sin plantearse la utilidad de su función y hasta, incluso, la utilidad o inutilidad del acto en sí.
El apoltronamiento intelectual del protagonista tiene poco que ver con su agitada vida amorosa: casado en cinco ocasiones y con innumerables amantes, su último matrimonio está a punto de fracasar por culpa de una de ellas. Supongo que aquí también influye el prestigio académico y social del personaje; porque el tal Beard es bajito, gordo, tragón, egoísta, borracho, infiel y algunas otras singularidades que dejo que el lector descubra según sus apetencias personales.
Michael Beart que “siempre estaba al acecho de un cargo oficial que entrañase un estipendio”, accede a dirigir un equipo de becarios, físicos posgraduados, con el propósito de dedicarse a la investigación de energías limpias. El interés que pone en el cargo es tan pequeño como grande su gana de comer y de beber. De hecho, consciente de que anda sobrado de kilos, idea de continuo regímenes alimenticios que nunca inicia.
Uno de los becarios, Tom Aldous, le entrega las conclusiones a las que ha llegado, tras estudiar la posibilidad de obtener energía utilizando el sol y el agua. Dicho trabajo, junto con la persona de su hacedor, desempeñarán un importante papel en el relato que se va complicando por momentos.
Leo que Solar ha obtenido un premio por el humor contenido en sus páginas. La verdad es que el viaje al Ártico que realiza Beart junto a un grupo de intelectuales y artistas, viaje que el autor había realizado ya y que ahora incorpora a la novela, me hizo reír. Pero creo que el tono general de la obra es más bien amargo, o quizá mi sentido del humor discurre por cauces distintos.
En resumen, una novela muy bien escrita, con un interesante fondo didáctico y un personaje central, Sol de la historia, al que no sabemos si compadecer, aborrecer o, sencillamente, despreciar.

lunes, 12 de septiembre de 2011

LAS SANDALIAS DEL PESCADOR

Las sandalias del pescador es un libro que he vuelto a leer después de ver en televisión la película del mismo nombre.
Dicho libro lo leí por primera vez en 1963, cuando me lo regaló una persona llamada Carmen que firma la amable dedicatoria que figura en su primera página y a la que no recuerdo nada en absoluto. Como tampoco recordaba el contenido del libro y la nueva lectura me ha sorprendido agradablemente. Veamos por qué.
Primero, porque Morris West, prolífico autor australiano que nació en 1916 y murió en 1999, escribe muy bien.
Segundo, porque el tema central del libro: elección de un papa eslavo, Cirilo I, supone que el autor, de manera podríamos decir que profética, se adelantó en la ficción a lo que muchos años más tarde se haría realidad al ser elegido el papa polaco Juan Pablo II.
Tercero, por el interesante repertorio de historias paralelas que acompañan al eje central de la narración: el complejo mundo vaticano, cuya organización y funcionamiento se describen; la situación de Guerra Fría entre la URSS y los EEUU, así como el comienzo de la política de desarme; el adulterio de la joven de buena familia, Chiara, con el periodista norteamericano George Faber; la homosexualidad del que podría convertirse en Presidente de la República italiana, Corrado Calitri; la lucha por encontrarse a sí misma de la judía Ruth Lewin o la investigación del jesuita Jean Telémond para armonizar todas las fuerzas de la creación en torno a Dios.
En cuanto a la elección de un papa eslavo, Morris West no sólo resulta profético en esto, sino que adelanta en su libro muchas decisiones que Juan Pablo II tomará durante su largo pontificado: contactos con los máximos dirigentes rusos (Gorvachov) y norteamericanos (Reagan y Bush), diálogo con otras religiones (Islam, judaísmo, ortodoxa oriental, etc., materializado en los encuentros de Asís), necesidad de salir de Roma y viajar por el mundo o regreso al mensaje central del Evangelio que nos habla de amor y de la preferencia de Jesús por los más pobres y necesitados.
En el resto de las cuestiones tratadas, también Morris West es un adelantado a su tiempo. Así el modo de presentar la homosexualidad o el enfrentamiento que se produce entre Jean Telémond, que ha dedicado toda su vida a intentar explicar de manera lo más científica posible la relación de Dios con lo creado (Morris West demuestra haber leído a Teilhard de Chardin) y los miembros del Tribunal del Santo Oficio, convertido más tarde en Congregación para la Doctrina de la Fe, con la que hubieron de enfrentarse, alcanzando resultados parecidos al personaje de West, los teólogos Leonardo Boff y Hans Kung.
En bastantes ocasiones, he apuntado que la ideología o creencias del autor determinan el contenido de la obra. Así es en este caso. Se trata de un libro escrito por un católico y su aproximación al mundo vaticano está llena de benevolencia. No tiene nada que ver con el Código da Vinci y otros "best seller" similares.
Pero, dejando a un lado cuestiones doctrinales y de fe, que también interesa conocer, aunque sólo sea para no quedar en ridículo al discutirlas, resulta una obra muy actual, si tenemos en cuenta, claro está, la fecha en la que fue publicada.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA MÚSICA DEL AZAR

Afirma Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, que todos los libros que escribe forman parte de una misma historia: “La historia de mis obsesiones”.
Obsesiones que aparecen en el libro que acabo de leer: La música del azar. El azar como organizador de la propia vida, la soledad, la falta de libertad, la contraposición perturbadora entre hechos extraordinarios y situaciones cotidianas, el absurdo (admira a Beckett), el desarraigo; la necesidad, casi siempre malograda, de dar sentido a la propia existencia.
La única obra que escapa un poco a las características anteriormente enumeradas es Brooklyn Follies, una historia muy bien narrada, como el resto de las que he leído del escritor norteamericano, y que, al terminarla, no te deja la sensación de incomodidad que sientes cuando lees la Trilogía de Nueva York, Leviatán, El palacio de la Luna, La noche del oráculo, El libro de las ilusiones y ahora La música del azar.
El argumento de la novela se organiza alrededor de una serie de acontecimientos encadenados que el protagonista, Jim Nashe, bombero en Boston, atribuye al azar: su mujer le abandona, dejándole con una niña pequeña a la que ha de encomendar al cuidado de su hermana, ante la imposibilidad de cuidarla él mismo. Inmediatamente después, la muerte del padre que apenas conoció pone en sus manos una cuantiosa herencia.
Impulsos bastante irracionales le llevan a abandonar el trabajo y, tras asegurar el futuro de su hija con una parte del dinero recibido, con la otra comprar un buen coche y dedicarse a recorrer el país, sólo por la sensación de libertad que le produce el ir conduciendo por carreteras cuanto más solitarias mejor, mientras escucha música clásica, sobre todo de Bach y Mozart.
En uno de esos recorridos, el azar provoca de nuevo que se encuentre con un joven autoestopista, Jack Pozzi, al que acaban de dar una paliza. El joven le cuenta que es jugador de póquer, que unos ladrones entraron en la casa en la que se estaba desarrollando la partida causante de su estado, y que el resto de los jugadores le culparon del asalto, porque era el único desconocido en la mesa de juego; que lo que más le preocupa es que se ha quedado sin dinero y no podrá jugar la nueva partida que tiene asegurada, en la que ha de enfrentarse a dos excéntricos millonarios, a los que está seguro podrá ganar miles de dólares.
Un nuevo impulso hace que Jim Nashe le preste el dinero, se asocie con él y decida acompañarle a la mansión de los millonarios.
De camino hacia la mansión, Paul Auster comienza a introducirnos en el apartado que tiene la novela de inquietante y hasta terrorífico. Apartado que nos permite descubrir muchas de las características ya enumeradas de las obras de este autor.
Así, poco a poco, atrapados en un mundo que nos perturba, llegamos al sorprendente final, del que se puede hablar largo y tendido, pero que, a mí parecer, y por muy Auster que lo consideremos, impide que el relato resulte todo lo “redondo” que podríamos esperar de un escritor tan prestigioso.