miércoles, 31 de agosto de 2011

RETORNO AL HOGAR

Harold Pinter es un escritor de izquierdas en el sentido cristiano de la palabra.
Sin pretender meterme en demasiados berenjenales y un poco cansada de que los términos “izquierdas” y “derechas” se utilicen con malas intenciones, debo decir que la identificación entre la izquierda y los trabajadores, víctimas de la opresión de las clases dominantes (nobleza y clero) tuvo lugar tras la Revolución Francesa y se basó en algo tan simple como el lugar que unos y otros ocupaban en la asamblea.
Hay que decir que aquellos que se sentaban a la izquierda, en representación de las ciudades, no eran ni mucho menos pobres, sino burgueses enriquecidos. El problema es que tenían que pagar impuestos, mientras que a los grupos sentados a la derecha (nobleza y clero), se les liberaba de tan plebeya y engorrosa obligación.
Con el paso del tiempo, la izquierda se fue identificando con una determinada concepción del mundo, respecto a las condiciones de trabajo, los sistemas de vida (política, creencias, familia, educación, organización social…), y hasta el arte, el cine, la música, etc., enfrentándose a los pertenecientes a la derecha que defendían concepciones diferentes.
Aclarado esto, el que Harold Pinter sea de izquierdas en sentido cristiano, no tiene nada que ver con su religión. Aunque nació en una familia judía, no se sentía vinculado al judaísmo ni a ningún otro credo. El sentido cristiano quiere decir que, además de estar en contra de toda clase de violencia, como lo estuvo Jesús de Nazaret, también se puso siempre al lado de los débiles: Kurdos en Turquía, palestinos en Israel, kosovares, chilenos seguidores de Salvador Allende… Su radical oposición a las invasiones de Irak y Afganistán, le llevó a criticar fieramente a los políticos que las apoyaban.
En resumen, se trata de un hombre comprometido con su tiempo, que no dudo en arriesgarse defendiendo los derechos humanos siempre que lo consideró justo.
Pero antes que activista político, Harold Pinter fue un extraordinario dramaturgo, se le considera el máximo exponente del arte dramático inglés en la 2ª mitad del siglo XX. Además de obras de teatro, escribió poesías y guiones de cine, obteniendo por el conjunto de su obra el Premio Nobel de Literatura en el año 2005.
Retorno al hogar es una de sus obras de teatro más representativas. El argumento, simple en apariencia, consiste en el regreso a la casa familiar de uno de los hijos que vivía en otro país y al que acompaña su esposa. La reiteración de frases y el uso de silencios, características del teatro de este autor, provocan en el espectador una sensación incómoda. Se intuye que la maldad está presente, disfrazada de envidias, frustraciones, venganzas y represiones sexuales. La comunicación personal no existe. Se impone el egoísmo, la utilización del otro para los propios fines. El escenario resulta opresivo, todo transcurre en una sola habitación.
Su amistad con Samuel Beckett, al que admiraba, pudo determinar que el teatro de Pinter posea características del “teatro del absurdo” cultivado por dicho escritor. Pero las obras de Harold Pinter no parecen encerrar intenciones moralizantes. Las actitudes de sus personajes son propias de la naturaleza humana, claro que en su aspecto más sórdido y negativo. Gente enclaustrada en sí misma, dando tumbos sobre su abismo interior, viviendo una existencia puramente vegetativa, abocados a la tragedia y sin que nadie espere a un Godot capaz de liberarlos.

domingo, 28 de agosto de 2011

DAME TUS OJOS

Torsten Pettersson es un escritor y profesor universitario nacido en la comunidad sueco-finlandesa de Turku (Finlandia). Ha publicado ensayos, un libro de relatos y multitud de libros de poesía.
Dame tus ojos es su primera novela policiaca, escrita, creo yo, con la intención de, apuntándose al género de moda últimamente, obtener el dinero que la poesía no acostumbra a proporcionar a sus autores. Recordemos aquello de: “Aquí enterraron de balde, por no hallarle una peseta…”
Adentrarse en un género tan cultivado en la actualidad, presenta el inconveniente de que el autor se siente obligado a ser original, a diferenciarse del resto.
En el caso de Torsten Pettersson, lo ha intentado incorporando a la narración diálogos propios de una teatral, embrollando el argumento con detalles que no aportan nada a la investigación y, por tanto, carecen de sentido, y añadiendo a la historia central otras historias relacionadas con la guerra de Bosnia, la trata de blancas y la seguridad en las centrales nucleares. Aunque las dos últimas en especial tengan poco que ver con la trama central del libro.
Dicha trama está protagonizada por el comisario criminalista Harald Lindmark, encargado de investigar el asesinato de una joven que ha aparecido en un parque desnuda, sin ojos y con unos cortes en forma de “A” sobre el estómago. Todo parece apuntar a que el asesino es el novio de la joven, militar que estuvo destinado en Bosnia y vivió allí una experiencia traumática.
La aparición de un segundo muerto y después de un tercero, sin relación aparente entre ellos, complica la investigación y hace que el comisario y sus ayudantes se sientan incapaces de resolver el caso.
Esa misma incapacidad de comprensión termina afectando al lector, con la alternancia de historias en los distintos capítulos: La historia de Nadja, la de Gabriella o la de Erik, por citar algunas y la abundancia de “cabos sueltos” que oscurecen el relato.
Incapacidad de comprensión que aumenta cuando llega el final de la obra, tan artificial y extraño como toda ella.
En resumen, novela prescindible, aunque puede servirnos, si el autor insiste en cultivar el género, para conocer su evolución literaria dentro del mismo. No debemos olvidar, lo he señalado al comienzo del artículo, que ésta es su primera novela.

lunes, 22 de agosto de 2011

LA CASA DE JAMPOL

La novia sefardí es un libro que tiene como protagonistas a judíos actuales afincados en Europa y que intentan conservar (muchos de ellos) antiguas tradiciones.
Aun juzgando el argumento interesante, confieso que no pasé de las primeras páginas. La autora, Eliette Abecassis, o quizá la persona que tradujo el texto original, repite demasiadas veces la misma palabra en párrafos cortos. Y yo tengo manía a las repeticiones que no conllevan una intención clara.
Sintiéndome un poco culpable por no terminar el libro, decidí buscar a otro autor que hubiese tratado en sus obras cuestiones similares.
El elegido fue Isaac B. Singer, escritor judío que nació en 1904 en Polonia, emigró a Estados Unidos en 1935 y allí murió en 1991.
Isaac B. Singer escribe casi toda su obra en yiddish, lengua hablada por las comunidades judías del centro de Europa, y los temas que trata están prácticamente siempre relacionados con el mundo judío: historia, tradiciones, fiestas, religión, persecuciones, etc.
La obra de Isaac Bashevis Singer que me permitió conocer un poco más la vida del que se llama así mismo “pueblo elegido” fue La casa de Jampol, que nos cuenta la historia de una familia de judíos polacos residentes en el pequeño pueblo de Jampol a mediados del siglo XIX, cuando la última rebelión de los polacos contra el imperio zarista ha sido aplastada a sangre y fuego.
En esa situación, el comerciante judío Calman Jacobey pone en marcha negocios que traerán a su casa una gran prosperidad económica, hasta el punto de que alquila la mansión del conde Wladislaw Jampolski, aristócrata condenado al exilio y con sus propiedades confiscadas por participar en la rebelión contra el zar.
Calman Jacobey, judío asideo y, por tanto, fervoroso creyente, que intenta, pese a los cambios que experimenta su vida personal y familiar, ser fiel en todo momento a sus creencias, es el principal personaje de esta extensa novela (514 páginas). A su alrededor, giran todos los demás: dos esposas, cuatro hijas y sus respectivas parejas, amigos, parientes, contactos comerciales, etc. en un espléndido mosaico que sirve para que conozcamos, junto al desarrollo de dicha familia y sus vicisitudes, la evolución general de la sociedad polaca durante la segunda mitad del siglo XIX, en tránsito hacia la revolución industrial, influenciada por la aparición de corrientes de igual modo revolucionarias, como son el nacionalismo y el socialismo, y oprimida por sus poderosos vecinos.
Es un libro enormemente didáctico y realista, cuya lectura, ágil y amena, aporta al lector una gran cantidad de documentación, que ayuda a profundizar en el conocimiento del mundo judío y su apasionante y trágica historia.
Henry Miller, el afamado autor de los "Trópicos", fue un admirador ferviente de Isaac B. Singer, al que acostumbra a referirse en términos entusiastas.
Mientras leía La casa de Jampol, pese a que me hubiese gustado saber cómo terminan las historias de algunos personajes (soy así de prosaica), iba entendiendo las causas de esta admiración tan profunda.

martes, 16 de agosto de 2011

EL HERMANO PEQUEÑO

El hermano pequeño de José Mª Guelbenzu es un libro que se lee en dos tardes, o en una si te empeñas.
Pertenece al género de moda, novela negra con protagonista de mediana edad, atractivo físico y vida personal inestable, que se enfrenta a un complicado caso de asesinato y lo resuelve satisfactoriamente.
Podíamos estar hablando de la forense Kay Scarpetta, personaje inventado por la escritora Patricia Cornwell, pero aquí se trata de la juez Mariana de Marco y su creador es José Mª Guelbenzu.
La trama del libro gira en torno al asesinato de una joven, cuyo cadáver aparece con las manos cortadas. Al investigar el pasado de dicha joven, casada ahora con el propietario de un vivero, la juez descubre que trabajó como modelo erótica, aunque esta vía de investigación no le ayuda a descubrir al asesino.
El caso se complica cuando llega a la ciudad el hermano pequeño de la juez, con el que apenas tiene relación, y que vive muy bien dedicado a transacciones económicas de dudosa legalidad.
El hecho de que su hermano colabore en los negocios de dos posibles sospechosos del crimen, obliga a la juez a dejar el caso en manos de una compañera, lo que no impide que siga investigando por su cuenta, hasta hallar, desenlace lógico en este tipo de obras, al responsable del asesinato.
¿Defectos que atribuyo a la novela? Ya que se trata del género “negro”, espero que los descubran los posibles lectores. Si no encuentran ninguno, les recuerdo que el mío es un juicio del todo personal.
Juicio que, de igual modo, me lleva a preferir al Guelbenzu de Un peso en el mundo y de El amor verdadero; denso, profundo, reflexivo y, por tanto, muy lejos de las modas y modos actuales.

miércoles, 10 de agosto de 2011

EL RECLAMO

El Reclamo es una novela de identidades falsas y opciones forzosas que se lee con facilidad y agrado, porque su autor, Raúl del Pozo, que recibió por ella el Premio Primavera de Novela 2011, escribe bien y expresa con claridad y ternura lo que siente.
Al igual que en Las voces del Pamano, aquí también se trata el tema de los maquis, pero desde un punto de vista diferente y en un lugar distinto, la sierra que comparten las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel en las zonas próximas al río Júcar.
La novela se inicia en las riberas del Paraná, cuando el protagonista de la obra, que vive allí junto a su mujer, recibe la visita de un historiador norteamericano que está haciendo una tesis sobre las agrupaciones de maquis que lucharon en la serranía citada anteriormente. Investigando en bibliotecas y archivos, el historiador ha descubierto que este hombre perteneció a una de esas agrupaciones y desea que regrese con él a los lugares en los que luchó, para así dar más consistencia y fundamento a su tesis.
Desde el instante en que acepta volver, el antiguo combatiente hace al lector partícipe de sus recuerdos, sensaciones y reflexiones, desde los días alegres de la infancia, la guerra, la muerte de su padre, la entrada y pertenencia al maquis, la huída, el desengaño y el exilio.
El retrato de los distintos personajes que aparecen, físico y psicológico, las motivaciones de uno y otro bando, o la ausencia de ellas, la frialdad de las ideologías y de los altos jefes que repiten consignas y dan órdenes desde la seguridad de sus despachos; lo absurdo que resulta ir por ahí desenterrando muertos, cuando nunca terminaríamos de hacerlo, hay demasiadas fosas en el mundo y nada se consigue removiéndolas, todo está relatado con agudeza, profundidad y certera visión.
Por otro lado, la sensibilidad y la ternura con la que el viejo maquis nos cuenta lo acaecido en su infancia, las descripciones de los lugares en las que transcurrió y el río como centro, manso y fiero, generador de riqueza en la central eléctrica y de muerte en las crecidas y en las inundaciones, demuestra que el autor ama la tierra que describe y la conoce bien.
El libro se convierte así en una especie de catarsis que comparten y resuelven de la mejor manera, tanto Raúl del Pozo como el protagonista de su historia.

sábado, 6 de agosto de 2011

CORAZÓN DE ULISES

Empiezo las lecturas de agosto con un libro que deseo dedicar a todas las personas que no pueden viajar ni tomar vacaciones. Yo soy una de ellas. Por lo tanto, también me lo dedico.
El título del libro es Corazón de Ulises, su autor, Javier Reverte, su argumento, un viaje por las tierras que habitan y habitaron los griegos.
Quizá esta obra me ha impresionado de una especial manera porque siempre me atrajo aquella antigua civilización en la que Europa hunde sus raíces.
Recuerdo entusiasmarme cuando intentaba transmitir en clase algo de lo que el legado griego supuso para mí: deseos de saber, de conocer y conocerme más, de buscar la perfección y la belleza. Y junto a esos deseos, la diversión, la fiesta, la tertulia, el amor por el arte, la poesía, el deporte… Heráclito, Parménides, Herodoto, Fidias, Homero, Safo, Pericles, Sócrates, Platón, Aristóteles, Esquilo, Sófocles, Píndaro, Alejandro…
Personas y lugares, en ocasiones, íntimamente unidos: Aquiles y Micenas, Héctor y Troya, Ulises e Ítaca, Creta y Ariadna, Heráclito y Éfeso, Lesbos y Safo, Filipo II y Macedonia, el monte Olimpo y Zeus, Delfos y Apolo, Atenas y Pericles, Alejandro y gran parte del mundo.
Dioses, templos, costumbres, ceremonias, alimentos, batallas, espectáculos…, llegan a nosotros a través de los ojos y la pluma de un hombre que es capaz de viajar con Ulises, reflexionar con Sócrates y batallar al lado de Alejandro; y que se apoya para enriquecer si cabe más aún su relato en multitud de estudios realizados por especialistas y en creadores como Cavafis, Henry Miller y Lawrence Durrell. Todo ello sin perder el humor, comparando lo que fue y lo que es, haciéndonos disfrutar y pensar, alejando prejuicios y vacunándonos contra el nacionalismo, el fanatismo religioso y la intolerancia, grandes enemigos de la cultura.
Es un libro genial, vivo, pensado, de ésos que levantan el ánimo y alejan soledades. Con el que no te cuesta nada imaginar cómo era la vida de los antiguos griegos. Agradeces su forma de sentir y de ser, las huellas que dejaron. Y te planteas seguir esas huellas, retomar el camino que una vez iniciaste, hasta encontrar, quizá, con el favor propicio de los volubles dioses, al final de la ruta, tu personal y venturosa Ítaca.