jueves, 23 de junio de 2011

LOS MILAGROS DEL VINO

Aunque alguien pudiera decir, refiriéndose al comentario de hoy, que la ignorancia es osada, me voy a permitir criticar y hasta aconsejar al autor del libro que acabo de leer. Se trata de Los milagros del vino, un mamotreto de 590 páginas escrito por Jesús Sánchez Adalid.
Debo decir que conozco dos obras del autor extremeño: La luz del Oriente, que se desarrolla en el siglo III de nuestra era, sobre todo en los confines del Imperio Romano; y El mozárabe, que tiene como marco la Córdoba del siglo X.
Esta segunda novela, en particular, me interesó desde la primera página (tiene 766), por lo que cuenta y por el modo de contarlo. Así que la utilicé para explicar en clase el reinado del califa Alhaquen, la llegada al poder de Almanzor y las características de la convivencia que mantuvieron en Al-Ándalus cristianos, judíos y musulmanes. Además, a ninguno de los amigos interesados en la novela histórica a los que se la regalé, les defraudó.
Sin embargo, Los milagros del vino me ha parecido una obra fallida casi desde las primeras páginas también. Digo esto, porque el tema elegido por el autor da para mucho. Nada menos que la decadencia de la religión griega en el siglo I, conforme se extiende el Imperio Romano por las riberas de Mediterráneo y va incorporando al culto tradicional nuevas religiones, por ejemplo, la egipcia, y el contacto entre estas religiones en declive y el cristianismo, durante el tiempo en el que aún vivían personas que conocieron a Jesús.
El protagonista del relato es un sacerdote del templo de Asclepio en Corinto llamado Podalirio, cuyo trabajo consiste en realizar los ritos que conlleva el culto al dios e intentar curar a los numerosos enfermos que acuden a él con esa finalidad. Curación para la que se vale de plantas y sustancias medicinales, junto a la ejecución de los ritos citados.
Podalirio, persona sensible e inquieta, se pregunta sobre el sentido de su trabajo y de todo lo que le rodea, y se angustia cuando no logra encontrar explicaciones a sus dudas. La visita a la ciudad de Corinto de dos cristianos, Pablo de Tarso es uno de ellos, le impulsa a emprender un viaje a los lugares en los que vivió Jesús de Nazaret en busca de respuestas. En Palestina, Podalirio, se aloja en la casa de una acaudalada mujer, Susana, experta bodeguera; de ahí proviene el título del libro.
Partiendo de un argumento interesante, Jesús Sánchez Adalid pienso yo que tenía dos opciones: la primera, contar la historia en la mitad de páginas. De ese modo, habría logrado evitar las numerosas reiteraciones, el dejar una vez y otra el suceso o la frase que se espera para el día siguiente, la utilización de enunciados y adjetivos inapropiados o superficiales, y otros detalles destinados a alargar el texto, que contribuyen a que el lector se aburra y pierda el interés. La segunda, dedicarle a su obra más horas. Da la impresión de que debió acabarla en pocos días. Quizá esto explique el resultado.

martes, 21 de junio de 2011

LOS DÍAS DEL ARCOÍRIS

La novela Los días del arcoíris del escritor chileno Antonio Skármeta ha obtenido el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2011 y es la segunda obra que leo de este autor. La primera fue El cartero de Neruda y me gustó tanto, que la he recomendado muchas veces. Ésta, sin embargo, aun estando muy bien escrita, creo que adolece de cierta superficialidad en el análisis de personajes y situaciones.
Aunque tal vez la ligereza aparente sea sólo una añagaza del escritor, que contribuya a superar un periodo convulso y trágico en la historia de Chile: la dictadura del general Augusto Pinochet que gobernó el país desde 1973 a 1988.
Es precisamente en el año 1988 cuando se desarrolla la trama del libro. Trama que tiene a dos protagonistas principales: Nico Santos, adolescente de 18 años que nos cuenta en primera persona lo que acontece tras la desaparición de su padre, el profesor Santos, detenido mientras imparte su clase habitual de filosofía; la incertidumbre y el miedo de esos momentos, sin saber si terminará siendo uno más entre los miles de desaparecidos; y Andrés Bettini, publicista represaliado por la dictadura, que recibe el encargo de crear un spot publicitario de sólo quince minutos, con el que deberá defender el “no” en el referéndum organizado por el régimen para legitimar el gobierno de Pinochet, garantizando así su permanencia.
Se le ha llamado a esta novela “de reconciliación” porque no se ensaña con nadie. Deja claro que la dictadura fue terrible, no oculta los crímenes, las represalias, el miedo, la falta de libertad, las desapariciones…, pero no se recrea en la tragedia. Su mirada se detiene más en elementos optimistas y amables; el título del libro dice mucho al respecto, el arcoíris como símbolo de esperanza.
La dictadura de Pinochet terminó en la práctica en 1988, han transcurrido hasta la publicación del libro de Skármeta 23 años. El fin de la dictadura de Franco se produjo en 1978, al aprobarse la Constitución democrática, los años transcurridos son 33 y aún la mayor parte de las obras que se escriben sobre ese periodo y el anterior (República y Guerra Civil), siguen hurgando en las heridas que provocaron los acontecimientos políticos, militares, sociales y religiosos acaecidos entonces.
¿Hasta cuándo seguiremos, como en la pintura de Goya, dándonos estacazos los unos a los otros?
¿Hasta cuando deberemos repetir con Antonio Machado aquello de: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”?
Por mi parte, humildemente, hoy quiero apropiarme del placer que ha debido sentir Antonio Skármeta escribiendo una “novela de reconciliación” y, para que el placer sea aún mayor, recibir un premio por ella.

lunes, 20 de junio de 2011

PERSÉPOLIS

Confieso que desconozco el mundo actual del cómic. De niña leía todos los que estaban a mi alcance. De mayor, sólo Mafalda y, más tarde, al lado de mis hijos, Tintín y Astérix.
Así que quizá sea ese desconocimiento lo que ha provocado que la lectura de Persépolis suponga una grata sorpresa, pese a que ya me habían hablado con admiración de esta obra y de la película correspondiente.
Persépolis es la autobiografía de Marjane Satrapi, hija única en una familia iraní de clase alta e ideología progresista.
La joven, que comienza a contarnos su historia desde el momento en que cumplió diez años, fue educada por sus padres al estilo occidental, lo que contribuyo a que se convirtiese en una niña inquieta que buscaba respuestas para los muchos interrogantes que le iban surgiendo en el día a día.
El interrogante principal vino causado por el cambio de régimen político: república islámica, tras cincuenta años del reinado dictatorial del sha de Persia, a cuyo derrocamiento contribuyó la propia familia de Marjane, sin prever el horror que vendría después.
El cambio social que supuso la llegada de los ayatolas, la persecución y muerte de los disidentes, por ejemplo, comunistas, las restricciones de todo tipo: diversiones, enseñanza, formas de vestir, etc. acrecentaron la rebeldía de la joven. Así que, tras terminar la guerra entre Irak e Irán, sus padres decidieron que continuara los estudios en Austria.
La autora relata su estancia en Europa con enorme crudeza: el rechazo inicial, los problemas de integración, el desconcierto ante una personalidad que va emergiendo y que no reconoce como suya, la evasión que suponen las drogas…, todo está narrado con una sinceridad que conmueve.
Después la vuelta a Irán, los estudios de Bellas Artes, el matrimonio, el divorcio y siempre la dificultad para adaptarse a vivir en un régimen totalmente opresivo.
El libro termina con una nueva marcha, que esta vez será definitiva, ya que Marjane Satrapi fijó su residencia en Francia y actualmente reside en París, convertida en una autora e ilustradora de gran éxito.
Con Persépolis ha conseguido numerosos premios, ya que, además de la destreza y originalidad de los dibujos, el mensaje que trasmite de tolerancia y libertad es tan auténtico, que ha traspasado todas las fronteras.

martes, 14 de junio de 2011

MIL SOLES ESPLÉNDIDOS

Hace algún tiempo me recomendaron el libro Cometas en el cielo, del escritor afgano Khaled Hosseini. Me gustó tanto, que lo recomendé a mi vez a varias amigas. Una de ellas me ha dejado otro libro del mismo autor, se titula Mil soles espléndidos y la historia que cuenta, al igual que la que aparece en Cometas en el cielo, se desarrolla en Afganistán; pero aquí los protagonistas no son dos niños, Amir y Hassan, sino dos mujeres: Mariam y Laila.
Afganistán fue colonia británica hasta 1919, año en el que consiguió la independencia. A partir de ese momento, la guerra en el país ha sido una constante. Primero, con la invasión soviética (1979-1992), después, con la instauración de la dictadura islámica de los talibanes (1996). En la actualidad, tras la caída del gobierno talibán, gracias a la ayuda norteamericana, distintos medios de comunicación nos permiten comprobar que los actos de violencia continúan sucediéndose en todo el territorio.
En ambos libros se repasa esta historia. El autor, médico afgano refugiado con su familia en Estados Unidos, conoce muy bien los cambios políticos que ha sufrido su país y las consecuencias que éstos han tenido para la población. Así que en uno y otro libro comienza hablándonos de la sociedad afgana antes de la invasión soviética y termina centrándose en el Afganistán actual.
A pesar de describirnos los lugares donde se desarrolló su infancia en términos nostálgicos y admirativos: paisajes, costumbres, alimentos, fiestas, etc., es crítico cuando analiza las diferencias sociales existentes, por ejemplo, entre pastunes sunitas y hazaras chiítas. La crítica se convierte en feroz al referirse a la invasión soviética y al nefasto régimen talibán, en el que el nacionalismo y el fanatismo religioso forman un coctel explosivo.
Las historias son creíbles y están bien contadas. Además predomina la acción sobre la reflexión y las disquisiciones morales (reflexión y moralidad están implícitas en lo que se narra), esto facilita mucho la lectura, en especial, si los lectores son personas no muy acostumbradas a leer.
Por mi parte, me he indignado y conmovido leyéndolas y continuaré recomendando, ahora ambas obras, porque, además de informarnos sobre lo que aconteció y acontece en una tierra en la que hay soldados españoles, también suponen una extraordinaria lección de humanidad y universalismo.

sábado, 11 de junio de 2011

AFTER DARK

Haruki Murakami acaba de recibir el Premio Internacional Cataluña, motivo por el cual hoy hablaré de uno de sus libros.
Se trata de After Dark, título extraído de una canción de jazz, música a la que Haruki Murakami es muy aficionado.
La historia que se nos cuenta en After Dark sucede en una populosa ciudad de Japón, en un barrio con establecimientos dedicados al ocio, y en el intervalo comprendido entre las doce menos unos minutos de la noche y las siete menos unos minutos de la mañana.
Los protagonistas son, de nuevo, jóvenes de mentes complicadas, con situaciones familiares difíciles, que han tomado o deberán tomar decisiones drásticas que cambiarán el rumbo de sus vidas.
La novela tiene un comienzo muy original. Murakami, fiel a su estilo de frases cortas y perfectamente estructuradas, hace que el lector vea lo que sucede desde arriba, igual que si se tratase del cámara de una película, que se va aproximando a la escena de forma paulatina, hasta apreciar los detalles más nimios.
La cámara seguirá con nosotros durante todo el libro; lo que, en ocasiones, lo convierte en el cuidado guión de una película.
Señalo aquí los extraordinarios dotes de observación de Haruki Murakami. Dotes que le permitieron atesorar en su mente, hasta el momento en el que decidió hacerse escritor, una enorme cantidad de fisonomías, gestos, vestidos, movimientos, olores, colores, mobiliario, comidas, bebidas, ambientes, etc. Así que, mientras leemos, vamos visualizando sin dificultad todo lo que acontece en los lugares en los que se desarrollan sus obras.
Concretamente en ésta, el primero de esos lugares es un bar-restaurante, situado en el barrio de ocio ya citado. Sentada en una mesa, absorta en la lectura de un grueso libro, encontramos a Mari, joven de 19 años, que es analizada por el autor con minuciosidad. A continuación, entra en el bar otro de los personajes principales de la historia, Takahashi, descrito con la misma minuciosidad que la muchacha.
Después, la cámara nos traslada a la habitación en la que aparece dormida una hermosa joven, Eri Asai. Más tarde nos enteramos de que la joven es hermana de Mari y que ha decidido evadirse de todo cuanto le rodea durmiendo casi ininterrumpidamente.
A lo largo de la noche, se van incorporando a la trama nuevos personajes: la encargada y dos camareras de un love hotel, un cliente y una prostituta china del mismo local, el chino que controla el trabajo de dicha prostituta y otras personas que tienen un papel secundario. Pienso que alguna de éstas, por ejemplo, la encargada del love hotel, podría haber aportado más entidad a la historia, pero Murakami prefiere centrarse en la vida de los post adolescentes.
En uno de esos juegos propios del escritor en los que se superponen mundos paralelos, soñados o reales, vemos también, a través de la pantalla del televisor que hay en la habitación de la joven dormida, a un hombre sentado en una silla, con el rostro cubierto y vestido de oscuro. Aunque, la verdad, no sé muy bien qué papel desempeña en el relato.
En fin. Murakami al completo. Combinando Occidente y Oriente, sin que apreciemos demasiadas diferencias entre ambos. Con sus historias abiertas a un futuro impredecible. Sus universos simultáneos. Sus silencios. Su incomunicación entre seres humanos. Su búsqueda de sentido a la existencia, etc., etc., etc.

jueves, 2 de junio de 2011

SINUHÉ, EL EGIPCIO

Creo que a los libros, igual que a las personas, el tiempo les afecta de manera distinta. Así podría decirse que unos envejecen bien y otros, regular.
Claro que esto es una opinión personal, como todas las que escribo en Opticks (antes Hebe), y que se me ha ocurrido tras releer Sinuhé, el egipcio, del escritor finés Mika Waltari.
La novela Sinuhé, el egipcio fue publicada en 1945. En el prólogo informan de que a su autor le costó diez años escribirla; algo lógico por la exhaustiva documentación que tuvo que reunir sobre Egipto, en una época en la que aún no se contaba con la eficiente ayuda de Internet.
El relato se centra en diversos acontecimientos que acaecieron en el país del Nilo durante el Imperio Antiguo, y que están relacionados con el reinado de Akhenaton, único faraón monoteísta de Egipto, que intento suprimir el culto tradicional a Amón, sustituyéndolo por el culto a Atón, dios único y verdadero.
El protagonista, Sinuhé, famoso médico que existió en realidad, ya que su nombre aparece en inscripciones de aquellos tiempos, nos cuenta en primera persona cómo ha transcurrido su trayectoria vital, desde que lo abandonaron recién nacido en el río sagrado, hasta que fue enviado al exilio por su amigo y nuevo faraón Horemheb.
Quizá sean los primeros párrafos de la novela los que nos avisan de lo qué vamos a encontrar después. Sinuhé comienza la narración desde el exilio, aclarándonos que no escribe para los dioses ni para los faraones, porque está cansado de unos y otros; escribe sólo para sí mismo. Así que todo el libro es una reflexión continuada sobre lo que acontece.
A lo largo de 547 páginas y en letra pequeña, el autor nos ilustra con gran detalle sobre la vida de los egipcios en esa época y aprovecha los viajes del médico para contarnos también la vida en Creta, en Babilonia, en Asiria, etc., es decir, en las tierras vecinas de Egipto. Cuando hablo de la vida, me refiero a todo lo concerniente a ella: paisajes, costumbres, adornos, vestidos, relaciones sociales, guerras, comidas, actitud ante el poder, la muerte, los dioses, el amor, etc., etc.
Por lo anterior, éste es un libro que puede interesar mucho a los aficionados a la historia, y, más aún, a los amantes de la egiptología.
Mika Waltari escribió Sinuhé, el egipcio al término de la 2ª Guerra Mundial. Puede que el horror que supuso dicha guerra le llevase a incluir en él tantas reflexiones y puede que el libro no haya envejecido demasiado bien a consecuencia de esas reflexiones, a veces auténticos discursos. Su lectura se vuelve tediosa al repetir de manera reiterada los mismos argumentos. También es cierto que los argumentos son profundos y convincentes, pero llegan a resultar cargantes y terminan aburriendo al lector.
Una curiosidad, en el texto, Mika Waltari por boca de Sinuhé habla de un hombre negro que llevaba un cascabel insertado en el pene. Dai Sijie en La acrobacia de Confucio incorpora al relato a otro negro con idéntica característica.

Otra curiosidad, la novela Sinuhé, el egipcio fue llevada al cine en 1954 con gran éxito de crítica y público. No sé cómo habrá envejecido.