domingo, 20 de noviembre de 2011

TARDES CON MARGUERITTE

La obra Tardes con Margueritte, de la escritora francesa Maríe-Sabíne Roger, requiere sólo un rato de lectura, pero puede afirmarse que se trata de un rato provechoso. Al menos, lo ha sido para mí y por varias cuestiones.
Primero, porque un libro de esta clase ha debido escribirlo alguien que, como yo y aunque suene pedante y quizá cursi, ama profundamente la enseñanza.
Segundo, porque es un pequeño tratado de lo que nunca debemos hacer los que pretendemos transmitir saberes y ayudar a que otros los adquieran por sí mismos (enseñar); mucho menos si de lo que se trata es de educar.
Tercero, porque la historia está muy bien contada y no cae, pese a lo que puedan dar a entender los puntos anteriores, ni en la cursilería ni en el aburrido rollo pedagógico.
El protagonista del relato comienza diciéndonos en la primera página del libro que ha decidido adoptar a Margueritte. A partir de ahí, despliega ante nosotros el oscuro tapiz de su existencia: nacido de un desliz pasajero de la mujer a la que insiste en llamar mamá, a pesar de que ella no parece poseer instinto maternal alguno; alumno de un colegio en el que el profesor utiliza su elevada estatura y limitadas aptitudes para el aprendizaje como objeto de burla colectiva, vecino de una barriada con escasos estímulos culturales y sin ocupación laboral reconocida, entre otra gran variedad de detalles narrados sin ninguna acritud y pesadumbre, sino con humor, sencillez, ternura y naturalidad.
Esa vida anodina que transcurre un día y otro día sin que la persona que la vive reflexione sobre lo que acontece, empieza a ser distinta cuando Germain, así se llama nuestro protagonista, encuentra en un parque público a Margueritte, una frágil anciana de ochenta y seis años que, de manera sutil e inteligente, le introduce en un mundo poblado de palabras que le ayudan a reflexionar y modifican casi todos sus esquemas mentales, en especial, la manera de percibirse a sí mismo y percibir a los que le rodean.
Me informa Isa que de esta obra se ha hecho una película. Si el director ha sabido ser fiel al texto escrito, seguro que se trata de una película agradable de ver y exquisitamente pedagógica.

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