miércoles, 10 de agosto de 2011

EL RECLAMO

El Reclamo es una novela de identidades falsas y opciones forzosas que se lee con facilidad y agrado, porque su autor, Raúl del Pozo, que recibió por ella el Premio Primavera de Novela 2011, escribe bien y expresa con claridad y ternura lo que siente.
Al igual que en Las voces del Pamano, aquí también se trata el tema de los maquis, pero desde un punto de vista diferente y en un lugar distinto, la sierra que comparten las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel en las zonas próximas al río Júcar.
La novela se inicia en las riberas del Paraná, cuando el protagonista de la obra, que vive allí junto a su mujer, recibe la visita de un historiador norteamericano que está haciendo una tesis sobre las agrupaciones de maquis que lucharon en la serranía citada anteriormente. Investigando en bibliotecas y archivos, el historiador ha descubierto que este hombre perteneció a una de esas agrupaciones y desea que regrese con él a los lugares en los que luchó, para así dar más consistencia y fundamento a su tesis.
Desde el instante en que acepta volver, el antiguo combatiente hace al lector partícipe de sus recuerdos, sensaciones y reflexiones, desde los días alegres de la infancia, la guerra, la muerte de su padre, la entrada y pertenencia al maquis, la huída, el desengaño y el exilio.
El retrato de los distintos personajes que aparecen, físico y psicológico, las motivaciones de uno y otro bando, o la ausencia de ellas, la frialdad de las ideologías y de los altos jefes que repiten consignas y dan órdenes desde la seguridad de sus despachos; lo absurdo que resulta ir por ahí desenterrando muertos, cuando nunca terminaríamos de hacerlo, hay demasiadas fosas en el mundo y nada se consigue removiéndolas, todo está relatado con agudeza, profundidad y certera visión.
Por otro lado, la sensibilidad y la ternura con la que el viejo maquis nos cuenta lo acaecido en su infancia, las descripciones de los lugares en las que transcurrió y el río como centro, manso y fiero, generador de riqueza en la central eléctrica y de muerte en las crecidas y en las inundaciones, demuestra que el autor ama la tierra que describe y la conoce bien.
El libro se convierte así en una especie de catarsis que comparten y resuelven de la mejor manera, tanto Raúl del Pozo como el protagonista de su historia.

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