sábado, 11 de junio de 2011

AFTER DARK

Haruki Murakami acaba de recibir el Premio Internacional Cataluña, motivo por el cual hoy hablaré de uno de sus libros.
Se trata de After Dark, título extraído de una canción de jazz, música a la que Haruki Murakami es muy aficionado.
La historia que se nos cuenta en After Dark sucede en una populosa ciudad de Japón, en un barrio con establecimientos dedicados al ocio, y en el intervalo comprendido entre las doce menos unos minutos de la noche y las siete menos unos minutos de la mañana.
Los protagonistas son, de nuevo, jóvenes de mentes complicadas, con situaciones familiares difíciles, que han tomado o deberán tomar decisiones drásticas que cambiarán el rumbo de sus vidas.
La novela tiene un comienzo muy original. Murakami, fiel a su estilo de frases cortas y perfectamente estructuradas, hace que el lector vea lo que sucede desde arriba, igual que si se tratase del cámara de una película, que se va aproximando a la escena de forma paulatina, hasta apreciar los detalles más nimios.
La cámara seguirá con nosotros durante todo el libro; lo que, en ocasiones, lo convierte en el cuidado guión de una película.
Señalo aquí los extraordinarios dotes de observación de Haruki Murakami. Dotes que le permitieron atesorar en su mente, hasta el momento en el que decidió hacerse escritor, una enorme cantidad de fisonomías, gestos, vestidos, movimientos, olores, colores, mobiliario, comidas, bebidas, ambientes, etc. Así que, mientras leemos, vamos visualizando sin dificultad todo lo que acontece en los lugares en los que se desarrollan sus obras.
Concretamente en ésta, el primero de esos lugares es un bar-restaurante, situado en el barrio de ocio ya citado. Sentada en una mesa, absorta en la lectura de un grueso libro, encontramos a Mari, joven de 19 años, que es analizada por el autor con minuciosidad. A continuación, entra en el bar otro de los personajes principales de la historia, Takahashi, descrito con la misma minuciosidad que la muchacha.
Después, la cámara nos traslada a la habitación en la que aparece dormida una hermosa joven, Eri Asai. Más tarde nos enteramos de que la joven es hermana de Mari y que ha decidido evadirse de todo cuanto le rodea durmiendo casi ininterrumpidamente.
A lo largo de la noche, se van incorporando a la trama nuevos personajes: la encargada y dos camareras de un love hotel, un cliente y una prostituta china del mismo local, el chino que controla el trabajo de dicha prostituta y otras personas que tienen un papel secundario. Pienso que alguna de éstas, por ejemplo, la encargada del love hotel, podría haber aportado más entidad a la historia, pero Murakami prefiere centrarse en la vida de los post adolescentes.
En uno de esos juegos propios del escritor en los que se superponen mundos paralelos, soñados o reales, vemos también, a través de la pantalla del televisor que hay en la habitación de la joven dormida, a un hombre sentado en una silla, con el rostro cubierto y vestido de oscuro. Aunque, la verdad, no sé muy bien qué papel desempeña en el relato.
En fin. Murakami al completo. Combinando Occidente y Oriente, sin que apreciemos demasiadas diferencias entre ambos. Con sus historias abiertas a un futuro impredecible. Sus universos simultáneos. Sus silencios. Su incomunicación entre seres humanos. Su búsqueda de sentido a la existencia, etc., etc., etc.

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