viernes, 25 de marzo de 2011

SEDA

Es curioso lo que a veces ocurre cuando se vuelve a leer un libro mucho tiempo después de la primera vez que se leyó, las percepciones cambian; como cambian también las circunstancias, los sentimientos y las motivaciones del lector.
Es lo que me acaba de suceder al releer Seda, publicado en el año 1996 por el escritor italiano Alessandro Baricco.
Esta pequeña obrita (154 páginas y muchos espacios en blanco), llegó hasta mí con una aureola de tan buenas críticas, que su lectura no me produjo la impresión esperada. Recuerdo que pensé: “No es para tanto”, y la consideré pretenciosa y sin la elaboración que necesita un libro para obtener calificaciones excelentes.
Hoy, pasados tantos años de esa primera vez, aunque siga pensando que es algo pretenciosa y le falta trabajar más en ella, puedo captar mejor cualidades innatas a la historia; cualidades que en aquellos momentos ignoré: la musicalidad, el color, la poesía, el misterio, la sensibilidad, el erotismo… Cualidades de tipo sensorial asociadas al tacto y al peso de la seda, al canto y al color de los pájaros; así como a los otros colores que aparecen: el agua, el cielo, el bosque, los vestidos… El misterio latente en las miradas, en los ojos vendados, en las palabras que no se pronuncian, en lo que se ve y en lo que se intuye.
Aceptándolo pues como un bello ejercicio de estilo, escrito en una tarde (o mañana) de inspiración completa; dejándonos llevar por la cadencia de la narración, y mirándolo todo desde fuera, como el protagonista; pensando que se trata de una leyenda antigua sin moraleja alguna y que en los “cabos sueltos” que se aprecian reside en parte la magia del texto, puede que hasta entendamos el porqué este librito ha superado ya la cuadragésima edición.

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