miércoles, 9 de marzo de 2011

¡INDIGNAOS!

Me sorprende el éxito de este pequeño libro (sólo sesenta páginas). En la prensa de las últimas semanas lo he visto citado muchas veces por periodistas, expertos en economía y estudiosos de distintas disciplinas.
Su autor es Stéphane Hessel, nacido en Berlín en 1917, pero afincado en Francia desde niño. En dicho país se unió a la Resistencia, militó en los movimientos de apoyo al general De Gaulle, fue apresado por la Gestapo y escapó de varios campos de concentración.
Tras la guerra, convertido en diplomático, colabora con Naciones Unidas, siendo el único redactor vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Derechos que él defendió (independencia de Argelia), y defiende (causa palestina), siempre, como Gandhi, de manera pacífica.
Stéphane Hessel conserva intacta, a sus 93 años, la capacidad de indignarse ante la injusticia, la dictadura de los mercados, el trato dado a los inmigrantes… “Buscad y encontraréis motivos”, nos dice, “coged el relevo, ¡indignaos!”, porque “la peor actitud es la indiferencia. Si os comportáis así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue”.
En el libro, prologado por José Luis Sampedro, el autor relata brevemente su historia, que es la historia de Europa, a partir de la Segunda Guerra Mundial. Se dirige fundamentalmente a los jóvenes, explicándoles los ideales por los que aquellos hombres y mujeres de la Resistencia Francesa lucharon. Ideales concretados después en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.
Habla de la situación actual del mundo, del poder omnímodo del dinero, la tiranía de los mercados, la total falta de escrúpulos de políticos y dirigentes económicos.
Le duele la indiferencia que observa en la gente, en especial entre los jóvenes: consumistas compulsivos, alienados por ciertos medios de comunicación, que anulan la libertad mediante campañas publicitarias, mensajes subliminales y recursos de variada índole, que convierten al ser humano en un esclavo del sistema.
Termino la reseña de esta pequeña obra explicando por qué me sorprende su éxito. Sencillamente porque para mí Stéphane Hessel no pide nada nuevo.
José Antonio Marina, por ejemplo, lleva años reclamando que la gente se indigne. Quizá no ha utilizado esa palabra, pero los fines que pretende alcanzar son los mismos.
Algunos periodistas, filósofos, profesores… en prensa, televisión y radio, llaman a la indignación ciudadana por razones diversas y de forma pacífica.
Humildemente yo, desde el aula en la que impartí clase tantos años, pedí a los jóvenes una y otra vez que fuesen críticos, que se formasen hasta tener un criterio propio y fundado, que no se dejasen manipular, porque lo más preciado del hombre es su libertad, y a la libertad se llega indignándose con conocimiento.

Así que bienvenido este libro, si con él se consigue, por el prestigio y las vivencias de Stéphane Hessel, lo que otros ciudadanos, prestigiosos o no, llevamos muchos años reclamando.

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