domingo, 20 de marzo de 2011

DUBLINESCA

Convertir cada instante de la vida que pasa en acto literario para ahuyentar la angustia, para alejar la muerte (que se adivina próxima), para arrostrar la vejez y el fracaso, es lo que intenta hacer el editor retirado Manuel Riba, alter ego de Enrique Vila-Matas, en Dublinesca, libro que acabo de leer del prestigioso escritor catalán.
Enrique Vila-Matas ama profundamente la literatura, lo que se refleja en todas sus obras, repletas de citas, autores y anécdotas relacionadas con esta disciplina. Es lo que se ha dado en llamar “metaliteratura”; aunque según Vila-Matas la metaliteratura no existe, sólo existen los buenos y los malos libros, y los buenos no suelen ser fáciles de leer.
Sin embargo, Dublinesca, perteneciendo a la categoría de los buenos libros, no presenta excesivas dificultades para un lector medio. Desde el principio, interesa todo lo que concerniene al personaje principal: la relación que mantiene o que mantuvo con su mujer, con sus padres, con sus amigos, con los autores mejores y peores que conoció, con las ciudades que siente más suyas: Barcelona, Nueva York, Dublín, con el niño que fue, consigo mismo, con los fantasmales entes literarios que aparecen y desaparecen a lo largo de toda la historia.
El hilo conductor del relato es sencillo: Manuel Riba, que ha pasado la vida de editor buscando el genio que le dé sentido a su trabajo, ahora retirado y abstemio por prescripción médica, considera que la buena literatura que usa el libro como soporte ha muerto, y organiza un viaje a Dublín para enterrar lo que denomina “era Gutenberg”, haciéndose acompañar por tres amigos.
La estancia en Dublín, la celebración allí del Blomsday, la visita a los lugares en los que transcurre el Ulysses de Joyce; la evocación de autores, en su mayor parte irlandeses, por ejemplo, Samuel Beckett y el citado Jame Joyce, se entretejen con la necesidad de hallar una posible “epifanía”, de encontrar aquello que origina el genio artístico, de olvidar que “la soledad es una condición absoluta e insuperable de la existencia”.
El final de la historia dejo que lo averigüen los futuros lectores que, estoy segura, van a disfrutar con esta extraordinaria novela.

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