martes, 27 de diciembre de 2011

CHESTERTON Y KATAYAMA

Dos nuevos libros para empezar la semana. El primero, prescindible, El año de Saeko, novela del escritor japonés Kyoichi Katayama. El segundo, muy aconsejable para regalar en estas u otras fechas, un conjunto de ensayos, Correr tras el propio sombrero, del escritor inglés G. K. Chesterton.
El año de Saeko es una obra no demasiado extensa, 238 páginas, pero con un ritmo tan lento y tan “japonés” que no se lee con facilidad. Digo japonés, porque abundan las palabras de dicha lengua referidas a alimentos, costumbres, ritos religiosos, etc. y su consiguiente explicación a pie de página. De igual modo, porque todo sucede sin caer en ninguna clase de estridencia. Los protagonistas parecen espectadores de la propia vida, presidida por la fuerza de un destino que les hace actuar según el guión que alguien estableció de antemano, aunque el lector no acaba nunca de saber qué o quién hay detrás de esa actuación.
Por otra parte, no sé si el error lo comete la persona que traduce la obra o aparece así en el original, pero abundan las repeticiones de una misma palabra en fragmentos breves del texto. Por ejemplo, en la página doce, en cinco líneas hay seis habían.
Los protagonistas principales de la historia que narra Kyoichi Katayama son Shun`ichi, un programador informático, aficionado a fotografiar gatos, y Saeko, su mujer que se encarga de la reposición y mantenimiento de tres máquinas expendedoras. La vida de ambos discurre de un modo totalmente apacible hasta que la hermana de Saeko les pide algo que alterará esa monótona existencia.
En resumen, un libro que no me ha entusiasmado, pero que puede interesar a los devotos de la literatura japonesa, de la que excluyo al occidentalizado Murakami.
El segundo libro tampoco se lee con facilidad, es muy extenso (628 páginas) y no está escrito con ese propósito. Los artículos que contiene, unos más largos y otros más cortos, ilustran sobre una gran diversidad de temas: literarios, políticos, religiosos, costumbristas, históricos, filosóficos, morales, etc.; tratados siempre con la profundidad y el humor inteligente característicos de Chesterton.
La mirada de este autor, sagaz y analítica, y su sentido del humor, tan británico, transforman las cuestiones más nimias, el hecho de correr tras el propio sombrero, los pelmazos, el plomo… en joyas de la literatura y en un gozo para el lector atento.
El análisis que hace de Shakespeare y de sus obras, de las pinturas alegóricas de Watts o de Bernard Shaw como filósofo, por citar algunas de las personas analizadas, muestra aspectos interesantes y distintos de las mismas, consecuencia de un concienzudo esfuerzo y de un trabajo de investigación exhaustivo.
Resumiendo, un libro para tener a mano y leer siempre que necesitemos cambiar de perspectiva al mirar a nuestro alrededor, contagiándonos de la alegría con la que mira y muestra lo observado el genial y admirable autor inglés.

domingo, 18 de diciembre de 2011

CONJURAR LA ALEGRÍA



El poema que viene a continuación lo he escrito yo. Ya sé que no debiera invadir el espacio reservado a lo que escriben otros; en general, personas importantes.
Pero pronto será Navidad y creo que puedo permitirme la licencia de felicitar con algo muy querido y personal a todos mis amigos virtuales.

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ AÑO!

CONJURAR LA ALEGRÍA

Hagamos juntos un guiño a la alegría,
un guiño simultáneo.
Puede que entonces venga y se presente
ante nuestro conjuro.
Confiemos que llegue la alegría,
y suba a los despachos y baje a los talleres.
(Me temo haber intercambiado el verbo).

¿No está de moda aquello que mueve multitudes?
Facebook, Twitter, Linkedin…
Yo tengo varios cientos de amigos virtuales.
Amigos que me invitan,
desde la plaza pública de sus ordenadores,
a actividades múltiples y a saraos diversos,

Pero yo necesito que llegue la alegría,
que vuelvan las personas que decían amarme,
y a las que pensé amar.
Ahora que vivo espacios de penumbra,
que la luz y la sombra se hicieron contratiempo,
y no sé dónde voy,
ni conozco el planeta en el que habito.

Tu guiño puedo verlo,
eso quiere decir que estás ante mis ojos,
que tus manos se hallan prestas a la caricia,
que tus oídos oyen mis palabras de angustia,
que deseas, uniéndote a mi guiño,
conjurar la alegría.

Será fácil, hermano, amigo, compañero,
vivir, si me sostienes,
soñar, si te sostengo,
rezar a Dios,
aunque tú no le des el nombre que le doy,
o no le des ninguno.
La cuestión es aunar nuestros esfuerzos,
y hacer tambalear el orden que establecen
los que tienen la llave del espanto.

viernes, 9 de diciembre de 2011

YO CONFIESO

Cuando comenté el libro de Jaume Cabré “Las voces del Panamo”, dos personas añadieron apostillas. La primera indicando que la novela, de enorme éxito en Alemania, encerraba mensajes más profundos y significativos de lo que se podía apreciar a simple vista. La segunda daba a entender que estos mensajes eran aún más radicales e impactantes en la nueva obra del autor “Yo confieso”.
Desde entonces, me propuse leer dicha obra y no me ha defraudado en absoluto.
En principio, hay que decir que el procedimiento del que se vale Jaume Cabré para el desarrollo de la trama es idéntico al que encontramos en Las voces del Panamo. Es decir, se trata de otra novela coral, aunque ahora las voces han aumentado, junto con los acontecimientos, los personajes y el número de páginas. Hasta tal punto que, al final del libro, el autor enumera por siglos, épocas y relaciones de parentesco a todos los protagonistas.
Se puede deducir de lo anterior que la lectura no resulta fácil. En muchas ocasiones “te pierdes”, ya que voces distintas de épocas diferentes suelen unirse en la misma página e, incluso, en el mismo párrafo.
Hecha esta salvedad sobre la técnica constructiva, pasamos al argumento de la historia que, a mi parecer, gira alrededor del mal y su presencia en la vida de los seres humanos. De hecho, el protagonista principal, Adrià Ardèvol, pretende escribir un libro sobre ello.
Ésa es la razón por la que Jaume Cabré elige momentos en el devenir de la humanidad en los que considera que el mal estuvo particularmente presente. Un mal justificado para el que lo infringía, porque se realizaba en nombre de algo superior: Dios, la patria, la justicia… Así aparece la Inquisición, el nazismo o el fundamentalismo islámico, en referencia a las épocas; y, en relación con las personas, el asesinato, la tortura, el robo, la mentira, la enfermedad, la envidia, el egoísmo…
Junto al mal, la búsqueda de la belleza es otro de los pilares que sustentan el relato, la presencia de la belleza en cualquier época y la imposibilidad de desvincularla de la presencia inexplicable del Mal, pone el autor en boca de uno de los personajes.
Así que el mal y la búsqueda de la belleza están presentes desde la primera a la última página, como hilo conductor de la existencia de los protagonistas. El más importante, Adrià Ardèvol, un niño no querido, encerrado en una casa repleta de bellas y valiosas antigüedades que su padre atesora y vende en la tienda que ha montado con ese fin. Un padre que controla los estudios del hijo para que domine múltiples idiomas y se convierta en una réplica de él mismo; y una madre frustrada, cuya única obsesión es convertir al niño en un músico de renombre mundial.
La belleza y el mal conviven en las personas: Bernat, el amigo de Adrià desde la infancia, capaz del acto de amistad más noble y también del más innoble; están simbolizados en los objetos: el violín del siglo XVIII que Adrià hereda de su padre y que esconde una terrible historia de violencia, el trocito de tela que aportará al relato el mal más recusable, si cabe, que ninguno, que es el que se ejerce sobre niños.
En el libro también se nos cuenta una historia de amor. El amor que Adrià siente por Sara, la muchacha judía, experta dibujante (belleza) y con antepasados perseguidos y muertos por los nazis (mal).
Resumiendo, un extenso relato muy bien documentado, de construcción compleja que dificulta la lectura y, a la vez, la enriquece, y con un mensaje final bastante pesimista porque, aunque Jaume Cabré cita a menudo a Dios, en quien no cree, y hasta reproduce, en un diálogo entre Adrià y Sara, el pasaje del Evangelio en el que Jesús y Pedro hablan sobre el amor, la impresión que te queda al terminar el libro es que, para su autor, el mal se impone siempre, Dios no existe y la belleza queda relegada.

domingo, 4 de diciembre de 2011

UN PADRE DE PELÍCULA

De Antonio Skármeta he leído tres obras: El cartero de Neruda, Los días del arcoíris y, la pasada semana, Un padre de película.
En las tres se reconoce el estilo inconfundible del escritor chileno: mirada amable y compasiva sobre las cosas y sobre las personas, lo que lleva consigo que los personajes de estas obras suelan “caer bien”; siempre hay poesía y ternura en las descripciones de paisajes, costumbres y gentes; en el fondo de las historias se adivina un poso de tristeza resignada, ante la imposibilidad de alcanzar los sueños más altos y ocultos.
Este pequeño libro, que se lee en un soplo, reúne todas esas características, por lo que se libra de ser una historieta folletinesca con un título que despista y de la que se puede contar muy poco, ya que, al tratarse de un relato corto, el desenlace llega enseguida.
Baste decir que el protagonista es un maestro, cuyo padre, un francés afincado en el pueblecito en el que se desarrolla la trama y casado con una oriunda del mismo, desaparece del lugar el día en el que el hijo regresa a casa con su recién obtenido título.
La nostalgia por el padre ausente, la tristeza de la madre abandonada, el trabajo en la escuela y como traductor, la amistad con el molinero, las pocas expectativas de futuro, su carácter tímido y apocado, determinan la vida del muchacho, hasta que sucede algo que lo cambia todo.
O no. La historia queda abierta y el final, a la imaginación del lector.
Como lectora, en estos casos yo siempre imagino finales necesariamente felices.

domingo, 27 de noviembre de 2011

SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO

Si una noche de invierno un viajero, libro de Italo Calvino y mi más reciente lectura, no es una obra fácil de leer. Yo diría que hasta resulta incómoda en su genialidad. Intentaré explicar por qué.
Si nadie te ha puesto en antecedentes de la temática que aborda y no hace mucho tuviste ocasión de leer del mismo autor El barón rampante, con el mejor ánimo, te dispones a disfrutar de algo que esperas resulte similar a lo que ya has leído.
Y empiezan las sorpresas.
Las cuatro páginas primeras se dirigen a ti como lector, indagan en tus hábitos, gustos y hasta manías. Insisten, te interpelan, te obligan a reflexionar y a situarte.
Una vez situado, comienzas a leer Si una noche de invierno un viajero. El relato te atrapa, ¡qué bien escribe Italo Calvino! Adelantas en lo que parece ser una historia de espías. A ver, a ver qué sucede.
Entonces, ¡oh sorpresa!, se persona en el texto un segundo lector, modificando así tu percepción primera. Sin pretenderlo, te ves convertido en un lector que analiza las reacciones de otro. Un lector que se enfada cuando descubre que el mismo texto se va repitiendo hasta el final del libro; y que, al reclamar en la librería en la que lo adquirió, la excusa del librero es que el error fue cometido por la editorial, que colocó la portada y el título del libro de Calvino a la obra Fuera del poblado de Malbork, escrita por un autor polaco.
A ese nuevo lector, al que tú observas, ya no le importa hallar Si una noche de invierno un viajero; la historia del poblado le interesa y desea continuar su lectura. El librero apostilla que acaba de atender a una lectora con pretensión idéntica. La lectora, joven y guapa, aún permanece en la librería. El nuevo lector habla con ella y vuelve a casa con un prometedor número de teléfono y el libro del polaco en el bolsillo.
Con renovados bríos, aumentados ahora por el factor romántico, busca la historia interrumpida en ese libro y ¿qué encuentra?, una historia distinta: Asomándose desde la abrupta costa. Historia que tampoco termina, ya que, en el momento más impactante, las páginas aparecen en blanco.
De aquí en adelante, la lectora desempeña en el texto un papel primordial. Representa a la persona para la que los libros poseen un significado especial, que trasciende al autor y hasta al relato en sí. Es como si desde siempre fuese destinataria de un hálito divino que se ha servido del libro y del autor para llegar hasta ella, lectora prístina y primigenia.
El libro de Calvino se va complementando con la aparición de diferentes tipos de lectores, autores e historias que él nos presenta de un modo magistral, con la estrategia que ya conocemos por los cuentos de Las mil y una noches.
Aquí son diez las narraciones interrumpidas en un instante crucial de la trama. Narraciones que, en la ficción, aparentan haber sido escritas por autores distintos y de diferentes nacionalidades. Lo genial es que dan esa impresión y, no sólo eso, sino que cada una de ellas representa a una clase de novela: realismo mágico, gótica, ciencia ficción….
Todo lo anterior, hace que te impliques por entero en la lectura. Que te vayas identificando con unos u otros personajes y, desde la primera página a la última, que reflexiones y te hagas preguntas (incómoda costumbre) sobre el hermoso vicio de leer.

domingo, 20 de noviembre de 2011

TARDES CON MARGUERITTE

La obra Tardes con Margueritte, de la escritora francesa Maríe-Sabíne Roger, requiere sólo un rato de lectura, pero puede afirmarse que se trata de un rato provechoso. Al menos, lo ha sido para mí y por varias cuestiones.
Primero, porque un libro de esta clase ha debido escribirlo alguien que, como yo y aunque suene pedante y quizá cursi, ama profundamente la enseñanza.
Segundo, porque es un pequeño tratado de lo que nunca debemos hacer los que pretendemos transmitir saberes y ayudar a que otros los adquieran por sí mismos (enseñar); mucho menos si de lo que se trata es de educar.
Tercero, porque la historia está muy bien contada y no cae, pese a lo que puedan dar a entender los puntos anteriores, ni en la cursilería ni en el aburrido rollo pedagógico.
El protagonista del relato comienza diciéndonos en la primera página del libro que ha decidido adoptar a Margueritte. A partir de ahí, despliega ante nosotros el oscuro tapiz de su existencia: nacido de un desliz pasajero de la mujer a la que insiste en llamar mamá, a pesar de que ella no parece poseer instinto maternal alguno; alumno de un colegio en el que el profesor utiliza su elevada estatura y limitadas aptitudes para el aprendizaje como objeto de burla colectiva, vecino de una barriada con escasos estímulos culturales y sin ocupación laboral reconocida, entre otra gran variedad de detalles narrados sin ninguna acritud y pesadumbre, sino con humor, sencillez, ternura y naturalidad.
Esa vida anodina que transcurre un día y otro día sin que la persona que la vive reflexione sobre lo que acontece, empieza a ser distinta cuando Germain, así se llama nuestro protagonista, encuentra en un parque público a Margueritte, una frágil anciana de ochenta y seis años que, de manera sutil e inteligente, le introduce en un mundo poblado de palabras que le ayudan a reflexionar y modifican casi todos sus esquemas mentales, en especial, la manera de percibirse a sí mismo y percibir a los que le rodean.
Me informa Isa que de esta obra se ha hecho una película. Si el director ha sabido ser fiel al texto escrito, seguro que se trata de una película agradable de ver y exquisitamente pedagógica.

domingo, 13 de noviembre de 2011

ROSA CANDIDA

La semana pasada, al hablarles de Gog, el libro escrito por Giovanni Papini, me referí a un relato contenido en el mismo que el autor titula Paidocracia.
Como su nombre indica, dicho relato alude al poder de los jóvenes y a su influencia sobre el devenir de las sociedades occidentales. Influencia que podía apreciarse en el arte (surrealismo y dadaísmo), en el auge de la novela, la obsesión por los records; la importancia del cine, que no exige reflexión ni cultura; las diversiones populares o el deporte, que tampoco requieren un excesivo esfuerzo intelectual, etc.
Todo esto y mucho más me ha venido a la mente mientras leía Rosa candida, una novela recién publicada de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir, premiada con multitud de galardones.
El protagonista de Rosa candida es un joven de veintidós años que viaja hasta un antiguo monasterio para encargarse de cuidar el jardín, famoso por su extraordinaria rosaleda, y que ahora, al envejecer los monjes encargados de él, se encuentra en muy malas condiciones.
El joven es el que nos cuenta la historia narrada en el libro: padre mayor, hermano gemelo autista, madre muerta en un accidente de coche e hija de pocos meses, fruto de una relación imprevista y momentánea.
Con este bagaje, el joven emprende el viaje hasta el lejano monasterio, situado en una población pequeña y apartada, de la que no conoce ni tan siquiera el idioma habitual.
Lo que sucede durante el camino y al llegar al lugar en el que desempeñará su trabajo, pertenece a la trama desarrollada en la novela y que, por razones obvias, debo dejar descubran los posibles lectores.
Y, como además de un jardín, un monje aficionado al cine y una chica de ojos “verdiazules”, hay un bebé por medio un tanto singular, creo que Rosa candida posee los ingredientes necesarios para considerarla fruto de aquella paidocracia de la que habló Papini.
Pero también resulta de justicia decir que se trata de una obra agradable, en la que todos los personajes son buena gente, y puede hacernos pasar un rato de lectura ameno y relajado.
Por supuesto, no habrá necesidad de que durante ese rato nos veamos obligados a realizar esfuerzo intelectual alguno.

martes, 8 de noviembre de 2011

GOG

Leyendo la biografía de Giovanni Papini, autor de Gog, libro que acabo de leer, he evocado de nuevo la imagen de mi amigo Manolo. Él me lo recomendó, entre otros muchos igual de valiosos, confeccionando así una cuidada lista, a la que acudo de vez en cuando. Creo que para apreciar en su justa medida los placeres, es preciso intentar dosificarlos.
Decía que Papini me recuerda a Manolo, por su primera profesión, maestro, (posteriormente el autor florentino se haría periodista). Porque, al igual que mi amigo, llevaba hasta el extremo su amor por los libros y la literatura en general. Por su escepticismo a cerca del género humano, su inteligente sentido del humor y porque también como él, Manolo fue siempre un polemista apasionado.
La pasión que observamos en la literatura de Papini impregna todos los aspectos de su existencia: ideas, opciones, creencias, sentimientos… Así, en la primera parte de su vida, se manifestó como un ateo radical; y en la segunda, como un ferviente católico, por poner un ejemplo, entre los muchos que podrían citarse y que encontrarán en las páginas de Gog aquellos que deseen disfrutar de un rato de lectura divertida, amena, sorprendente, inquietante y hasta algo repulsiva en ocasiones.
El procedimiento que utiliza Giovanni Papini para presentarnos a Gog no es original, otros escritores lo han utilizado; afirma que lo conoció en un manicomio al que iba de vez en cuando para visitar a un amigo poeta. En una de esas visitas, Gog le entregó el manuscrito que daría lugar al libro posterior.
Pero esa falta de originalidad en el planteamiento se olvida por completo cuando empiezas a leer el diario o libro de viajes en el que Gog, un multimillonario americano, cínico, cruel y egoísta que, asegurada su fortuna, decide gastar una parte de ella “para abrir los ojos y disfrutar”, relata sus experiencias en diversos lugares del mundo, ideando o poniendo en práctica proyectos absurdos o fantásticos, entrevistando a personajes famosos: Lenin, Gandhi, Henry Ford, Gómez de la Serna…; o inventando situaciones y seres que unas veces te hacen reír y otras, estremecer.
Giovanni Papini repasa en estas historias, que se pueden leer seguidas o no y empezando por el principio o por el final, ya que son independientes entre sí, buena parte de la historia del mundo en la época que va desde la primera guerra mundial a los prolegómenos de la segunda. Siempre con un espíritu crítico y mordaz, analiza personajes y situaciones en relatos, incluso, proféticos; por ejemplo, el titulado Paidocracia.
Resumiendo, Gog es un libro extraordinario por lo bien escrito, por su contenido filosófico que responde a las inteligentes y agudas percepciones del autor, porque nos muestra cómo era el mundo en aquel tiempo y las claves para hallar las causas de acontecimientos posteriores y porque posee la misma vigencia que en los días en que fue publicado, cuando los críticos lo consideraron la mejor obra de Giovanni Papini.

lunes, 31 de octubre de 2011

CAPRICHOS DEL DESTINO: EL PUENTE DE SAN LUIS REY

El viernes, 20 de julio de 1714, el puente de San Luis Rey, tejido con juncos por los incas sobre una sima entre Lima y Cuzco, se derrumbó, causando la muerte a las personas que lo atravesaban en ese momento.

Thornton Wilder, novelista y dramaturgo norteamericano, elabora a partir de este hecho una fantasía singular y una bella metáfora sobre los caprichos del destino humano, en un pequeño y original libro que le valió a su autor la obtención del prestigioso Premio Pulitzer.

Tío Pío; Jaime, el hijo de la Perrichola, Esteban, la marquesa de Montemayor y Pepita son los cinco personajes cuyas vidas investiga el fraile franciscano Junípero, para intentar buscar una justificación a las muertes, provocadas por la acción (que no por el capricho) de la Divina Providencia.

Hay que apuntar que la historia que cuenta Thornton Wilder, convertida posteriormente en película, transcurre en el Perú del Virreinato, cuando las influencias de la Ilustración intentan arrebatar a la iglesia católica el control de las vidas de los seres humanos de aquel tiempo.

El lenguaje exquisitamente cuidado del relato, el extraordinario y sagaz retrato de los protagonistas del mismo, la belleza de las descripciones y la profundidad del tema en sí, unido a las palabras finales: "Lo único que cuenta es el amor", cursis en apariencia, pero que dotan a la narración que acabamos de leer de un sentido especial, convierten a El puente de San Luis Rey, en un sabroso y exótico capricho que los buenos lectores no deberían dejar de permitirse.

martes, 25 de octubre de 2011

ESTAS RUINAS QUE VES

Hace algún tiempo leí una columna de Manuel Hidalgo en la que se refería admirativamente al escritor mejicano Jorge Ibargüengoitia.
Por curiosidad, busqué en Internet información sobre el escritor citado y lo que encontré me llevo a la lectura de uno de sus libros, Estas ruinas que ves, relato que recibió el Premio Internacional de Novela México 1975.
El principal protagonista de Estas ruinas que ves es el profesor Francisco Aldebarán, que desde la capital del Estado regresa a su ciudad natal, Cuévano, para dar clase de literatura en la universidad.
Leo que Ibargüengoitia esconde bajo el nombre de Cuévano a la ciudad en la que él nació en realidad, Guanajuato, fundada por los españoles y de gran belleza monumental y arquitectónica.
La ironía festiva con la que el escritor se refiere a las pasadas grandezas de Cuévano (Guanajuato), “la Atenas de por aquí” como gustan decir sus habitantes, me hace recordar otras ciudades venidas a menos, cuyos pobladores, de tanto idealizar el pasado, acaban por mitificarlo, cayendo así en la exageración y en el ridículo.
Pronto el profesor Aldebarán se ve envuelto en un ambiente provinciano, en el que cada personaje le sirve al autor para hablarnos de las clases sociales, las realidades políticas y culturales de Méjico y hasta del medio ambiente y la calidad de vida, en un retrato demoledor que se esconde tras una mirada en apariencia bondadosa y condescendiente.
Leo también que Jorge Ibargüengoitia, prosista, hombre de teatro y articulista, era una gran persona, admiraba profundamente a Cervantes y su amor por la literatura le llevaba a disfrutar escribiendo sobre todo cuanto le rodeaba, pero no de manera grandilocuente y melodramática, sino con esa agudeza satírica, esa ironía soterrada, propia de las personas inteligentes que nos ayudan a mirar la realidad de otra manera, relativizando lo que sucede y buscando siempre el aspecto amable y hasta risible de cada situación.

Todo esto se nota a lo largo del libro, que se convierte así en una auténtica fiesta para el lector, por la perfección de su prosa, las jocosas anécdotas que cuenta y ese tono especial que le aproxima a Cervantes y a la mejor novela picaresca.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL HOMBRE QUE FUE JUEVES

Al no encontrar en la biblioteca el libro de Chesterton que fui a buscar, Isa me ofreció del mismo autor El hombre que fue Jueves.
Dicho libro fue publicado en el año 1808 y Gilbert K. Chesterton se convirtió al catolicismo, abandonando la confesión anglicana, en 1922. Sin embargo, en El hombre que fue Jueves encontramos ya muchas de las inquietudes religiosas que darían lugar a su conversión posterior.
De entrada hay que decir que el libro recoge todas las características literarias del prolífico autor inglés, que antes que escritor de novelas había sido dibujante, periodista, poeta y ensayista: imaginación desbordante, elocuencia, profundidad en sus apreciaciones, comicidad perspicaz, extraordinario manejo lingüístico, crítica solapada pero amable y ese fondo de alegría y bonhomía habitual, presente también en el conjunto de obras detectivescas que tienen como protagonista al Padre Brown.
El protagonista de El hombre que fue Jueves no es un sacerdote sino un poeta, Gabriel Syme, reclutado por Scotland Yard para formar parte de un grupo de policías especializados en la persecución de anarquistas.
En las calles de Londres, ciudad maravillosamente descrita por el autor, Gabriel conoce a otro poeta que milita en las filas de ese movimiento y que le invita a una reunión del Consejo Central de Anarquistas, formado por siete hombres en representación de los días de la semana. Al haber muerto la persona correspondiente al jueves, Gabriel es propuesto para ocupar su lugar. De ahí el título.
Al leer los primeros capítulos, piensas que la obra podría calificarse de novela detectivesca con reflexiones filosóficas, tan del gusto de Chesterton, perspicaces y bellas descripciones y profundas sentencias que te hacen pensar. Pero poco a poco el movimiento se acelera, las acciones se suceden y vas comprendiendo que tus apreciaciones iniciales son erróneas porque nada resulta ser lo que parece.
La conclusión tras la lectura, es que estás ante una obra policiaco–metafísica, una alegoría cristiana en la que perseguidores y perseguidos se convierten en principios eternos del universo, el bien y el mal, el orden y el caos. Que no está nada claro donde termina uno y empieza el otro. Incluso, que ambos son inseparables y hasta que se alternan en la representación de sus respectivos papeles. Y que, aunque prevalezca la Paz de Dios (Domingo), superior a todos en inteligencia y envergadura, antes del encuentro final estamos obligados a beber en la copa que un día él bebió.

jueves, 13 de octubre de 2011

EL BARÓN RAMPANTE

El barón rampante, novela de Italo Calvino que acabo de leer, es una de esas obras que te hacen disfrutar de la primera a la última página.
Publicada en 1957, hay quien la encuadra en la categoría de novelas de iniciación y juventud. De hecho, en 1965 se publicó una nueva edición destinada a estudiantes de bachillerato.
Sea cual sea su consideración por parte de la crítica especializada, me complace decir que a mí, que no la leí en el ya muy lejano bachiller, ahora, en la madurez, me ha entusiasmado.
La historia que cuenta El barón rampante se desarrolla en el siglo XVIII y albores del XIX en tierras de la península Itálica en su zona noroccidental, región de Liguria, entre Francia y el Piamonte. En esa zona, totalmente cubierta de árboles (aún no había llegado la especulación inmobiliaria), en la villa de Ombrosa vive con su familia el niño de doce años Cosimo Piovasco di Rondó, heredero de la baronía de Rondó.
Su padre, el barón, es un hombre chapado a la antigua que sueña con nuevas grandezas nobiliarias. Su madre, una prusiana obsesionada con hazañas bélicas y estrategias militares. Su hermana, monja doméstica, un ser indescriptible. Su hermano pequeño, cronista de la historia, es el único llamémosle “normal”. El hermano bastardo del barón, rescatado por éste de territorio turco, abogado e inventor, desempeña también un papel importante en el relato.
Todo comienza cuando Cosimo se niega a comer caracoles durante la ceremoniosa comida familiar de mediodía. Ante el enfado y la insistencia de su padre para que los coma, el muchacho escapa por la ventana y se sube a un árbol, convirtiendo así en domicilio habitual, que ya nunca abandona, lo que se debió a un arrebato momentáneo de rebeldía juvenil.
La descripción de los distintos árboles y la manera que tiene Cosimo de acomodarse a ellos, mediante inventos a cada cual más ingenioso. El encuentro con la condesa Viola, gran amor de su vida. Las relaciones con los campesinos habitantes de aquellos territorios. El estrecho contacto con los libros que le lleva a comunicarse con algunos enciclopedistas y teóricos de la Revolución Francesa. La vida entre el grupo de españoles exiliados, a los que Carlos III ha prohibido pisar el suelo de sus dominios. La cita con Napoleón Bonaparte, a imitación de la que protagonizan Diógenes y Alejandro Magno. El choque con los francmasones, con los jesuitas, con los piratas, etc., etc., hacen que cada capítulo traiga consigo nuevos y gozosos descubrimientos.
Página tras página te sorprendes, te entusiasmas, te ríes, te emocionas. El ritmo del relato, que se mantiene de principio a fin; la perfecta construcción que presenta, la belleza del vocabulario, por ejemplo, al describir las distintas especies de árboles y pájaros que pueblan el entorno; la fidelidad del protagonista a la regla que él mismo se ha fijado; el canto a la libertad y a la rebeldía contra el orden establecido, y muchas más cuestiones que dejo descubrir al lector, convierten a El barón rampante en una obra filosófica, histórica, de aventuras, ecologista, amorosa, de denuncia, sentimental… y, por supuesto, de obligada lectura.

lunes, 3 de octubre de 2011

Inauguro el mes de octubre con un libro de los que no se leen en dos días. A mí me ha ocupado dos semanas. Pero estoy segura de que mi amigo Manolo, meticuloso y perfeccionista, le habría dedicado por lo menos un mes.
Se trata de Quien sueña novela del escritor madrileño Raúl Guerra Garrido, que recibió por esta obra el XI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones.
Afirma Raúl Guerra Garrido que si “un escritor no desnuda sus sentimientos, su corazón, no merece ser leído”. Él lo hace en esta especie de libro de memorias en el que, siguiendo la estela de Joyce, nos cuenta el paseo por Madrid que realiza en una sola jornada, desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche, hasta llegar a un bar en el que ha sido citado para recibir una revelación decisiva.
Durante ese paseo, recorriendo lugares que conoció en la infancia, muchos de los cuales ya no existen o han sido transformados, el escritor nos contará retazos de su vida, intercalados con aquellos sueños que, de alguna manera, dejaron impronta en su ser. “Somos más autores que actores de nuestros propios sueños”.
El paso del tiempo, los cambios que éste produce en la percepción de las cosas, los pequeños detalles que no lo fueron tanto, las ansias, los adioses…, todo ello con el amor a la Literatura como nexo común. “Escribir, escribir, escribir…”.
No se trata de un libro de memorias al uso, tampoco de una guía de lecturas y autores que influyeron en la vida del autor, aunque cite a bastantes y analice su efecto: El manantial de Ayn Rand, La soledad del corredor de fondo de Alan Sillitoe
Más bien es el esfuerzo de plasmar en un libro un camino intensamente vivido, con sus alegrías, decepciones y tragedias (el asesinato de José Luis López de la Calle a manos de ETA fue una de ellas). Camino que se apoya en la Literatura como baluarte fiel y en los sueños como eslabones mágicos que enlazan realidad y fantasía.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LAS ALAS DEL DINOSAURIO

Las alas del dinosaurio es otra novela que se lee en dos tardes y que, dejando a un lado las primeras páginas, absorbe la atención del lector por su inteligente y entretenido desarrollo.
La autora, que pertenece a lo que podríamos llamar generación de cultivadores del género negro nacidos en latitudes altas, es la danesa Sissel-Jo Gazan. Su profesión, Doctora en Biología, determina el contenido del relato. Ya que la joven, Anna Bella Nor, protagonista del mismo, prepara en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Copenhague la tesina que necesita para obtener el título de bióloga, y que ha basado en el estudio del parentesco entre las aves y los dinosaurios. Cuando uno de los profesores encargados de asesorarla, Lars Helland, aparece muerto en su despacho con la lengua cercenada a mordiscos, Anna y su compañero Johannes, descubridores ambos del cadáver, se ven envueltos en una trama en la que nadie y todos, incluso ellos dos, aparecen como sospechosos.
Desde el principio de la novela, Sissel-Jo Gazan va intercalando, junto a la investigación que lleva a cabo el inspector de policía Soren Marhange, explicaciones de carácter científico que interesan y no aburren en absoluto. A la vez, disecciona la vida de los protagonistas, presentándolos como seres vulnerables, frustrados e inestables. Características debidas en gran parte a sucesos acaecidos en la infancia que vamos descubriendo poco a poco.
Al lado del retrato psicológico, social y familiar de los distintos personajes, destaca la destreza de la autora para anudar los cabos que ha ido dejando sueltos a lo largo de la historia, con la intención de atraer y hasta de despistar al lector.
Otro aspecto importante y destacable en la novela es la visión crítica y objetiva de la escritora al describirnos el mundo académico: rivalidades y luchas entre departamentos, causadas por la necesidad de obtener los fondos económicos que les permitan subsistir; interés de las revistas científicas más por la polémica (que es lo que vende) que por la ciencia en sí; celos, rivalidades, obcecación en principios superados, etc.
En resumen, un libro bien escrito que nos cuenta una historia interesante resuelta con gran habilidad y que, por tanto, merece de sobra el premio que recientemente le ha sido otorgado: Mejor Novela Negra Danesa de la Década (2.000 – 2.010).

lunes, 19 de septiembre de 2011

SOLAR

Que un escritor tan prestigioso como Ian McEwan, considerado una especie de gloria nacional en su país, Gran Bretaña, decida escribir un libro de ficción sobre energías renovables, y que el protagonista del mismo sea un físico que ha obtenido tempranamente el Premio Nobel, requiere audacia, técnica y documentación.
Armonizando los tres elementos con gran habilidad, (hay quien dice que en las explicaciones científicas que corresponden al tercero se pasa un poco), el autor construye una novela que no deja ningún cabo suelto; quizá el final, pero no podría ser de otra forma.
El personaje principal, y en el que se apoya toda la trama, es Michael Beard, un físico premiado pronto con el Nobel y que ahora, a sus cincuenta y pocos años, vive, podríamos decir, “de las rentas”. Ésta es una de las variadas críticas irónicas del escritor que aparecen en el libro: el prestigio obtenido por determinados personajes, aunque sea en pasado, magnifica cualquier acto social al que asistan. Así que se les invita y se les paga por dar conferencias, participar en convenciones o en proyectos subvencionados, sin plantearse la utilidad de su función y hasta, incluso, la utilidad o inutilidad del acto en sí.
El apoltronamiento intelectual del protagonista tiene poco que ver con su agitada vida amorosa: casado en cinco ocasiones y con innumerables amantes, su último matrimonio está a punto de fracasar por culpa de una de ellas. Supongo que aquí también influye el prestigio académico y social del personaje; porque el tal Beard es bajito, gordo, tragón, egoísta, borracho, infiel y algunas otras singularidades que dejo que el lector descubra según sus apetencias personales.
Michael Beart que “siempre estaba al acecho de un cargo oficial que entrañase un estipendio”, accede a dirigir un equipo de becarios, físicos posgraduados, con el propósito de dedicarse a la investigación de energías limpias. El interés que pone en el cargo es tan pequeño como grande su gana de comer y de beber. De hecho, consciente de que anda sobrado de kilos, idea de continuo regímenes alimenticios que nunca inicia.
Uno de los becarios, Tom Aldous, le entrega las conclusiones a las que ha llegado, tras estudiar la posibilidad de obtener energía utilizando el sol y el agua. Dicho trabajo, junto con la persona de su hacedor, desempeñarán un importante papel en el relato que se va complicando por momentos.
Leo que Solar ha obtenido un premio por el humor contenido en sus páginas. La verdad es que el viaje al Ártico que realiza Beart junto a un grupo de intelectuales y artistas, viaje que el autor había realizado ya y que ahora incorpora a la novela, me hizo reír. Pero creo que el tono general de la obra es más bien amargo, o quizá mi sentido del humor discurre por cauces distintos.
En resumen, una novela muy bien escrita, con un interesante fondo didáctico y un personaje central, Sol de la historia, al que no sabemos si compadecer, aborrecer o, sencillamente, despreciar.

lunes, 12 de septiembre de 2011

LAS SANDALIAS DEL PESCADOR

Las sandalias del pescador es un libro que he vuelto a leer después de ver en televisión la película del mismo nombre.
Dicho libro lo leí por primera vez en 1963, cuando me lo regaló una persona llamada Carmen que firma la amable dedicatoria que figura en su primera página y a la que no recuerdo nada en absoluto. Como tampoco recordaba el contenido del libro y la nueva lectura me ha sorprendido agradablemente. Veamos por qué.
Primero, porque Morris West, prolífico autor australiano que nació en 1916 y murió en 1999, escribe muy bien.
Segundo, porque el tema central del libro: elección de un papa eslavo, Cirilo I, supone que el autor, de manera podríamos decir que profética, se adelantó en la ficción a lo que muchos años más tarde se haría realidad al ser elegido el papa polaco Juan Pablo II.
Tercero, por el interesante repertorio de historias paralelas que acompañan al eje central de la narración: el complejo mundo vaticano, cuya organización y funcionamiento se describen; la situación de Guerra Fría entre la URSS y los EEUU, así como el comienzo de la política de desarme; el adulterio de la joven de buena familia, Chiara, con el periodista norteamericano George Faber; la homosexualidad del que podría convertirse en Presidente de la República italiana, Corrado Calitri; la lucha por encontrarse a sí misma de la judía Ruth Lewin o la investigación del jesuita Jean Telémond para armonizar todas las fuerzas de la creación en torno a Dios.
En cuanto a la elección de un papa eslavo, Morris West no sólo resulta profético en esto, sino que adelanta en su libro muchas decisiones que Juan Pablo II tomará durante su largo pontificado: contactos con los máximos dirigentes rusos (Gorvachov) y norteamericanos (Reagan y Bush), diálogo con otras religiones (Islam, judaísmo, ortodoxa oriental, etc., materializado en los encuentros de Asís), necesidad de salir de Roma y viajar por el mundo o regreso al mensaje central del Evangelio que nos habla de amor y de la preferencia de Jesús por los más pobres y necesitados.
En el resto de las cuestiones tratadas, también Morris West es un adelantado a su tiempo. Así el modo de presentar la homosexualidad o el enfrentamiento que se produce entre Jean Telémond, que ha dedicado toda su vida a intentar explicar de manera lo más científica posible la relación de Dios con lo creado (Morris West demuestra haber leído a Teilhard de Chardin) y los miembros del Tribunal del Santo Oficio, convertido más tarde en Congregación para la Doctrina de la Fe, con la que hubieron de enfrentarse, alcanzando resultados parecidos al personaje de West, los teólogos Leonardo Boff y Hans Kung.
En bastantes ocasiones, he apuntado que la ideología o creencias del autor determinan el contenido de la obra. Así es en este caso. Se trata de un libro escrito por un católico y su aproximación al mundo vaticano está llena de benevolencia. No tiene nada que ver con el Código da Vinci y otros "best seller" similares.
Pero, dejando a un lado cuestiones doctrinales y de fe, que también interesa conocer, aunque sólo sea para no quedar en ridículo al discutirlas, resulta una obra muy actual, si tenemos en cuenta, claro está, la fecha en la que fue publicada.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA MÚSICA DEL AZAR

Afirma Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, que todos los libros que escribe forman parte de una misma historia: “La historia de mis obsesiones”.
Obsesiones que aparecen en el libro que acabo de leer: La música del azar. El azar como organizador de la propia vida, la soledad, la falta de libertad, la contraposición perturbadora entre hechos extraordinarios y situaciones cotidianas, el absurdo (admira a Beckett), el desarraigo; la necesidad, casi siempre malograda, de dar sentido a la propia existencia.
La única obra que escapa un poco a las características anteriormente enumeradas es Brooklyn Follies, una historia muy bien narrada, como el resto de las que he leído del escritor norteamericano, y que, al terminarla, no te deja la sensación de incomodidad que sientes cuando lees la Trilogía de Nueva York, Leviatán, El palacio de la Luna, La noche del oráculo, El libro de las ilusiones y ahora La música del azar.
El argumento de la novela se organiza alrededor de una serie de acontecimientos encadenados que el protagonista, Jim Nashe, bombero en Boston, atribuye al azar: su mujer le abandona, dejándole con una niña pequeña a la que ha de encomendar al cuidado de su hermana, ante la imposibilidad de cuidarla él mismo. Inmediatamente después, la muerte del padre que apenas conoció pone en sus manos una cuantiosa herencia.
Impulsos bastante irracionales le llevan a abandonar el trabajo y, tras asegurar el futuro de su hija con una parte del dinero recibido, con la otra comprar un buen coche y dedicarse a recorrer el país, sólo por la sensación de libertad que le produce el ir conduciendo por carreteras cuanto más solitarias mejor, mientras escucha música clásica, sobre todo de Bach y Mozart.
En uno de esos recorridos, el azar provoca de nuevo que se encuentre con un joven autoestopista, Jack Pozzi, al que acaban de dar una paliza. El joven le cuenta que es jugador de póquer, que unos ladrones entraron en la casa en la que se estaba desarrollando la partida causante de su estado, y que el resto de los jugadores le culparon del asalto, porque era el único desconocido en la mesa de juego; que lo que más le preocupa es que se ha quedado sin dinero y no podrá jugar la nueva partida que tiene asegurada, en la que ha de enfrentarse a dos excéntricos millonarios, a los que está seguro podrá ganar miles de dólares.
Un nuevo impulso hace que Jim Nashe le preste el dinero, se asocie con él y decida acompañarle a la mansión de los millonarios.
De camino hacia la mansión, Paul Auster comienza a introducirnos en el apartado que tiene la novela de inquietante y hasta terrorífico. Apartado que nos permite descubrir muchas de las características ya enumeradas de las obras de este autor.
Así, poco a poco, atrapados en un mundo que nos perturba, llegamos al sorprendente final, del que se puede hablar largo y tendido, pero que, a mí parecer, y por muy Auster que lo consideremos, impide que el relato resulte todo lo “redondo” que podríamos esperar de un escritor tan prestigioso.

miércoles, 31 de agosto de 2011

RETORNO AL HOGAR

Harold Pinter es un escritor de izquierdas en el sentido cristiano de la palabra.
Sin pretender meterme en demasiados berenjenales y un poco cansada de que los términos “izquierdas” y “derechas” se utilicen con malas intenciones, debo decir que la identificación entre la izquierda y los trabajadores, víctimas de la opresión de las clases dominantes (nobleza y clero) tuvo lugar tras la Revolución Francesa y se basó en algo tan simple como el lugar que unos y otros ocupaban en la asamblea.
Hay que decir que aquellos que se sentaban a la izquierda, en representación de las ciudades, no eran ni mucho menos pobres, sino burgueses enriquecidos. El problema es que tenían que pagar impuestos, mientras que a los grupos sentados a la derecha (nobleza y clero), se les liberaba de tan plebeya y engorrosa obligación.
Con el paso del tiempo, la izquierda se fue identificando con una determinada concepción del mundo, respecto a las condiciones de trabajo, los sistemas de vida (política, creencias, familia, educación, organización social…), y hasta el arte, el cine, la música, etc., enfrentándose a los pertenecientes a la derecha que defendían concepciones diferentes.
Aclarado esto, el que Harold Pinter sea de izquierdas en sentido cristiano, no tiene nada que ver con su religión. Aunque nació en una familia judía, no se sentía vinculado al judaísmo ni a ningún otro credo. El sentido cristiano quiere decir que, además de estar en contra de toda clase de violencia, como lo estuvo Jesús de Nazaret, también se puso siempre al lado de los débiles: Kurdos en Turquía, palestinos en Israel, kosovares, chilenos seguidores de Salvador Allende… Su radical oposición a las invasiones de Irak y Afganistán, le llevó a criticar fieramente a los políticos que las apoyaban.
En resumen, se trata de un hombre comprometido con su tiempo, que no dudo en arriesgarse defendiendo los derechos humanos siempre que lo consideró justo.
Pero antes que activista político, Harold Pinter fue un extraordinario dramaturgo, se le considera el máximo exponente del arte dramático inglés en la 2ª mitad del siglo XX. Además de obras de teatro, escribió poesías y guiones de cine, obteniendo por el conjunto de su obra el Premio Nobel de Literatura en el año 2005.
Retorno al hogar es una de sus obras de teatro más representativas. El argumento, simple en apariencia, consiste en el regreso a la casa familiar de uno de los hijos que vivía en otro país y al que acompaña su esposa. La reiteración de frases y el uso de silencios, características del teatro de este autor, provocan en el espectador una sensación incómoda. Se intuye que la maldad está presente, disfrazada de envidias, frustraciones, venganzas y represiones sexuales. La comunicación personal no existe. Se impone el egoísmo, la utilización del otro para los propios fines. El escenario resulta opresivo, todo transcurre en una sola habitación.
Su amistad con Samuel Beckett, al que admiraba, pudo determinar que el teatro de Pinter posea características del “teatro del absurdo” cultivado por dicho escritor. Pero las obras de Harold Pinter no parecen encerrar intenciones moralizantes. Las actitudes de sus personajes son propias de la naturaleza humana, claro que en su aspecto más sórdido y negativo. Gente enclaustrada en sí misma, dando tumbos sobre su abismo interior, viviendo una existencia puramente vegetativa, abocados a la tragedia y sin que nadie espere a un Godot capaz de liberarlos.

domingo, 28 de agosto de 2011

DAME TUS OJOS

Torsten Pettersson es un escritor y profesor universitario nacido en la comunidad sueco-finlandesa de Turku (Finlandia). Ha publicado ensayos, un libro de relatos y multitud de libros de poesía.
Dame tus ojos es su primera novela policiaca, escrita, creo yo, con la intención de, apuntándose al género de moda últimamente, obtener el dinero que la poesía no acostumbra a proporcionar a sus autores. Recordemos aquello de: “Aquí enterraron de balde, por no hallarle una peseta…”
Adentrarse en un género tan cultivado en la actualidad, presenta el inconveniente de que el autor se siente obligado a ser original, a diferenciarse del resto.
En el caso de Torsten Pettersson, lo ha intentado incorporando a la narración diálogos propios de una teatral, embrollando el argumento con detalles que no aportan nada a la investigación y, por tanto, carecen de sentido, y añadiendo a la historia central otras historias relacionadas con la guerra de Bosnia, la trata de blancas y la seguridad en las centrales nucleares. Aunque las dos últimas en especial tengan poco que ver con la trama central del libro.
Dicha trama está protagonizada por el comisario criminalista Harald Lindmark, encargado de investigar el asesinato de una joven que ha aparecido en un parque desnuda, sin ojos y con unos cortes en forma de “A” sobre el estómago. Todo parece apuntar a que el asesino es el novio de la joven, militar que estuvo destinado en Bosnia y vivió allí una experiencia traumática.
La aparición de un segundo muerto y después de un tercero, sin relación aparente entre ellos, complica la investigación y hace que el comisario y sus ayudantes se sientan incapaces de resolver el caso.
Esa misma incapacidad de comprensión termina afectando al lector, con la alternancia de historias en los distintos capítulos: La historia de Nadja, la de Gabriella o la de Erik, por citar algunas y la abundancia de “cabos sueltos” que oscurecen el relato.
Incapacidad de comprensión que aumenta cuando llega el final de la obra, tan artificial y extraño como toda ella.
En resumen, novela prescindible, aunque puede servirnos, si el autor insiste en cultivar el género, para conocer su evolución literaria dentro del mismo. No debemos olvidar, lo he señalado al comienzo del artículo, que ésta es su primera novela.

lunes, 22 de agosto de 2011

LA CASA DE JAMPOL

La novia sefardí es un libro que tiene como protagonistas a judíos actuales afincados en Europa y que intentan conservar (muchos de ellos) antiguas tradiciones.
Aun juzgando el argumento interesante, confieso que no pasé de las primeras páginas. La autora, Eliette Abecassis, o quizá la persona que tradujo el texto original, repite demasiadas veces la misma palabra en párrafos cortos. Y yo tengo manía a las repeticiones que no conllevan una intención clara.
Sintiéndome un poco culpable por no terminar el libro, decidí buscar a otro autor que hubiese tratado en sus obras cuestiones similares.
El elegido fue Isaac B. Singer, escritor judío que nació en 1904 en Polonia, emigró a Estados Unidos en 1935 y allí murió en 1991.
Isaac B. Singer escribe casi toda su obra en yiddish, lengua hablada por las comunidades judías del centro de Europa, y los temas que trata están prácticamente siempre relacionados con el mundo judío: historia, tradiciones, fiestas, religión, persecuciones, etc.
La obra de Isaac Bashevis Singer que me permitió conocer un poco más la vida del que se llama así mismo “pueblo elegido” fue La casa de Jampol, que nos cuenta la historia de una familia de judíos polacos residentes en el pequeño pueblo de Jampol a mediados del siglo XIX, cuando la última rebelión de los polacos contra el imperio zarista ha sido aplastada a sangre y fuego.
En esa situación, el comerciante judío Calman Jacobey pone en marcha negocios que traerán a su casa una gran prosperidad económica, hasta el punto de que alquila la mansión del conde Wladislaw Jampolski, aristócrata condenado al exilio y con sus propiedades confiscadas por participar en la rebelión contra el zar.
Calman Jacobey, judío asideo y, por tanto, fervoroso creyente, que intenta, pese a los cambios que experimenta su vida personal y familiar, ser fiel en todo momento a sus creencias, es el principal personaje de esta extensa novela (514 páginas). A su alrededor, giran todos los demás: dos esposas, cuatro hijas y sus respectivas parejas, amigos, parientes, contactos comerciales, etc. en un espléndido mosaico que sirve para que conozcamos, junto al desarrollo de dicha familia y sus vicisitudes, la evolución general de la sociedad polaca durante la segunda mitad del siglo XIX, en tránsito hacia la revolución industrial, influenciada por la aparición de corrientes de igual modo revolucionarias, como son el nacionalismo y el socialismo, y oprimida por sus poderosos vecinos.
Es un libro enormemente didáctico y realista, cuya lectura, ágil y amena, aporta al lector una gran cantidad de documentación, que ayuda a profundizar en el conocimiento del mundo judío y su apasionante y trágica historia.
Henry Miller, el afamado autor de los "Trópicos", fue un admirador ferviente de Isaac B. Singer, al que acostumbra a referirse en términos entusiastas.
Mientras leía La casa de Jampol, pese a que me hubiese gustado saber cómo terminan las historias de algunos personajes (soy así de prosaica), iba entendiendo las causas de esta admiración tan profunda.

martes, 16 de agosto de 2011

EL HERMANO PEQUEÑO

El hermano pequeño de José Mª Guelbenzu es un libro que se lee en dos tardes, o en una si te empeñas.
Pertenece al género de moda, novela negra con protagonista de mediana edad, atractivo físico y vida personal inestable, que se enfrenta a un complicado caso de asesinato y lo resuelve satisfactoriamente.
Podíamos estar hablando de la forense Kay Scarpetta, personaje inventado por la escritora Patricia Cornwell, pero aquí se trata de la juez Mariana de Marco y su creador es José Mª Guelbenzu.
La trama del libro gira en torno al asesinato de una joven, cuyo cadáver aparece con las manos cortadas. Al investigar el pasado de dicha joven, casada ahora con el propietario de un vivero, la juez descubre que trabajó como modelo erótica, aunque esta vía de investigación no le ayuda a descubrir al asesino.
El caso se complica cuando llega a la ciudad el hermano pequeño de la juez, con el que apenas tiene relación, y que vive muy bien dedicado a transacciones económicas de dudosa legalidad.
El hecho de que su hermano colabore en los negocios de dos posibles sospechosos del crimen, obliga a la juez a dejar el caso en manos de una compañera, lo que no impide que siga investigando por su cuenta, hasta hallar, desenlace lógico en este tipo de obras, al responsable del asesinato.
¿Defectos que atribuyo a la novela? Ya que se trata del género “negro”, espero que los descubran los posibles lectores. Si no encuentran ninguno, les recuerdo que el mío es un juicio del todo personal.
Juicio que, de igual modo, me lleva a preferir al Guelbenzu de Un peso en el mundo y de El amor verdadero; denso, profundo, reflexivo y, por tanto, muy lejos de las modas y modos actuales.

miércoles, 10 de agosto de 2011

EL RECLAMO

El Reclamo es una novela de identidades falsas y opciones forzosas que se lee con facilidad y agrado, porque su autor, Raúl del Pozo, que recibió por ella el Premio Primavera de Novela 2011, escribe bien y expresa con claridad y ternura lo que siente.
Al igual que en Las voces del Pamano, aquí también se trata el tema de los maquis, pero desde un punto de vista diferente y en un lugar distinto, la sierra que comparten las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel en las zonas próximas al río Júcar.
La novela se inicia en las riberas del Paraná, cuando el protagonista de la obra, que vive allí junto a su mujer, recibe la visita de un historiador norteamericano que está haciendo una tesis sobre las agrupaciones de maquis que lucharon en la serranía citada anteriormente. Investigando en bibliotecas y archivos, el historiador ha descubierto que este hombre perteneció a una de esas agrupaciones y desea que regrese con él a los lugares en los que luchó, para así dar más consistencia y fundamento a su tesis.
Desde el instante en que acepta volver, el antiguo combatiente hace al lector partícipe de sus recuerdos, sensaciones y reflexiones, desde los días alegres de la infancia, la guerra, la muerte de su padre, la entrada y pertenencia al maquis, la huída, el desengaño y el exilio.
El retrato de los distintos personajes que aparecen, físico y psicológico, las motivaciones de uno y otro bando, o la ausencia de ellas, la frialdad de las ideologías y de los altos jefes que repiten consignas y dan órdenes desde la seguridad de sus despachos; lo absurdo que resulta ir por ahí desenterrando muertos, cuando nunca terminaríamos de hacerlo, hay demasiadas fosas en el mundo y nada se consigue removiéndolas, todo está relatado con agudeza, profundidad y certera visión.
Por otro lado, la sensibilidad y la ternura con la que el viejo maquis nos cuenta lo acaecido en su infancia, las descripciones de los lugares en las que transcurrió y el río como centro, manso y fiero, generador de riqueza en la central eléctrica y de muerte en las crecidas y en las inundaciones, demuestra que el autor ama la tierra que describe y la conoce bien.
El libro se convierte así en una especie de catarsis que comparten y resuelven de la mejor manera, tanto Raúl del Pozo como el protagonista de su historia.

sábado, 6 de agosto de 2011

CORAZÓN DE ULISES

Empiezo las lecturas de agosto con un libro que deseo dedicar a todas las personas que no pueden viajar ni tomar vacaciones. Yo soy una de ellas. Por lo tanto, también me lo dedico.
El título del libro es Corazón de Ulises, su autor, Javier Reverte, su argumento, un viaje por las tierras que habitan y habitaron los griegos.
Quizá esta obra me ha impresionado de una especial manera porque siempre me atrajo aquella antigua civilización en la que Europa hunde sus raíces.
Recuerdo entusiasmarme cuando intentaba transmitir en clase algo de lo que el legado griego supuso para mí: deseos de saber, de conocer y conocerme más, de buscar la perfección y la belleza. Y junto a esos deseos, la diversión, la fiesta, la tertulia, el amor por el arte, la poesía, el deporte… Heráclito, Parménides, Herodoto, Fidias, Homero, Safo, Pericles, Sócrates, Platón, Aristóteles, Esquilo, Sófocles, Píndaro, Alejandro…
Personas y lugares, en ocasiones, íntimamente unidos: Aquiles y Micenas, Héctor y Troya, Ulises e Ítaca, Creta y Ariadna, Heráclito y Éfeso, Lesbos y Safo, Filipo II y Macedonia, el monte Olimpo y Zeus, Delfos y Apolo, Atenas y Pericles, Alejandro y gran parte del mundo.
Dioses, templos, costumbres, ceremonias, alimentos, batallas, espectáculos…, llegan a nosotros a través de los ojos y la pluma de un hombre que es capaz de viajar con Ulises, reflexionar con Sócrates y batallar al lado de Alejandro; y que se apoya para enriquecer si cabe más aún su relato en multitud de estudios realizados por especialistas y en creadores como Cavafis, Henry Miller y Lawrence Durrell. Todo ello sin perder el humor, comparando lo que fue y lo que es, haciéndonos disfrutar y pensar, alejando prejuicios y vacunándonos contra el nacionalismo, el fanatismo religioso y la intolerancia, grandes enemigos de la cultura.
Es un libro genial, vivo, pensado, de ésos que levantan el ánimo y alejan soledades. Con el que no te cuesta nada imaginar cómo era la vida de los antiguos griegos. Agradeces su forma de sentir y de ser, las huellas que dejaron. Y te planteas seguir esas huellas, retomar el camino que una vez iniciaste, hasta encontrar, quizá, con el favor propicio de los volubles dioses, al final de la ruta, tu personal y venturosa Ítaca.

viernes, 29 de julio de 2011

HISTORIA DE UNA MAESTRA

En este mes, sin haberlo previsto, han llegado a mis manos tres libros en los que aparecen maestros y maestras que trabajan en el medio rural y en escuelas unitarias.
El primero fue Una temporada para silbar; el segundo, Las voces del Pamano y el tercero, que acabo de leer, Historia de una maestra.
En el prólogo de Historia de una maestra, su autora, Josefina Aldecoa, nos cuenta que ideó el libro con la intención de regalárselo a su madre, maestra; porque, cuando ella era pequeña, le hablaba de situaciones vividas en el desempeño de su trabajo.
Basándose en esos recuerdos y en los propios, escribe el relato como homenaje a su madre, pero también al resto de los maestros de la República, a su esfuerzo y dedicación.
La novela se inicia en Oviedo en 1923, el día en que Gabriela López Pardo, tras tres años de estudio en la Escuela Normal, obtiene el título que le permitirá llevar a la práctica el sueño de ejercer la profesión para la que se ha preparado durante ese tiempo.
La realidad de la España rural que la joven encuentra en sus primeros destinos, constituida por personas, analfabetas en su mayor parte, que sobreviven con dificultad, en un ambiente de oscurantismo, miseria, superstición e injusticia social, no acobarda a Gabriela, sino que la estimula a volcarse en una tarea que ama y considera muy importante.
Después de trabajar en dos escuelas en España, Gabriela pide ser destinada a Guinea Ecuatorial, etapa que nos permite conocer a través de sus ojos la situación de la antigua colonia española: explotación de recursos, discriminación de la población negra, etc.
De vuelta a la península, y una vez curada de la enfermedad que le hizo regresar, Gabriela recupera su vida de antes, se casa, tiene una niña, vive con ilusión la llegada de la 2ª República y con horror los posteriores sucesos acaecidos.
El libro es una belleza en el fondo y en la forma. En el fondo, por el entusiasmo, la entrega y el altruismo con el que Gabriela ejerce un trabajo auténticamente vocacional. La forma, por las palabras elegidas para describirlo y la ternura con la que la que se refiere a todo lo relacionado con él.

lunes, 25 de julio de 2011

LAS VOCES DEL PAMANO

Jaumé Cabré es un autor nacido en Barcelona que escribe habitualmente en catalán. Quizá por eso yo no había oído hablar nunca de él, hasta que Isa me prestó el libro Las voces del Pamano. Ahora sé que es profesor universitario con una larga y fructífera trayectoria en el mundo de las letras, que muchas de sus obras están traducidas al castellano y a otras lenguas europeas y extranjeras, y que ha recibido los principales premios literarios catalanes.
Las voces del Pamano, puede calificarse de “novela coral”, ya que, como su nombre indica, no sólo es una voz, sino que son múltiples las voces que escuchamos en ella gracias al narrador, que las va introduciendo, cuando la partitura lo requiere, con la maestría de un avezado director de orquesta.
El narrador no relata la historia de manera lineal ni en orden cronológico: avanza, retrocede, se detiene en un determinado detalle atrayendo hacia él la atención del lector y, en ocasiones, juega al despiste y al embrollo; de tal manera, que si no estamos muy pendientes de su juego, en especial al principio, acabamos perdiéndonos en una maraña de capítulos inconexos en apariencia, que llega a semejarse a uno de esos seriales televisivos en el que nada es lo que parece; (Jaume Cabré también realiza guiones de cine y televisión, de Las voces del Pamano se hizo una película).
La novela abarca fundamentalmente el periodo comprendido entre 1943 y 2002, se desarrolla sobre todo a orillas del Pamano, afluente del Noguera Pallaresa en la provincia de Lérida, y está construida en torno a dos hechos fundamentales expuestos en el inicio:
-Un primero que nos conecta con el pasado y que consiste en el hallazgo por parte de Tina, maestra en la comarca, de una caja de puros tras la pizarra de una antigua escuela destinada al derribo. La caja contiene varios cuadernos en los que Oriol Fontilles, maestro de esa escuela asesinado en 1944, se dirige a la hija que no conoce. Gracias a los cuadernos, y mientras vamos conociendo detalles de su propia vida, Tina se adentra en una oscura trama en la que intervienen maquis, falangistas y personas del pueblo que vivieron el miedo, la venganza y la desesperación de los años inmediatamente posteriores a la Guerra.
-Un segundo que nos proyecta hacia el futuro y se centra en los esfuerzos de todo tipo que realiza la mujer más poderosa y acaudalada de la zona, Elisenda Vilabrú Ramis, para que Oriol Fontilles sea canonizado. Este segundo eje permite al autor, además de contarnos la vida de Elisenda, mostrarnos la relación de la alta burguesía catalana con los poderes político y religioso de la España franquista, los entresijos de las canonizaciones, el auge del Opus, etc.
La novela, como en casi todas las que tratan cuestiones referentes a la Guerra Civil Española, refleja las simpatías del escritor por uno u otro bando; aquí sería por el de los vencidos. Pero aún así, los personajes principales del de los vencedores están tratados de un modo, que nos induce a pensar que sus acciones responden a cierto “determinismo vital” que no posibilita otra opción; es decir, las circunstancias en las que se desarrolló su existencia les empujan a actuar de una determinada forma. No importan los genes, sino el ambiente que envolvió a la persona y los influjos que recibió de él.
Resumiendo: Una obra original y bien escrita que mantiene el interés del lector a lo largo de sus 611 páginas, y cuyas características la convierten en muy apropiada para debatir sobre ella en un grupo de aficionados a la lectura.

sábado, 16 de julio de 2011

TODO LO QUE PODRÍAMOS HABER SIDO TÚ Y YO SI NO FUÉRAMOS TÚ Y YO

Tras leer la entrevista que realizaron en un dominical al polifacético Albert Espinosa: actor, director, guionista de cine, teatro y televisión e ingeniero industrial superior químico, según su currículum. Yo añado además, por lo que conozco de él gracias a la entrevista, un ser excepcional que se ha enfrentado desde muy pequeño tanto a la muerte como a la vida y ha crecido con cada enfrentamiento.
Insisto, después de esa lectura, me apetecía investigar en uno de sus libros, buscando al escritor. Pero también, y esto es una confesión personal, buscando hallar en él el hálito vital que le ayudó a convertirse en un gozoso superviviente.
En la biblioteca, Isa me prestó un libro de título largo y estrambótico: Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Enseguida intenté “diseccionarlo” y llegué a las siguientes conclusiones: Se nota que Albert Espinosa es guionista de televisión, ya que el relato posee elementos de serie norteamericana; el estilo es ágil y, aunque el protagonista expresa de continuo sus pensamientos, a la vez pasan muchas cosas; al tratarse de su primera novela, aún le falta “pulir” un poco el estilo y el lenguaje; la historia resulta original en lo relacionado con la madre y en la costumbre que van adquiriendo algunos personajes de medicarse para dejar de dormir, el resto son cuestiones actuales que he visto en series de televisión o leído en otros libros; de vez en cuando, en sus reflexiones hay “chispazos” geniales que inducen a pensar que el autor promete.
En resumen: he pasado un agradable rato de lectura, que recomiendo para vacaciones; no encontré el hálito vital. Me propongo buscarlo en nuevos libros.

miércoles, 13 de julio de 2011

UNA TEMPORADA PARA SILBAR

Una temporada para silbar, del escritor norteamericano Ivan Dorg, es un libro atrayente por el título y por el contenido.
Por el título, ya que la palabra “silbar” trae consigo imágenes de tareas realizadas con gusto, de paseos tranquilos sin que ninguna preocupación altere nuestro ánimo, de juegos infantiles, de concursos risueños, y hasta de que, esto lo sabe bien el mundo salesiano, el solo hecho de saber silbar devuelva a un joven pobre e iletrado su perdida autoestima (Bartolomé Garelli).
Por el contenido, porque la historia habla de una escuela unitaria en Montana en el año 1909 y está contada por un hombre que ama la educación y que, desde su puesto de Superintendente de Instrucción Pública a finales de la década de los 50, cuando debe iniciar los trámites administrativos que harán desaparecer las escuelas unitarias, evoca aquellos acontecimientos que marcaron su infancia, ligados a la escuela y a las áridas tierras de las que su padre se esforzaba por sacar dificultosamente algún provecho.
La vida de ese niño, Paul, y su familia puede parecernos muy próxima a ciertas series televisivas de nuestra infancia, pero la obra en sí huye de sentimentalismos y no es ni mucho menos azucarada.
Todo empieza cuando el padre del protagonista, que se ha quedado viudo con tres hijos pequeños, decide contratar un ama de llaves que ayude en las tareas de la casa. En su búsqueda, le atrae un anuncio del periódico en el que se ofrece para dichas tareas cierta señora que “no cocina, pero tampoco muerde”.
Todo lo que rodea al ama de llaves y a su excéntrico e intelectual hermano daría para un libro completo, pero el autor se detiene más en lo concerniente a la escuela y en los sentimientos y actitudes del niño que protagoniza y cuenta el relato.
Total, una obra original, refrescante, de fácil lectura, amable y bien contada. Todo lo que la convierte en muy recomendable para las ya cada vez más próximas vacaciones.

viernes, 8 de julio de 2011

LOS ENAMORAMIENTOS

He leído, junto a muchos artículos, varios libros de Javier Marías; en concreto, tres: Donde todo ha sucedido, recopilación de sus escritos referidos al cine; y las novelas Mañana en la batalla piensa en mí y Los enamoramientos.
Por lo tanto, está claro que no poseo la información necesaria para analizar de manera objetiva los valores literarios que encierran las obras de un autor reconocido internacionalmente, aclamado por la crítica, miembro de la Real Academia y con multitud de premios de todo tipo en su haber.
A lo que sí me arriesgo, vuelvo a calificar de osada a la ignorancia, es a opinar sobre una obra del citado escritor; en este caso, la que acabo de leer y que se titula Los enamoramientos.
Al terminar Mañana en la batalla piensa en mí, escribí una pequeña reseña en la que señalé que el protagonista se autoanalizaba de manera exhaustiva, realizando un viaje introspectivo, con idas y venidas, no en un orden lineal, y continuas y enjundiosas reflexiones basadas en películas y en la obra de ShakespeareRicardo III”.
La protagonista de Los enamoramientos hace algo similar, pero aquí se apoya en Macbeth y, sobre todo, en Balzac y su Coronel Chabert y en Los tres mosqueteros de Dumas. Además, no se limita a autoanalizarse: reacciones, sentimientos, sensaciones, carencias, relaciones, etc., sino que se introduce en las mentes del resto de los personajes principales de la novela, haciéndolos razonar y analizarse también.
Veamos el argumento: María Dolz, joven trabajadora en una editorial, acostumbra a tomar el desayuno en la cafetería cercana a su trabajo. Allí, diariamente, le llama la atención un matrimonio que parece quererse y pasarlo bien juntos. El apuñalamiento del marido a manos de un “gorrilla”; la relación amorosa que María establece con Javier, gran amigo de la pareja y enamorado a su vez de la esposa que acaba de enviudar; la implicación de éste en el asesinato, la hipotética enfermedad del muerto y otros detalles más o menos oscuros, habrían permitido construir una novela negra excelente.
Pero, y esto lo comparten ambas obras, Javier Marías, como gran escritor, aspira a más; así que adorna los relatos con tal cantidad de digresiones, reflexiones y elucubraciones que, unidas a la total ausencia de puntos y aparte, hacen de ellas, en especial de la segunda, lecturas poco recomendables para ”el largo y cálido verano”.

miércoles, 6 de julio de 2011

LA DAMA AZUL

Hace algunos años, a raíz del fenómeno editorial que supuso la publicación de El código da Vinci, leí La cena secreta de Javier Sierra y me pareció una obra mejor documentada y escrita que la de Dan Brown. Por otro lado, continúo sin entender, aparte de la publicidad y el ataque a la institución eclesiástica, que siempre vende, a qué se debió el enorme éxito del famoso “código”, dado su escaso valor literario. En fin.
Ahora acabo de leer otro libro de Javier Sierra, se titula La dama azul y está en la línea de las cuestiones que deben agradar a su autor: enigmas históricos no resueltos, que nos conectarían con mundos paralelos o pasadas civilizaciones; señales misteriosas, conexiones ocultas u ocultadas a consecuencia de oscuros intereses religiosos o políticos, viajes astrales, etc., etc.; todo lo cual le ha llevado a ocupar un importante hueco en el mercado editorial norteamericano.
La dama azul utiliza los ingredientes que suelen ser comunes a esta clase de obras: un suceso acaecido sin explicación lógica, aquí es el fenómeno de las llamadas “bilocaciones”, es decir, estar en dos lugares muy alejados al mismo tiempo; actividades del Servicio Secreto, presencia de altas autoridades vaticanas, un periodista que investiga, una bella mujer con facultades ultra sensoriales y, por supuesto, la base histórica necesaria, acompañada de la suficiente documentación, que proporcione al libro una cierta credibilidad y valor científico.
En resumen, los aficionados al esoterismo y demás misterios que rodean la existencia humana, tendrán en esta obra un motivo más para seguir buscando respuestas. Los no aficionados, podrán pasar leyéndola dos tardes distraídas. Aunque, seguramente, conocido ya su contenido, no la elegirán como lectura.

viernes, 1 de julio de 2011

EL AMOR VERDADERO

En el mes de junio del año 2002, mi amigo Manolo me regaló un libro de José María Guelbenzu, se titulaba Un peso en el mundo. Tratándose de un libro elegido por Manolo, estaba claro que su valor literario debía de ser alto. Lo era, y nos sirvió para hablar sobre la obra y el autor en una de nuestras inolvidables tertulias.
Hoy, julio de 2011, Manolo no se encuentra físicamente entre nosotros y yo acabo de leer otro libro de Guelbenzu, El amor verdadero, lectura que me ha llevado a recordar y sentir muy cercanos a mi amigo y a su mujer, Aurora, a la que tanto y de manera tan especial quiso.
Como su nombre indica, El amor verdadero es un libro de amor. Un amor que se extiende a través de los años, desde 1945 hasta 2005. Es decir, nace con la pareja protagonista, Andrés y Clara, y continúa hasta el final del libro, cuando los dos son ya sexagenarios y Andrés, mientras contempla a Clara dormida, reflexiona sobre los vínculos que les han unido a lo largo de todo ese tiempo.
La obra entera es una reflexión, sobre todo de Andrés, pero también de Clara y del narrador mismo, que maneja la urdimbre de la trama, presentándonos a los personajes y a las variadas circunstancias que les rodean.
La reflexión de Andrés, además de versar sobre el amor, sujeto indiscutible, muestra al lector su forma de ser y de pensar en las cuestiones que se van tratando. Cuestiones relacionadas con los cambios políticos, religiosos, económicos, sociales, éticos, etc. que experimenta España en la época en que la historia de amor se desarrolla. Andrés toma partido, como también lo tomaba Manolo, muy parecido a él en ese aspecto.
José María Guelbenzu cuida mucho el lenguaje y el estilo, es un placer leerlo. A ese placer se unió en esta ocasión la imagen del amigo y del amor que sintió por Aurora. Un amor que pervive, porque, al contrario de la opinión de él, mil veces discutida, y del autor que habla por boca de su principal personaje, yo sí creo que existe un “más allá”, al que no pongo nombre ni doy forma ninguna, pero sí contenido.
Un contenido basado en el amor, el amor verdadero, que es lo único eterno, lo único que no tiene límites.

jueves, 23 de junio de 2011

LOS MILAGROS DEL VINO

Aunque alguien pudiera decir, refiriéndose al comentario de hoy, que la ignorancia es osada, me voy a permitir criticar y hasta aconsejar al autor del libro que acabo de leer. Se trata de Los milagros del vino, un mamotreto de 590 páginas escrito por Jesús Sánchez Adalid.
Debo decir que conozco dos obras del autor extremeño: La luz del Oriente, que se desarrolla en el siglo III de nuestra era, sobre todo en los confines del Imperio Romano; y El mozárabe, que tiene como marco la Córdoba del siglo X.
Esta segunda novela, en particular, me interesó desde la primera página (tiene 766), por lo que cuenta y por el modo de contarlo. Así que la utilicé para explicar en clase el reinado del califa Alhaquen, la llegada al poder de Almanzor y las características de la convivencia que mantuvieron en Al-Ándalus cristianos, judíos y musulmanes. Además, a ninguno de los amigos interesados en la novela histórica a los que se la regalé, les defraudó.
Sin embargo, Los milagros del vino me ha parecido una obra fallida casi desde las primeras páginas también. Digo esto, porque el tema elegido por el autor da para mucho. Nada menos que la decadencia de la religión griega en el siglo I, conforme se extiende el Imperio Romano por las riberas de Mediterráneo y va incorporando al culto tradicional nuevas religiones, por ejemplo, la egipcia, y el contacto entre estas religiones en declive y el cristianismo, durante el tiempo en el que aún vivían personas que conocieron a Jesús.
El protagonista del relato es un sacerdote del templo de Asclepio en Corinto llamado Podalirio, cuyo trabajo consiste en realizar los ritos que conlleva el culto al dios e intentar curar a los numerosos enfermos que acuden a él con esa finalidad. Curación para la que se vale de plantas y sustancias medicinales, junto a la ejecución de los ritos citados.
Podalirio, persona sensible e inquieta, se pregunta sobre el sentido de su trabajo y de todo lo que le rodea, y se angustia cuando no logra encontrar explicaciones a sus dudas. La visita a la ciudad de Corinto de dos cristianos, Pablo de Tarso es uno de ellos, le impulsa a emprender un viaje a los lugares en los que vivió Jesús de Nazaret en busca de respuestas. En Palestina, Podalirio, se aloja en la casa de una acaudalada mujer, Susana, experta bodeguera; de ahí proviene el título del libro.
Partiendo de un argumento interesante, Jesús Sánchez Adalid pienso yo que tenía dos opciones: la primera, contar la historia en la mitad de páginas. De ese modo, habría logrado evitar las numerosas reiteraciones, el dejar una vez y otra el suceso o la frase que se espera para el día siguiente, la utilización de enunciados y adjetivos inapropiados o superficiales, y otros detalles destinados a alargar el texto, que contribuyen a que el lector se aburra y pierda el interés. La segunda, dedicarle a su obra más horas. Da la impresión de que debió acabarla en pocos días. Quizá esto explique el resultado.

martes, 21 de junio de 2011

LOS DÍAS DEL ARCOÍRIS

La novela Los días del arcoíris del escritor chileno Antonio Skármeta ha obtenido el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2011 y es la segunda obra que leo de este autor. La primera fue El cartero de Neruda y me gustó tanto, que la he recomendado muchas veces. Ésta, sin embargo, aun estando muy bien escrita, creo que adolece de cierta superficialidad en el análisis de personajes y situaciones.
Aunque tal vez la ligereza aparente sea sólo una añagaza del escritor, que contribuya a superar un periodo convulso y trágico en la historia de Chile: la dictadura del general Augusto Pinochet que gobernó el país desde 1973 a 1988.
Es precisamente en el año 1988 cuando se desarrolla la trama del libro. Trama que tiene a dos protagonistas principales: Nico Santos, adolescente de 18 años que nos cuenta en primera persona lo que acontece tras la desaparición de su padre, el profesor Santos, detenido mientras imparte su clase habitual de filosofía; la incertidumbre y el miedo de esos momentos, sin saber si terminará siendo uno más entre los miles de desaparecidos; y Andrés Bettini, publicista represaliado por la dictadura, que recibe el encargo de crear un spot publicitario de sólo quince minutos, con el que deberá defender el “no” en el referéndum organizado por el régimen para legitimar el gobierno de Pinochet, garantizando así su permanencia.
Se le ha llamado a esta novela “de reconciliación” porque no se ensaña con nadie. Deja claro que la dictadura fue terrible, no oculta los crímenes, las represalias, el miedo, la falta de libertad, las desapariciones…, pero no se recrea en la tragedia. Su mirada se detiene más en elementos optimistas y amables; el título del libro dice mucho al respecto, el arcoíris como símbolo de esperanza.
La dictadura de Pinochet terminó en la práctica en 1988, han transcurrido hasta la publicación del libro de Skármeta 23 años. El fin de la dictadura de Franco se produjo en 1978, al aprobarse la Constitución democrática, los años transcurridos son 33 y aún la mayor parte de las obras que se escriben sobre ese periodo y el anterior (República y Guerra Civil), siguen hurgando en las heridas que provocaron los acontecimientos políticos, militares, sociales y religiosos acaecidos entonces.
¿Hasta cuándo seguiremos, como en la pintura de Goya, dándonos estacazos los unos a los otros?
¿Hasta cuando deberemos repetir con Antonio Machado aquello de: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”?
Por mi parte, humildemente, hoy quiero apropiarme del placer que ha debido sentir Antonio Skármeta escribiendo una “novela de reconciliación” y, para que el placer sea aún mayor, recibir un premio por ella.