jueves, 25 de noviembre de 2010

ANA Mª MATUTE


Ana Mª Matute ha obtenido, por fin, en este año 2010 el Premio Cervantes.
Mucho se ha criticado que no se le hubiese concedido antes. Pero, como dice el refrán: "Nunca es tarde si la dicha es buena". Y la dicha de esta mujer, que se confiesa pesimista, con la obtención del Premio Cervantes, ha sido total.

El último libro que leí de tan prestigiosa escritora y Académica, me lo dejó Manolo hace unos meses. Se trataba de Los niños tontos, una obra muy breve, muy triste y muy bella en la línea habitual de la autora. Es decir, mezclando lo real, lo onírico y lo fantástico en un conjunto de historias que tienen como principales protagonistas a niños, sujetos imprescindibles de sus obras o, al menos, de las que yo recuerdo haber leído: Algunos muchachos, La torre vigía, El verdadero final de la Bella Durmiente, Olvidado rey Gudú, Paraíso inhabitado y la citada Los niños tontos.

De la mano de los niños que dibuja Ana Mª Matute, nos adentramos en los recovecos más intrincados de la memoria; aquellos en los que se formaron los mitos y las leyendas que dieron origen a lo que, más tarde, recibió el nombre de Literatura.
Sobre todo, son niños solitarios, que construyen un mundo personal, independiente y mágico en el que reinan, manteniéndose de ese modo alejados de una realidad que les desconcierta y aterra; de ahí la crítica social que pervive en el fondo de estos libros.
No busquemos en las historias de Ana Mª Matute finales felices. "Vivir es perder cosas", asegura. Busquemos el reflejo de un tiempo y de unas circunstancias en las que aún éramos inocentes. En las que la tristeza y la melancolía caminaban parejas de la ilusión, la risa o el más puro entusiasmo; dando lugar a instantes fastuosos, rebosantes de luz, en los que nos creímos inmortales.

sábado, 20 de noviembre de 2010

NO ES UN ADIÓS

Se nos ha muerto Manuel Montejano Jóver, un gran lector, un poeta, un maestro y, sobre todo, un amigo.

No digas que te vas,
nunca lo digas.
Pleno de amor, completo, realizado,
una vez que cruzaste nuestra esquina,
te quedarás, amigo, en este lado.
No digas que te vas,
serás más nuestro,
porque conoces más de esa vivencia
que es comunión de cuerpos y experiencias,
de cosas por venir y que han pasado.
No digas que te vas,
amigo, hermano, compañero de gestos y de risas,
de búsquedas de luz, de cortapisas,
de lecturas, de sueños de verano.
No digas que te vas,
y aunque te vayas,
estás aquí,
presente en mil vivencias,
no se apaga la luz de una presencia,
mientras el corazón late en la mano.
No digas que te vas,
en este huerto,
donde crecen hermosos desatinos,
ya tiene una parcela tu destino
que cultivaste, amigo, con acierto.
No digas que te vas,
y de tu mano
seguiremos en pos de la alegría.
Fue muy bello buscar en compañía,
teniendo ya un amigo, ya un hermano.

martes, 9 de noviembre de 2010

EL VAMPIRO DE ROPRAZ

En los últimos tiempos voy de mi corazón a mis asuntos a tal velocidad, que no me quedan horas ni siquiera minutos para escribir lenta y pausadamente como acostumbro a hacerlo.
La vida detenta estos altibajos. Lo mismo se acumulan los problemas de índole variada y las neuronas hacen horas extras, mediatizando el caos; que no sucede nada reseñable, y la monotonía y la creatividad son unas compañeras de viaje poco afines.
Hoy por hoy, celosa del sosiego, la alteración que sufren mis neuronas provoca que rehúya la lectura de obras excesivamente largas, optando por aquellas que puedo terminar en pocos días, incluso, en pocas horas.

El vampiro de Ropraz tiene noventa y una páginas. Su autor es el suizo Jacques Chessex, único escritor de esta nacionalidad que ha obtenido el prestigioso Premio Goncourt. Por lo anterior, deducimos que es un buen escritor; de hecho, la pequeña obra que nos ocupa está muy bien escrita.
La novela, que toma como base un suceso real, se sitúa en Ropraz, en el Haut-Jorat valdense, 1903. Una región de lobos y de abandono (así empieza el libro). En esa región, con un largo y frío invierno, el aislamiento y la pobreza de las gentes, unido a una vivencia equivocada de la religión, calvinista o católica, origina comportamientos primitivos, supersticiosos, fanáticos y brutales en muchos casos.
El libro es la crónica de esos comportamientos. Parte de la profanación del cadáver de una joven, a la que se unen varias más a poco de ser enterradas. La investigación para hallar al culpable, el pensar que podría tratarse de un vampiro, las distintas acciones y reacciones que revelan la miseria moral de un conjunto de seres humanos, estremece y repele a la vez.
La originalidad estriba en el final, inesperado y sorprendente. Aunque esto no es óbice para que el relato me parezca muy bien en la forma pero del todo repulsivo en el fondo.