lunes, 20 de septiembre de 2010

HOSPITAL DE RANAS

Manolo me presta otro libro de Lorrie Moore, se trata de Hospital de ranas. De nuevo la adolescencia como excusa para tejer una historia más tierna y melancólica que amarga.

Una mujer viaja desde Estados Unidos a París acompañando a su marido, investigador médico, a un congreso. En esa ciudad, cómplice de romances apasionados, la mujer, consciente de que en su matrimonio hay más rutina que pasión, se ve de nuevo como la adolescente que fue allá en el pueblo, cuando con 15 años, acompañando a su admirada amiga Sils, vivió las aventuras y los sueños propios de tan complicada edad.

Hospital de ranas, según emecé editores, o El hospital de ranas en la editorial Salamandra, es un claro exponente del particular estilo de Lorrie Moore: profusión de imágenes literarias de profundo significado y gran belleza; sagaz descripción de personas, ambientes y situaciones; melancólico estudio del pasado, que se rememora sin acritud y con ternura e ironía compasiva; crítica suavizada por la presencia de una cierta predestinación: las circunstancias nos empujan a ser lo que somos, aunque en lo que somos queda siempre una pequeña parte de bondad que nos permite no perder la esperanza.

domingo, 12 de septiembre de 2010

A VUELTAS CON HARUKI MURAKAMI


Tras el comentario admirativo de Carnets sobre las obras de Haruki Murakami, pensé en que la lectura de dos de ellas, en concreto, Sputnik mi amor y De qué hablo cuando hablo de correr, no me proporcionaba los suficientes elementos de juicio para compartir o no dicha admiración. Por consiguiente, decidí enfrentarme a una tercera obra y elegí Tokio Blues.
Aunque Tokio Blues gira en torno a los recuerdos de un hombre de treinta y siete años que evoca el pasado, al escuchar unas determinadas canciones, en el momento de aterrizar el avión en que viaja; podría calificarse como “novela de iniciación”, ya que es de ese pasado, que tiene como protagonistas principales a varios adolescentes, de lo que se ocupa la novela.
Esta escrita, como el resto de las obras que he leído de este autor, con un estilo limpio, logrado a base de frases cortas y directas.
Describe con exactitud fotográfica lugares, gentes y situaciones, de tal modo, que se visualizan sin dificultad.
Consigue unir Oriente y Occidente a través de multitud de ejemplos de su país y de Europa y Norteamérica: escritores, músicos, alimentos, plantas, animales... (En Japón, hay quienes critican este afán globalizador del escritor, alegando que occidentaliza demasiado el relato. Mi opinión es que así lo hace más universal, lo aproxima a los occidentales, que podemos, sin demasiada dificultad, acompañar a los personajes en sus múltiples vicisitudes).
Unos personajes a los que se comprende mejor después de haber leído De qué hablo cuando hablo de correr, ya que suelen poseer alguna característica del creador que los modela.
Así son personas solitarias; frecuentemente, hijos únicos (como Haruki Murakami).
Las relaciones de afectividad en las familias casi no aparecen. Tampoco tienen muchos amigos ni gustan de actividades sociales que requieran formar parte de un grupo (Murakami eligió correr porque podía hacerlo solo).
Mantienen una búsqueda constante, pero no por razones altruistas (no hay idealismo en sus planteamientos), ni siquiera egoístas, aunque más (prueban todo lo que resulta placentero), sino por encontrar su lugar en el mundo; un lugar que, en general, no encuentran. Esa insatisfacción interior no resuelta, les conduce, en ciertos casos, a la locura y al suicidio.
Se dejan llevar, sobre todo, por las sensaciones y los sentimientos y no por el razonamiento y la objetividad, (Haruki Murakami indica en su ensayo el día, la hora y el momento exacto en el que decidió ser escritor, con una cerveza muy fría en la mano, asistiendo a un partido de béisbol).
La trascendencia, llamémosle Dios, no está presente jamás en sus motivaciones.
Toda estas cuestiones, hacen que Haruky Murakami conecte sin dificultad con los hombres y mujeres de nuestro tiempo (la postmodernidad, tan bien analizada por Gilles Lipovetsky), ya que refleja sus miedos, inquietudes, necesidades y formas de vida.
Quizá haya quien piense que lo hace así para vender más libros. Me atrevo a decir que no, que siente lo que escribe. Es la razón por la que nunca recomendaría sus obras a un pesimista (saldría reforzado); tampoco a un adolescente con angustia vital (en Tokio Blues hay cuatro suicidios).

miércoles, 8 de septiembre de 2010

DOS LIBROS MUY DISTINTOS


Dos libros muy distintos para empezar septiembre:
Los jardines de luz, publicado en 1991 por el escritor libanés Amín Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010.

Criadas y Señoras, de la escritora norteamericana Kathryn Stockett; se publicó en el año 2009 y va ya por la 5ª edición.

Amín Maalouf nos cuenta en Los jardines de luz la vida de Mani, que nació en Mesopotamia en el siglo II y predicó, viajando por gran parte de Asia, una nueva doctrina (maniqueísmo) en la que pretendía que convergiesen lo mejor de las religiones de su tiempo. Una doctrina basada en el respeto, la generosidad, el pacifismo a ultranza, la negación del “yo”, la humildad, la meditación, la unión con la Naturaleza, la búsqueda de la belleza y de la luz.
Lo considero un libro interesante, porque siempre entendí el “maniqueísmo” como algo negativo, cuando dicha palabra o sus derivados se aplicaban a personas o a sucesos actuales. Maniqueo como sinónimo de radical que polariza sus opiniones, de tal modo, que para él lo que no es blanco es negro, sin matices ni alternativas.
Amín Maalouf, al hablarme de Mani, además de permitirme viajar en el tiempo y reencontrarme con los persas, los romanos o los egipcios, con sus costumbres, vicios y virtudes, me ha enseñado lo que el maniqueísmo fue en realidad y hasta qué punto hemos desvirtuado esa palabra.

En Criadas y Señoras se presenta en toda su crudeza la discriminación a causa del color de la piel que sufrieron, sobre todo en el sur de Estados Unidos, las personas de raza negra, una vez abolida la esclavitud. Son los años de la Marcha sobre Washington de Martín Luther King y del asesinato en Dallas del Presidente Kennedy.
A través de las historias personales que relatan de forma alternativa dos mujeres negras y una blanca, podemos sumergirnos en el ambiente cerrado y opresivo de una pequeña ciudad de provincias, Jackson en Misisipi, con sus rígidas normas sociales, hipocresías varias, y diferencias entre los ciudadanos. Por supuesto, los negros ocupan el último lugar en la escala establecida por unas gentes que viven sólo de las apariencias.
La estructura de la obra resulta original y se lee con facilidad y agrado.
Es un ilustrativo documento sobre situaciones que, según las noticias que aparecen de vez en cuando en la prensa, los estadounidenses aún no han superado en ciertas zonas de su extenso país.