lunes, 26 de julio de 2010

LECTURAS DE VERANO


Acabo de leer, sin demasiado esfuerzo, dos novelas publicadas recientemente que podrían servir como entretenimiento en vacaciones.
Una de ellas, Lo que esconde tu nombre de Clara Sánchez, obtuvo el Premio Nadal 2010.
El argumento gira en torno a los nazis que, tras la 2ª Guerra Mundial, buscaron un lugar seguro en la costa levantina donde vivir como personajes anónimos.
Los principales protagonistas del libro son:
-Julián, judío superviviente de un campo de concentración que recibe la carta de un amigo con el que se dedicó de joven a la “caza de nazis”. La carta le lleva a viajar desde Argentina a España, país en el que, impulsado por una serie de acontecimientos imprevistos, inicia de nuevo la búsqueda de criminales nazis.
-Sandra, joven embarazada de un hombre al que no quiere, llega al lugar en busca de respuestas a sus muchas dudas existenciales, viéndose envuelta en una trama que desconoce y en la que termina implicándose por entero.
A pesar de que es una historia escrita con la intención de conseguir un premio (tiene los ingredientes necesarios), se lee con interés y no exige especiales calentamientos de cabeza. Así que puede ayudarnos a hacer más llevaderas las horas de calima.


La siguiente novela se titula La casa del propósito especial de John Boyne, el mismo autor de El niño con el pijama de rayas.
Si con el citado libro consiguió un enorme éxito, aunque yo nunca lo recomendaría, con el que ahora publica debe pretender algo similar.
El problema es que ha elegido un escenario: la Rusia de Alexis Romanov, que, siglo más siglo menos, han puesto al alcance de nuestra mente y nuestros ojos grandes escritores, como Tolstoy, Chejov, o Dostoievsky, con los que resulta un tanto arriesgado compararse.
De todas formas, y vuelvo al principio del escrito, si buscamos sólo entretenernos y valoramos la capacidad de John Boyne para inventarse historias increíbles que no alteren el ánimo ni provoquen insomnio, este libro es muy recomendable.

domingo, 18 de julio de 2010

AUTOBIOGRAFÍAS


En la última semana he leído dos libros autobiográficos con argumentos muy distintos. El primero: Un saco de canicas, de Joseph Joffo, escritor de familia judía y nacido en París en 1931, contiene sus recuerdos de niño en la Francia ocupada por los nazis.

El segundo, La habitación de invitados, de la escritora australiana Helen Garner, relata los problemas a los que tuvo que enfrentarse, al recibir en su casa a una antigua amiga enferma de cáncer.

El hecho de que ambos libros sean autobiográficos y estén bien escritos, ayuda a hacer creíbles las historias que cuentan. Algo que no siempre sucede y que incide de manera notable en la calidad literaria de la obra.

Los sucesos relatados por Joseph Joffo, que mira hacia atrás con ojos de adulto, aparecen, en cierto modo, desprovistos del componente trágico que debieron tener en su momento. Esto, quizá, proporcione al libro un valor añadido: el autor sabe hacer de nuevo suyos los pensamientos y las vivencias de la criatura que fue, enfrentándose a las circunstancias terribles que afectan a su familia como si se tratase de una sucesión de aventuras con final feliz.

La historia que cuenta Helen Garner no está embellecida por el paso del tiempo. Las dificultades que conlleva intentar que la vida de una persona enferma sea lo más cómoda posible, el choque con los deseos y las expectativas del enfermo, el desgaste físico y emocional que experimenta el que acompaña y cuida, están expuestos con descarnada sinceridad y crudeza, pero también con una gran dosis de compasión y ternura.

viernes, 2 de julio de 2010

SISTEMAS

Acabo de leer un extraordinario libro de relatos cortos. Se trata de Pájaros de América, de la escritora norteamericana Lorrie Moore.
Considero que es un libro extraordinario, por la elección de los temas tratados y por la forma en que se presentan al lector.

Alguien ha comparado a Lorrie Moore con Raimond Carver. Creo que la semejanza fundamental entre ambos autores es que los dos son norteamericanos y escriben relatos cortos, extraídos de la vida cotidiana.
La diferencia estriba en que, mientras Carver nos presenta el lado más oscuro de lo cotidiano en toda su crudeza, sin adornos lingüísticos y sin esperanzas de ninguna clase; en los relatos de Lorrie Moore, el lenguaje está embellecido con imágenes, metáforas y poéticas reflexiones. Además, la esperanza pervive; disfrazada, escondida, trémula, agonizante... Todos los adjetivos que queramos poner, pero pervive.

Cada uno de los protagonistas de sus historias intenta construir un sistema de vida personal, que le aporte, aunque sólo sea, un ramalazo breve de placer, un destello de luz en el oscuro túnel de la supervivencia.

No me refiero sólo a un placer físico, sino también psíquico, quizá espiritual; pero, y ésta es otra característica de la escritora, analizado hasta la saciedad por el intelecto, que hierve en un viaje, mejor en una huida, hacia atrás y hacia delante. Hacia lo que fue, lo que es, lo que será o lo que desearíamos que fuera.
Los personajes reflexionan sin tregua alguna sobre sus existencias. Cada gesto, acontecimiento, sentir, es diseccionado de forma exhaustiva; de tal modo, que es imposible encontrar la paz de la que hablan los libros de autoayuda, que pretenden enseñarnos a vivir el ahora (El poder del ahora de Eckhart Tolle), o la técnicas de meditación destinadas a vaciar la mente.

Después de Pájaros de América, Lorrie Moore ha escrito otros libros. Manolo me prestó el último publicado en España: Al final de la escalera. En él se reconoce la voz de la escritora, por la forma en que escribe. Sin embargo, opino que fracasa en el intento de prolongar la historia que nos cuenta.

En un relato corto, puede quedar abierto el desenlace. La libertad, intrínseca a los seres humanos, nos permite trazar nuestros particulares sistemas y afrontar desde ellos la existencia.
No sucede lo mismo al alargar la trama. En este caso, la exposición, el nudo y el desenlace de la historia son elementos muy importantes para considerarla perfecta.