miércoles, 28 de abril de 2010

FIGURACIONES

Hace algunas semanas, proyectaron en el cine club Layndon la película La escafandra y la mariposa, que dirigiera en el año 2007 Julian Schnabel.
El protagonista de dicha película, Jean-Dominique Bauby, queda totalmente paralizado a consecuencia de una embolia masiva. Tras veinte días en coma, descubre que las únicas capacidades que aún permanecen vivas en él son la memoria y la imaginación. Jean-Dominique se vale de ellas y dicta, parpadeando con un solo ojo, el libro que dará lugar a la película citada.
Memoria e imaginación, cualidades indispensables para crear, en cualquier clase de circunstancia; para inventar figuraciones como productos de esa creación.
Con la memoria podemos nutrirnos de recuerdos, que la imaginación modificará a su antojo, dependiendo de muchos y variados factores. Factores que nos hacen diferentes e impregnan de originalidad las obras en cualquier campo de las Bellas Artes.
La memoria y la imaginación nos permiten vivir al margen del rebaño; nos dan la libertad necesaria para ser uno mismo y aceptar el bagage que llevamos a cuestas, pero también para imaginarnos diferentes y figurarnos un mundo a nuestro modo.
Todos esos creadores que aparecen en Hebemagazine: ilustradores, músicos, arquitectos, narradores, fotógrafos, poetas, actores, directores de cine... utilizan, de manera admirable, la memoria y la imaginación; se figuran, proyectan, inquietan, emocionan...
Contemplando sus obras, leyendo sus relatos, escuchando sus voces, podemos trasladarnos a universos distintos. Cada uno posee el suyo, tejido de recuerdos y poblado de esas figuraciones íntimas. personales, únicas, diferentes... que se escapan y vuelan, superando barreras y escafandras.
Figuraciones que llegan a nosotros, las gentes de aquí abajo, y nos hacen mejores, porque en ellas se aprehende lo divino.
Como divina fue la mariposa que suavizó el dolor de Jean-Dominique.

viernes, 23 de abril de 2010

DÍA DEL LIBRO


Con motivo del DÍA DEL LIBRO, han llegado a mis manos catálogos que recogen las últimas ofertas editoriales. Son cientos de títulos de autores diversos, consagrados y noveles, para cuya lectura sería preciso disponer de varias vidas.


Ya que, al menos por el momento, tal eventualidad es imposible, me he propuesto hacer una selección. Es decir, leer y, en su caso, comprar, sólo aquellos que juzgo interesantes.


Dirán algunos que el juicio de una persona, en lo tocante a la literatura, rara vez puede calificarse de objetivo. Estoy de acuerdo, pero considero que a cierta edad se tiene criterio suficiente para saber lo que gusta y lo que no.


Hubo un tiempo en el que leía todo. Mirando ese pasado en lontananza, creo haberme perdido bastantes experiencias. De niña, cuando aprendí a descifrar las historias que contaban los libros, dejé a un lado los juegos y las relaciones sociales comunes a esa edad, construyendo un paisaje a la medida de mis fantasías.


Tal era mi afición, que el poco dinero que lograba reunir, lo destinaba siempre a comprar cuentos; de mayor, fueron libros, convertidos en algo tan preciado, que aún recuerdo los títulos que presté y no me devolvieron: Corazón, de Edmundo de Amicis, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, El niño feliz, su clave psicológica de Dorothy Corkille Briggs, etc.


El propósito de seleccionar las posibles lecturas, no afecta a la pequeña biblioteca que he logrado reunir. No entra en mis planes la "retroactividad bibliotecaria".


Francisco Umbral decía que los malos libros iban a parar a la piscina de su casa. Yo no tengo pìscina, tampoco "malos libros". Debemos suponer que sus autores los escribirían con un cierto interés, con ganas de contar y compartir, de ser conocidos, de ganar dinero... Son múltiples razones y no se puede rechazar ninguna. Pienso que todas ellas proporcionan al libro un halo de bondad.


Eso no quiere decir que, de ahora en adelante, no sea rigurosa seleccionando obras literarias. Desde luego que sí. Aunque haré una excepción con las que me regalen. Una de las últimas se titula Los ojos amarillos de los cocodrilos, la escribió Katherine Pancol y se presentó al mercado como el no va más de la originalidad. En fin...

viernes, 16 de abril de 2010

LA FORJA DE UN REBELDE


Entre las obras literarias que hablan de la Guerra Civil, hay una que suelo recomendar a los que ya han cumplido 30 años. No porque sea difícil de leer, sino porque al 99% de los jóvenes menores de esa edad, víctimas de la LOGSE, el pasado histórico les interesa poco; algo que mi experiencia docente me permite comprobar cada día.

Volviendo a la obra recomendada, se trata de La forja de un rebelde, su autor es Arturo Barea, está compuesta por tres libros de carácter autobiográfico: La forja, La ruta y La llama, y considero que es el documento más serio y cabal que alguien ha escrito sobre un periodo histórico execrable, del que aún quedan supervivientes.

No así Arturo Barea, nacido en Extremadura en 1897 y muerto en Gran Bretaña en 1957, adonde se exilió en 1939 y donde publicó, en inglés, sus libros; traducidos al español en Argentina en 1951. En España, prohibidos por la censura durante la dictadura franquista, no pudieron leerse legalmente hasta 1977.

En el primer libro, La forja, el escritor habla de su infancia, estudios y primer trabajo. Realiza un extraordinario retrato psicológico de las persona que aparecen en el relato (madre, tíos, abuelas, vecinos, etc) y describe poéticamente los paisajes que frecuenta.

El segundo libro, La ruta, se centra en la guerra de Marruecos, en la que participa Arturo Barea con el grado de sargento. Su análisis del mundo militar, denunciando las condiciones de vida de los soldados, a los que se obligaba a ir a la guerra porque no tenían dinero para librarse de ella, resulta demoledor.

En el tercer libro, La llama, el autor analiza, sobre todo, la Guerra Civil desde una posición de izquierdas, pero buscando la máxima objetividad. Aun a costa de perjudicarse a sí mismo, no oculta sus errores. Es una rigurosa fotografía de personajes y hechos, unas veces heroicos y otras siniestros: Defensa de Madrid, desde el asalto al Cuartel de la Montaña. Enfrentamientos entre partidos; multitud de grupos políticos de izquierdas y derechas, que no hacen nada por entenderse. Huida del Gobierno a Valencia. Resistencia desesperada en la capital de la nación. Exilio a Francia y después a Inglaterra.

Arturo Barea es un militante de la UGT, idealista y soñador, al que poco a poco van decepcionando las distintas opciones políticas de aquel tiempo convulso. Esa decepción le lleva a escribir un libro amargo, pero en absoluto revanchista y, en muchas páginas, lleno de ternura, que te impele a valorar al ser humano en toda su dignidad y grandeza. Su estilo es directo y ágil. Disecciona los hechos y hace al lector partícipe de sus dudas y sus descubrimientos. Indaga, busca expliciones, nunca acepta las cosas porque sí, huye del dogmatismo.

La forja de un rebelde fue convertida en una serie de televisión y estrenada por Televisión Española en 1990 bajo la dirección de Mario Camus.

domingo, 11 de abril de 2010

ELUCUBRACIONES

Reflexionando acerca de la paulatina falta de preparación académica que, año tras año, presentan nuestros alumnos, creo que el desastre se inició con los primeros Diplomados en Educación General Básica, Plan Experimental 1971, entre los que me encuentro.

Recordemos que eran los últimos años del franquismo y el deseo de cambio se hacía patente en las universidades. Así que a los flamantes Profesores de EGB nos llenaron la cabeza de teorías pedagógicas, que pretendían romper con lo anterior, basadas en el análisis psicológico y sociológico del alumnado, la aplicación de tests, el repudio de la memoria como inteligencia de los tontos, las ristras de objetivos conceptuales, procedimentales y actitudinales, previos a la siempre necesaria programación de contenidos; los centros de interés, las comisiones deliberativas, las matemáticas de conjuntos, etc.

Podría seguir enumerando conocimientos que no me sirvieron de nada, cuando me enfrenté a una clase con treinta y cinco alumnos de Primaria.

¿Qué me ayudó entonces? Además de la vocación que siempre tuve, unas excelentes y experimentadas compañeras, que compartieron conmigo lo que sabían, y era mucho. Gracias a ellas y a mi propio esfuerzo, desempeñé con cierta eficacia la tarea elegida. Durante nueve años, di clase a niños de 1º y 2º. Impartía todas las materias, centrándome en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo.

Pero los teóricos de la educación, los que jamás pisaron una escuela, seguían con su labor de zapa. Tal vez en connivencia con las editoriales, grandes beneficiadas de la LOGSE, decidieron diversificar los conocimientos que debían adquirirse en el colegio; y, con la diversificación, aparecieron los especialistas.

Ahora, a una clase de alumnos de 1º entran alrededor de seis profesores de distintas especialidades; a saber: Enseñanzas Artísticas (Música, Plástica y Manuales), Inglés, Educación Física, Religión/Alternativa, apoyo y el tutor, que no siempre tiene la posibilidad de impartir Castellano, Valenciano, Matemáticas y Conocimiento del Medio. En algunos centros ofrecen también materias opcionales; por ejemplo, Informática. En 5º curso, se añade a lo anterior, Educación para la Ciudadanía.

Recapitulemos. Una criatura de 6 años, 1º de Primaria, ha de enfrentarse a un elevado número de profesionales diferentes y asimilar lo que cada uno de ellos pretende enseñarle. Lo mismo sucede en 2º, 3º, 4º, 5º y 6º. Resultado, sólo los que cuentan con la ayuda constante de sus padres o gozan de una inteligencia privilegiada, retienen algunos conocimientos. El resto llega a Secundaria y no recuerda nada.

Las salas de profesores de los institutos se llenan de lamentos: ¡No saben escribir! ¡No entienden lo que leen! ¡No traen ninguna base! ¡Tres líneas y diez faltas de ortografía! Y se queja el de Inglés, el de Música, el de Castellano, la de Valenciano y la de Sociales. Y se queja el de Educación Física, el de Tecnología, el de Plástica, la de Naturales, el de Matemáticas y la de Educación para la Ciudadanía.

No quiere esto decir que la única responsabilidad en el desastre educativo que nos acongoja la tenga sólo el porcentaje de asignaturas distintas que soportan las espaldas de nuestros chicos; pero la experiencia adquirida me permite afirmar que ese hecho ocupa un lugar preferente.

¿Está todo perdido? Por supuesto que no. Elucubrando, elucubrando, me viene a la memoria un libro extraordinario: bien escrito, fresco, original y conmovedor. (Gracias, Manolo, es de los tuyos). El libro se titula Balzac y la joven costurera china; su autor, Sijie Dai, escritor y director de cine, fue internado en un centro de reeducación escolar de 1971 a 1974, durante la Revolución Cultural de Mao Zedong.

Esta pequeña obra, 192 páginas, en parte autobiográfica, es un canto a la libertad, al poder liberador de la Literatura, y denuncia a los que quieren cambiar la forma de pensar de los demás por la fuerza y de manera planificada.

Pese a lo serio del tema, el libro presenta multitud de rasgos humorísticos que permiten, de algún modo, relativizar lo sucedido y seguir confiando en las personas, capaces de superar cualquier escollo; en este caso, con ayuda de la Literatura.