jueves, 7 de octubre de 2010

LAS CORRECCIONES

Esta vez he tardado más tiempo en presentar el libro que me prestó Manolo. Se trata de Las correcciones del norteamericano Jonathan Franzen.
En mi descargo diré que dicho libro tiene setecientas treinta y cuatro páginas y no es precisamente sencillo de leer.

Jonathan Franzen explica que la visión que ofrece en Las correcciones de la sociedad de su país, aunque a algunos les perezca terrible, es, a la vez, la visión de algo que él ama (menos mal); y que en su novela ha intentado expresar el sentimiento de soledad y aislamiento de los seres que forman esa sociedad.
La obra en sí narra la vida de una familia de la burguesía del Medio Oeste, los Lambert, a partir del momento en que la madre, Enid, pretende que todos sus miembros se reúnan en la que, a causa de la enfermedad de Parkinson que sufre Alfred, el marido, ingeniero jubilado, puede ser la última cena de Navidad.
Página tras página, vamos conociendo la historia de Gary, el hijo mayor, vicepresidente de un Banco, y de su mujer, la manipuladora y adicta a los manuales de autoayuda, Caroline; de Chip, profesor en la Universidad y expulsado por acoso sexual a una alumna; de Denise, reputada chef y con tendencias sexuales ambivalentes.
Entretejidas con el argumento, encontramos también referencias a la corrupción en las repúblicas que pertenecieron a la Unión Soviética, tras la desintegración de ésta; al ocaso de la familia tradicional americana; a los entresijos del mundo financiero en ese país; a las incongruencias de la educación, preconizada por la moderna psicología, en la que los padres han de ser amigos de los hijos y compartir sus gustos; a los ancianos y su degradación física con la edad; a los cruceros de personas mayores, enredos varios y diferencias entre clases, etc., etc.
De lo anterior, podemos deducir que es un libro del todo actual, crítico, irónico y bastante desalentador.
Franzen dibuja con exactitud y enorme realismo una sociedad cercana a él, y que los medios de comunicación y la globalización inevitable que padecemos hacen también cercana a nosotros, en la que un conjunto de seres humanos van progresivamente descubriendo que nada es cómo habían planeado. Recuerdo momentos de la historia en los que esto se ve claramente: la decepción de Denise cuando viaja a Europa en busca de sabores que imaginó de lejos y la escena en la que los hermanos contemplan sus fotos de niños en el álbum familiar.

El libro está muy bien escrito y su lectura merece la pena. Sin embargo, a nivel estrictamente personal, se me ocurren dos objeciones:
La primera es que el egoísmo de los personajes que aparecen resalta de tal modo, que impide que apreciemos algún pequeño esbozo de bondad. No se libra ninguno. Jonah, el hijo menor de Gary y Caroline, en principio, da la impresión de diferir del resto, es un lector sensible y entrañable, ¡hasta que su madre lo estropea!
La segunda objeción sería que no logro identificarme con lo que piensan y sienten las criaturas creadas por Franzen.
Creo que una obra literaria que aspire a perdurar, debería intentar en lo posible conectar con aquello que los seres humanos tenemos en común.
La verdad es que, ante la muerte y la degradación física, me identifico más con lo que piensa y siente Iván Ilich (La muerte de Iván Ilich de León Tolstoi) que con el Alfred de Las correcciones.

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