domingo, 12 de septiembre de 2010

A VUELTAS CON HARUKI MURAKAMI


Tras el comentario admirativo de Carnets sobre las obras de Haruki Murakami, pensé en que la lectura de dos de ellas, en concreto, Sputnik mi amor y De qué hablo cuando hablo de correr, no me proporcionaba los suficientes elementos de juicio para compartir o no dicha admiración. Por consiguiente, decidí enfrentarme a una tercera obra y elegí Tokio Blues.
Aunque Tokio Blues gira en torno a los recuerdos de un hombre de treinta y siete años que evoca el pasado, al escuchar unas determinadas canciones, en el momento de aterrizar el avión en que viaja; podría calificarse como “novela de iniciación”, ya que es de ese pasado, que tiene como protagonistas principales a varios adolescentes, de lo que se ocupa la novela.
Esta escrita, como el resto de las obras que he leído de este autor, con un estilo limpio, logrado a base de frases cortas y directas.
Describe con exactitud fotográfica lugares, gentes y situaciones, de tal modo, que se visualizan sin dificultad.
Consigue unir Oriente y Occidente a través de multitud de ejemplos de su país y de Europa y Norteamérica: escritores, músicos, alimentos, plantas, animales... (En Japón, hay quienes critican este afán globalizador del escritor, alegando que occidentaliza demasiado el relato. Mi opinión es que así lo hace más universal, lo aproxima a los occidentales, que podemos, sin demasiada dificultad, acompañar a los personajes en sus múltiples vicisitudes).
Unos personajes a los que se comprende mejor después de haber leído De qué hablo cuando hablo de correr, ya que suelen poseer alguna característica del creador que los modela.
Así son personas solitarias; frecuentemente, hijos únicos (como Haruki Murakami).
Las relaciones de afectividad en las familias casi no aparecen. Tampoco tienen muchos amigos ni gustan de actividades sociales que requieran formar parte de un grupo (Murakami eligió correr porque podía hacerlo solo).
Mantienen una búsqueda constante, pero no por razones altruistas (no hay idealismo en sus planteamientos), ni siquiera egoístas, aunque más (prueban todo lo que resulta placentero), sino por encontrar su lugar en el mundo; un lugar que, en general, no encuentran. Esa insatisfacción interior no resuelta, les conduce, en ciertos casos, a la locura y al suicidio.
Se dejan llevar, sobre todo, por las sensaciones y los sentimientos y no por el razonamiento y la objetividad, (Haruki Murakami indica en su ensayo el día, la hora y el momento exacto en el que decidió ser escritor, con una cerveza muy fría en la mano, asistiendo a un partido de béisbol).
La trascendencia, llamémosle Dios, no está presente jamás en sus motivaciones.
Toda estas cuestiones, hacen que Haruky Murakami conecte sin dificultad con los hombres y mujeres de nuestro tiempo (la postmodernidad, tan bien analizada por Gilles Lipovetsky), ya que refleja sus miedos, inquietudes, necesidades y formas de vida.
Quizá haya quien piense que lo hace así para vender más libros. Me atrevo a decir que no, que siente lo que escribe. Es la razón por la que nunca recomendaría sus obras a un pesimista (saldría reforzado); tampoco a un adolescente con angustia vital (en Tokio Blues hay cuatro suicidios).

1 comentario:

  1. No sé si "admirativo" es la palabra adecuada. Me parecieron libros interesantes, simplemente. Hay quien dice que Murakami es un escritor muy occidentalizado, quizás porque en sus libros se ve que conoce y aprecia la cultura occidental. Pero en sus novelas hay algo, una atmósfera, irreductible a la cultura occidental y que conecta con la cultura tradicional japonesa. Le seguiré leyendo, malgré su pesimismo.

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