miércoles, 11 de agosto de 2010

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER


El primer libro de ensayo que he leído este verano ha sido De qué hablo cuando hablo de correr del escritor japonés Haruki Murakami.
Me ha gustado bastante más que Sputnik mi amor, novela del mismo autor que leí hace algún tiempo y que no acabé de entender del todo.

Haruki Murakami explica que el título del libro está inspirado en el volumen de relatos cortos De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver.
Es un título que recoge a la perfección lo que él pretende transmitirnos; porque, a la vez que nos relata de dónde procede su afición por correr, lo que supone de preparación y buen estado físico, los lugares que conoce mientras corre o participa en maratones, la música que escucha, los alimentos que ingiere y hasta las zapatillas más adecuadas, sabemos también de su personalidad solitaria e individualista, de las cualidades que, a su juicio, debe poseer un escritor de novelas: talento, concentración y constancia; de cómo el correr contribuye al desarrollo del sistema autoinmune, venciendo así las toxinas que aparecen al escribir (de ahí la vida insana de tantos escritores); del valor del esfuerzo, del sentido de la existencia, de la felicidad que experimenta al terminar un libro, al alcanzar la meta señalada.

El correr y el escribir, podríamos decir conforman la vida del autor japonés de tal manera que no se concibe lo uno sin lo otro.
Aunque en principio fue la intención de escribir, correr se convirtió de forma paulatina en una necesidad vital que le hace ser quien es y llegar a donde ha llegado, hasta el punto de que en su epitafio desearía figurase lo siguiente:

HARUKI MURAKAMI
escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final

Toda una lección de filosofía a la japonesa con la que, al tratarse de una pequeña joya literaria escrita con maestría y sinceridad, resulta fácil identificarse.

1 comentario:

  1. De Murakami he leído, además de Sputnik... que creo recordar que me gustó (siento volver a discrepar), "Kafka en la orilla". El protagonista y la mayor parte de los personajes son seres solitarios, individualistas y muy perfeccionistas. Por lo que cuentas hay mucho de Murakami en ellos. Y puede que sea un rasgo característico de muchos japoneses -y aquí hago un ejercicio de generalización seguramente arriesgado -, me hace pensar en personalidades como la de Mishima, preocupado también por la relación entre la escritura y la acción y obsesionado por el ejercicio físico -en su caso las artes marciales tradicionales japonesas, el kendo - entendido como camino de perfección espiritual. ¿Quién no se ha topado alguna vez con un japonés que viaja solo?

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