martes, 25 de mayo de 2010

El tiempo envejece deprisa



Acabo de leer un libro de Antonio Tabucchi. Se trata de una colección de cuentos y su título es “El tiempo envejece deprisa”.
No es mi intención entrar en disquisiciones filosóficas acerca del tiempo y lo mucho que se le utiliza en Literatura. Tampoco pretendo analizar qué pretende decirnos con ese título el autor del libro; que, por otro lado, considero está muy bien escrito, aunque sigo prefiriendo Sostiene Pereira; pequeña obrita de Tabucchi, tan original y sorprendente, que nunca me canso de releerla.
Antes no me gustaban los libros de relatos cortos; me sabían a poco. La experiencia en la lectura me ha ayudado a entender la complicación que conlleva constreñir una historia en breves líneas; también a valorar a los que saben hacerlo con maestría.
Citaré algunas obras que me ayudaron a cambiar de opinión:
-Las armas secretas y otros relatos de Julio Cortazar. Aquí el autor juega con el orden de las palabras, manifiesta su preocupación por el tiempo y el espacio e introduce lo extraño, lo original y lo fantástico, al narrar, de manera realista, sucesos cotidianos.
-Bartleby, el escribiente y otros cuentos de Herman Melville. Auténtico conjunto de interrogantes metafísicos, que demuestran un profundo conocimiento del ser humano. Por ejemplo, Bartleby es la persona que se consume en el aislamiento de su propia actitud. Se considera un precursor de Kafka.
-¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver. Relatos que presentan situaciones habituales, analizadas con “rayos x”, en las que todos los pormenores de la vida adquieren una relevancia sagrada. Exponente del realismo sucio, narra hechos ordinarios con total precisión.

1 comentario:

  1. Suele ser frecuente lo de que en una época los relatos cortos nos sepan a poco a los lectores de novelas. Pero antes o después uno acaba tropezándose con alguno de los ejemplos que has citado, o con Chéjov, o con "El llano en llamas", de Juan Rulfo, y el cuento adquiere de pronto una categoría propia. Ya no se ve como una novela en pequeño, sino como otro ámbito literario en el que rigen otras reglas y que nos puede proporcionar tan buenos momentos como los que nos dan la narrativa más extensa, el teatro, la poesía... la buena literatura, en fin.

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