sábado, 13 de febrero de 2010

Los viejos amigos


Continúo con Rafael Chirbes, uno de los grandes escritores españoles vivos, por su dominio del lenguaje y por la honestidad que subyace en cada una de sus obras.

El primer libro que leí de él fue La buena letra (127 páginas), que trata el tema de la Guerra Civil española como sólo los grandes escritores y las personas libres pueden hacerlo.

Luego vinieron otros libros: Los viejos amigos, El novelista perplejo y Crematorio.

Aunque La buena letra pueda aproximarnos a la forma de pensar de Rafael Chirbes, creo que reflejan más su concepción del mundo en la actualidad Los viejos amigos y Crematorio.

Empezaré comentando Los viejos amigos, que fue publicado antes, concretamente en el año 2003.

La historia gira en torno a un grupo de viejos conocidos convocados a una cena. Todos fueron de izquierdas en tiempos de Franco y pretendieron hacer la revolución. La novela desgrana por separado los recuerdos de cada uno de ellos: Pedro, constructor en Denia; Demetrio, enfermo de sida y homosexual; Carlos, escritor frustrado, etc.

Unos y otros, individualmente, analizan lo que ha sido su vida, desde aquellos días en los que anhelaban cambiar el mundo, hasta hoy. De forma descarnada, ponen de manifiesto defectos y carencias: odios, envidias, miedos, relaciones amorosas...

La narración le sirve al autor para desgranar sus conocimientos de la época en los más diversos campos: arte, literatura, música, viajes, gastronomía, construcción...

El libro es amargo y desesperanzado. Resalta la soledad del ser humano, el fracaso de todo idealismo y hasta la mentira de los políticos, de derechas e izquierdas, que olvidan sus promesas y sus principios cuando logran el poder.

El estilo es denso, no utiliza puntos y aparte. Las descripciones tienen gran plasticidad y demuestran que el autor es un extraordinario observador de paisajes, personalidades y ambientes.

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