miércoles, 29 de diciembre de 2010

UNA LETRA FEMENINA AZUL PÁLIDO

Esta breve novela de Franz Werfel, escritor judío nacido en Praga en 1890 y muerto en EEUU en 1945, por su extensión, resulta apropiada para leer, si no se dispone de demasiado tiempo; y, por su calidad, puede servir de antídoto contra los excesos que suelen cometerse en la mayoría de las fiestas.
La acción transcurre en Viena en 1936, época inmediatamente anterior a la invasión alemana, comenzada ya la represión contra los judíos.
El protagonista principal es Leónidas, alto funcionario del Ministerio de Educación austriaco.
Leónidas hereda de un muchacho judío que se suicida un elegante frac. Gracias a él y a sus dotes de bailarín, procediendo de una clase social inferior, logra introducirse en la alta sociedad vienesa y enamorar a Amelie, rica heredera con la que se casa, sin que el matrimonio tenga hijos.
El día en el que transcurre toda la obra, Leónidas recibe una carta escrita con tinta de color azul pálido, en la que Vera Wormser, joven judía con la que mantuvo una relación amorosa después de casado, le pide ayuda para un chico inteligente y muy brillante que él desconoce, pero que piensa podría ser el hijo nacido de aquella relación.

El análisis psicológico de los personajes, manifestado, por ejemplo, en la lucha que mantiene Leónidas entre su integridad personal, lo que le dicta su conciencia, y el miedo a perder la posición adquirida; la descarnada descripción de la sociedad austriaca de aquel tiempo, en especial de la alta sociedad, que cierra los ojos a los crímenes del nazismo pensando que así conservará sus privilegios; y el deslumbrante modo de narrar la historia, convierten a Una letra femenina azul pálido, como dije al principio, en un antídoto contra los excesos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

DISCURSO DE VARGAS LLOSA

He leído con atención el discurso de Mario Vargas Llosa en Estocolmo y me he sentido tan identificada con él, que no me resisto a hacer un breve comentario.
Confiesa Vargas Llosa: “Aprender a leer es la cosa más importante que me ha pasado en la vida”. Salvando las enormes distancias entre un creador genial y mi persona, puedo afirmar lo mismo. La lectura es el único vicio que he tenido. Ahora lo dosifico, pero hubo un tiempo en el que, al igual que en el cuento infantil Juan y las habichuelas mágicas, cada vez que las circunstancias no me eran propicias, allí estaba la planta trepadora de los libros, por la que yo ascendía, protagonista de mil y una historias que, como la de Juan, siempre aportaban finales felices.

Después, conforme fui creciendo, la lectura consiguió la proeza de romper las barreras del tiempo y el espacio y, en ciertas y especiales ocasiones, convertir el sueño en vida y la vida en sueño.
La lectura hizo que me considerase ciudadana del mundo. Descubrí que los grandes autores son aquellos capaces de plasmar en sus obras sentimientos universales, con los que cualquiera puede identificarse. Bernanos, Dostoievski, Thomas Mann, Dickens, Hermann Hesse, Unamuno, Tolstoi… ¿Qué importa que sean rusos, alemanes, franceses, ingleses, españoles, noruegos…? Sólo importa que saben expresar de forma magistral mis tristezas, alegrías, dudas, miedos… Leyéndolos en ellos, la soledad se aleja mansamente y hasta encuentro razones y respuestas.

Es como los sabores que dan nombre a este número de Hebe. Lo salado es salado en todas partes, al igual que lo dulce, lo picante o lo amargo. Sólo cambia el matiz, la cantidad de azúcar, de sal o de vinagre y el modo en que yo aprecio ese sabor, que es diferente de cómo puede apreciarlo otra persona, sea cual sea su origen.
Ilustradores, fotógrafos, escritores, músicos…, buscan representar lo que más les fascina de una historia, de una vivencia personal, de un instante que les quedó grabado en la retina o en la imaginación.
Tanto el ilustrador como el fotógrafo o los escritores de relatos breves han de sintetizar hasta el extremo el sabor que perciben, ahí reside el genio, para que, en pocas líneas o en una mirada, el lector o el espectador capten la idea central, hagan suyo el mensaje, disfruten del picante, del dulce o el salado; les conmueva y estremezca el amargo.
De la complicidad que exista entre el creador y el que paladea la obra creada, proyectándose en ella, dependerán todas las sensaciones que habrán de convertir la susodicha obra en algo placentero o rechazable.

Vargas Llosa lo expresa con total precisión en su libro de ensayo La verdad de las mentiras, analizando didácticamente treinta y cinco novelas.
Novelas de países distintos y variada temática, pero en las que podemos entrever aquello que compartimos como seres humanos, lo que permanece en todos nosotros, por debajo de las diferencias que nos separan.
Que es, en definitiva, lo que llena la vida de sabor, de sabores.




viernes, 3 de diciembre de 2010

EL HEREJE

El Hereje es la única novela histórica escrita por Miguel Delibes. Está basada en un suceso verídico: el proceso y ejecución de un grupo de reformistas en el Valladolid de la Contrarreforma a mediados del siglo XVI.

Debo decir que he comenzado este libro tres veces. La primera, no me interesó en absoluto. La segunda, leí aproximadamente la mitad y el final. La tercera, continué por donde lo había dejado y me apasioné con el personaje principal, Cipriano Salcedo.

En realidad, aunque se trate de un género poco cercano a Miguel Delibes, las características del autor se pueden ver en toda la obra: la descripción del paisaje castellano, que tan bien conocía y amaba; su afición a la caza, la predilección por personajes, de alguna forma marginales, y el exacto retrato físico y psicológico que hace de ellos y de los demás que integran el relato; el cuidadoso estudio de la época, utilizando, incluso, el vocabulario de entonces, ilustrado, pero no arcaico; su rechazo de la hipocresía y la doble moral de determinadas clases sociales; las malas consecuencias que se obtienen al unirse religión y poder; el interés por hallar la verdad, limpia, sin dogmatismos; el valor que otorga a la cultura como instrumento con el que atajar la superstición y el fanatismo de las gentes.
Lo único que me parece bastante ajeno a Miguel Delibes es el aspecto erótico destacado en una buena parte de la novela. Desde luego no es un añadido inconveniente, sino algo natural en el contenido de la historia. Sorprende un poco, porque el escritor no suele recrearse en esas lides; al menos en los libros que he leído de él.
Lo que no me sorprende en absoluto es su preocupación por la verdad, su búsqueda de la autenticidad y la inocencia, su pasión por el hombre íntegro y fiel a sus convicciones, aceptando la duda, que es humana.
Todo esto y mucho más lo representa Cipriano Salcedo, que termina en la hoguera. Delibes nunca dijo que ser fiel a uno mismo fuese fácil; de ahí el tono pesimista y desesperanzado que, si nos quedamos solamente en lo externo, podemos encontrar en la mayoría de sus novelas.

jueves, 25 de noviembre de 2010

ANA Mª MATUTE


Ana Mª Matute ha obtenido, por fin, en este año 2010 el Premio Cervantes.
Mucho se ha criticado que no se le hubiese concedido antes. Pero, como dice el refrán: "Nunca es tarde si la dicha es buena". Y la dicha de esta mujer, que se confiesa pesimista, con la obtención del Premio Cervantes, ha sido total.

El último libro que leí de tan prestigiosa escritora y Académica, me lo dejó Manolo hace unos meses. Se trataba de Los niños tontos, una obra muy breve, muy triste y muy bella en la línea habitual de la autora. Es decir, mezclando lo real, lo onírico y lo fantástico en un conjunto de historias que tienen como principales protagonistas a niños, sujetos imprescindibles de sus obras o, al menos, de las que yo recuerdo haber leído: Algunos muchachos, La torre vigía, El verdadero final de la Bella Durmiente, Olvidado rey Gudú, Paraíso inhabitado y la citada Los niños tontos.

De la mano de los niños que dibuja Ana Mª Matute, nos adentramos en los recovecos más intrincados de la memoria; aquellos en los que se formaron los mitos y las leyendas que dieron origen a lo que, más tarde, recibió el nombre de Literatura.
Sobre todo, son niños solitarios, que construyen un mundo personal, independiente y mágico en el que reinan, manteniéndose de ese modo alejados de una realidad que les desconcierta y aterra; de ahí la crítica social que pervive en el fondo de estos libros.
No busquemos en las historias de Ana Mª Matute finales felices. "Vivir es perder cosas", asegura. Busquemos el reflejo de un tiempo y de unas circunstancias en las que aún éramos inocentes. En las que la tristeza y la melancolía caminaban parejas de la ilusión, la risa o el más puro entusiasmo; dando lugar a instantes fastuosos, rebosantes de luz, en los que nos creímos inmortales.

sábado, 20 de noviembre de 2010

NO ES UN ADIÓS

Se nos ha muerto Manuel Montejano Jóver, un gran lector, un poeta, un maestro y, sobre todo, un amigo.

No digas que te vas,
nunca lo digas.
Pleno de amor, completo, realizado,
una vez que cruzaste nuestra esquina,
te quedarás, amigo, en este lado.
No digas que te vas,
serás más nuestro,
porque conoces más de esa vivencia
que es comunión de cuerpos y experiencias,
de cosas por venir y que han pasado.
No digas que te vas,
amigo, hermano, compañero de gestos y de risas,
de búsquedas de luz, de cortapisas,
de lecturas, de sueños de verano.
No digas que te vas,
y aunque te vayas,
estás aquí,
presente en mil vivencias,
no se apaga la luz de una presencia,
mientras el corazón late en la mano.
No digas que te vas,
en este huerto,
donde crecen hermosos desatinos,
ya tiene una parcela tu destino
que cultivaste, amigo, con acierto.
No digas que te vas,
y de tu mano
seguiremos en pos de la alegría.
Fue muy bello buscar en compañía,
teniendo ya un amigo, ya un hermano.

martes, 9 de noviembre de 2010

EL VAMPIRO DE ROPRAZ

En los últimos tiempos voy de mi corazón a mis asuntos a tal velocidad, que no me quedan horas ni siquiera minutos para escribir lenta y pausadamente como acostumbro a hacerlo.
La vida detenta estos altibajos. Lo mismo se acumulan los problemas de índole variada y las neuronas hacen horas extras, mediatizando el caos; que no sucede nada reseñable, y la monotonía y la creatividad son unas compañeras de viaje poco afines.
Hoy por hoy, celosa del sosiego, la alteración que sufren mis neuronas provoca que rehúya la lectura de obras excesivamente largas, optando por aquellas que puedo terminar en pocos días, incluso, en pocas horas.

El vampiro de Ropraz tiene noventa y una páginas. Su autor es el suizo Jacques Chessex, único escritor de esta nacionalidad que ha obtenido el prestigioso Premio Goncourt. Por lo anterior, deducimos que es un buen escritor; de hecho, la pequeña obra que nos ocupa está muy bien escrita.
La novela, que toma como base un suceso real, se sitúa en Ropraz, en el Haut-Jorat valdense, 1903. Una región de lobos y de abandono (así empieza el libro). En esa región, con un largo y frío invierno, el aislamiento y la pobreza de las gentes, unido a una vivencia equivocada de la religión, calvinista o católica, origina comportamientos primitivos, supersticiosos, fanáticos y brutales en muchos casos.
El libro es la crónica de esos comportamientos. Parte de la profanación del cadáver de una joven, a la que se unen varias más a poco de ser enterradas. La investigación para hallar al culpable, el pensar que podría tratarse de un vampiro, las distintas acciones y reacciones que revelan la miseria moral de un conjunto de seres humanos, estremece y repele a la vez.
La originalidad estriba en el final, inesperado y sorprendente. Aunque esto no es óbice para que el relato me parezca muy bien en la forma pero del todo repulsivo en el fondo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Miguel Hernández


Se cumplen los cien años del nacimiento de Miguel Hernández el 30 de este octubre largo y plano (yo lo estoy viendo así), y entre peleas varias de parientes y de administraciones, van llegando sus versos a nosotros con el bagaje de las tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida.

La del amor:
Querer, querer, querer,
Ésa fue mi corona.
Ésa es.

La de la muerte:

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
…………………………………
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

La de la vida:

Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.

Aquellos que no conozcan los versos del poeta de Orihuela, tienen ahora la oportunidad de acercarse a la esencia de un hombre transparente.
Su epopeya vital, desde las cotidianas labores de la tierra y el cuido del ganado, que impregnan buena parte de su obra; para seguir andando después por un camino de amigos y lecturas en busca de la perfección del verso, hasta darse de bruces con la guerra y la muerte, está henchida de amor.

Miguel ama la vida en su conjunto:

Amor, tu bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.

Y a la luz de estas ansias, Miguel Hernández busca, indaga, se rebela, se enamora, se entrega hasta el extremo y convierte en sujeto de sus versos a la soñada esposa:

Hablo, y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa, yo soy el mediodía.

Al amigo perdido:

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Al hijo hambriento:

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.


Lo grande y lo pequeño, lo sublime y también lo mezquino; la mayor de las heroicidades y la más oscura de las infamias se entrecruzan, como en la vida misma, en los vibrantes versos del poeta y en sus obras en prosa.
Termino este breve homenaje al hombre bueno, muerto tan prematuramente, con algunas de las palabras que escribe a Vicente Aleixandre al dedicarle Viento del pueblo:

Los poetas somos viento del pueblo; nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas.
…………………………………………………………………………………..
El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo.


Ojalá sea así y las cumbres que Miguel vislumbraba estén, con ayuda de la poesía, cada vez más cercanas a nosotros.

martes, 12 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA

Cuando supe que Mario Vargas Llosa había recibido el Premio Nobel, me propuse escribir unas líneas sobre alguno de los libros que he leído de este autor.
Debo decir que no son demasiados: La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, Conversación en la catedral y, recientemente, Travesuras de la niña mala.
Quizá esta última novela sea la más sencilla de las cuatro citadas. Aunque en ella se refiera, como en el resto de su extensa obra, a la realidad política y social de Perú, el lenguaje utilizado no incluye tantas palabras del vocabulario peruano.

El día de su entrada en la Real Academia Española, Mario Vargas Llosa se declaró admirador de José Martínez Ruíz (Azorín), de su preciosista prosa, profusa en adjetivos, literaria, cuidada. También en algunos artículos, refiriéndose a la poesía, confiesa que entre sus preferidos están Luis de Góngora, Rubén Darío y Pablo Neruda.
Tal vez por lo anterior o porque ése es su estilo personal, apartando posibles influencias, Vargas Llosa utiliza un lenguaje rico y pensado, construyendo textos de cierta complejidad técnica; lo que, unido al uso frecuente de palabras características de su país, dificulta, en ocasiones, la comprensión. Al menos, eso me ocurrió a mí, mientras leía Conversación en la catedral.
Sin embargo, terminé sin dificultad alguna Travesuras de la niña mala; una especie de melodrama en el que Ricardo, el personaje central, nos cuenta la relación amorosa que mantiene con Lily (la niña mala). Él, de clase media, huérfano y sin otras aspiraciones que ejercer de intérprete en París, se ve abocado a una vida un tanto aventurera por los sucesivos encuentros con ella, ambiciosa, mentirosa y arribista, dispuesta a vivir siempre en el filo de la navaja, muy lejos de la existencia ordenada y burguesa que Ricardo le ofrece.
Como en el resto de las obras de Mario Vargas Llosa, también aquí aparece la crítica política y social. El escritor opina que una finalidad de la literatura es despertar el sentido crítico del lector. Su herramienta para alcanzar tal fin consiste en mostrar la realidad en toda su crudeza: desigualdades, opresión, injusticia y lo que tales situaciones acarrea.

Mario Vargas Llosa es un liberal y liberales son las ideas que defiende. De espíritu quijotesco, (reverencia a Cervantes), intentó cambiar las cosas desde dentro haciéndose político. Se equivocó de pleno, como tantos otros escritores de raza que emprendieron caminos parecidos.
Él tiene la palabra y a fe que la utiliza de manera magistral y certera. Es comprensible pues que tanto en Venezuela como en Cuba, aquellos que secuestran la palabra usándola a su antojo para oprimir al pueblo, no estén muy complacidos ni con el premio ni con el premiado.

jueves, 7 de octubre de 2010

LAS CORRECCIONES

Esta vez he tardado más tiempo en presentar el libro que me prestó Manolo. Se trata de Las correcciones del norteamericano Jonathan Franzen.
En mi descargo diré que dicho libro tiene setecientas treinta y cuatro páginas y no es precisamente sencillo de leer.

Jonathan Franzen explica que la visión que ofrece en Las correcciones de la sociedad de su país, aunque a algunos les perezca terrible, es, a la vez, la visión de algo que él ama (menos mal); y que en su novela ha intentado expresar el sentimiento de soledad y aislamiento de los seres que forman esa sociedad.
La obra en sí narra la vida de una familia de la burguesía del Medio Oeste, los Lambert, a partir del momento en que la madre, Enid, pretende que todos sus miembros se reúnan en la que, a causa de la enfermedad de Parkinson que sufre Alfred, el marido, ingeniero jubilado, puede ser la última cena de Navidad.
Página tras página, vamos conociendo la historia de Gary, el hijo mayor, vicepresidente de un Banco, y de su mujer, la manipuladora y adicta a los manuales de autoayuda, Caroline; de Chip, profesor en la Universidad y expulsado por acoso sexual a una alumna; de Denise, reputada chef y con tendencias sexuales ambivalentes.
Entretejidas con el argumento, encontramos también referencias a la corrupción en las repúblicas que pertenecieron a la Unión Soviética, tras la desintegración de ésta; al ocaso de la familia tradicional americana; a los entresijos del mundo financiero en ese país; a las incongruencias de la educación, preconizada por la moderna psicología, en la que los padres han de ser amigos de los hijos y compartir sus gustos; a los ancianos y su degradación física con la edad; a los cruceros de personas mayores, enredos varios y diferencias entre clases, etc., etc.
De lo anterior, podemos deducir que es un libro del todo actual, crítico, irónico y bastante desalentador.
Franzen dibuja con exactitud y enorme realismo una sociedad cercana a él, y que los medios de comunicación y la globalización inevitable que padecemos hacen también cercana a nosotros, en la que un conjunto de seres humanos van progresivamente descubriendo que nada es cómo habían planeado. Recuerdo momentos de la historia en los que esto se ve claramente: la decepción de Denise cuando viaja a Europa en busca de sabores que imaginó de lejos y la escena en la que los hermanos contemplan sus fotos de niños en el álbum familiar.

El libro está muy bien escrito y su lectura merece la pena. Sin embargo, a nivel estrictamente personal, se me ocurren dos objeciones:
La primera es que el egoísmo de los personajes que aparecen resalta de tal modo, que impide que apreciemos algún pequeño esbozo de bondad. No se libra ninguno. Jonah, el hijo menor de Gary y Caroline, en principio, da la impresión de diferir del resto, es un lector sensible y entrañable, ¡hasta que su madre lo estropea!
La segunda objeción sería que no logro identificarme con lo que piensan y sienten las criaturas creadas por Franzen.
Creo que una obra literaria que aspire a perdurar, debería intentar en lo posible conectar con aquello que los seres humanos tenemos en común.
La verdad es que, ante la muerte y la degradación física, me identifico más con lo que piensa y siente Iván Ilich (La muerte de Iván Ilich de León Tolstoi) que con el Alfred de Las correcciones.

lunes, 20 de septiembre de 2010

HOSPITAL DE RANAS

Manolo me presta otro libro de Lorrie Moore, se trata de Hospital de ranas. De nuevo la adolescencia como excusa para tejer una historia más tierna y melancólica que amarga.

Una mujer viaja desde Estados Unidos a París acompañando a su marido, investigador médico, a un congreso. En esa ciudad, cómplice de romances apasionados, la mujer, consciente de que en su matrimonio hay más rutina que pasión, se ve de nuevo como la adolescente que fue allá en el pueblo, cuando con 15 años, acompañando a su admirada amiga Sils, vivió las aventuras y los sueños propios de tan complicada edad.

Hospital de ranas, según emecé editores, o El hospital de ranas en la editorial Salamandra, es un claro exponente del particular estilo de Lorrie Moore: profusión de imágenes literarias de profundo significado y gran belleza; sagaz descripción de personas, ambientes y situaciones; melancólico estudio del pasado, que se rememora sin acritud y con ternura e ironía compasiva; crítica suavizada por la presencia de una cierta predestinación: las circunstancias nos empujan a ser lo que somos, aunque en lo que somos queda siempre una pequeña parte de bondad que nos permite no perder la esperanza.

domingo, 12 de septiembre de 2010

A VUELTAS CON HARUKI MURAKAMI


Tras el comentario admirativo de Carnets sobre las obras de Haruki Murakami, pensé en que la lectura de dos de ellas, en concreto, Sputnik mi amor y De qué hablo cuando hablo de correr, no me proporcionaba los suficientes elementos de juicio para compartir o no dicha admiración. Por consiguiente, decidí enfrentarme a una tercera obra y elegí Tokio Blues.
Aunque Tokio Blues gira en torno a los recuerdos de un hombre de treinta y siete años que evoca el pasado, al escuchar unas determinadas canciones, en el momento de aterrizar el avión en que viaja; podría calificarse como “novela de iniciación”, ya que es de ese pasado, que tiene como protagonistas principales a varios adolescentes, de lo que se ocupa la novela.
Esta escrita, como el resto de las obras que he leído de este autor, con un estilo limpio, logrado a base de frases cortas y directas.
Describe con exactitud fotográfica lugares, gentes y situaciones, de tal modo, que se visualizan sin dificultad.
Consigue unir Oriente y Occidente a través de multitud de ejemplos de su país y de Europa y Norteamérica: escritores, músicos, alimentos, plantas, animales... (En Japón, hay quienes critican este afán globalizador del escritor, alegando que occidentaliza demasiado el relato. Mi opinión es que así lo hace más universal, lo aproxima a los occidentales, que podemos, sin demasiada dificultad, acompañar a los personajes en sus múltiples vicisitudes).
Unos personajes a los que se comprende mejor después de haber leído De qué hablo cuando hablo de correr, ya que suelen poseer alguna característica del creador que los modela.
Así son personas solitarias; frecuentemente, hijos únicos (como Haruki Murakami).
Las relaciones de afectividad en las familias casi no aparecen. Tampoco tienen muchos amigos ni gustan de actividades sociales que requieran formar parte de un grupo (Murakami eligió correr porque podía hacerlo solo).
Mantienen una búsqueda constante, pero no por razones altruistas (no hay idealismo en sus planteamientos), ni siquiera egoístas, aunque más (prueban todo lo que resulta placentero), sino por encontrar su lugar en el mundo; un lugar que, en general, no encuentran. Esa insatisfacción interior no resuelta, les conduce, en ciertos casos, a la locura y al suicidio.
Se dejan llevar, sobre todo, por las sensaciones y los sentimientos y no por el razonamiento y la objetividad, (Haruki Murakami indica en su ensayo el día, la hora y el momento exacto en el que decidió ser escritor, con una cerveza muy fría en la mano, asistiendo a un partido de béisbol).
La trascendencia, llamémosle Dios, no está presente jamás en sus motivaciones.
Toda estas cuestiones, hacen que Haruky Murakami conecte sin dificultad con los hombres y mujeres de nuestro tiempo (la postmodernidad, tan bien analizada por Gilles Lipovetsky), ya que refleja sus miedos, inquietudes, necesidades y formas de vida.
Quizá haya quien piense que lo hace así para vender más libros. Me atrevo a decir que no, que siente lo que escribe. Es la razón por la que nunca recomendaría sus obras a un pesimista (saldría reforzado); tampoco a un adolescente con angustia vital (en Tokio Blues hay cuatro suicidios).

miércoles, 8 de septiembre de 2010

DOS LIBROS MUY DISTINTOS


Dos libros muy distintos para empezar septiembre:
Los jardines de luz, publicado en 1991 por el escritor libanés Amín Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010.

Criadas y Señoras, de la escritora norteamericana Kathryn Stockett; se publicó en el año 2009 y va ya por la 5ª edición.

Amín Maalouf nos cuenta en Los jardines de luz la vida de Mani, que nació en Mesopotamia en el siglo II y predicó, viajando por gran parte de Asia, una nueva doctrina (maniqueísmo) en la que pretendía que convergiesen lo mejor de las religiones de su tiempo. Una doctrina basada en el respeto, la generosidad, el pacifismo a ultranza, la negación del “yo”, la humildad, la meditación, la unión con la Naturaleza, la búsqueda de la belleza y de la luz.
Lo considero un libro interesante, porque siempre entendí el “maniqueísmo” como algo negativo, cuando dicha palabra o sus derivados se aplicaban a personas o a sucesos actuales. Maniqueo como sinónimo de radical que polariza sus opiniones, de tal modo, que para él lo que no es blanco es negro, sin matices ni alternativas.
Amín Maalouf, al hablarme de Mani, además de permitirme viajar en el tiempo y reencontrarme con los persas, los romanos o los egipcios, con sus costumbres, vicios y virtudes, me ha enseñado lo que el maniqueísmo fue en realidad y hasta qué punto hemos desvirtuado esa palabra.

En Criadas y Señoras se presenta en toda su crudeza la discriminación a causa del color de la piel que sufrieron, sobre todo en el sur de Estados Unidos, las personas de raza negra, una vez abolida la esclavitud. Son los años de la Marcha sobre Washington de Martín Luther King y del asesinato en Dallas del Presidente Kennedy.
A través de las historias personales que relatan de forma alternativa dos mujeres negras y una blanca, podemos sumergirnos en el ambiente cerrado y opresivo de una pequeña ciudad de provincias, Jackson en Misisipi, con sus rígidas normas sociales, hipocresías varias, y diferencias entre los ciudadanos. Por supuesto, los negros ocupan el último lugar en la escala establecida por unas gentes que viven sólo de las apariencias.
La estructura de la obra resulta original y se lee con facilidad y agrado.
Es un ilustrativo documento sobre situaciones que, según las noticias que aparecen de vez en cuando en la prensa, los estadounidenses aún no han superado en ciertas zonas de su extenso país.

martes, 31 de agosto de 2010

AGOSTO: PUNTO FINAL


Pongo punto final al mes de agosto, poco proclive a profundizaciones y trascendencias intelectuales, con dos novelas de las que se denominan “históricas”, que, por su temática, los ambientes descritos y las características personales de las protagonistas principales de ambas, presentan bastantes similitudes.
La primera, en cuanto a la fecha de publicación, es La cinta roja de Carmen Posadas.
La segunda, Premio Azorín de novela 2010, El amor del rey de Begoña Aranguren.
La cinta roja, biografía novelada de la aristócrata de origen español Teresa Cabarrús, se desarrolla en España y sobre todo en Francia antes, durante y después de la Revolución Francesa.
En El amor del rey, la supuesta amante de Alfonso XIII, Soledad Quiñónes de Larra y Valdés, también aristócrata, cuenta su vida centrándose en la relación amorosa con el monarca.
Hace unos años, concretamente en el 2003, descubrí a Gilles Lipovetsky, filósofo francés que disecciona con claridad y precisión absolutas las sociedades contemporáneas, en obras como La era del vacío o El crepúsculo del deber.
Recomiendo que lean a Lipovetsky, así descubrirán, entre otras muchas cosas interesantes, que las novelas históricas citadas, si es que llegan a leerlas o ya las han leído, son un claro producto de esta época.

martes, 24 de agosto de 2010

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS


Tras la lectura de Pura alegría, era obligado buscar en otra obra de Muñoz Molina, esta vez de ficción, las características que él atribuye a la buena literatura.
Elegí La noche de los tiempos por su extensión (958 páginas) y porque hablar de la II República y de la Guerra Civil requiere unas dosis de alejamiento y ecuanimidad poco habituales en el panorama literario.
La noche de los tiempos es, sobre todo, una novela de amor.
Como eje central está el amor apasionado que surge de manera espontánea entre Ignacio Abel y Judith Biely. Pero también hay otros amores: el del padre albañil que trabaja hasta la extenuación para pagar los estudios del hijo, el de Don Juan Negrín por la idea de España que moldea en su mente, el del profesor Rossman por su hija y su concepto de la arquitectura, el callado y reprimido de Adela por Ignacio, el de Lita, el de Moreno Villa, el...
Quizá el que menos ama, si por amor entendemos entrega, sea Ignacio Abel y en la connotación del apellido, Muñoz Molina incluye una disculpa.
A un lado de la escena, igual que el tramoyista preocupado porque nada le falte ni sobre al escenario, Muñoz Molina, con ese estilo denso y excelente sintaxis que le caracteriza, despliega ante los ojos del lector una especie de tapiz cuidadosamente tejido, en el que las historias individuales se anudan con firmeza unas a otras sin dejar cabos sueltos; consiguiendo, no obstante, gracias a la precisa descripción de paisajes, personajes y ambientes, que la imaginación recreé los acontecimientos sucedidos y los proyecte hacia atrás y hacia delante, buscando causas, consecuencias o equiparándolos con hechos actuales.
Por el libro desfilan multitud de figuras históricas. Junto a los citados Moreno Villa y Negrín, encontramos también a Bergamín, Alberti, Azaña, García Lorca, Juan Ramón Jiménez., Zenobia, Mª Teresa León... tan vivos, tan creíbles, que apetece buscar las biografías de los más olvidados para saber lo que ocurrió después, cuando empezó a matar sólo uno de los bandos.
Insisto en que es un libro denso que ha requerido, además de talento, una extensa documentación que hace más consistente la urdimbre del tapiz: titulares de distintos periódicos, propaganda de muy variada índole, música, cine, pintura, fiestas populares (no parece que a Muñoz Molina le seduzcan los toros), comidas, costumbres, lugares y gentes.
La tradición literaria, ésa que contribuye a conectarnos con el orden del mundo, nos conduce a Platón y a su Caverna en la forma de ser de Ignacio Abel, a la Biblia en el nombre y la disculpa, al análisis serio y riguroso de lo acaecido en la trilogía La forja de un rebelde de Arturo Barea, a la ácida crítica de Larra en Vuelva Ud. mañana, a la descripción pausada y cuidadosa de Galdos en los Episodios Nacionales, al horror que descubre la mirada de Goya, a la amargura nostálgica por lo que pudo ser y no fue de Max Aub; a la evocación del tiempo, al que el autor dedica, además de la idea de la obra en general, páginas muy concretas, de Marcel Proust.
A quien no logro distinguir es a Faulker, considerado por Muñoz Molina, según Pura alegría, uno de sus maestros. Tal vez esto suceda porque el nombre de Abel y sus connotaciones impregnan todo el libro.

martes, 17 de agosto de 2010

PURA ALEGRÍA


En ocasiones, cuando lees un libro, sientes que todo encaja. Atribuyes esta perfección interna que percibes a causas meramente formales: la exposición, el nudo y el desenlace definen la estructura. Sin embargo, aún sigues pensando en que hay algo más. Algo que intuyes, pero no sabes concretar con palabras.
El ensayo Pura Alegría de Antonio Muñoz Molina, compuesto por varias conferencias que este escritor leyó ante distintos auditorios, me proporciona los argumentos necesarios para dilucidar las intuiciones anteriores.
Muñoz Molina dice: “La ficción narrativa, que procede del mito y de los cuentos infantiles, tiene, como ellos, la tarea de explicar el orden del mundo y de ayudarnos a encontrar en él nuestra propia posición”.
La búsqueda de esa explicación por parte del autor, es la finalidad de cada una de las conferencia que componen el libro.
Así habla de su infancia y primeras lecturas; del gusto de mirar, de aprender y del respeto y gratitud que ha de sentir el escritor hacia aquello que le permite serlo; de los libros y autores a los que considera sus maestros; de la relación entre el autor y el lector, y entre el lector y la obra literaria...
Pero en todo lo escrito, subyace el mismo fondo: la explicación del orden del mundo y la necesidad que siente el escritor, y en mi caso, el lector, de hallar en él su sitio.
Sucede así en los mitos que recogen, por ejemplo, la Biblia, Las mil y una noches, la Odisea...; en el Quijote, en A la recherche du temps perdu, en los Episodios nacionales... y en autores como Juan Carlos Onetti, William Faulker, del que analiza la obra Absalon, Absalon, poniendo de manifiesto el orden que subyace bajo un argumento en apariencia caótico; o Max Aub, sobre cuya vida versó su discurso de ingreso en la Real Academia Española.
Apasionadamente habla Muñoz Molina de la importancia de cuidar y reivindicar una tradición literaria nacional, que es tan rica como la anglosajona, pero que no se cuida ni se estudia, dando lugar a que en muchas nuevas obras literarias no exista conexión con el pasado, falte el hilo vital que nos permita proseguir devanando la madeja embrollada de la existencia.
Es complicado condensar en unas pocas líneas todo lo que Muñoz Molina explica y cuenta en este breve libro (sólo 200 páginas). Por eso recomiendo que lo lean. Ojalá su lectura suponga para Uds., igual que lo ha supuesto para mí una Pura alegría.

miércoles, 11 de agosto de 2010

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER


El primer libro de ensayo que he leído este verano ha sido De qué hablo cuando hablo de correr del escritor japonés Haruki Murakami.
Me ha gustado bastante más que Sputnik mi amor, novela del mismo autor que leí hace algún tiempo y que no acabé de entender del todo.

Haruki Murakami explica que el título del libro está inspirado en el volumen de relatos cortos De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver.
Es un título que recoge a la perfección lo que él pretende transmitirnos; porque, a la vez que nos relata de dónde procede su afición por correr, lo que supone de preparación y buen estado físico, los lugares que conoce mientras corre o participa en maratones, la música que escucha, los alimentos que ingiere y hasta las zapatillas más adecuadas, sabemos también de su personalidad solitaria e individualista, de las cualidades que, a su juicio, debe poseer un escritor de novelas: talento, concentración y constancia; de cómo el correr contribuye al desarrollo del sistema autoinmune, venciendo así las toxinas que aparecen al escribir (de ahí la vida insana de tantos escritores); del valor del esfuerzo, del sentido de la existencia, de la felicidad que experimenta al terminar un libro, al alcanzar la meta señalada.

El correr y el escribir, podríamos decir conforman la vida del autor japonés de tal manera que no se concibe lo uno sin lo otro.
Aunque en principio fue la intención de escribir, correr se convirtió de forma paulatina en una necesidad vital que le hace ser quien es y llegar a donde ha llegado, hasta el punto de que en su epitafio desearía figurase lo siguiente:

HARUKI MURAKAMI
escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final

Toda una lección de filosofía a la japonesa con la que, al tratarse de una pequeña joya literaria escrita con maestría y sinceridad, resulta fácil identificarse.

miércoles, 4 de agosto de 2010

NOVELA NEGRA


Aprovechando que acabo de leer Los amantes de Estocolmo, hoy hablaré de la novela negra, género literario que ha sido para mí un buen acompañante en vacaciones.
Definida por Raymond Chandler como “la novela del mundo profesional del crimen”, suele desarrollarse en ambientes oscuros y sórdidos, en los que la división entre el bien y mal se encuentra bastante difuminada.
Los protagonistas son individuos de personalidad compleja, muchas veces derrotados por la vida, que arrastran sus frustraciones y desdichas, importando más la acción dentro de la trama que el análisis del crimen en sí. Un ejemplo sería el personaje de Ripley, creado por Patricia Highsmith, en obras como La máscara de Ripley o Ripley en peligro.
En numerosas ocasiones, los autores se sirven de estas novelas para describirnos la sociedad en la que se desarrollan los hechos narrados y reflexionar sobre su deterioro ético. Es lo que hace el sueco Stieg Larsson en Los hombres que no amaban a las mujeres, el estadounidense Jason Goodwin en La estrategia Bellini o el español Raúl del Pozo en No es elegante matar a una mujer descalza.
El personaje principal de la obra puede ser el asesino, el citado Ripley; un detective, Pepe Carvalho, creación de Manuel Vazquez Montalbán, que aparece, por ejemplo, en Los mares del sur; comisarios de policía: Guido Brunetti, en Muerte en la Fenice de Donna Leon o Kurt Wallander en La quinta mujer de Henning Mankell; una inspectora de policía, Petra Delicado, inventada por Alicia Jiménez Bartlett en El silencio de los claustros; un inspector y una jueza en Los crímenes del número primo de Reyes Calderón; un comisario y una médico forense, Pete Marino y Kay Scarpetta, en Post Mortem de Patricia Cornwell; alguien que se ve involucrado en un crimen sin proponérselo en absoluto, Pablo Baloo Miralles en Lo mejor que le puede pasar a un cruasán de Pablo Tusset o Cristóbal Pasos en Los amantes de Estocolmo de Roberto Ampuero.
De todas las novelas señaladas, las hay que se ajustan por completo a las características del género, destacaría las de Patricia Highsmith. Otras se ubican mejor en el apartado de novelas policíacas, ya que no todos los ambientes y personajes son oscuros y el mal se diferencia claramente del bien; un ejemplo: Los crímenes del número primo de Reyes Monforte.
En esta última novela, así como en El silencio de los claustros de Alicia Jiménez Bartlett, la ideología de las autoras, a la que me referí en un artículo anterior, se manifiesta de modo ostensible.

lunes, 26 de julio de 2010

LECTURAS DE VERANO


Acabo de leer, sin demasiado esfuerzo, dos novelas publicadas recientemente que podrían servir como entretenimiento en vacaciones.
Una de ellas, Lo que esconde tu nombre de Clara Sánchez, obtuvo el Premio Nadal 2010.
El argumento gira en torno a los nazis que, tras la 2ª Guerra Mundial, buscaron un lugar seguro en la costa levantina donde vivir como personajes anónimos.
Los principales protagonistas del libro son:
-Julián, judío superviviente de un campo de concentración que recibe la carta de un amigo con el que se dedicó de joven a la “caza de nazis”. La carta le lleva a viajar desde Argentina a España, país en el que, impulsado por una serie de acontecimientos imprevistos, inicia de nuevo la búsqueda de criminales nazis.
-Sandra, joven embarazada de un hombre al que no quiere, llega al lugar en busca de respuestas a sus muchas dudas existenciales, viéndose envuelta en una trama que desconoce y en la que termina implicándose por entero.
A pesar de que es una historia escrita con la intención de conseguir un premio (tiene los ingredientes necesarios), se lee con interés y no exige especiales calentamientos de cabeza. Así que puede ayudarnos a hacer más llevaderas las horas de calima.


La siguiente novela se titula La casa del propósito especial de John Boyne, el mismo autor de El niño con el pijama de rayas.
Si con el citado libro consiguió un enorme éxito, aunque yo nunca lo recomendaría, con el que ahora publica debe pretender algo similar.
El problema es que ha elegido un escenario: la Rusia de Alexis Romanov, que, siglo más siglo menos, han puesto al alcance de nuestra mente y nuestros ojos grandes escritores, como Tolstoy, Chejov, o Dostoievsky, con los que resulta un tanto arriesgado compararse.
De todas formas, y vuelvo al principio del escrito, si buscamos sólo entretenernos y valoramos la capacidad de John Boyne para inventarse historias increíbles que no alteren el ánimo ni provoquen insomnio, este libro es muy recomendable.

domingo, 18 de julio de 2010

AUTOBIOGRAFÍAS


En la última semana he leído dos libros autobiográficos con argumentos muy distintos. El primero: Un saco de canicas, de Joseph Joffo, escritor de familia judía y nacido en París en 1931, contiene sus recuerdos de niño en la Francia ocupada por los nazis.

El segundo, La habitación de invitados, de la escritora australiana Helen Garner, relata los problemas a los que tuvo que enfrentarse, al recibir en su casa a una antigua amiga enferma de cáncer.

El hecho de que ambos libros sean autobiográficos y estén bien escritos, ayuda a hacer creíbles las historias que cuentan. Algo que no siempre sucede y que incide de manera notable en la calidad literaria de la obra.

Los sucesos relatados por Joseph Joffo, que mira hacia atrás con ojos de adulto, aparecen, en cierto modo, desprovistos del componente trágico que debieron tener en su momento. Esto, quizá, proporcione al libro un valor añadido: el autor sabe hacer de nuevo suyos los pensamientos y las vivencias de la criatura que fue, enfrentándose a las circunstancias terribles que afectan a su familia como si se tratase de una sucesión de aventuras con final feliz.

La historia que cuenta Helen Garner no está embellecida por el paso del tiempo. Las dificultades que conlleva intentar que la vida de una persona enferma sea lo más cómoda posible, el choque con los deseos y las expectativas del enfermo, el desgaste físico y emocional que experimenta el que acompaña y cuida, están expuestos con descarnada sinceridad y crudeza, pero también con una gran dosis de compasión y ternura.

viernes, 2 de julio de 2010

SISTEMAS

Acabo de leer un extraordinario libro de relatos cortos. Se trata de Pájaros de América, de la escritora norteamericana Lorrie Moore.
Considero que es un libro extraordinario, por la elección de los temas tratados y por la forma en que se presentan al lector.

Alguien ha comparado a Lorrie Moore con Raimond Carver. Creo que la semejanza fundamental entre ambos autores es que los dos son norteamericanos y escriben relatos cortos, extraídos de la vida cotidiana.
La diferencia estriba en que, mientras Carver nos presenta el lado más oscuro de lo cotidiano en toda su crudeza, sin adornos lingüísticos y sin esperanzas de ninguna clase; en los relatos de Lorrie Moore, el lenguaje está embellecido con imágenes, metáforas y poéticas reflexiones. Además, la esperanza pervive; disfrazada, escondida, trémula, agonizante... Todos los adjetivos que queramos poner, pero pervive.

Cada uno de los protagonistas de sus historias intenta construir un sistema de vida personal, que le aporte, aunque sólo sea, un ramalazo breve de placer, un destello de luz en el oscuro túnel de la supervivencia.

No me refiero sólo a un placer físico, sino también psíquico, quizá espiritual; pero, y ésta es otra característica de la escritora, analizado hasta la saciedad por el intelecto, que hierve en un viaje, mejor en una huida, hacia atrás y hacia delante. Hacia lo que fue, lo que es, lo que será o lo que desearíamos que fuera.
Los personajes reflexionan sin tregua alguna sobre sus existencias. Cada gesto, acontecimiento, sentir, es diseccionado de forma exhaustiva; de tal modo, que es imposible encontrar la paz de la que hablan los libros de autoayuda, que pretenden enseñarnos a vivir el ahora (El poder del ahora de Eckhart Tolle), o la técnicas de meditación destinadas a vaciar la mente.

Después de Pájaros de América, Lorrie Moore ha escrito otros libros. Manolo me prestó el último publicado en España: Al final de la escalera. En él se reconoce la voz de la escritora, por la forma en que escribe. Sin embargo, opino que fracasa en el intento de prolongar la historia que nos cuenta.

En un relato corto, puede quedar abierto el desenlace. La libertad, intrínseca a los seres humanos, nos permite trazar nuestros particulares sistemas y afrontar desde ellos la existencia.
No sucede lo mismo al alargar la trama. En este caso, la exposición, el nudo y el desenlace de la historia son elementos muy importantes para considerarla perfecta.

lunes, 28 de junio de 2010

"UNA MUJER FRENTE A LOS SEÑORES DE LA GUERRA"



La diputada afgana Malalai Joya ha venido a España a recoger el premio a la mejor labor humanitaria, que otorga una conocida revista. Al mismo tiempo, aprovechó la estancia para presentar sus memorias, contenidas en el libro “Una mujer frente a los señores de la guerra”.

Malalai Joya fue expulsada del Parlamento afgano hace cuatro años. Desde su puesto de parlamentaria, denunciaba las continuas injusticias que se producen en el país, por parte de los que mandan desde dentro, políticos y militares afganos, y desde fuera, políticos y militares extranjeros.

Esta frágil y joven mujer, tiene 32 años, se presentó a recoger el premio ataviada con una camiseta en la que se leía “No a la OTAN”, sin importarle que al acto asistieran Ministras y Presidentas de Comunidad. Sus convicciones, lo que ella defiende, jugándose todos los días la vida (ha sobrevivido a cuatro atentados), están por encima de cargos, honores y prebendas.

Acusa de crímenes contra la Humanidad a la mayoría de los miembros del Parlamento, muchos de ellos señores de la guerra y narcotraficantes, además de criminales. Acusa a EEUU de emplear en gastos militares cien millones de dólares diarios, mientras que dedica a reconstruir la nación sólo siete millones. Considera que su país no es más que el tablero de ajedrez en el que juegan las grandes potencias mundiales, con el único objetivo de ejercer un control sobre la zona.
En ese juego, la población civil siempre ha sido la gran sacrificada: el 70% vive con menos de dos dólares diarios, la mayoría de los hombres y el 80% de las mujeres son analfabetos; más de un millón de personas, el doble de la media mundial, están enganchados al opio (en Afganistán se produce el 97% del opio del mundo); y, además de opio, su empobrecido suelo contiene el mayor número de minas antipersonas del planeta.

A pesar de estos abrumadores datos, Malalai Joya no pierde la esperanza. Parte de una realidad terrible, pero sueña con un futuro muy distinto, porque “Ningún gobierno, en especial si es cruel, puede permanecer en el poder eternamente. Podemos cambiar el destino, si nos lo proponemos. Sólo depende de dar el máximo en esa particular guerra que hemos decidido luchar”.

He leído dos novelas centradas en Afganistán: La casa de los sentidos del escritor paquistaní Nadeem Aslan y Cometas en el cielo del también escritor, pero esta vez afgano, Khaled Hosseini. Son obras distintas: terrible y descarnada la primera, sentimental y entrañable la segunda. En ambas, con gran lirismo, los autores nos muestran un país desgarrado por la violencia de uno y otro signo, una sociedad rota y unos seres a los que el destino, ése en el que no cree Malalai Joya, en forma de soviéticos, americanos, talibanes y señores de la guerra, golpea con extrema dureza.

El libro de hoy no es una novela, sino el testimonio de una mujer valiente que, como tantas en todas partes, casi siempre desde el anonimato, contribuyen a cambiar el mundo.

miércoles, 23 de junio de 2010

Ensayo sobre el cansancio


Hace ya algunos días, mi amigo Manolo llevó a la tertulia un libro de Peter Handke. Aunque no había leído nada de este autor, el título del libro “Ensayo sobre el cansancio”, me hizo pensar que encontraría en él alguna explicación para mis cansancios actuales.

Tras la rápida lectura, sólo tiene noventa y una páginas, decidí escribir en el blog una pequeña reseña del ensayo, diciendo, por ejemplo, que, en el inicio, aparece un versículo del evangelio de San Lucas; y al final, un lugar y una fecha: Linares, Andalucía, marzo de 1989.

El caso es que pasó el tiempo y ayer, al sentarme ante el ordenador y ponerme a buscar las palabras con las que transmitir mis impresiones de lectora, todo empezó a girar en torno a un título distinto, no se trataba ya de un “Ensayo sobre el cansancio”, sino de un ensayo “sobre la soledad”.

Lo curioso del caso es que, dejando al margen explicaciones más o menos freudianas, sea uno u otro el título de la obra, las conclusiones a las que llego son las mismas.

Respecto al “cansancio”, creo que Peter Handke distingue dos cansancios bien diferentes entre sí: el que embrutece y el que te reconcilia con el cosmos. En uno y otro caso pone ejemplos extraídos de su infancia, estudios, trabajos, relaciones con mujeres, etc. Por supuesto, reivindica, hay que decir que utilizando de forma exquisita el lenguaje, el cansancio creativo, el que te aporta paz, el que te hace sentir que formas parte de un mundo en el que todo encaja, “la empatía como comprensión”.

Respecto a la soledad, pidiéndole perdón a Peter Handke por adueñarme de sus argumentos, la distinción podría ser la misma: existe una soledad que embrutece y otra que te deifica y te une al cosmos.

Cualquier ser humano está capacitado para sentir las dos. Luego, todo depende de la manera como las viva y las use. En resumen, se trata de elegir.

sábado, 19 de junio de 2010

HA MUERTO JOSÉ SARAMAGO

Al contrario que de Miguel Delibes, de José Saramago no he leído demasiados libros. Para mayor precisión, sólo seis: Memorial del convento, Viaje a Portugal, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres, Ensayo sobre la lucidez y El hombre duplicado.
Pero esas seis obras creo que me permiten hablar, con una cierta objetividad, de su valía como escritor y como persona.

Como escritor, su lectura no resulta demasiado fácil. Aunque hay grados de dificultad, desde el barroquismo de Memorial del convento y la historia de Blimunda y Baltasar Sietesoles en el Portugal empobrecido y supersticioso del siglo XVII, hasta el retrato fiel y sosegado de lugares y gentes en Viaje a Portugal o el ataque irónico a los actuales sistemas políticos en Ensayo sobre la lucidez. Pero, en general, el lenguaje que usa suele ser culto y, a veces, críptico.

Como persona, José Saramago siempre deseó cambiar el mundo desde una posición de izquierdas, era comunista, y utiliza su obra para promover ese cambio. A través de personajes y situaciones, denuncia las injusticias y los mecanismos mediante los cuales el poder manipula, aliena y convierte en seres manejables, sin capacidad crítica y sin ninguna clase de rebeldía a sociedades enteras.

Sin embargo, Saramago no se limita a denunciar sólo a los poderosos, quiere también que los oprimidos despierten, que no se acomoden, que sean críticos, en fin, que abran los ojos, porque para cambiar el mundo no se pueden ir dando palos de ciego, hay que dotarse de instrumentos y razones.

Otro punto a favor del escritor-persona, es que pone su vida al servicio de los ideales que defiende. Teoriza y actúa. Está siempre dispuesto a apoyar con su presencia activa a todos los que sufren una situación de injusticia manifiesta: indígenas de Chiapas, palestinos, saharauis...

José Saramago afirmaba que “El lector, no lee la novela, lee al novelista”. Yo no estoy muy de acuerdo en otros casos. En el suyo, debo confirmar que tal afirmación se cumple por entero, y es grato conocer a un creador de esa categoría intelectual tan fiel a sus principios morales y éticos.

Por lo tanto, ha muerto José Saramago, será un placer continuar leyéndolo en sus obras.

lunes, 31 de mayo de 2010

"BAJO LAS ROSAS, EL LIBRO"


Termina mayo y aún no hablé de poesía, siendo este mes proclive a dicho género.
La primavera despliega su abanico de pájaros y flores. El Sol nos visita temprano y luce, rezongón, hasta muy tarde.
Todo esto y mucho más, lo expresan los poetas de manera admirable.
Aunque, no sé por qué, recuerdo más poemas brumosos y otoñales que radiantes de luz.

Quizá leí, o me lo habré inventado, que el espacio que el lector prefiere labrar durante la lectura de una obra, no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino el que está entre lo escrito y él mismo. Ahí debe residir la explicación del placer por la bruma.

Siempre he dicho que no tengo un elenco de autores favoritos, pero sí que me gustan determinadas obras de diversos autores. La excepción en poesía es Antonio Machado. De él me gusta todo. Hasta me reconozco en el Retrato que inicia su libro Campos de Castilla. Luego elijo a Pablo Neruda, por aquello de “labrar el terreno”: Los versos del capitán, Veinte poemas de amor y una canción desesperada (amarga adolescencia). Después a varios cientos más: Rubén Darío (mi padre me hizo aprender muchos de sus poemas de memoria), Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Blas de Otero, Gabriel Celaya, León Felipe, Gloria Fuertes, Manuel Machado, Miguel Hernández, Gustavo Adolfo Bécquer, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Vicente Aleixandre, Carlos Marzal, y ahora, en su centenario, me he encontrado feliz con Luis Rosales.

De todos los poetas anteriores, y de bastantes más, que omito por razones de espacio, recuerdo algún poema; un verso, una pequeña estrofa, que me sirvió de apoyo, de consuelo o estímulo en un determinado momento de mi vida.

Y como estoy leyendo a Luis Rosales, aprovecho y celebro el centenario, dejando aquí, como breve homenaje, uno de sus poemas.
Con él termina mayo. Ésta es su voz:

SIEMPRE MAÑANA Y NUNCA MAÑANAMOS

Al día siguiente,
-hoy-
al llegar a mi casa –Altamirano, 34- era de noche,
y ¿quién te cuida?, dime; no llovía;
el cielo estaba limpio;
-“Buenas noches, don Luis” –dice el sereno,
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
-sí, todas las ventanas-
Gracias, Señor, la casa está encendida.

martes, 25 de mayo de 2010

El tiempo envejece deprisa



Acabo de leer un libro de Antonio Tabucchi. Se trata de una colección de cuentos y su título es “El tiempo envejece deprisa”.
No es mi intención entrar en disquisiciones filosóficas acerca del tiempo y lo mucho que se le utiliza en Literatura. Tampoco pretendo analizar qué pretende decirnos con ese título el autor del libro; que, por otro lado, considero está muy bien escrito, aunque sigo prefiriendo Sostiene Pereira; pequeña obrita de Tabucchi, tan original y sorprendente, que nunca me canso de releerla.
Antes no me gustaban los libros de relatos cortos; me sabían a poco. La experiencia en la lectura me ha ayudado a entender la complicación que conlleva constreñir una historia en breves líneas; también a valorar a los que saben hacerlo con maestría.
Citaré algunas obras que me ayudaron a cambiar de opinión:
-Las armas secretas y otros relatos de Julio Cortazar. Aquí el autor juega con el orden de las palabras, manifiesta su preocupación por el tiempo y el espacio e introduce lo extraño, lo original y lo fantástico, al narrar, de manera realista, sucesos cotidianos.
-Bartleby, el escribiente y otros cuentos de Herman Melville. Auténtico conjunto de interrogantes metafísicos, que demuestran un profundo conocimiento del ser humano. Por ejemplo, Bartleby es la persona que se consume en el aislamiento de su propia actitud. Se considera un precursor de Kafka.
-¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver. Relatos que presentan situaciones habituales, analizadas con “rayos x”, en las que todos los pormenores de la vida adquieren una relevancia sagrada. Exponente del realismo sucio, narra hechos ordinarios con total precisión.

sábado, 15 de mayo de 2010

AFRONTAR UN CONFLICTO

Existen diversas maneras de afrontar un conflicto. El viernes analicé con mis alumnos dos de ellas. La primera, enfrentarse al problema, extrayendo siempre de él algo que nos permita ser mejores personas. La segunda, no enfrentarse: cargarlo sobre los demás, buscar cualquier clase de evasión externa, suicidarse, etc.
Los libros nos presentan actitudes de todos los tipos. Por ejemplo, en Los que vivimos de Ayn Rand, los protagonistas principales representan tres: enfrentamiento, evasión y suicidio.
Bella del Señor de Albert Cohen, Anna Karenina de León Tolstóy, Madame Bovary de Gustave Flaubert, son, simplificando enormemente, historias trágicas de seres que no supieron afrontar sus conflictos.
No obstante, también hay libros en los que el protagonista sale fortalecido de complicadas o terribles vivencias: Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz, El hombre en busca de sentido de Víctor E. Frankl, Archipiélago Gulag de Alexsandr Solzhenitsyn, Kim de Ruyard Kipling, Casa desolada de Charles Dickens, Brooklyn Follies de Paul Auster, Balzac y la joven costurera china de Dai Sijie, etc. Narraciones muy diferentes entre sí, pero que tienen en común el triunfo de la persona sobre la adversidad y su crecimiento interior a costa de ella.
¿Qué es preciso poseer para reaccionar de una forma u otra? Aquí hay tantas respuestas como seres humanos. Respuestas que, por fortuna, podemos encontrar en los libros.
Recuerdo, junto a los anteriores, un relato que me ayudo en cierta época de mi vida. Se trata de Ligero de equipaje de Carlos G. Valles, especie de biografía del jesuita hindú Tony de Mello.
Sus ideas sobre la libertad, las relaciones humanas, los recuerdos, el modo de enfrentarse a la vida, de "vivir los conflictos", de adquirir fortaleza interior, me sirvieron y me sirven para modificar bastantes actitudes personales.

domingo, 9 de mayo de 2010

"LA BIBLIOTECA DE NOCHE"

Y se hizo de noche en la Biblioteca.
Milagros del Corral, directora de la Biblioteca Nacional, dimite de un cargo que, por amor a los libros y a la cultura en general, había aceptado estando jubilada. Un cargo que ha desempeñado durante dos años y que le ha permitido reorganizarla de arriba abajo: inventariando y digitalizando los fondos, impulsando multitud de proyectos culturales, abriéndola a las redes sociales, etc.
Ahora, cuando están en marcha los actos del Tercer Centenario de la Biblioteca Nacional de España, que han de celebrarse el año próximo, el poder, siempre el poder, rebaja el rango de la institución. Con la excusa de que es preciso ahorrar unos miles de euros, deja de ser una Dirección General. Así pierde autonomía y pasa a depender del Ministerio correspondiente.
Milagros del Corral dimite de su cargo por lo mismo que lo aceptó antes: por amor a los libros y a la cultura.
Cesar Antonio Molina no entiende el proceder del Gobierno: “Me parece un inmenso error lo que ha sucedido. Es una cuestión simbólica. ¿Por qué se tiene que degradar a la Biblioteca Nacional, que es la madre de todas las bibliotecas españolas e hispanoamericanas, la madre de 500 millones de personas que hablan español y nos representa a todos”.
En fin...
La biblioteca de noche de Alberto Manguel, es un amplio y documentado ensayo sobre los distintos aspectos que, según el escritor, merecen estudiarse relacionándolos con una biblioteca.
Alberto Manguel parte de la construcción de su biblioteca particular, presentando a continuación las bibliotecas más famosas de la historia: Alejandría, Córdoba, Bagdad..., mediante capítulos que titula, por ejemplo, “La biblioteca como isla”, “Como sombra”, “Como supervivencia”, “Como olvido”, etc.
El ensayo no sólo sirve al autor para describirnos estas bibliotecas y las circunstancias que las hicieron posible, sino también para hablarnos de los hombres que participaron en su creación: arquitectos, escritores, políticos, etc.

lunes, 3 de mayo de 2010

A LA SOMBRA DE SÉNDER


Hace bastante tiempo, mi amigo Manolo me prestó el libro La tesis de Nancy, publicado por Ramón J. Sénder en 1962, y que tiene como protagonista a una joven universitaria norteamericana, Nancy, que viene a España, Andalucía en concreto, para realizar su tesis doctoral sobre el mundo de los gitanos.

El contacto con dicho mundo, las costumbres, el lenguaje peculiar que utilizan, la traducción literal que la joven hace de cada palabra, los equívocos, las situaciones absurdas que relata el autor, etc., me divirtieron enormemente al principio de la lectura.

Sin embargo, conforme avanzaba en las páginas, la diversión iba desapareciendo. Al final entendí hasta qué punto Sénder critica en esta obra una determinada manera de ser y de vivir. Su visión es amarga y desesperanzada. No hay nada de jocoso en ella.

Es lo que me sucede cuando intento, como me prometí a mí misma meses atrás, contar, a modo de despedida, lo que sucede en las distintas clases.

Quizá, en el momento de comprometerme, pensaba que la situación se modificaría con el tiempo. Que el desastre de notas, haría reaccionar a los alumnos y a sus padres. Me equivoqué del todo, vamos a peor; y eso no tiene ninguna gracia.

Es la primera vez, en mi larga vida laboral, que en un curso de veintidós alumnos, apruebo a cinco y no me hago ilusiones de que este número aumente en la evaluación próxima.

Una de las medidas que propone el Sr. Gabilondo, Ministro de Educación por más señas, es reducir el número de materias en el primer ciclo de ESO. Que comience la reducción en Primaria o su medida no servirá de nada. Habla también de modificar 4º de ESO, orientando a unos alumnos hacia Formación Profesional y otros hacia Bachillerato. Tampoco servirá de nada. En 1º de Secundaria, la mayoría de los alumnos saben ya lo que desean hacer.

Dicen que rectificar es de sabios. Ofertemos tres opciones, a partir de 2º de ESO: Formación Profesional, Bachillerato y una mezcla de materias instrumentales y profesionales (siempre en número reducido) para aquellos alumnos que están en clase a la fuerza y no han cumplido dieciséis años.

Por supuesto, habrá también que revisar los programas. En Geografía e Historia de 1º y 2º de Secundaria hay tal cantidad de contenidos, que para que un alumno los dominase todos, se tendría que dedicar exclusivamente a esta asignatura (y son catorce).

miércoles, 28 de abril de 2010

FIGURACIONES

Hace algunas semanas, proyectaron en el cine club Layndon la película La escafandra y la mariposa, que dirigiera en el año 2007 Julian Schnabel.
El protagonista de dicha película, Jean-Dominique Bauby, queda totalmente paralizado a consecuencia de una embolia masiva. Tras veinte días en coma, descubre que las únicas capacidades que aún permanecen vivas en él son la memoria y la imaginación. Jean-Dominique se vale de ellas y dicta, parpadeando con un solo ojo, el libro que dará lugar a la película citada.
Memoria e imaginación, cualidades indispensables para crear, en cualquier clase de circunstancia; para inventar figuraciones como productos de esa creación.
Con la memoria podemos nutrirnos de recuerdos, que la imaginación modificará a su antojo, dependiendo de muchos y variados factores. Factores que nos hacen diferentes e impregnan de originalidad las obras en cualquier campo de las Bellas Artes.
La memoria y la imaginación nos permiten vivir al margen del rebaño; nos dan la libertad necesaria para ser uno mismo y aceptar el bagage que llevamos a cuestas, pero también para imaginarnos diferentes y figurarnos un mundo a nuestro modo.
Todos esos creadores que aparecen en Hebemagazine: ilustradores, músicos, arquitectos, narradores, fotógrafos, poetas, actores, directores de cine... utilizan, de manera admirable, la memoria y la imaginación; se figuran, proyectan, inquietan, emocionan...
Contemplando sus obras, leyendo sus relatos, escuchando sus voces, podemos trasladarnos a universos distintos. Cada uno posee el suyo, tejido de recuerdos y poblado de esas figuraciones íntimas. personales, únicas, diferentes... que se escapan y vuelan, superando barreras y escafandras.
Figuraciones que llegan a nosotros, las gentes de aquí abajo, y nos hacen mejores, porque en ellas se aprehende lo divino.
Como divina fue la mariposa que suavizó el dolor de Jean-Dominique.

viernes, 23 de abril de 2010

DÍA DEL LIBRO


Con motivo del DÍA DEL LIBRO, han llegado a mis manos catálogos que recogen las últimas ofertas editoriales. Son cientos de títulos de autores diversos, consagrados y noveles, para cuya lectura sería preciso disponer de varias vidas.


Ya que, al menos por el momento, tal eventualidad es imposible, me he propuesto hacer una selección. Es decir, leer y, en su caso, comprar, sólo aquellos que juzgo interesantes.


Dirán algunos que el juicio de una persona, en lo tocante a la literatura, rara vez puede calificarse de objetivo. Estoy de acuerdo, pero considero que a cierta edad se tiene criterio suficiente para saber lo que gusta y lo que no.


Hubo un tiempo en el que leía todo. Mirando ese pasado en lontananza, creo haberme perdido bastantes experiencias. De niña, cuando aprendí a descifrar las historias que contaban los libros, dejé a un lado los juegos y las relaciones sociales comunes a esa edad, construyendo un paisaje a la medida de mis fantasías.


Tal era mi afición, que el poco dinero que lograba reunir, lo destinaba siempre a comprar cuentos; de mayor, fueron libros, convertidos en algo tan preciado, que aún recuerdo los títulos que presté y no me devolvieron: Corazón, de Edmundo de Amicis, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, El niño feliz, su clave psicológica de Dorothy Corkille Briggs, etc.


El propósito de seleccionar las posibles lecturas, no afecta a la pequeña biblioteca que he logrado reunir. No entra en mis planes la "retroactividad bibliotecaria".


Francisco Umbral decía que los malos libros iban a parar a la piscina de su casa. Yo no tengo pìscina, tampoco "malos libros". Debemos suponer que sus autores los escribirían con un cierto interés, con ganas de contar y compartir, de ser conocidos, de ganar dinero... Son múltiples razones y no se puede rechazar ninguna. Pienso que todas ellas proporcionan al libro un halo de bondad.


Eso no quiere decir que, de ahora en adelante, no sea rigurosa seleccionando obras literarias. Desde luego que sí. Aunque haré una excepción con las que me regalen. Una de las últimas se titula Los ojos amarillos de los cocodrilos, la escribió Katherine Pancol y se presentó al mercado como el no va más de la originalidad. En fin...

viernes, 16 de abril de 2010

LA FORJA DE UN REBELDE


Entre las obras literarias que hablan de la Guerra Civil, hay una que suelo recomendar a los que ya han cumplido 30 años. No porque sea difícil de leer, sino porque al 99% de los jóvenes menores de esa edad, víctimas de la LOGSE, el pasado histórico les interesa poco; algo que mi experiencia docente me permite comprobar cada día.

Volviendo a la obra recomendada, se trata de La forja de un rebelde, su autor es Arturo Barea, está compuesta por tres libros de carácter autobiográfico: La forja, La ruta y La llama, y considero que es el documento más serio y cabal que alguien ha escrito sobre un periodo histórico execrable, del que aún quedan supervivientes.

No así Arturo Barea, nacido en Extremadura en 1897 y muerto en Gran Bretaña en 1957, adonde se exilió en 1939 y donde publicó, en inglés, sus libros; traducidos al español en Argentina en 1951. En España, prohibidos por la censura durante la dictadura franquista, no pudieron leerse legalmente hasta 1977.

En el primer libro, La forja, el escritor habla de su infancia, estudios y primer trabajo. Realiza un extraordinario retrato psicológico de las persona que aparecen en el relato (madre, tíos, abuelas, vecinos, etc) y describe poéticamente los paisajes que frecuenta.

El segundo libro, La ruta, se centra en la guerra de Marruecos, en la que participa Arturo Barea con el grado de sargento. Su análisis del mundo militar, denunciando las condiciones de vida de los soldados, a los que se obligaba a ir a la guerra porque no tenían dinero para librarse de ella, resulta demoledor.

En el tercer libro, La llama, el autor analiza, sobre todo, la Guerra Civil desde una posición de izquierdas, pero buscando la máxima objetividad. Aun a costa de perjudicarse a sí mismo, no oculta sus errores. Es una rigurosa fotografía de personajes y hechos, unas veces heroicos y otras siniestros: Defensa de Madrid, desde el asalto al Cuartel de la Montaña. Enfrentamientos entre partidos; multitud de grupos políticos de izquierdas y derechas, que no hacen nada por entenderse. Huida del Gobierno a Valencia. Resistencia desesperada en la capital de la nación. Exilio a Francia y después a Inglaterra.

Arturo Barea es un militante de la UGT, idealista y soñador, al que poco a poco van decepcionando las distintas opciones políticas de aquel tiempo convulso. Esa decepción le lleva a escribir un libro amargo, pero en absoluto revanchista y, en muchas páginas, lleno de ternura, que te impele a valorar al ser humano en toda su dignidad y grandeza. Su estilo es directo y ágil. Disecciona los hechos y hace al lector partícipe de sus dudas y sus descubrimientos. Indaga, busca expliciones, nunca acepta las cosas porque sí, huye del dogmatismo.

La forja de un rebelde fue convertida en una serie de televisión y estrenada por Televisión Española en 1990 bajo la dirección de Mario Camus.

domingo, 11 de abril de 2010

ELUCUBRACIONES

Reflexionando acerca de la paulatina falta de preparación académica que, año tras año, presentan nuestros alumnos, creo que el desastre se inició con los primeros Diplomados en Educación General Básica, Plan Experimental 1971, entre los que me encuentro.

Recordemos que eran los últimos años del franquismo y el deseo de cambio se hacía patente en las universidades. Así que a los flamantes Profesores de EGB nos llenaron la cabeza de teorías pedagógicas, que pretendían romper con lo anterior, basadas en el análisis psicológico y sociológico del alumnado, la aplicación de tests, el repudio de la memoria como inteligencia de los tontos, las ristras de objetivos conceptuales, procedimentales y actitudinales, previos a la siempre necesaria programación de contenidos; los centros de interés, las comisiones deliberativas, las matemáticas de conjuntos, etc.

Podría seguir enumerando conocimientos que no me sirvieron de nada, cuando me enfrenté a una clase con treinta y cinco alumnos de Primaria.

¿Qué me ayudó entonces? Además de la vocación que siempre tuve, unas excelentes y experimentadas compañeras, que compartieron conmigo lo que sabían, y era mucho. Gracias a ellas y a mi propio esfuerzo, desempeñé con cierta eficacia la tarea elegida. Durante nueve años, di clase a niños de 1º y 2º. Impartía todas las materias, centrándome en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo.

Pero los teóricos de la educación, los que jamás pisaron una escuela, seguían con su labor de zapa. Tal vez en connivencia con las editoriales, grandes beneficiadas de la LOGSE, decidieron diversificar los conocimientos que debían adquirirse en el colegio; y, con la diversificación, aparecieron los especialistas.

Ahora, a una clase de alumnos de 1º entran alrededor de seis profesores de distintas especialidades; a saber: Enseñanzas Artísticas (Música, Plástica y Manuales), Inglés, Educación Física, Religión/Alternativa, apoyo y el tutor, que no siempre tiene la posibilidad de impartir Castellano, Valenciano, Matemáticas y Conocimiento del Medio. En algunos centros ofrecen también materias opcionales; por ejemplo, Informática. En 5º curso, se añade a lo anterior, Educación para la Ciudadanía.

Recapitulemos. Una criatura de 6 años, 1º de Primaria, ha de enfrentarse a un elevado número de profesionales diferentes y asimilar lo que cada uno de ellos pretende enseñarle. Lo mismo sucede en 2º, 3º, 4º, 5º y 6º. Resultado, sólo los que cuentan con la ayuda constante de sus padres o gozan de una inteligencia privilegiada, retienen algunos conocimientos. El resto llega a Secundaria y no recuerda nada.

Las salas de profesores de los institutos se llenan de lamentos: ¡No saben escribir! ¡No entienden lo que leen! ¡No traen ninguna base! ¡Tres líneas y diez faltas de ortografía! Y se queja el de Inglés, el de Música, el de Castellano, la de Valenciano y la de Sociales. Y se queja el de Educación Física, el de Tecnología, el de Plástica, la de Naturales, el de Matemáticas y la de Educación para la Ciudadanía.

No quiere esto decir que la única responsabilidad en el desastre educativo que nos acongoja la tenga sólo el porcentaje de asignaturas distintas que soportan las espaldas de nuestros chicos; pero la experiencia adquirida me permite afirmar que ese hecho ocupa un lugar preferente.

¿Está todo perdido? Por supuesto que no. Elucubrando, elucubrando, me viene a la memoria un libro extraordinario: bien escrito, fresco, original y conmovedor. (Gracias, Manolo, es de los tuyos). El libro se titula Balzac y la joven costurera china; su autor, Sijie Dai, escritor y director de cine, fue internado en un centro de reeducación escolar de 1971 a 1974, durante la Revolución Cultural de Mao Zedong.

Esta pequeña obra, 192 páginas, en parte autobiográfica, es un canto a la libertad, al poder liberador de la Literatura, y denuncia a los que quieren cambiar la forma de pensar de los demás por la fuerza y de manera planificada.

Pese a lo serio del tema, el libro presenta multitud de rasgos humorísticos que permiten, de algún modo, relativizar lo sucedido y seguir confiando en las personas, capaces de superar cualquier escollo; en este caso, con ayuda de la Literatura.

lunes, 29 de marzo de 2010

FAHRENHEIT 451


Tomando como excusa las ofertas de televisores de pantalla panorámica y equipados con diversos artilugios, para mí incomprensibles, que están llegando a casa en estos días, aporto al blog un libro que me impresionó al leerlo hace bastante tiempo; de tal manera, que no he olvidado la historia que contiene, ya que, día tras día, he podido comprobar cómo se cumplen las premoniciones del autor. Se trata de Fahrenheit 451, publicado por el escritor estadounidense Ray Bradbury en 1953.

Ray Bradbury nos presenta una sociedad que acepta el control férreo de las autoridades políticas, que les amenazan con perversos enemigos, a los que hay que mantener alejados. Entre estos enemigos están los libros, acusados de corromper las mentes con sus historias y, por ello, condenados a la hoguera. De la búsqueda y destrucción de esos libros se encarga un equipo de bomberos que jamás apagaron un incendio.

En la obra, de sólo 175 páginas, se habla de la soledad humana en general (el individuo aislado es fácilmente manejable), fomentada por una autoridad totalitaria y fundamentalista. Por ejemplo, prohíben que los vecinos se reúnan en el porche a conversar un rato; y, de la soledad de la pareja, en particular: el uso de somníferos, la utilización de auriculares que dificulta la comunicación, el rechazo a los hijos, etc.

Pero también, y es lo que nos ocupa, se presenta a la televisión como faro que dirige el comportamiento de las personas. Los televisores invaden espacios considerables en las habitaciones y los espectadores se sienten parte de la gran familia televisiva.

Así, de forma gradual, va calando el mensaje que se desea transmitir, produciéndose el cambio pretendido en actitudes y comportamientos.

Si miramos a nuestro alrededor, e intentamos hacerlo de manera objetiva, en especial los que ya hemos cumplido algunos años y estamos en colegios e institutos, podemos comprobar hasta qué punto influyen en los alumnos los contenidos de la televisión.

No me atrevo a calificar lo que veo de irreversible, tampoco lo describo, que cada cual extraiga sus propias conclusiones. Después, que lea el libro y vea la película del mismo título a que dio lugar, dirigida por François Truffaut.

Quizá, si ve reflejado lo que ocurre hoy en un libro de 1953 y en una película de 1966, crea que deben tomarse algunas decisiones racionales.

Por mi parte, quiero ser optimista, Ray Bradbury lo es; incluso, su libro acaba bien. Una razón como otra cualquiera para que no perdamos la esperanza.