domingo, 17 de marzo de 2019

SUNSET PARK


El primer libro que leí de Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias 2006, fue Brooklyn Follies. Después vinieron otros muchos que me pareció respondían más que el citado a lo que el escritor norteamericano llama sus obsesiones: el azar como organizador de la vida de cada ser humano, el desarraigo, la búsqueda del sentido de la propia existencia, el amor a la lectura, la contraposición entre lo extraordinario y lo cotidiano, las relaciones entre padres e hijos, el sentimiento de culpa,  por citar algunas de esas obsesiones que podemos encontrar en Sunset Park, el libro que hoy traigo a Opticks.
El principal protagonista de Sunset Park, aunque en el libro hay varios que pueden considerarse como tales, es Miles Héller, un joven de 28 años que vive en Florida, se dedica a limpiar viviendas que han debido abandonar sus moradores por impago, deudas o ejecución de hipoteca, y mediante disciplina y dominio de sí mismo, ha logrado en los siete años y medio transcurridos desde que dejó la universidad no tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada díaLa lectura es la única obsesión de la que no desea curarse.
Sin embargo, los planes de Miles se ven alterados cuando interviene el azar, facilitando se encuentre en un parque con una jovencita que está leyendo la misma obra que él: El gran Gatsby.
La jovencita se llama Pilar Sánchez, es cubana, tiene 17 años, estudia el último curso de bachiller y cambia por completo la vida del joven, que establece con ella una relación de pareja basada en el amor y la admiración mutuas, pero que cuenta con el inconveniente de que la chica es menor de edad, lo que provoca que una hermana de ella chantajee al joven que decide volver a Nueva York, ciudad en la que vivía y en la que aún viven sus padres, y esperar allí la mayoría de edad de Pilar.
En Nueva York, Miles se encuentra con Bing Nathan, antiguo compañero de estudios de ideas anarquistas y el único con el que ha mantenido contacto.
Bing, que en todo momento mantuvo al padre de Miles informado de sus movimientos, aunque él no lo sabe,  es músico y dueño de un local al que llama Hospital de Objetos Rotos, en el que repara marcos y chismes arrumbados por el progreso. Sus dos ocupaciones apenas le dan para vivir de manera precaria, así que ocupa ilegalmente una vieja casa de madera abandonada en el barrio de Sunset Park.
Le acompañan en la ocupación una joven de 29 años pintora aficionada que trabaja en una inmobiliaria, Ellen Brice, y una universitaria treintañera, Alice Bergstrom, que prepara la tesis doctoral sobre las relaciones y conflictos entre hombres y mujeres en Estados Unidos tal como se muestra en obras literarias y cinematográficas de 1945 a 1947. Esto le permite a Paul Auster, como sabemos gran amante del cine, explayarse en el análisis de una película de 1946, Los mejores años de nuestra vida; también le sirve para analizar la crisis económica y de ideales que están viviendo los protagonistas de la novela.
Para realizar esta serie de análisis, en el marco de la ciudad de Nueva York, Paul Auster presenta los capítulos en los que aparecen Bing, Alice, Ellen o Miles, exponiendo alternativamente lo que hace, dice o piensa cada uno de ellos.
A los capítulos dedicados a los cuatro jóvenes que titula con sus respectivos nombres, se unen otros en los que los personajes principales son los padres de Miles: Morris Héller y Mary-Lee Swann.
De nuevo aparecen aquí las obsesiones del autor reflejadas en Morris, editor de libros de alta literatura, de su amigo Renzo, famoso escritor que dice atravesar una etapa de crisis en el proceso creativo, y Mary-Lee Swann, actriz de cine y teatro de mediana edad, divorciada de Morris y con un cierto complejo de culpa por haber abandonado a Miles a poco de nacer.
Todo este contenido, y mucho más, por ejemplo, las referencias al béisbol, en 298 páginas.
Aun así, pese a la densidad del contenido, Sunset Park de Paul Auster se lee con facilidad y agrado. Sólo los capítulos finales, ésa es al menos mi impresión, me parecen un tanto improvisados y farragosos.



viernes, 8 de marzo de 2019

ÉPOCA DE MIGRACIÓN AL NORTE


Tras una larga ausencia, señores, volví junto a mi gente. Fueron exactamente siete años los que pasé estudiando en Europa. Aprendí muchas cosas y muchas otras me quedaron por aprender, pero esa es otra cuestión. Lo importante es que volví con un ardiente deseo de encontrarme con los míos en ese pueblecito de la curva del Nilo.
Se alegraron mucho de verme y armaron un gran alboroto a mi alrededor y enseguida sentí que empezaba a derretirse el hielo de mi corazón, como si hubiera pasado mucho frío y de repente el sol me calentara.
Era el calor de la vida entre mi gente, del que no había disfrutado durante tanto tiempo en un país “en el que los peces se mueren de frío”.

Así empieza, con algunas variantes, la obra literaria que hoy traigo a Opticks, se titula Época de migración al Norte, fue editada en 1966, tiene 192 páginas, está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX escritas en árabe y su autor es el sudanés Tayyeb Saleh.
Tayyeb Saleh nació en 1929 en Merowe (Sudán). Estudió Literatura en la universidad de Jartum y en Londres. Al estallar la guerra civil en su país en 1956, se vio obligado a permanecer en el extranjero durante un tiempo.
Al regresar a Sudán, trabajó para la BBC y en Qatar y en París para la UNESCO. Murió en Londres en el año 2009.
Los párrafos que he copiado de la novela expresan, en cierta manera, una de las características de las obras de este escritor, y es el contraste entre el lugar donde nació y el extranjero en todos los aspectos: personas, costumbres, paisajes…
La novela de Tayyeb Saleh cuenta con dos protagonistas principales: el narrador de la historia, un joven que, al terminar el doctorado, vuelve a su aldea, y Mustafa Saíb, el hombre de unos cincuenta años, cuyo pasado desconocen los aldeanos, pero que se ha integrado perfectamente en la sociedad del lugar, se ha casado con la hija de uno de los lugareños y tiene ya dos hijos.
Con lenguaje poético, el joven describe los lugares en los que transcurrió su infancia y cómo fue evolucionando la vida rural en Sudán: Oí cantar a la tórtola y, al contemplar por la ventana la palmera del patio de nuestra casa, supe que todo iba bien… Las norias fueron desapareciendo y en su lugar se instalaron en las orillas del Nilo bombas eléctricas. De igual modo, el cariño con el que lo recibe su familia, en especial el abuelo, que, a sus 90 años, conserva intactas la inteligencia y la energía: Voy a ver a mi abuelo y me cuenta cosas de hace cuarenta años, de hace cincuenta y hasta de hace ochenta y mi sensación de seguridad aumenta.
Las preguntas que le hacen sus paisanos sobre los europeos, permiten a  Tayyeb Saleh reflexionar sobre la condición humana y el parecido que existe entre todos los individuos sean de donde sean: Se quedaron atónitos cuando les dije que los europeos, salvo pequeñas diferencias, eran exactamente igual que nosotros…Nacen, mueren y, en su viaje desde la cuna a la tumba, persiguen algunos sueños que se hacen realidad y otros que nunca se logran.  
Pronto esa realidad idílica que vive el recién llegado, soñador y optimista que ha estudiado poesía, se transforma. Mustafa Saíd, descrito por una compañera de estudios como “una máquina sin sentimientos”, lo elige como confidente, dada su formación universitaria, y le explica con todo detalle lo que fue su vida hasta que llegó a la aldea.
La narración experimenta así una transformación brutal, ya que las dos personalidades, al igual que las vivencias de ambos interlocutores, son del todo antagónicas, aunque en un futuro la tragedia del mayor atrapará también al más joven.
Entiendo que Época de migración al Norte tenga la consideración de obra maestra. En muy pocas páginas el escritor, además de profundizar en el carácter de los distintos personajes, refleja cómo fue la época colonial, la corrupción política que, por desgracia, en la mayoría de los países africanos continúa siendo extrema; habla igualmente del machismo propio de los árabes y hasta de la ablación del clítoris, no erradicada aún en estos tiempos.
Junto a la realidad africana de aquella época, está la sociedad europea en la que se integra Mustafa Saíb, en un drástico cambio que traslada a Londres el África más feroz y primitiva.
Al tratarse de una obra tan breve, creo que no debo contar nada más. Sólo decir que Época de migración al Norte es para mí uno de esos raros libros que interesa, emociona, instruye y hace pensar.






jueves, 28 de febrero de 2019

ANTONIO MACHADO


El viernes, 22 de febrero, se cumplieron ochenta años desde la muerte en Colliure (Francia) del poeta nacido en Sevilla Antonio Machado.
Son muchos los poemas de Antonio Machado que aprendí de memoria y que he ido haciendo míos a lo largo de una vida en la que la poesía siempre estuvo presente. Así que no quiero que termine este mes sin manifestarle en Opticks, mediante la reproducción de algunos de ellos, toda mi admiración y cariño al hombre bueno y al poeta.
Adscrito en los primeros tiempos al Modernismo, bajo la influencia de Rubén Darío, Francisco Villaespesa o Juan Ramón Jiménez, el primer libro que publica Antonio Machado es Soledades (1899-1907).

Era una tarde de un jardín umbrío,
donde blancas palomas arrullaban
un sueño inerte, en el ramaje frío.
Las fuentes melancólicas cantaban.

Sin embargo, aunque los poemas contenidos en Soledades recogen, como observamos en el anterior fragmento, características del Modernismo, también se puede apreciar en muchos de ellos el dolorido sentir propio de la Generación del 98, que encontraremos posteriormente en Campos de Castilla (1907-1917), y las certeras reflexiones en pocas pinceladas, extraídas algunas de la sabiduría popular, que aparecen en Nuevas canciones (1917-1930).

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Todo necio
confunde valor y precio.

Entre las cualidades a destacar en la poesía de Antonio Machado está su cercanía. Cualquier persona puede hacer suyos con facilidad los sentimientos que expresa el poeta.

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón
.……………………………………….

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿A dónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-La tarde cayendo está-

Campos de Castilla, fue el libro que completó cuando ya había conocido a Leonor, la jovencita que sería su esposa y su gran amor, que le animó a escribir y que murió antes de verlo publicado. Se inicia con la maravilla de Retrato:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Hay muchos poemas dedicados a la esposa muerta:

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
………………………………………………………………………….

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

A Soria:
Es la tierra de Soria árida y fría.
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas.

A Andalucía desde Úbeda, con la nostalgia de Castilla.

En estos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra
-yo tuve patria donde corre el Duero
por entre grises peñas,
y fantasmas de viejos encinares,
allá en Castilla, mística y guerrera,
Castilla la gentil, humilde y brava,
Castilla del desdén y de la fuerza-,
en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací! cantar quisiera.
…………………………………………………………………….

Tiene Cazorla nieve,
y Mágina, tormenta,
su montera, Aznaitín. Hacia granada,
montes con sol, montes de sol y piedra.

A España siempre:

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de carnaval vestida
nos la pusieron pobre y escuálida y beoda,
para que no acertara la mano con la herida.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.


sábado, 23 de febrero de 2019

LA URUGUAYA


El amigo, experto en Literatura, de una amiga que está en vías de serlo, me recomienda la novela que hoy traigo a Opticks. Se titula La uruguaya y su autor es el argentino Pedro Mairal.
Quizá no lo sean tanto en otros casos, pero en éste sí que importan las respectivas nacionalidades de los principales protagonistas, él de Argentina y ella de Uruguay, porque el autor se refiere en su obra a diferencias existentes entre ambos países, incluso, abordando cuestiones futbolísticas.
Lucas Pereyra, protagonista masculino de la historia, es un cuarentón que se dedica a la literatura con éxito mudable. Al inicio de la narración, escrita en primera persona y dirigida a su esposa, de la que se ha despedido con un beso a las 6 de la mañana, dejándola en casa junto con Maiko, el hijo de ambos de corta edad, Lucas Pereyra cuenta el objetivo de su viaje. Se trata de recoger en un banco en Montevideo los anticipos de España y de Colombia de dos contratos de libros que había firmado hacía meses. Si me transferían los dólares a la Argentina, el banco me los pesificaba al cambio oficial y me descontaban el impuesto a las ganancias. Si los buscaba en Uruguay y los traía en billetes, los podía cambiar en Buenos Aires al cambio no oficial y me quedaba más del doble.
Lo que ocurre es que, además de recoger un dinero que le va a venir muy bien en unos momentos en los que la casa común se cae a pedazos, la esposa ha de ocuparse de los gastos y el matrimonio parece zozobrar, Lucas ha quedado con una joven, Magali Guerra Zabala, protagonista femenina nacida en Uruguay, a la que conoció el año anterior en un congreso de escritores y de la que espera lograr, en su imaginación galopante, algo más que los roces eróticos y las promesas que alcanzó a conseguir cuando se conocieron.
La uruguaya tiene sólo 140 páginas pero la riqueza de contenidos que albergan y el modo de expresarlos, con una estudiada sencillez en la que resalta la ironía despiadada con la que el autor presenta a su personaje principal y a los distintos ambientes en los que se desenvuelve, las convierte en geniales.
La manera de narrar el viaje de Buenos Aires a Montevideo, con los tipos humanos que va encontrando en el camino, y el recuerdo que guarda del congreso citado y de su encuentro con Magali, daría para un relato independiente.
Al mismo tiempo, la descripción de su matrimonio, incluidos los problemas económicos y el deterioro de las relaciones sexuales, supone otro relato más.
Combinados con los anteriores y constituyendo lo que podríamos considerar el nudo de la historia, están la estancia en Montevideo, lo que el argentino aspira a lograr de la uruguaya y el caótico desarrollo de los acontecimientos.  
Finalmente, el regreso a casa y el previsible, en cierto modo, aunque también, por otra parte, sorprendente desenlace, ponen el broche final a La uruguaya de Pedro Mairal, una pequeña obra cuyo éxito mundial, tras publicarse en el año 2016, afirma que le supuso una sorpresa.

sábado, 16 de febrero de 2019

YO, JULIA


En numerosas ocasiones uno de mis hijos me ha recomendado las novelas sobre la historia de Roma escritas por Santiago Posteguillo, y hasta ahora no se me había ocurrido leer ninguna.
Debo decir en mi descargo que las últimas novelas históricas que he leído, algunas de ellas reseñadas en Opticks, me han decepcionado bastante, y no me apetecía perder el tiempo en un nuevo y, por lo general, voluminoso tocho que conllevase otra decepción.
Sin embargo Yo, Julia, Premio Planeta 2018, obra de Santiago Posteguillo, ha supuesto una grata sorpresa y me ha reconciliado con el género y hasta con mi hijo que empezaba a enfadarse.
Ya no tanto por el personaje, Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo, nacida en Emesa, en la provincia oriental de Siria, hija de un rey sacerdote del culto al dios del sol El-Gabal, inteligente y ambiciosa que logra, mediante la eliminación de todos sus enemigos, ayudada por su astucia y las dotes guerreras de su esposo, fundar una dinastía, la Dinastía Severa; sino por el modo de escribir que tiene el escritor valenciano, que, además de valerse de una exhaustiva documentación que aporta rigor científico al relato, consigue, mediante una eficaz combinación de factores, dotar a sus libros de interés y amenidad de principio a fin.
Así en Yo, Julia conviven un narrador histórico, el médico Galeno, con otro omnisciente, el autor; y una gran cantidad de personajes importantes contemporáneos de la protagonista: Cómodo, Pertinax, Didio Juliano, Plauciano, Dion Casio, etc., etc., con personas anónimas que para ellos no tenían valor alguno, como los esclavos y los soldados, cuyas vidas nos dicen mucho de las características de la sociedad romana de aquellos siglos.
Santiago Posteguillo es un profesor universitario que ama su trabajo y que se esfuerza para que sus alumnos se interesen también por las materias que imparte.
Esa vocación pedagógica se nota en sus libros, en la forma tan visual de las escenas que describe, ya sea una batalla, perfectamente diseñada en su estrategia y en su resultado; ya sea un complot político, una masacre o un acto amoroso. Todo es real y fácilmente imaginable.
Junto a la vocación pedagógica, están su temprano interés por la novela negra y la poesía. Lo primero añade una dosis de misterio a la narración; lo segundo contribuye a su fluidez. 
En la historia de Roma las mujeres más destacadas lo fueron por su relación con el emperador o el gobernante correspondiente y muchas de ellas no terminaron sus días de la mejor manera.
La verdad es que tampoco abundan los gobernantes del Imperio que muriesen de muerte natural; y en la despiadada lucha por el poder que solía caracterizarlos, resultaba difícil que las mujeres se mantuviesen al margen.
Julia Domna no sólo no se mantuvo, sino que, convencida de que los dioses le habían asignado esa tarea (se habla de un oráculo), influyó de manera decisiva en la ascensión al trono imperial de Septimio Severo y comenzó a preparar a sus hijos, Basiano y Geta, como futuros césares.
Santiago Posteguillo destaca todo esto y la convierte en protagonista, situándola al lado de su esposo en todos los momentos en los que fue necesario adoptar decisiones determinantes.
El libro incluye al final una “nota histórica” del autor, en la que analiza los personajes históricos de la novela según el tiempo y las circunstancias concretas que vivieron y lo que se nos ha contado sobre ellos, con poca objetividad en ocasiones.
De igual modo, Santiago Posteguillo se refiere a los personajes creados por él, justificando su aparición en la necesidad de mostrar aspectos de la sociedad romana que, sin su presencia, desconoceríamos. Está claro también que los papeles que desempeñan contribuyen a que la urdimbre del relato sea aún más consistente.
Tras la “nota histórica”, la novela se enriquece todavía más con un mapa del Imperio romano desde el año 192 d. C. a 197 d. C., el árbol genealógico de la Dinastía Severa, los planos de las principales batallas, un extenso glosario de términos latinos y de otras lenguas y una completa bibliografía.
En resumen, Yo, Julia de Santiago Posteguillo reúne todos los ingredientes para ocupar desde hoy un lugar de honor en mi biblioteca.





viernes, 8 de febrero de 2019

UN MAR VIOLETA OSCURO


Mientras leía Un mar violeta oscuro, obra que quedó finalista en el Premio Planeta 2018, pensaba que para el jurado sería del todo imposible desconocer la identidad de su autora, Ayanta Barilli, hija del escritor Fernando Sánchez Dragó, ya que ella en ningún momento oculta su origen, y el libro es el relato de la historia familiar, centrada en especial en las mujeres: la bisabuela Elvira, la abuela Ángela, la madre Caterina, hasta llegar a la misma Ayanta y relatarnos su infancia en Italia, país donde nació, y su vida actual en Madrid, ciudad en la que habitualmente reside.
Dejando al margen el nulo anonimato de la autora, que continúo sin entender a la hora de presentarse a un concurso, Un mar violeta oscuro, además del precioso título, posee valores que lo hacen muy aconsejable y que explicaré a continuación.
En primer lugar, las personas que aparecen en él son seres reales con sus virtudes y sus defectos. Ayanta Barilli no embellece los hechos acaecidos ni pretende dejar bien a quienes los realizan, intenta ser objetiva, a pesar de que se trata de su propia familia, cuyos comportamientos no siempre fueron admirables.
En segundo lugar, la escritora describe el marco de la historia que nos cuenta de una manera muy detallada. Sobre todo lo referido al ambiente social en el que se desenvuelven las protagonistas y que determina muchas de sus acciones.
En tercer lugar, realiza un profundo análisis psicológico de los personajes principales, hombres y mujeres, y aunque los primeros, en general, no salen demasiado bien parados, hay que reconocer que dicho análisis lleva consigo una cierta mirada compasiva que reduce su gravedad o vileza.
En cuarto lugar, el modo de unir personas y acontecimientos de tiempos distintos (todo el siglo XX y parte del XXI) no añade complicación a la lectura ni limita el interés del relato, sino que nos hace reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones y la libertad que tiene el individuo de comportarse de una forma u otra.
En quinto lugar, y como he apuntado anteriormente, ésta es, en lo fundamental, una historia de mujeres con personalidades y vivencias tan especiales y significativas que merecen el libro que acaba de editarse, Un mar violeta oscuro, en el que otra mujer, Ayanta Barilli, última descendiente de la saga, las trae hasta nosotros con poético y amoroso cuidado.



jueves, 31 de enero de 2019

TRES DÍAS Y UNA VIDA


Tres días y una vida es el cuarto libro que leo del escritor francés Pierre Lemaitre. Los anteriores, comentados ya en Opticks, fueron Nos vemos allá arriba, por el que recibió el Premio Goncourt en el año 2013, Irene y Rosy & John. Los dos últimos pertenecen a la serie policiaca que protagoniza el comandante Camille Verhoeven.
Teniendo en cuenta que Pierre Lemaitre pretende hacer de cada uno de sus libros un ejercicio de admiración por la literatura, me enfrenté con buen ánimo a Tres días y una vida. Puedo afirmar que la manera de contarnos la historia, una historia no muy distinta al iniciarse de la que puede verse reflejada en cualquier página de sucesos, interesa de principio a fin.
Aun tratándose de un libro bastante breve, 222 páginas, Pierre Lemaitre organiza la narración en torno a tres fechas: 1999, 2011, 2015, que coinciden con etapas importantes en la vida del protagonista.
Todo empieza en 1999 con la desaparición del niño de 6 años Rémi Desmedt cerca de la Navidad en Beauval, un pueblo de la Francia interior que fue próspero en un tiempo gracias a los empleos facilitados por una fábrica local de juguetes de madera que ahora tiene problemas.
En Beauval vive el principal protagonista de la historia, Antoine Courtin, un chico de 12 años hijo único. Sus padres se divorciaron cuando él era pequeño y a pesar de que su padre, que vive en Alemania, le envía un regalo en cada cumpleaños, no siente por él ningún apego, al contrario de lo que le sucede con respecto a su madre, de cuya felicidad se considera responsable e intenta no hacer nada que la disguste.
El carácter reservado de Antoine origina que no sea demasiado popular entre sus compañeros de colegio y que tenga por amigo a Ulises, un perro que le acompaña a todas partes aunque es propiedad de su vecino, el señor Desmedt. Rémi Desmedt, hijo pequeño del citado señor, admira a Antoine y le gusta ir tras él a una cabaña que el chico ha construido en el cercano bosque.
En todos los libros que he leído de Pierre Lemaitre una desgracia suele conducir a otra mayor. Aquí el atropello de Ulises por un automóvil que le deja malherido, hace que el señor Desmedt lo remate de un disparo, que Antoine contemple horrorizado la escena y que, al seguirle hasta la cabaña el pequeño Rémi, como era su costumbre, el chico descargue su rabia sobre él dándole un golpe en la cabeza que le provoca la muerte.
Hasta aquí puede contarse sin que se altere el clima desasosegante que crea de un modo magistral en todas sus obras el escritor francés. En este caso valiéndose de unos personajes del todo reales en sus virtudes y en sus defectos, en el ambiente cerrado de un pueblo en el que la desconfianza y el qué dirán lleva a la ocultación y a la mentira y, sobre todo, en el cúmulo de sentimientos encontrados: miedo, arrepentimiento, renuncia y expiación que determinan las acciones de Antoine, el sujeto principal del relato.
Si a lo dicho hasta ahora unimos un final tan sorprendente como inesperado, cerraremos con broche de oro una pequeña obra maestra.