sábado, 9 de diciembre de 2017

ESPERANDO A MISTER BOJANGLES

Vuelvo de la biblioteca con un libro que acaba de editarse en España y cuya portada, un hombre y una mujer bailando agarrados de un modo entusiasta, me atrapa a primera vista. Se trata de Esperando a mister Bojangles y con él su autor, el francés Olivier Bourdeaut, ha conseguido importantes premios, además de lograr el primer puesto en las listas de los más vendidos y ser seleccionado para el premio Goncourt a la primera obra.
Según he leído en una reciente entrevista, Olivier Bourdeaut atravesaba una mala etapa y decidió pasar algunos días junto a sus padres en la costa valenciana donde residen, concretamente en Altea. Allí se le ocurrió la idea de este libro, y el éxito obtenido le ha llevado a elegir también esa zona como domicilio habitual. Quizá el ambiente mediterráneo contribuya a que sus próximas creaciones sean tan sorprendentes y singulares como la publicada.
La historia contenida en Esperando a mister Bojangles la relata el hijo de la pareja protagonista, un matrimonio enamorado que disfruta de manera especial bailando a los sones de Mr. Bojangles, antiguo disco de Nina Simone.
El baile a los sones del disco citado anima las ocasiones especiales. Pero hay otras músicas y otros bailes, ya que esa forma de actuar constituye un rasgo distintivo de ambos, junto a detalles tan singulares como organizar fiestas a las que invitan a gente diversa conocida o desconocida, tener de mascota a una grulla, Doña Superflua; que el hombre llame a la mujer cada día con un nombre distinto, contar con un amigo senador, el Crápula, cuya jocosa descripción ocupa una página entera o quitar a su hijo de la escuela porque allí les consideraban una familia de chiflados en la que el marido se define como un idiota feliz y de su mujer dice que tuteaba a las estrellas.
Para que la felicidad sea completa la pareja compra un castillo en España, bastante lejos, hacia el sur, y a él invitan a todos sus amigos que consideran el lugar un paraíso.
Y así página tras página, alternando sus recuerdos con lo escrito en los cuadernos privados de su padre, el joven regala al lector una historia hilarante, a veces surrealista, siempre poética; y conforme avanza el libro, melancólica y triste cuando la realidad se va imponiendo sobre la fantasía.
Esperando a mister Bojangles de Olivier Bourdeaut es un libro muy breve, tiene sólo ciento cuarenta y ocho páginas; la historia contenida en él, original en el fondo y la forma, pienso que puede agradar a los lectores, y lectoras, más exigentes y permanecer viva en su memoria; como han permanecido y espero permanezcan en la mía otras tantas fábulas inolvidables.

jueves, 30 de noviembre de 2017

UN VERANO CHINO

Hace algún tiempo tuve ocasión de leer una entrevista que hicieron al escritor Javier Reverte a propósito de la publicación de uno de sus últimos libros de viajes, se trataba de Un verano chino en el que, como su nombre indica, hablaba del recorrido que realizó por la China de nuestros días desde Pekín a Shangai, insistiendo en los lugares por los que pasa el río Yangtsé, o río Amarillo como yo siempre añadía en clase para facilitar que mis alumnos aprendieran el nombre, aclarando, por supuesto, que tal denominación se debía al color amarillento de sus aguas debido a las tierras que atravesaba. Aunque después de leer el libro de Javier Reverte, que acaba de prestarme uno de mis hijos gran admirador de ese autor, no aseguraría que fuese por las características de la tierra, sino más bien por la cantidad de porquería que los chinos tienen la costumbre de arrojar a él.
Vuelvo a la entrevista ya que en ella el escritor madrileño confesaba que de todos los países descritos en sus obras, China era el que menos le había gustado.
Para llegar a tan deprimente conclusión Javier Reverte cuenta con una buena aliada: Xiao Yishuang, la chica que contratan como guía él y Pere Boix, un amigo que le acompaña en el viaje.
Xiao Yishuang había aprendido español en la universidad y transitado por el Camino de Santiago; además adoraba el jamón, se sentía más española que china y utilizaba un argot para referirse a su país que sorprendía y hacía reír a los dos amigos, por ejemplo: Mi país es feo de cojones.
Una fealdad apoyada en el anárquico desarrollo de las ciudades tremendamente contaminadas y repletas de obras faraónicas a medio construir, que demostraban el carácter exhibicionista de los jerarcas y nuevos ricos chinos. Dicha anarquía se extendía a la caótica y peligrosa circulación y a la forma de comportarse de los chinos, escupiendo a diestro y siniestro y no respetando las mínimas normas de urbanidad.
Javier Reverte acostumbra en sus libros de viajes a citar a escritores viajeros como él, en este caso a Pierre Loti y su libro Los últimos días de Pekín que relata la ocupación de China por fuerzas extranjeras; Christopher Isherwood y W. H. Auden que escribieron crónicas sobre la guerra chino-japonesa, o la periodista americana Martha Gellhorn que viajó a China con su marido Ernest Hemingway y que tampoco da una visión muy positiva del territorio, claro que Hemingway decía respecto a ella: Martha adora a la humanidad, pero no soporta a la gente.
Junto a las citas de distintos autores, Javier Reverte recoge en sus relatos numerosos datos históricos del país que visita. Aquí aparece por ejemplo la guerra de los bóxers, la guerra chino-japonesa, el enfrentamiento entre Mao Tsé Tung y Chiang kai-Shek, la Larga Marcha o la implantación del comunismo, entre otros acontecimientos. También se asoma a la China moderna, que define, insisto, como caótica, contaminada y llena de obras a medio construir.
Es obligado señalar que Javier Reverte escribió Un verano chino entre los años 2012 y 2013, así que puede que las grandes obras que tanto le alteraron entonces estén ya terminadas y la situación haya mejorado en parte.
Dejando a un lado las, en general, poco gratificantes vivencias del escritor en ese enorme país, en Un verano chino también se describen algunos paisajes, pocos, no hollados por las manos del hombre que deslumbran por su espléndida y salvaje belleza.
Resumiendo, Un verano chino de Javier Reverte es un libro divertido, si obviamos la brutalidad de las guerras, que se lee con facilidad y agrado; y hasta permite hacer comparaciones entre los habitantes de aquel territorio y los que cada vez en mayor número encontramos en nuestros pueblos y ciudades conduciendo coches de alta gama, apoderándose de los más variados negocios y relacionándose muy poco con la población autóctona, Javier Reverte lo achacaría a su marcado nacionalismo.
 
 

jueves, 23 de noviembre de 2017

EL CAMINO DE LOS INGLESES

Pensé en esta novela en los campos de Flandes. Caminaba por un sendero estrecho, cerca de Mont Noir, un sendero que también se llama camino de los Ingleses y que conduce a un pequeño cementerio militar.
En la página 323 del libro que hoy traigo a Opticks titulado El camino de los ingleses,  aparecen los párrafos anteriores que nos hacen pensar que el narrador de la historia que se cuenta en él es el mismo autor, en este caso el escritor malagueño Antonio Soler.
Elegí El camino de los ingleses como posible lectura para uno de los grupos de lectores de los que formo parte porque me habían hablado muy bien de su autor, una persona seria y rigurosa con numerosos premios en su haber: el Herralde, el Nacional de la Crítica, el Andalucía y el Nadal que recibió precisamente por la obra elegida.
En El camino de los ingleses Antonio Soler, igual que hiciese Prous, va en busca del tiempo perdido y rememora los acontecimientos que vivió en un barrio popular de Málaga junto a un grupo de amigos entre la adolescencia y la edad adulta, a lo largo de un verano durante el cual agotan sus últimas reservas de inocencia y empiezan a entender que soñar es siempre fácil, pero vivir no lo es tanto.
Decía Amos Oz en Una historia de amor y oscuridad que el espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor sino el que está entre lo escrito y tú mismo. Así que sintiéndome “buena lectora” no me pregunto cuánto hay de autobiográfico y cuánto no en el relato de Antonio Soler, porque de hacerlo, tendría que acudir a la expresión: ¡Madre mía qué tropa!, ya que en el grupo de amigos, y allegados, los raros ganan por goleada.
Analicemos. Está Miguel Dávila al que extirpan el riñón derecho y regresa del hospital con el propósito de hacerse poeta, gracias a un ejemplar de La divina comedia que le regala su compañero de habitación poco antes de morir. Junto a Dávila, personaje sobresaliente en la narración, encontramos a Amadeo Nunni, el Babirusa, convencido de que su padre, que desapareció cuando él era pequeño, ha de volver desde las nubes, ya que desapareció una noche de tormenta: Se fue como las ranas esas que se llevan las nubes y luego caen con la lluvia en otra parte. Tanto la vida de Dávila como la de Babirusa dan para dos extensos relatos completos. Pero además tenemos a Rafi Ayala, que despelleja gatos; a Paco Frontón, cuyo padre entra y sale de la cárcel sin perder por ello ni sus riquezas ni sus amantes, a Avelino Moratalla, a González Cortés, al enano Martínez, al Garganta, a Rubirosa y a algunos más cada uno con sus peculiares características.
Entre los personajes femeninos destacan Luli Gigante, que será “Beatriz” para Dávila; María José la Pija, la Gorda de la Cala con la que todos los amigos perdieron la virginidad; la Señorita del Casco Cartaginés, Fina Nunni, tía del Babirusa que aspiraba a parecerse a Lana Turner; la Cuerpo y Belita, hermana de Paco Frontón.
Planteado así, El camino de los ingleses podía decirse que alberga una buena dosis de humor, nada más lejos de la realidad. Las excentricidades de los personajes tienen siempre un poso de amargura. Son seres insatisfechos que aspiran a vivir situaciones que están fuera de sus posibilidades y por ello suelen reaccionar con angustia, violencia o ambas cosas.
Por lo demás, el libro presenta pasajes de muy alta calidad poética, junto a otros en los que se describen escenas de sexo con todo lujo de detalles. Esto último, a mi parecer, unido además a una buena cantidad de expresiones soeces, limita bastante mi admiración por una obra original y bien construida.
 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

DERECHO NATURAL

La cuestión es por qué alguien puede sentirse autorizado a burlar el poder legislativo y decidir qué es justo y qué no.
Esta cuestión, tan debatida en los últimos tiempos a consecuencia de la crisis catalana, se la plantea Ángel Ortega en relación con el divorcio de sus padres  y con la objeción de conciencia a la que se acoge para no realizar el servicio militar. Asuntos que le conducen a reflexionar sobre el derecho natural y el positivo.
Ángel Ortega es uno de los protagonistas y el que relata en primera persona la historia contenida en Derecho natural, libro de Ignacio Martínez de Pisón que hoy traigo a Opticks.
La historia que nos cuenta Ángel gira en torno a su padre, Ángel también, aunque adoptó el nombre de Ray Ronson en su etapa de actor y de Big Demis cuando se dedicó a imitar, con bastante éxito por cierto, al cantante Demis Roussos.
Las peripecias vividas por este personaje histriónico, narcisista y  egocéntrico, le sirven a Ignacio Martínez de Pisón para presentar algunos acontecimientos de la transición española, por ejemplo, la ley del divorcio, el golpe de Estado o la emancipación de la mujer y cómo fueron vividos por los miembros de una determinada familia, en concreto la familia de Ángel: padre, madre, hermanos y abuelos.
La acción se sitúa en la ciudad de Barcelona en la década de los setenta y en Madrid en los ochenta, lugar en el que Ángel hijo estudia Derecho y se reencuentra con Irene, su amor de adolescencia.
En Barcelona viven Ángel y su madre que trabaja para sacar adelante a los dos. El niño tiene 5 años y se sorprende cuando llega a la casa un señor que dice ser su padre y al que prácticamente no recuerda. Pronto su padre vence las reticencias con las que es recibido y se dedica a hacer grandes planes de futuro que le van a permitir ganar mucho dinero trabajando en el cine.
Entre ensoñaciones y realidades: actor, guionista, promotor, cantante…; embarazos y nacimientos, idas y venidas, desapariciones inexplicables, reconciliaciones y rechazos va transcurriendo la vida de los padres de Ángel que él, que se siente un poco responsable de todos y actúa como tal, se propone no imitar jamás, pese a quererlos a los dos y valorar las cosas buenas de cada uno.
Ignacio Martínez de Pisón es un escritor sobrio que retrata la realidad sin florituras y hace a los personajes cercanos y creíbles. Llevados por un determinado carácter o por las circunstancias de la vida, ninguno de ellos resulta antipático. El autor los presenta más bien como víctimas, destacando siempre algún aspecto positivo en los caracteres o las circunstancias.
De esta manera la novela, muy bien construida, se lee con agrado por lo que cuenta y por la claridad, concisión y buen hacer de Martínez de Pisón al escribirla.
 

 

 

 

martes, 7 de noviembre de 2017

LA VOZ DE LOS ÁRBOLES

El primer libro que leí de Tracy Chevalier, autora que hoy traigo a Opticks, fue La joven de la perla, una obra considerada fundamental en la trayectoria literaria de esta escritora. El segundo fue La dama y el unicornio, que me pareció escrito con la sola intención de aprovechar la fama obtenida a raíz del primero.
Ahora acabo de leer La voz de los árboles en el que el argumento no está centrado en ningún cuadro como en el caso de los anteriores, sino en cuestiones relacionadas con la botánica, sobre todo con el cultivo de diversos tipos de manzanas.
Sin embargo, La voz de los árboles, dejando a un lado el tema, sí que coincide con los libros citados en cuanto la escritora norteamericana se vale de personajes reales que vivieron determinadas situaciones en una época histórica concreta, a los que hace intervenir en hechos ficticios junto a otros individuos lógicamente ficticios también.
Aquí los principales personajes reales son John Chapman (1774-1845), héroe folclórico norteamericano que vendía manzanos a los colonos instalados en las tierras cercanas al río Ohio, por el que se trasladaba a bordo de canoas cargadas de plantones, razón que le hace ser conocido como Johnny Appleseed (semilla de manzana); y el inglés William Lobb (1809-1864), experto jardinero y recolector de especies vegetales que recorrió el continente americano en busca de plantas y semillas que enviaba a Gran Bretaña para adorno de parques y jardines. En su recorrido, William Loob llegó a California en plena fiebre del oro.
Valiéndose de estos personajes y de algunos más de igual modo reales, Tracy Chevalier construye la historia de una familia de colonos que se dedican al cultivo de manzanas, los Goodenough, constituida por James, Sadie y sus diez hijos de los que sólo sobreviven cinco, al haberse instalado en un lugar pantanoso de Ohio, el Pantano Negro, en el que las condiciones de vida eran muy duras. En relación con las manzanas, James prefiere las de mesa de sabor dulce y Sadie las que le permiten hacer sidra que aprovecha para emborracharse de vez en cuando.
La primera parte del libro, en la que aparece John Chapman, gira en torno a la complicada vida de esta pareja y sus hijos sobrevivientes. En la segunda, en la que participa William Loob, el protagonista fundamental es Robert, uno de los hijos que abandona la casa familiar tras vivir unas circunstancias dramáticas, va de un lugar a otro empleándose en lo que va saliendo, hasta que en California encuentra a William Loob que le ofrece trabajar a su lado recolectando plantas.
Teniendo en cuenta la extensa e interesante biografía de los dos personajes reales citados, pienso que Tracy Chevalier no ha tenido que esforzarse demasiado para construir su historia. Quizá por eso el relato resulta bastante desigual y creo que gana en interés conforme avanza hacia el final y la interacción entre personajes reales y ficticios aumenta.
De todas formas, La voz de los árboles es de fácil lectura y aunque no profundice demasiado, traza una panorámica general de un mundo ya desaparecido y nos permite conocer a personas de cuya apasionante existencia, en mi caso concreto, nunca hubiese tenido constancia de no ser por él.
 
 

martes, 31 de octubre de 2017

UNA HISTORIA DE AMOR Y OSCURIDAD

En mayo del año 2012 publiqué la reseña de uno de esos libros escogidos que suelo regalar a personas queridas como antídotos contra el fanatismo. Se trataba de Una historia de amor y oscuridad, autobiografía en forma de novela del escritor israelí Amos Oz.
Fue mi amigo Manolo el que me recomendó esta obra basándose en sus muchos valores literarios, aunque nunca llevase a las reuniones sobre literatura que teníamos ninguna nota sobre esos valores. Yo no estudio los libros, nos decía, me limito a disfrutar con ellos. También es cierto que su extraordinaria memoria suplía con holgura cualquier nota.
Sin embargo, otro de mis amigos lectores, Kiko, sí que era partidario de ese estudio; y bien lo demostró en el blog Bibliotropismos literarios analizando en profundidad obras, autores, movimientos…
¿Por qué traigo hoy a Opticks a mis dos inolvidables amigos? Porque éste es un tiempo en el que se recuerda en especial a los que ya no están o están de otra manera, y porque durante muchos años mi forma de aproximarme a un libro era la de Manolo; y ahora, por razones que no vienen a cuento, me estoy pasando al bando de Kiko.
Un bando que requiere trabajar lo leído y no sólo disfrutar con ello. Placentero trabajo que he intentado realizar con la autobiografía novelada que presenté el año 2012, Una historia de amor yoscuridad, elegida como última lectura por uno de los grupos de lectores en los que participo.
Amos Oz, nacido en Jerusalén en 1939, aunque sus padres procedían de distintos lugares de Ucrania, inicia su relato describiendo el lugar primero de su infancia: Nací y crecí en un piso muy pequeño, de techos bajos y unos treinta metros cuadrados: mis padres dormían en un sofá cama que ocupaba su habitación casi de pared a pared cuando lo abrían por la noche.
La Jerusalén de 1939 estaba bajo dominio británico y en ella convivían, junto a los británicos, árabes, cristianos y judíos. Amos Oz nos habla, aportando multitud de ejemplos, de un ambiente culto y en cierta manera tolerante. Muchos de los judíos que llegaron a Palestina huyendo de los pogromos, que se habían iniciado en las zonas de Europa en las que residían, eran personas de elevado nivel cultural. Los que se quedaron en dichas zonas corrieron peor suerte; cita a David, hermano de su padre, profesor en la universidad de Vilna, europeísta convencido, multicultural, políglota, ilustrado, que despreciaba los prejuicios y los odios étnicos oscurantistas difundidos por demagogos llenos de creencias banales, que terminó asesinado en un campo de concentración junto a su esposa y a su hijo de un año.
Tanto el padre como la madre de Amos Oz pertenecían a familias acomodadas que dejaron todo atrás para salvar la vida, y en Palestina tuvieron que empezar de nuevo en circunstancias poco favorables. El cambio de estatus, el corte brusco de sus proyectos y sueños, convirtió a la madre de Amos en una persona melancólica y depresiva que terminó suicidándose a los 38 años. El padre fue siempre un hombre frustrado que no consiguió incorporarse a la docencia universitaria, pese a sus vastos conocimientos filológicos.
La mayor parte de este extenso libro, 775 páginas, la dedica el escritor judío a explicarnos en primera persona la historia familiar que investiga ampliamente. Lo hace con total honradez, sin ocultar fracasos y defectos; de modo reflexivo y no lineal, sino relacionando cada caso con los acontecimientos que describe e insistiendo en aquellos que le producen un impacto mayor.
A pesar de centrarse en esa historia en la que los momentos de oscuridad son numerosos, Amos Oz no desea que el lector se obsesione con ello y nos dice: Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca; conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.
Entre lo escrito y el lector, lectora en este caso, se encuentra el sufrimiento de dos pueblos: el del pueblo judío que viene desde antiguo y el de los musulmanes palestinos más reciente y no menos doloroso.
Amos Oz se refiere a esas dos situaciones dedicando, como resulta lógico, un espacio mayor a la que afecta a su entorno más próximo.
Al terminar la Primera Guerra Mundial y quedar Palestina bajo mandato británico, la Sociedad de Naciones propuso la creación de dos estados: uno judío y otro palestino, pero los mandatarios árabes se opusieron y la convivencia en los territorios controlados por los británicos, que Amos Oz dice favorecieron siempre a los árabes, fue de mal en peor.
La Segunda Guerra Mundial y el asesinato masivo de judíos por los nazis, impulsó a las Naciones Unidas a plantearse la necesidad de buscar un acomodo a los sobrevivientes del holocausto.
El 14 de mayo de 1948, tras la votación favorable efectuada tiempo atrás en la Asamblea General de Naciones Unidas, David Ben Gurión proclama la independencia del Estado de Israel y, tan sólo un día o dos después de esa proclamación, columnas de infantería, blindados, artillería, aviones de combate y bombarderos pertenecientes a cinco países árabes irrumpen en él para destruirlo.
Miles de muertos y miles de refugiados: judíos expulsados de las zonas árabes; árabes expulsados de las tierras que iban dominando los judíos. Una guerra tras otra: la del Sinaí en 1956, la de los Seis Días en 1967, la del Yom Kipur en 1973.
Ataques terroristas de uno y otro lado, asesinatos selectivos, fanáticos y más fanáticos, políticos irresponsables, corrupción y numerosos seres humanos en ambos bandos, Amos Oz entre ellos, que buscan y trabajan por la paz, PAZ AHORA.
Una paz duradera que no construya muros sino que tienda puentes, que cierre las heridas del trágico pasado y prepare un futuro basado en la colaboración y el respeto.

 

 

 

 

lunes, 23 de octubre de 2017

MEDIA VIDA

Vuelvo de la biblioteca con el libro que ha obtenido este año, 2017, el Premio Nadal, se titula Media vida y su autora es la escritora catalana Care Santos.
Según leo en la presentación de dicha escritora que aparece en la contraportada, Care Santos ha publicado ya diez novelas y ejerce la crítica literaria en varios medios; así que podríamos afirmar que se trata de una autora con amplia experiencias y los conocimientos necesarios para dotar a su novela de una alta entidad literaria.
Sin embargo, y siempre según mi opinión de lectora, Media vida se queda en eso, en media, todo es convencional y previsible. Se acumulan los “lugares comunes” al referirse a la vida de las mujeres durante el franquismo y a principios de la transición.
Media vida cuenta la historia de cinco de esas mujeres que se reúnen ya adultas, después de haber vivido cuando púberes una experiencia traumática en un terrorífico colegio de monjas. Poco a poco vamos conociendo cómo se ha ido desarrollando la existencia de cada una de ellas.
El problema que veo, insisto siempre desde mi humilde opinión de lectora, es que atreverse a novelar una etapa que han novelado, y muy bien por cierto, tantos escritores, recuerdo, por ejemplo, otro Premio Nadal, la imprescindible Nada de Carmen Laforet, lleva consigo una buena cantidad de riesgos. Hay que buscar la originalidad, el matiz distinto, la hondura dramática, la profundidad en el análisis de los personajes y las circunstancias.
Aquí los personajes y las circunstancias son estereotipos que no enumero por si alguien está interesado en el relato y le descubro lo que acaece en él.  
Un interés que pienso puede sentir sobre todo el sexo femenino. Media vida es una novela de mujeres para mujeres; los hombres ocupan un lugar secundario en la historia y quedan, en general, muy mal parados.