miércoles, 14 de febrero de 2018

EL ESPÍRITU ÁSPERO

Tres son los libros que he leído hasta ahora de Gonzalo Hidalgo Bayal. El primero, recomendación de mi amigo Manolo allá por el 2008, se titulaba Campo de amapolas blancas, tenía 110 páginas. El segundo, La sed de sal, lo comenté en Opticks el 11 de junio de 2014, ahí las páginas eran 328. El tercero, de 556 páginas, y que hoy traigo a Opticks, se titula El espíritu áspero.
La alusión a las páginas viene determinada porque considero que Hidalgo Bayal es un extraordinario escritor, al que cualquiera que disfrute con la buena literatura debiera leer. Sin embargo, creo que todo aquel que no esté demasiado acostumbrado a la lectura y pretenda conocer a este autor, si empieza por el libro que he citado el último, sentirá tal complejo de inculto, que no pasará del capítulo uno.
Confieso que yo, que me considero una lectora media, decidí dejar de buscar en el diccionario las palabras que no entendía, cuando ya había completado una hoja por ambas caras.
Una vez que tome esa decisión y deduje el significado del término desconocido por el sentido de la frase en la que se insertaba, pude disfrutar de una novela con un apabullante derroche de recursos estilísticos y una más que apabullante demostración de la cultura literaria, lingüística, idiomática y métrica que Hidalgo Bayal posee.
La acción de El espíritu áspero, que, insisto, exige una lectura sosegada y atenta, se desarrolla en el mismo territorio mítico que La sed de sal. Se trata de lugares al norte de la provincia de Cáceres inventados por el autor extremeño. Allí sitúa la tierra de Murgaños, con ciudades como Murania y pueblos como Casas del Juglar. Todo ese territorio está perfectamente descrito: montañas, ríos, valles, calles y plazas, por las que deambula un conjunto de personajes inolvidables, cuyas personalidades y acciones suelen esconder una crítica social feroz.
Son dos los protagonistas principales de la historia: Don Gumersindo,  Sindo o Sin y Pedro Cabañuelas. Don Gumersindo es un profesor de latín que, al principio del libro, conocemos en el acto de su jubilación. Gran conocedor de las lenguas clásicas, ha escrito sus memorias titulándolas Beatus Ivre. Beatus por el Beatus ille (Dichoso aquel) del poeta latino Horacio e ibre por Le bateau ivre (El barco ebrio) de Rimbaud. Éste será uno de los muchos juegos de palabras que aparecen en el texto y que nos demuestran los conocimientos, imaginación y habilidades técnicas de Hidalgo Bayal.
Pedro Cabañuelas es un joven analfabeto, quizá un delincuente (el Canícula) al que Sindo, en sus tiempos de joven estudiante, enseñó a leer valiéndose del catón y comenzando con un texto que hablaba de la estancia de los cartagineses en la península y sus enfrentamientos con los romanos. De tal forma impactó esta historia a Pedro Cabañuelas, que a los terrenos que iba comprando conforme aumentaba su prosperidad les ponía nombres relacionados con los cartagineses: Trebia, Trasimeno, Cannas…; y sus hijos fueron bautizados como Amílcar, Asdrúbal y Aníbal.
El narrador, joven profesor compañero de Don Gumersindo en el instituto, que ha encontrado por casualidad las memorias de éste, articula el relato en dos tiempos: el pasado de Sin, que conoce por las memorias encontradas  y lo que el viejo profesor le cuenta; y el presente centrado en los alumnos del instituto, entre los que destacan Minerva Cabañuelas, nieta de Pedro, y sus amigos, en especial Valentín Valiente apodado Mente Cato.
En ocasiones, me refiero aquí a lo difícil que resulta resumir determinados libros en el poco espacio de que dispongo, El espíritu áspero es uno de ellos. La narración abarca más de medio siglo de la historia de España. Hay referencias a la dictadura de Primo de Rivera, a la Guerra Civil y la posguerra; memorable resulta la estancia de Sindo en el internado de los padres hervacianos o el juicio al que lo someten ya adulto acusándolo de estar contra el régimen.
Termino la reseña con unos párrafos del discurso que había escrito don Gumersindo para leer en su jubilación, lo que luego no hizo, pero que el narrador trascribe. Después de dividir a los profesores en ínsitos, internos, inversos e inopes, afirma: Yo he aspirado siempre a ser interno, como los acusativos que derivan del verbo, aunque con el paso del tiempo he ido propendiendo cada vez más a la inopia.  Admito que enseñar puede ser agradable cuando el alumno quiere aprender, pero las nuevas pedagogías, inversas, insumisas e insolventes, entienden que aprender es agradable cuando se quiere enseñar. Me jubilo en buen momento, antes de la catástrofe. Firmado: “Sin”.

jueves, 8 de febrero de 2018

EL MISMO MAR

Hace algún tiempo, al manifestar yo, con la vehemencia que me caracteriza, lo mucho que admiraba a Amos Oz, un amigo lector me habló del libro con el que inauguro en Opticks este frío y desapacible mes de febrero que acaba de empezar; se trata de El mismo mar y su publicación data de 1999.
El mismo mar es una obra distinta a las que hasta ahora he leído de Amos Oz. En principio, porque alterna la prosa con el verso; después, porque los personajes, algunos de ellos muertos, se relacionan y actúan creando un ambiente entre onírico y real muy apropiado para la poesía, que ocupa la mayor parte de la narración.
Por el contrario, las inquietudes propias de este escritor, que ya he observado en todas las obras que conozco de él, como son la preocupación que le supone el enfrentamiento entre árabes y judíos (es un declarado pacifista), o la influencia de los sucesos vividos a lo largo de su vida, a destacar el suicidio de su madre cuando era niño y la muerte de su hijo, sí que aparecen en El mismo mar, las va aportando el narrador, que no es otro que el autor israelí.

No muy lejos del mar, en la calle Amirim
vive solo el señor Albert Danon. Le gustan las
aceitunas
y el queso curado. Es un hombre apacible, asesor
fiscal,
hace poco que Nadia, su mujer,
murió una mañana de cáncer de ovarios. Dejó algunos vestidos, un tocador, unas servilletas
bordadas
con delicados hilos. Su único hijo, Enrico David,
se ha ido a escalar las montañas del Tíbet.

El mismo mar comienza así, presentando, en un barrio de la ciudad de Tel Aviv, a los principales personajes, a los que se incorporarán progresivamente Dita, novia de Enrico o Rico que es como se le llama más tarde en el libro; Bettine, viuda amiga de Albert y de edad similar; María, prostituta portuguesa con la que se relaciona Rico en su viaje por Nepal; el narrador, al que ya he aludido; dos conocidos de Dita, y algunos más cuya importancia descubrirá el lector conforme avance en la lectura.
Todas estas personas aparecen y desaparecen, interrelacionándose en un elaborado relato coral, apoyado en ocasiones en textos bíblicos, y llevando consigo una profunda reflexión sobre el amor, la soledad y el deseo.
Su mano suave en el heno de mi pecho. Sobre su
mano
mi mano arrugada. Ella con mi soledad. Yo con su soledad.
En el porche. De pie. El mar quita el mar
da. Una fina silueta y una pequeña sombra. Una
sombra
arrepentida. Se gira. Huye. El mar da el mar
quita.

El mismo mar no resulta fácil de leer, encierra demasiados mensajes y su estructura no se adapta a lo que puede considerarse habitual.
A mí me parece una obra muy sincera y doliente, que se comprende mejor si se ha leído Una historia de amor y oscuridad.
No quiere esto decir que el no haber leído el libro citado pueda influir en el placer que los buenos lectores, que reconocen la obra bien hecha, han de sentir leyendo El mismo mar.
También tú. Y todos. Todo Bat Yam se llenará
de gente nueva y también ellos
cuando les toque estar solos por las noches se
quedarán
asombrados al intentar comprender lo que la luna
le hace
al mar y cuál es el propósito del silencio.
Respuesta
tampoco tendrán ellos. Todo esto se mueve
más o menos en el vacío. El propósito del silencio
es silencio.


 

martes, 30 de enero de 2018

UNA LECTORA NADA COMÚN

El libro que hoy traigo a Opticks, Una lectora nada común del escritor inglés Alan Bennett, es una obra breve, 119 páginas, pero cuyo contenido posee la suficiente enjundia para mantener sobre él una tertulia larga y sustanciosa.
El argumento gira en torno a la figura de la reina de Inglaterra, Isabel II,  que un miércoles, siguiendo a sus perros, un tanto alborotados, llega a la puerta de las cocinas del palacio de Buckingham, ante la que está aparcado un autobús biblioteca.
La cortesía con la que la soberana ha sido enseñada a tratar a sus súbditos, hace que se interese por Hutchings, el bibliotecario, y por Norman, un joven pinche de cocina que encuentra leyendo en el interior del autobús.
Ese interés la conduce, también por cortesía y compromiso, a llevarse un libro de Ivy Compton-Burnett, escritora hasta hoy desconocida para mí,  que será el primero de una larga lista; ya que a partir de ahí, ella, que había leído mucho, pero sólo documentos e informes oficiales y siempre por obligación, descubre el atractivo de la literatura como república de las letras. Un libro no se somete, considera a todos los lectores iguales. Así que, entre las páginas de un libro, la reina estaba de incógnito. Lo único  que lamentaba con pesar era que su avanzada edad no le iba a permitir leer todo lo que le apetecía.
Investigando sobre Ivy Compton-Burnett he descubierto que su estilo incluía muchos diálogos, igual que ocurre aquí; y que era muy crítica con la forma de ejercer el poder las clases altas.
El hecho de que Isabel II mantenga con la literatura una relación basada en la libertad como elección (sólo al principio le proporciona los libros Norman) y como sentimiento, preocupa a los que la rodean, acostumbrados a que en la corte el comportamiento real responda a  modelos definidos y estáticos. La reina no es una persona, sino una institución y como tal debe comportarse. La libertad y la espontaneidad no se contemplan en los manuales regios. Esto da lugar a situaciones comprometidas e hilarantes.
En resumen, podríamos decir que Una lectora nada común de Alan Benett se compone de tres partes, relacionadas entre sí desde el principio del relato.
En la primera, el autor, valiéndose de la protagonista, va presentando obras y escritores diversos, acompañados de sagaces, divertidos y profundos comentarios que pone en su boca.
En la segunda, analiza la benéfica influencia que la lectura tiene en las personas: libertad, conocimiento, humanización, impulso a la escritura, diversión, relax…
La parte tercera está dedicada a la crítica que, aunque sin perder el tono amable característico de toda la narración, si profundizamos un poco, no deja en muy buen lugar a nadie que sea poderoso, ni en el mundo de las letras ni en el de la política, las finanzas o en torno a la realeza. El poder siempre es arrogante y la mayor parte de las veces, estúpido. Eso sí, la reina se salva gracias a la lectura y la escritura.
 
 

 

 

martes, 23 de enero de 2018

LA TRISTEZA DE LOS ÁNGELES

He sacado de la biblioteca la segunda parte de la Trilogía del muchacho, obra del escritor islandés Jón Kalman Stefánsson, se titula La tristeza de los ángeles y me ha gustado tanto como la primera, Entre cielo y tierra, que comenté en esta misma página el 10 de mayo del pasado año.
Ahora estaría bien dormir hasta que los sueños se conviertan en cielo, un cielo calmo donde revoloteen suavemente unas cuantas plumas de ángel…
Así empieza Jón Kalman Stefánsson una, llamémosle, introducción aclaratoria antes del primer capítulo del libro, que de nuevo nos habla del muchacho y de cómo se desenvuelve su vida en Lugar acogido por Helga y Geirprúdur.
Poco a poco el muchacho se adapta a las nuevas comodidades que le rodean: Nunca había dormido en un cuarto propio hasta que la muerte de Bárdur lo empujó a esa casa tres semanas atrás. En ese cuarto tiene una gran cama, tiene libros y es él quien decide cuándo apagar la luz y puede leer tanto rato como quiera, lo que supone una vertiginosa sensación de libertad.
La lectura, tan presente en el libro anterior, ocupa aquí de nuevo un importante espacio. La poesía islandesa y las obras de Shakespeare que el muchacho lee al capitán ciego y a las mujeres de la casa, unas mujeres que han decidido encargarse de su educación.
Pronto llegará la primavera pero no se nota en absoluto. El cielo dispone de una cantidad infinita de nieve. Los indios dicen que los copos de nieve son lágrimas de los ángeles. A pesar de la ventisca, de los continuos temporales que llenan la existencia y amenazan las vidas, el muchacho se siente bien, es útil, piensa que la felicidad existe, comienza a enamorarse: Él no sabía que fuese posible detener la rotación de la tierra con tan sólo mirar un mechón de cabello que desciende solitario y sinuoso por una mejilla blanca.
Entonces… El viaje: Si algo ha creado el demonio en este mundo, además del dinero, son las tormentas de nieve en las montañas. Jens, uno de los carteros, debe sustituir a un compañero enfermo en un viaje por el mar y las montañas que durará varios días. Helga y Geirprúdur dicen al muchacho que le acompañe: Jens tiene pánico al mar… Ha de llevar a alguien que pueda remar con él, que pueda más o menos seguir su ritmo a pie… Que no se deje influenciar por su pánico.
De ese modo se inicia una lucha feroz con la naturaleza y con la muerte, en un terrible recorrido que pone a prueba la resistencia de ambos y hace que se conozcan y se aproximen como seres humanos. Un recorrido en el que van encontrando a otras personas, pequeños y mayores, hombres y mujeres que luchan por sobrevivir en un entorno hostil y despiadado. El viento silba fuera, brama enfurecido esperando con ansia a que los hombres vuelvan a salir para tener algo con lo que jugar, algo aparte de la nieve.
La tristeza de los ángeles es un libro en el que importan mucho las palabras, ninguna está de sobra. Jón Kalman Stefánsson las ha escogido con un exquisito cuidado. Con las palabras nos aproxima a la Islandia de finales del siglo XIX, dibuja poéticamente los detalles, profundiza en la personalidad de cada uno de los personajes haciéndolos cercanos y creíbles.
Entre esos personajes ocupan un lugar destacado las mujeres, Jón Kalman Stefánsson, en los dos libros que he leído de su trilogía, pone de manifiesto su importancia y denuncia las injusticias que se cometieron con ellas: Aquí, en los confines del mundo, las mujeres se han despertado antes que Dios y los hombres para arrodillarse frente al hogar y soplar las brasas que guardan el fuego de la noche anterior.
Mujeres que se ocupan de que todo siga en pie cuando los hombres se lanzan a los mares a pescar el bacalao imprescindible para su sustento. Mujeres fuertes e independientes como Helga y Geirprúdur, valientes como Salvör, inolvidables como María y Anna. Mujeres significativas hasta después de muertas: Ásta es un buen ejemplo. Y estas mujeres son sólo algunas de las muchas que aparecen en el relato.
Atendiendo a ese retrato heroico, no es de extrañar que el esfuerzo continuo de las mujeres haya logrado que la Islandia actual sea calificada como el país más igualitario del mundo; también como el mejor para las trabajadoras que reciben, por ley, los mismos salarios que los hombres.
 

 

martes, 16 de enero de 2018

PLENILUNIO

Formo parte de un grupo de lectores que ha elegido para comentarla en la próxima reunión una novela de Antonio Muñoz Molina titulada Plenilunio.
En bastantes ocasiones he manifestado en Opticks mi admiración por este escritor. Admiración que, por razones que no vienen al caso, abarca tanto lo personal como lo literario. Así que inicié encantada la lectura de una obra que desconocía hasta ese momento.
El argumento de Plenilunio gira en torno al asesinato de una niña, Fátima, cometido en una noche en la que hay luna llena, plenilunio. El protagonista principal es el inspector que investiga el caso, un hombre de mediana edad destinado durante muchos años al País Vasco, donde padeció la situación de violencia provocada por la banda terrorista ETA. Lo ocurrido allí estuvo a punto de destruirlo como persona, y terminó con el equilibrio psíquico de su mujer, que ha debido ingresar en un sanatorio psiquiátrico. Todo sucede en una tranquila población del sur de España a la que el inspector, del que en la novela no se dice el nombre, algo a tener en cuenta si se analiza en profundidad el libro,  consiguió por fin el traslado.
Otros personajes importantes del relato son:
-El padre Orduña, un jesuita con fuerte compromiso social en los últimos años del franquismo, que fue profesor del inspector cuando éste, hijo de un represaliado por el régimen, vivió en el internado que la orden tenía en esa población.
-Susana Grey, maestra de la niña asesinada, divorciada y con un hijo adolescente que ha decidido vivir con su padre.
-Ferreras, el forense encargado del caso, también divorciado, que conoce a Susana porque era amigo de su marido.
-El asesino, cuya vida, que no le satisface en absoluto, vamos descubriendo conforme avanza la historia.
-Paula, la segunda niña atacada.
-El terrorista etarra con un claro objetivo.
En la novela, escrita en tercera persona, Muñoz Molina, fiel a su estilo, no juzga el comportamiento de ninguno de los personajes, sólo el padre Ferreras, al visitarle el inspector, le dice que observe los ojos de las personas con las que se cruza y descubrirá si en ellos está el mal.
Al margen de los ojos, los lectores terminamos por aceptar y justificar o no el comportamiento de unos personajes u otros, por la descripción detallada que el autor realiza de los mismos en un pormenorizado estudio sociológico.  
Así vemos al inspector y a su esposa como víctimas de las circunstancias ambientales y de sus propias expectativas; al asesino como un psicópata a causa, quizá, de sus carencias físicas; a Susana Grey como una mujer valiente, culta e inconformista; al padre Orduña como un viejecito admirable que acepta un presente que se va deteriorando por momentos, etc.
He escrito “vemos” y debiera haber escrito “veo” porque soy yo la que veo a los personajes de la manera expuesta, partiendo, insisto, del modo como Muñoz Molina les hace actuar a lo largo de la narración.
En cuanto al género, podemos considerar a Plenilunio dentro de la novela negra, aunque aquí predomine más el retrato psicológico que la acción en sí.
Retrato psicológico y estudio sociológico que se unen a la violencia propia de ese tipo de novelas: latente y terrible en el País Vasco, pese a que sólo se manifieste en las llamadas y cartas amenazantes que reciben el inspector y su esposa; explícita en el ataque del terrorista etarra, e igualmente explícita, hasta el horror, al describir el resultado de los ataques del asesino y el modo de llevarlos a cabo.
Poco más puedo explicar de Plenilunio sin descubrir el final de la trama que deben valorar los posibles lectores. Añadir sólo que esta obra supuso para Muñoz Molina la obtención de cuatro importantes premios y que en el año 2000 se estrenó su adaptación al cine.   

 

martes, 9 de enero de 2018

TREN NOCTURNO A LISBOA

De nuevo traigo a Opticks un libro que ha dado origen a una película, en este caso no la he visto yo, sino mi amiga Mila, pero lo que me contó sobre ella hizo que buscase la obra en que se basaba el guión.
Se trata de Tren nocturno a Lisboa, su autor es Pascal Mercier, doctor en Filosofía y Filología Inglesa y Clásica. Este escritor, nacido en Berna, ha publicado sobre todo textos filosóficos, así que no resulta extraño que en Tren nocturno a Lisboa abunden también esa clase de textos.
El protagonista de la novela es Raimund Gregorius, un profesor de lenguas clásicas divorciado de 57 años que posee una extraordinaria formación en las materias que imparte. Una mañana lluviosa, al dirigirse a clase pasando cerca de un puente, advierte que una joven parece estar a punto  de arrojarse desde él. Su intervención frustra el intento de la chica que resulta ser portuguesa. Ese encuentro y las circunstancias que lo acompañan modifican de manera instantánea las percepciones que el profesor tiene sobre su propia vida. Modificaciones que se ven apoyadas por las reflexiones de un médico portugués llamado Amadeu Prado que encuentra escritas en un pequeño volumen, descubierto en la librería que visita al abandonar el trabajo, y que le impulsan a viajar a Lisboa e investigar la vida de ese desconocido médico.
Pascal Mercier introduce a lo largo de toda la novela dichas reflexiones, que Amadeu incorpora a la evocación que va realizando de los pasajes más significativos de su acontecer diario como hijo, estudiante, amigo, esposo, profesional de la medicina, etc. Conocemos así a un niño muy inteligente y perfeccionista que disecciona todo lo que le ocurre, convertido más tarde en un adulto que se hace preguntas: ¿Existe algún secreto bajo la superficie de las acciones humanas? ¿O son los hombres tal y como muestran las acciones que salen a la luz? De las historias que los demás cuentan acerca de uno, y las historias que uno cuenta sobre sí mismo: ¿cuáles de ellas se acercan más a la verdad?
Un adulto que busca explicaciones de cuanto le sucede o sucede en su entorno: Es un error creer que los momentos decisivos de una vida, en los que un rumbo acostumbrado cambia para siempre, tendrían que ser de un dramatismo escandaloso y estridente, socavados por violentos arrebatos interiores… Cuando la experiencia que determinará el cambio despliega su efecto revolucionario y se ocupa de que una vida sea vista bajo una luz nueva… lo hace de un modo silencioso, y en ese maravilloso silencio radica su nobleza particular. 
En Lisboa, Gregorius consigue adentrarse en lo que fue la existencia de Amadeu Prado a través de sus hermanas, sus amigos y algunas personas más que convivieron con él. Descubre que vivió bajo la dictadura de Salazar, que su padre era juez, que salvo la vida de uno de los máximos represores y trabajo para la resistencia.
Conforme avanza en la investigación y se relaciona con los que conocieron al médico y otros interesantes lisboetas, cuyas historias tienen todas un halo fatalista de expectativas y deseos no cumplidos, Gregorius va repasando lo que hasta el viaje a Lisboa fue su vida, a la luz de las reflexiones que aparecen en el libro hallado en Berna, de algunos pasajes bíblicos y del Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa.
Si una persona quisiera saber realmente quién es, tendría que ser un infatigable y fanático coleccionista de desilusiones… Cuando hemos entendido que en todo esfuerzo existe un mero golpe de suerte… Cuando hemos comprendido que en toda obra y vivencia somos arenas movedizas ante nosotros mismos y para nosotros mismos, ¿qué sucede entonces con todas las sensaciones familiares y alabadas como el orgullo, el arrepentimiento y la vergüenza?
En resumen, Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier es una obra extensa, 525 páginas, difícil de resumir en pocas líneas por la densidad y complejidad de su contenido, que exige una lectura reflexiva y lenta, y que deja al lector, o a la lectora, con bastantes más preguntas que respuestas.

martes, 2 de enero de 2018

EL NUEVO FEMINISMO

En numerosas ocasiones he traído a Opticks libros escritos por mujeres que se consideraban feministas, con matices en algunos casos, por ejemplo, en el de Margaret Atwood autora de El cuento de la criada. Leo en el periódico que la escritora canadiense defiende el “feminismo bien entendido”. “Se refiere a la defensa de todos los seres humanos”. También yo pienso así. No creo que la mujer por el hecho de serlo deba gozar de privilegios especiales; pero tampoco de las trabas, prejuicios, desprecio o infravaloración que ha padecido a lo largo de la historia. Por eso apoyo y aplaudo a todas aquellas mujeres que pretenden construir una sociedad equilibrada y justa, así como a los hombres que trabajan con el mismo fin.
Una de esas mujeres es la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie que reivindica un nuevo feminismo a través de conferencias recogidas después en libros: Todos deberíamos ser feministas, Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo, que están entre los más vendidos durante el año 2017.
Ngozi Adichie habla alto, claro y de forma directa, hasta el punto de que sus palabras se han convertido, incluso, en eslóganes para camisetas –We should all be feminists- que han lucido actrices, cantantes y otras personas famosas, dentro de esta corriente imparable que tiene a las mujeres  como activas  protagonistas.
La literatura de Ngozi Adichie se basa en tres pilares fundamentales: belleza, cotidianidad y poder. Tres pilares presentes ya en su primera obra importante, La flor púrpura, que publicó en el 2003. Belleza en la descripción de costumbre y paisajes. Cercanía porque parte de lo conocido. Poder, del padre poderoso y respetado por ello; también de los militares que intervienen en el gobierno cuando les apetece, sin pensar nunca en las consecuencias de sus acciones.
La acción de La flor púrpura se desarrolla en Nigeria, país en el que la autora vivió hasta los 19 años y en el que reside en la actualidad. La protagonista del relato es Kambili, una adolescente hija de un acaudalado hombre de negocios dueño de un periódico que lleva una vida privilegiada junto a su madre y  su hermano mayor.
Sin embargo, la situación real de la familia no es tan idílica como puede suponerse desde fuera. El padre es un católico fanático que exige a su esposa y a sus hijos lo que él considera la perfección bíblica en comportamientos y actitudes, castigando con crueldad cualquier infracción.
Sólo cuando la hermana de su padre, Ifeoma, consigue que los jóvenes pasen unos días con ella en la ciudad donde reside, Kambili descubre que existe una realidad distinta de la única que conoce. Una realidad en la que impera el respeto a las ideas,, la diversión, la confianza, la ausencia de castigos; en una palabra, el amor.
Mientras están en casa de su tía, se produce en el país un golpe militar y todo se trastoca. Pero lo descubierto y lo vivido en ese nuevo hogar convertirán a Kambili en una persona capaz de enfrentarse a la adversidad y a la injusticia.