lunes, 18 de junio de 2018

LA TRANSPARENCIA DEL TIEMPO

El primer libro que leí de Leonardo Padura fue Herejes. El segundo, Máscaras. Hoy traigo a Opticks el tercero, se titula La transparencia del tiempo y, al igual que los anteriores, tiene como protagonista al detective privado y ex policía Mario Conde.
En La transparencia del tiempo Mario Conde está a punto de cumplir 60 años. Ante él se erguía la evidencia numérica de haber gastado ya las tres cuartas partes (quizá más, nadie lo sabe) del tiempo máximo que pasaría en la tierra y la firme convicción de que el último plazo probable no iba a ser para nada el mejor.
Con ese estado de ánimo, acentuado por las características del entorno, en el que junto a una Habana que se cae a pedazos, habitada por gentes que sobreviven a duras penas, empiezan a surgir lujosas viviendas propiedad de políticos, contrabandistas y diversas clases de delincuentes más o menos peligrosos, Mario Conde acepta el encargo de buscar para un antiguo compañero de preuniversitario la talla de una Virgen de Regla que heredó de su abuela y dice le han robado.
El compañero, Roberto Roque Rosell, “Bobby”, es uno de esos contrabandistas que vive muy bien vendiendo al exterior obras de arte. La historia que le cuenta al detective pasa por su ingreso en el Partido y posterior expulsión, al ser denunciado por haber mantenido relaciones homosexuales. Homosexualidad que intentó reprimir casándose y engendrando dos hijas, pero que ya, quizá por la nueva apertura del régimen, no disimula alejada su familia y con diversos amantes; el último de los cuales es el que ha robado la Virgen y desvalijado casi por completo la vivienda que compartían.
Mientras busca la imagen perdida, se producen varios asesinatos, interviene la policía y Mario Conde termina colaborando con ellos. Es en esa búsqueda cuando constata las enormes diferencias, a las que ya he aludido, entre el modo de vivir de los ricos y la miseria de asentamientos ilegales, en donde se amontonan, en condiciones infrahumanas, personas que provienen de apartados lugares de la isla.
Los capítulos en los que se nos cuentan las peripecias de la investigación y de la propia vida del detective, se alternan con otros que forman parte de la novela que él, en la faceta de escritor que siempre deseó cultivar, intenta sacar adelante.
El protagonista de esa futura obra es Antoni Barral, un campesino del Pirineo catalán que, durante la Guerra Civil, huyó de su aldea con la Virgen negra que conservaban en ella y que consideraban muy milagrosa. Tras una larga y complicada travesía, Antoni Barral y su Virgen llegaron a Cuba.  
Pero la historia de Antoni Barral y de la Virgen no se limita a eso, Leonardo Padura, retrocediendo en un estudiado viaje en el tiempo, los hace aparecer de nuevo en los siglos XV, XIV y XIII.
En fechas concretas de esos siglos, el catalán, ligado siempre a la Virgen negra, protagoniza impactantes aventuras; en algunas participan los templarios, San Bernardo y hasta el mismo Roger de Flor.
Como he dicho antes, La transparencia del tiempo, que acaba de ser publicado, es el tercer libro que leo de Leonardo Padura. El primero que leí, Herejes, lo publicó en el año 2013. El segundo, Máscaras, data de 1997.
Los tres coinciden en que desarrollan una trama de tipo policiaco, en que su protagonista es Mario Conde y en la visión que éste da de La Habana y de sus habitantes. Pese a lo cual no se exilia como tantos, sino que permanece en ella, a pesar de las penurias, porque se siente ligado emocional y estéticamente a esa tierra.  
Sin embargo, en La transparencia del tiempo, tal vez por las referencias a la edad que encontramos al principio, he observado ciertos rasgos que no recuerdo estuviesen presentes en los dos anteriores.
El primer rasgo es la espiritualidad y hasta el misticismo con el que Leonardo Padura trata lo que se relaciona con la Virgen de Regla y con la Virgen negra.
El segundo es la amarga desesperanza al referirse a Cuba. Incluso el Conejo, amigo culto e imbatible de Conde y personaje fijo en las novelas que protagoniza, tiene previsto dejar el país. Lo que quiero es probar. Al menos eso: tener la posibilidad de probar y, si me dejan, escoger… No es que quiera quedarme: es que casi nunca hemos podido escoger, nos quitaron el derecho a equivocarnos.
Finalmente, y como curiosidad, existen alusiones al independentismo catalán tan en boga en los últimos meses. Hasta la bandera independentista catalana se creó en Cuba… Parece que algunos de los nacionalistas se reunieron acá en La Habana con el anarquista Buenaventura Durruti para sumarlo a la causa.

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de junio de 2018

TIEMPOS DE HIELO

Con la curiosidad de conocer la forma de escribir de Fred Vargas, que ha obtenido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2018, me dispongo a leer Tiempos de hielo, investigando previamente detalles relacionados con una autora de la que hasta hoy no había leído nada.
Descubro que Fred Vargas es el seudónimo que eligió Fréderique Audoin-Rouzeau para sus obras de ficción, inspirándose en el personaje de María Vargas que interpreta Ava Gadner en la película La condesa descalza. Hay que añadir aquí que esta reputada arqueóloga e historiadora francesa es autora también de libros de divulgación científica en los que aparece su nombre real.
Sin embargo, el jurado del Premio Princesa de Asturias, en sus alegaciones al otorgárselo a la escritora francesa, no destaca la formación científica de la misma, sino su maestría para construir historias en el campo de la novela negra y policiaca. Aunque en dicha maestría está claro que ha de influir la formación científica que atesora.
Veamos algunas de esas alegaciones: Fred Vargas (Frédérique Audoin-Rouzeau) entiende la sociedad como un misterioso y complejo ecosistema. En su obra narrativa destaca la originalidad de sus tramas, la ironía con la que describe a sus personajes, la profunda carga cultural y la desbordante imaginación, que abre al lector horizontes literarios inéditos. Su escritura combina la intriga, la acción y la reflexión con un ritmo que recuerda la musicalidad característica de la buena prosa en francés. En cada una de sus novelas la Historia surge como metáfora de un presente desconcertante. El vaivén del tiempo, la revelación del Mal se conjugan en una sólida arquitectura literaria, con un fondo inquietante que, para goce del lector, siempre se resuelve como un desafío a la lógica.
Tiempos de hielo pertenece a la serie de novelas policiacas que tienen como principal protagonista al comisario Adamsberg, un policía singular algo despistado en apariencia, sus colaboradores le apodan “peleador de nubes”, que, como es lógico, resuelve con brillantez los casos que se le presentan.
Los compañeros del comisario, al menos los que aparecen en Tiempos de hielo, número ocho de la serie, poseen igualmente rasgos singulares. Citaré a unos cuantos de todos los que forman la Brigada Criminal. Así el comandante Danglard es una enciclopedia andante. Al comandante Mordent le apasionan los cuentos de hadas. La teniente Violette Retancourt mide 1’80 m y pesa 110 kg, talla y peso que sabe utilizar con eficacia. El teniente Mercadet sufre de hipersomnia, lo que no le impide hacer bien su trabajo con el apoyo de los compañeros. El teniente Veyrenc es especialista en historia y el pelo le crece de dos colores por una agresión que sufrió en la infancia.
La trama desarrollada en Tiempos de hielo se inicia con el aparente suicidio de una sexagenaria profesora de matemáticas. Aparente porque a su lado se ha trazado un signo que semeja ser una guillotina, lo que hace que el caso se derive a la Brigada Criminal del comisario Adamsberg.
Tras esta muerte, se producen otras, coincidiendo las víctimas con los miembros de una expedición a Islandia que terminó de manera trágica.
La situación se enreda aún más cuando los policías descubren que los muertos forman parte de una misteriosa asociación que se dedica a reconstruir las sesiones de la Asamblea Nacional que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa. Los asociados, que visten como se vestía entonces, aprenden de memoria los discursos de los miembros más significativos de la Asamblea, entre los que destaca Robespierre.
Volviendo al fallo del jurado, en Tiempos de hielo podemos encontrar las características de Fred Vargas destacadas en él. Por ejemplo, la ironía en la descripción de los personajes; la intriga, la acción y la reflexión que se aprecian en todo el relato; el vaivén del tiempo, la revelación del mal, el desafío a la lógica, el fondo inquietante, la sólida arquitectura literaria; y lo que a mí, aficionada a la materia me ha interesado más, la Historia como metáfora de un presente desconcertante.
 
 
 

 

miércoles, 30 de mayo de 2018

LAS CHICAS DEL CAMPO

El hecho de que Antonio Muñoz Molina, escritor al que admiro, recomendase el libro que hoy traigo a Opticks, me llevó a poner un interés especial en su lectura. Deseaba encontrar por mí misma las cualidades que habían complacido al autor ubetense.
El libro, una novela, se titula Las chicas del campo, fue publicado en 1960 y su autora es Edna O’Brien, nacida en Irlanda en 1933.
Las chicas del campo, en parte autobiográfica, tiene como protagonistas principales a Caithleen que hace de narradora, y a su amiga Baba. Las dos viven en un pueblo de la Irlanda rural en los años 50, y tanto sus familias como sus caracteres son muy diferentes.
Caithleen o Kate, es una niña tímida, estudiosa y reflexiva, le gusta leer y está bastante influenciada por el entorno que la rodea: un padre borracho, jugador y violento al que detesta; una madre frágil y sometida al marido que intenta protegerla; y todo ello dentro de una sociedad clasista, controlada por un catolicismo represivo, en la que el alcohol, el machismo y la crítica determinan sus señas de identidad.
Por el contrario Baba es decidida y descarada. Se aprovecha de la retraída Kate, pero también de sus padres, que están bien situados, y de cualquiera que se pone a su alcance.
Al morir la madre de Kate en un accidente y perder su padre por las múltiples deudas que acumula la casa familiar y las tierras, los padres de Baba se ocupan de ella, hasta que ambas ingresan como internas en un colegio de monjas. La dureza del internado, en el que Kate ha logrado entrar gracias a una beca, hace que Baba ideé un retorcido plan para que las expulsen.
Tras la expulsión, las dos se van a Dublín, Baba a estudiar y Kate a trabajar en una tienda; aunque comparten la habitación que han alquilado los padres de Baba en una casa de huéspedes y disfrutan juntas de la libertad que les proporciona la ciudad, al no haber nadie allí que las controle; sólo la casera recrimina a veces inútilmente un comportamiento que considera escandaloso.
Esta sería en resumen la historia contenida en Las chicas del campo. El principal valor de la misma creo reside en la manera como la autora nos la cuenta.
Distinguiré primero su realismo. Está claro que Edna O’Brien vivió muchas de las situaciones que aparecen en la novela. Así el realismo es total al describir la belleza de los paisajes, las costumbres o la sordidez de determinados ambientes; todo está narrado con sencillez y perspicacia por alguien que ha disfrutado o padecido en ellos. Sin embargo, no hay ningún tipo de rencor al referirse a los malos momentos, es la mirada de una persona sensible que ama la libertad y la belleza.
Luego la ingenuidad y el romanticismo con el que la Kate adolescente imagina el futuro y afronta las relaciones que mantiene con los hombres que va conociendo, en contraposición a las intenciones sobre todo materiales que mueven a Baba.
Por fin el contraste entre las dos amigas, distintas hasta en el físico (he leído que  Edna O’Brien considera a Baba como su alter ego), lo que no impide el aprecio que se tienen y la complicidad que reina entre las dos.
Las imágenes de mujer que presenta la autora resultaron revolucionarias cuando fue publicada la novela y a mucha gente le escandalizó el contenido, hasta el punto que el cura de la aldea quemó tres ejemplares que había encontrado en una librería. Recordemos que era el año 1960 y se trataba de la católica Irlanda.
Leída ahora, lo único que sorprende es el humor ingenuo y fresco con el que se expresa la autora, la inteligencia y profundidad con la que observa a los demás y los describe y el genio literario que demuestra al construir un relato que, una vez empezado, y estoy de acuerdo con Muñoz Molina, resulta imposible dejar de leer.
   

domingo, 20 de mayo de 2018

LINCOLN EN EL BARDO

Por el libro de esta semana, Lincoln en el Bardo, su autor, el norteamericano George Saunders, recibió el Premio Booker 2017, que es el premio de más prestigio que se puede otorgar a una novela en Gran Bretaña.
George Saunders era hasta ese momento conocido por sus relatos, pero nunca había escrito una novela, ésta es la primera. Intentaré explicar algo de su estructura y su argumento.
Empezaré por el título, Lincoln en el Bardo. Primero hay que decir que George Saunders es budista y el Bardo para el budismo consistiría en una especie de estado intermedio entre la muerte y lo que pueda haber más allá.
En segundo lugar está el hecho de situar en el Bardo al presidente Abraham Lincoln. Esto parte de un suceso que se afirma tuvo lugar tras la muerte por neumonía de Willie, el hijo de 11 años de Lincoln. Acontecimiento que produjo en el Presidente un desgarro de tal naturaleza, que acudió al cementerio en dos ocasiones para sacar al niño del ataúd y abrazarlo de nuevo. Saunders afirma que escuchó esta historia en los 90 y le ha costado veinte años escribirla.
Una vez aclarado el título, veamos la estructura de la narración. Todo sucede a lo largo de una noche, cuando Lincoln acude al cementerio de Oak Hill en Washington a abrazar a su hijo.
La originalidad reside en el modo que tiene el escritor norteamericano de contar lo ocurrido, alternando las voces de los espectros que habitan el Bardo con citas bibliográficas, reales e inventadas, en las que se habla del niño, de cómo era, de su enfermedad, de la reacción de sus padres y otros allegados ante su muerte; también de la imagen de Abraham Lincoln transmitida por los distintos investigadores, de los esclavos, de la guerra y de las dudas que torturan a Lincoln por la cantidad de vidas jóvenes que desaparecerán en ella. Recordemos que la llamada Guerra de Secesión (1861-1865) enfrentó al Sur con el Norte en Estados Unidos y fue terriblemente mortífera.
El Bardo está habitado por multitud de fantasmas que se manifiestan de una forma u otra según haya sido su vida anterior o los últimos pensamientos que sintieron al dejarla. Así los dos fantasmas que más aparecen, roger bevins iii y hans vollman, se caracterizan porque Bevins está lleno de ojos, de narices y de manos, ya que se suicidó cortándose las venas y en el último momento fue consciente de todas las oportunidades que iba a perder por ese acto. La característica principal de Hans Vollman es su enorme pene, la muerte le llegó a punto de consumar el matrimonio.
Las historias de estos dos fantasmas y de otros muchos que protagonizan la novela las conocemos a lo largo del relato, en una mezcla entre terrorífica e hilarante que demuestra con creces la pericia y singularidad del autor.
Los habitantes del Bardo, según Saunders, están atrapados en esa especie de estadio intermedio repleto de cajones de enfermos, sin entender aún que han muerto y no recuperarán sus antiguas vidas. El pasar a otro estadio podrá suponer un premio, pero también un castigo; así que permanecen en un limbo incalificable.
La llegada de Willie, una criatura inocente y muy querida, el amor que su padre le demuestra, la sinceridad de éste al pensar en la terrible guerra que asola el territorio y el conflicto moral que le plantea el hecho de que tantos jóvenes mueran en ella, contribuirá al desenlace de la historia.
Una historia hermosa, extraña e inquietante; escrita de una forma difícil de resumir por su riqueza expresiva, conceptual y filosófica. Estoy segura de que no dejará a nadie indiferente.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 9 de mayo de 2018

LA MUJER DEL PELO ROJO


De nuevo traigo a esta página la reflexión de Amos Oz sobre el escritor, su obra y lo que ésta pueda significar para un lector determinado.
En el caso que hoy me ocupa, primero fue la obra, Nieve, y después el autor, Orhan Pamuk.
Mis amigos de Plumier, Pili y Luis, me regalaron Nieve el año en el que Orhan Pamuk obtuvo el Premio Nobel de Literatura, 2006. Yo no había leído nada del escritor turco y ese libro supuso un placentero descubrimiento.
Después, comprados o regalados, vinieron más libros, entre ellos La vida nueva, El Museo de la Inocencia y Estambul que sirvieron para confirmar la opinión inicial.
Y ahora el autor. Orhan Pamuk es un escritor turco que no concibe la vida si no es a través de la literatura: No busco la literatura para que me salve la vida. Sólo para superar el día difícil que tengo que vivir. Porque se trata de un escritor comprometido con su tiempo. Amante del país en el que nació, cuya historia recrea en sus libros, pero en absoluto nacionalista; defensor siempre de la democracia, de la libertad y de la paz; pacifismo por el que los libreros alemanes le otorgaron un premio.
Así que en este caso mi admiración por la obra se une a la que siento por la persona de su autor: experto en la mejor literatura, pacifista, universalista y, por tanto, partidario de los puentes y no de las fronteras.
La última obra de Orhan Pamuk acaba de publicarse en España, se titula La mujer del pelo rojo.
Fiel a los puentes y al caudal de conocimientos que posee, Orhan Pamuk utiliza como fondo ancestral de su relato un mito griego, Edipo rey de Sófocles, en el que el hijo mata a su padre sin saberlo; y una leyenda persa, el Shahnameh, epopeya nacional iraní que contiene la historia de Rostam y Sohrab, escrita por el poeta sufí Ferdousí, en la que el padre, igualmente sin saberlo, mata a su hijo.
La historia contenida en La mujer del pelo rojo está contada en primera persona por su protagonista, Cem Bey, joven de 16 años que, al ser abandonado por su padre, que dejó a su madre y a él en una precaria situación económica, entra como ayudante de Mahmut Usta, maestro pocero al que le encargan buscar agua en una zona bastante árida próxima a Estambul.
El trabajo de pocero permite al escritor, en ese afán reivindicativo de la historia y de unir el pasado con el presente, explicar cómo han ido evolucionando los métodos en la obtención del agua, a la vez que la vida de los pueblos.
El joven aprendiz y el maestro mantienen una relación ambivalente. El joven busca la protección de la figura paterna que ha perdido en el pocero, que le enseña el oficio y le cuenta leyendas antiguas, por ejemplo, la historia de José y Jacob y la de Abraham e Isaac; padres e hijos presentes en el Corán y en la Biblia, y reacciona con rabia ante la exigencia de obediencia absoluta que reclama el maestro, al que cuenta a su vez la tragedia de Edipo, que no complace demasiado a éste.
Una tarde, al bajar al pueblo cercano al pozo que están excavando, Cem ve a una hermosa mujer de pelo rojo y se enamora de ella en el momento.
De ahí en adelante la obsesión por la mujer y su relación con la misma van complicándose, hasta que todo termina de una forma que los lectores deben descubrir.
Cem huye del pueblo impulsado por un suceso desgraciado y  regresa a él pasados muchos años, para encontrar junto al antiguo pozo el sentido trágico de los mitos.
En una de las entrevistas que hicieron a Orhan Pamuk con motivo de la publicación de La mujer del pelo rojo, calificó este libro de novela política, ya que lo escribió antes del fallido golpe contra Erdogan, actual presidente de Turquía. El porqué de ese calificativo, además de otra gran variedad de riquezas, también lo encontraremos en el libro.

domingo, 29 de abril de 2018

EL COLOR DEL SILENCIO

En ocasiones resulta imposible obedecer a Amos Oz cuando dice que el buen lector ha de centrarse más en lo que una determinada obra literaria significa para él, el terreno que está entre lo escrito y uno mismo que en el que se halla entre lo escrito y el escritor.
Más imposible aún si has tenido ocasión de escuchar personalmente al autor, en este caso autora, del libro que vas a comentar.
Se trata de El color del silencio, una novela bastante voluminosa, 477 páginas, escrita por Elia Barceló.
Antes de presentarnos su novela, Elia Barceló nos hablo de sí misma. De este modo supimos  que es profesora de Literatura Hispánica en la Universidad de Innsbruck en Austria, aunque ahora se dedica sólo a escribir; está casada con un historiador austriaco, y ha publicado numerosos libros de diversos géneros: infantiles y juveniles, ciencia ficción, realistas, etc. obteniendo gracias a ellos, además de bastantes premios, un reconocimiento internacional.
Durante el encuentro, se mostró como una persona sencilla, cercana, simpática, con sentido del humor y gran facilidad de palabra.
En referencia a  su trabajo en el mundo de la escritura, al preguntarle por el temor que sienten algunos autores ante la página en blanco, explicó que nunca ha experimentado tal temor. No le cuesta imaginar situaciones que más tarde convertirá en relatos; de hecho, tiene una buena cantidad iniciados. Al parecer, su mente está de continuo fabulando. Un detalle que al común de los mortales les parecería insignificante, es en su caso la piedra angular de una historia. Está claro que disfruta escribiendo y en sus libros se nota ese placer.
Centrados ya en El color del silencio, que empieza cuando la protagonista participa en una “constelación”, que su pareja cree podrá ayudarle a aclarar zonas oscuras del pasado, Elia confesó que, aunque en su vida no hay zonas oscuras, para hacer más creíble la historia contenida en la novela, decidió intervenir en una de esas constelaciones, y el resultado fue con el tiempo gratificante.
Feminista convencida, Elia Barceló elige para protagonizar El color del silencio a Elena, una mujer de más de sesenta años fuerte e independiente que dejó a su marido y a su hijo para dedicarse a la pintura, alcanzando en dicho campo un éxito notable. En la actualidad, Elena vive con Carlos, un editor que la conoce bien, la quiere y desea haga frente a sucesos que ocurrieron en su juventud y continúan angustiándola; entre ellos el asesinato de su hermana mayor.
La obra se convierte así en un ir y venir del presente al pasado, alternándose los capítulos en un sentido u otro.  
Elia Barceló despierta el interés de los lectores valiéndose de acontecimientos propios de la novela histórica habituales últimamente: Guerra Civil, franquismo, relaciones con Marruecos e inicios del régimen democrático, en los que sitúa una historia de amor, espionaje e intriga, con un asesinato de por medio, que se desarrolla en ambientes elegantes y sofisticados, en los que predominan las mujeres hermosas y los hombres apuestos.
El ritmo de la narración es ágil, se impone la acción a la reflexión, abundan los diálogos y los hechos se suceden con rapidez.
Todo esto contribuye a que sea una obra de fácil lectura, que deja en el lector un recuerdo tan grato y positivo como dejó el encuentro con la autora a los que tuvimos la satisfacción de escucharla.

jueves, 12 de abril de 2018

UN LIBRO DE MÁRTIRES AMERICANOS

Segunda semana de este mes de abril, que más parece febrero por lo frío y lo desapacible, y un nuevo libro fácil de leer, pese a sus más de ochocientas páginas, y muy apropiado para tratar en grupos de lectores, ya que su argumento gira en torno a dos cuestiones sin duda polémicas: el aborto y la pena de muerte.
El título de la obra aludida es Un libro de mártires americanos y lo ha escrito Joyce Carol Oates.
He indicado que la lectura es fácil porque Joyce Carol Oates escribe muy bien, se expresa con claridad y el argumento del relato, a pesar de no ser en absoluto amable, está organizado de manera que el lector conserve el interés desde el principio al fin.
Para ello Joyce Carol Oates se vale de un conjunto de personajes  principales y secundarios perfectamente dibujados, cuyas vidas responden a situaciones de gran actualidad y los sentimientos que manifiestan son imperecederos.
Así, junto al aborto y la pena de muerte, aparecen las creencias religiosas y el ateísmo, la maternidad y el rechazo de ésta, el sentimiento de culpa, la fidelidad conyugal, las diferencias sociales, el feminismo, el acoso escolar, y más que cada uno podrá extraer conforme avanza en la lectura según sean sus vivencias personales.
La historia que contiene Un libro de mártires americanos tiene como suceso central el asesinato en 1999 en el estado de Ohio de Augustus Voorhees, médico que práctica abortos, a manos de Luther Dunphy, de profesión techador y de religión evangélica, que se considera enviado por Dios para acabar con la vida de una persona a la que califica de asesino de niños.
Luther está casado con Edna Mae que padece una seria depresión al haber perdido en un accidente de coche, en el que se vio implicado Luther, a su hija menor con síndrome de Down que viajaba en el asiento de atrás.  
A Luther y a Edna Mae les quedan tras el accidente cuatro hijos, los dos mayores, Dawn y Luke, en especial Dawn, tendrán también relevancia en la narración.
A esta familia, de seres con escasa cultura que sobreviven a duras penas, con una madre drogada por los medicamentos y un padre fanático religioso, que pertenece a grupos organizados de antiabortistas y termina en el corredor de la muerte, se opone la familia del médico, de clase social alta, lo que le hubiera permitido dedicarse a la medicina privada y disfrutar de una boyante posición junto a Jenna, su esposa abogada, sus hijos Darren y Naomí, y la pequeña Melissa adoptada en China.
Sin embargo, Augustus (Gus) decidió ejercer la medicina pública al servicio de los desfavorecidos, y aunque atiende a mujeres en embarazos que llegan a término, le conocen sobre todo por practicar abortos. Esto hace que le persigan los antiabortistas, deba llevar protección y cambiar de residencia con frecuencia, lo que acarrea problemas a su esposa e hijos.
La muerte de Gus altera por completo la vida familiar. Entre las consecuencias del trauma compartido, está la decisión que adopta Melissa de poner por escrito todo lo que concierne a su padre y que ella desconoce.
En la familia de Luther, Dawn, joven poco agraciada de edad similar a Melissa, toma también una decisión: convertirse en boxeadora y adoptar el nombre de “El Martillo de Dios” para reivindicar la figura paterna.
Son muchos más los personajes a analizar que interesarán a los lectores y a los que Joyce Carol Oates dispensa un trato distinto, con debatibles matices,  según el grupo en el que se integran. Así en el retrato de los contrarios al aborto (la América profunda), resalta el fanatismo y la truculencia; y en el de los proclives, el altruismo y la intelectualidad.
Una cuestión curiosa en este aspecto es la utilización de la primera y la tercera persona a lo largo de las ochocientas catorce páginas del libro. Todos los personajes principales y algunos secundarios exponen cómo piensan en primera persona, excepto Gus, al que conocemos a través de sus hechos y de las opiniones de otros.
Como he apuntado anteriormente, Un libro de mártires americanos alberga tal cantidad de situaciones y detalles, que resulta imposible resumirlo en unas pocas líneas. Sólo queda recomendar su lectura, seguro que no deja a nadie indiferente.