jueves, 17 de enero de 2019

MI HERMANA VIVE SOBRE LA REPISA DE LA CHIMENEA


Hoy traigo a Opticks un libro bastante breve, 232 páginas; es obra de la escritora inglesa Annabel Pitcher y se titula Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea.
En este caso el título responde al contenido porque para el padre de James (Jamie) y Jasmine (Jas), Rose, gemela de Jasmine, que murió a los 10 años un 9 de septiembre en un atentado terrorista en Londres, continúa viviendo en la urna colocada sobre la repisa de la chimenea.
Mi hermana Rose vive sobre la repisa de la chimenea. Bueno, al menos parte de ella. Tres de sus dedos, su codo derecho y su rótula están enterrados en una tumba en Londres. Mamá y papá tuvieron una discusión de las gordas cuando la policía encontró diez pedazos de su cuerpo. Mamá quería una tumba que pudiera visitar. Papá quería incinerarlos…
Cuando ocurrió el atentado, Jamie, tenía cinco años y su familia era feliz. La muerte de Rose alteró por completo el panorama familiar hasta hacerlo casi irrespirable.
Tras cinco años de problemas, con la madre en manos de psicólogos y el padre dándose a la bebida, el día en que Jamie cumplía diez años, la madre confesó que tenía un amante, Nigel, miembro de su grupo de apoyo; Jas llegó a casa con el pelo teñido de rosa y el conflicto degeneró en catástrofe.
La madre abandonó la casa y se marchó con Nigel. Los niños quedaron al cuidado del padre, que buscó trabajo en un pueblo al norte de Londres y se instaló allí con ellos y con Roger, el gato de Rose que ahora no se separa del niño.
“No hay gente” dije cuando encontramos la casa al final de un camino serpenteante, y yo iba mirando por la ventanilla en busca de alguien con quien jugar. “No hay musulmanes”, me corrigió papá, sonriendo por primera vez aquel día.
Cuando salimos del coche, nos quedamos mirando nuestra nueva casa. El sol se estaba poniendo, las montañas tenían un brillo naranja y yo veía nuestro reflejo en una de las ventanas: papá, Jas y yo con Roger en brazos. Por una milésima de segundo me sentí lleno de esperanza…
La historia está contada en primera persona por James que ha cumplido diez años, que apenas recuerda a la hermana que su padre tiene tan presente, que no entiende por qué las cenizas de la muerta importan tanto y Jas y él, que están vivos y necesitan cariño y atenciones, no obtienen ni lo uno ni lo otro.
La incorporación a un nuevo colegio agudiza los problemas que el niño siempre experimentó al relacionarse con los compañeros de curso. Nunca fue popular en el grupo porque es inteligente, le gusta leer y dibujar y le cuesta hablar con gente a quien no conoce.
Para complicar más la situación, la maestra lo sienta al lado de una niña musulmana, Sunya, que lleva velo y por la que tampoco los cabecillas de la clase muestran simpatía.
Poco a poco y a iniciativa de Sunya que descubre que, junto al rechazo que concitan, ambos son partidarios de Spiderman y sus historias, los dos se hacen amigos, aunque él se siente culpable y teme que su padre descubra que ella es musulmana.
Las amistad entre Sunya y Jamie, las situaciones conflictivas a las que se enfrentan y la manera cómo las resuelven, las dudas del niño por el hecho de tener una amiga denostada por el padre, la actitud protectora de Jas hacia su hermano con una madurez impropia de una adolescente, todos los sentimientos que experimenta Jamie ante la mamá ausente y el papá enajenado, las estrategias de las que se vale para reunir de nuevo a la familia, y mucho más que el lector descubrirá en el libro, convierten a Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea en una pequeña obra maestra por la capacidad que ha tenido la autora de colocarse en el lugar del niño y hablarnos como imaginamos lo haría él, con un lenguaje en el que encontramos ternura, humor, dudas, alegría, rabia, incredulidad, esperanza, dolor, etc.
También por el modo en que Annabel Pitcher ha organizado el relato introduciendo los diálogos en cursiva (yo los he señalado entre paréntesis), técnica que agiliza la lectura y la hace más amena, comprensible y cercana.













jueves, 10 de enero de 2019

LOS BAÑOS DEL POZO AZUL


Un amigo me presta el libro que hoy traigo a Opticks y me advierte al hacerlo de que, en su opinión, le sobran páginas.
En otras ocasiones me he referido aquí a esas voluminosas obras cuyo argumento, que podría resultar interesante, pierde por completo el interés cuando el autor ocupa para desarrollarlo más páginas de las convenientes.
Es lo que sucede con Los baños del pozo azul, novela escrita por Jesús Sánchez Adalid.
De Sánchez Adalid he leído cuatro novelas. La primera, que recomendé a muchas personas, fue El mozárabe.
La segunda, regalo de una amiga por el entusiasmo que mostré ante la primera, se llamaba Los milagros del vino y me decepcionó bastante.
En la tercera, Y de repente, Teresa, se habla más de la Inquisición que de la Santa en sí.
Con la tercera, Los baños del pozo azul,  la decepción ha ido en aumento. Explicaré por qué.
En Los milagros del vino, el tema tratado era original y distinto al expuesto en El mozárabe, no tenía nada que ver con al-Ándalus. La decepción venía porque, al igual que a ésta, le sobraban páginas.
A Los baños del pozo azul, no sólo le sobran páginas, sino que el autor extremeño ha aprovechado el merecido éxito que obtuvo con El mozárabe para construir una historia centrada también en los tiempos del califato de Córdoba y, además, con algunos de sus protagonistas.
Así aparecen el tercer califa Hisem II, su madre, Subh Um Wallad, y Almanzor como más importantes. Aunque hay otros personajes secundarios, históricos o no, por ejemplo, el eunuco Chawdar, comunes a ambas narraciones, y se hacen continuas referencias al pasado del califato, tan presente en la anterior novela.
Junto a Subh, su hijo Hisem, Almanzor y el eunuco Chawdar, desempeñan un papel destacado un eunuco más joven, Sisnán, y su amiga Delila, sirvienta en la casa de Subh; las ocurrencias de ambos ocupan demasiado espacio y llegan a aburrir.
Pero es un joven poeta, Farid al Nasri, el que quizá debiera sobresalir en el relato, por la importancia que Jesús Sánchez Adalid da en él a la poesía, reproduciendo poemas de este joven, de autores anónimos o de famosos poetas de la época.  
Sin embargo, Farid al Nasri y su amigo el comerciante Yacub sólo sirven para alargar un poco más la trama que se desarrolla en el libro, en la cual un grupo de personas, familiares y partidarios de la dinastía omeya, intenta arrebatar el poder a Almanzor, que se aprovecha del poco carácter de Hisem, el califa legítimo, y de que su madre, la sayida Subh, permanece recluida en los Alcázares, lejos del palacio de Medina Azahara, para tomar todas las decisiones importantes y ejercer de facto dicho poder.
En ese movimiento de oposición a Almanzor sobresale el cadí Raíg al Mawla o Eneko según su nombre vasco, hermano de la sayida Subh o Auriola, ya que los dos llegaron a Córdoba desde la tierra de los vascones y está comprobado que eran de origen navarro.
Los Baños del Pozo Azul, título de la obra, como su nombre indica son unos baños públicos, en este caso para personas distinguidas, que Eneko compra al propietario con el objetivo de regalárselos a su hermana y lograr así que secunde sus planes en contra de Almanzor. El poeta Farid y sus amigos se encargarán de embellecerlos al máximo, logrando que la sayida se encuentre feliz y relajada en ellos.
En los últimos capítulos de la novela a los Baños del Pozo Azul se les otorga una nueva función. Aunque eso deberán descubrirlo los posibles lectores.
Resumiendo. La revuelta de Subh contra Almanzor, en un entorno tan extraordinario como la Córdoba califal, puede que mereciera un libro, pero no de 718 páginas.

miércoles, 2 de enero de 2019

LA BRUJA


Empiezo el año 2019 con una novela perteneciente al género negro que me ha parecido interesante por las razones que después explicaré. Se trata de La bruja, su autora, nacida en Suecia, es Camilla Läckberg.
La bruja es el último exponente de una serie que Camilla Läckberg inició en el año 2004 con La princesa de hielo, primera novela que publicaba y cuyo éxito la impulsó a continuar escribiendo libros con los mismos protagonistas principales, el policía Patrik Hedström y la escritora Erika Falcky, a los que fue poco a poco añadiendo familiares de ambos y nuevos personajes, muchos de ellos vecinos de Fjällbacka, lugar de nacimiento de la autora y en el que se desarrollan las historias que cuenta, que hasta ahora han comenzado con un crimen y su posterior investigación.
Por lo general, la ya famosa escritora sueca alterna en el transcurso de la investigación del o de los asesinatos, el tiempo actual con alguna época del pasado que guarda relación con las víctimas, los asesinos o todos en general, lo que le permite ampliar el campo del relato, profundizar en la psicología de los distintos personajes y hasta despistar al lector con datos contradictorios, encontrados en muchas ocasiones por Erika mientras busca materiales para confeccionar sus propios libros.
Una característica que creo importante destacar de Camilla Läckberg es la habilidad que muestra en la creación de ambientes; algo que notamos de manera acusada en La bruja, hasta el punto de que hay momentos en los que la lectura de determinados pasajes resulta opresiva y, por tanto, incómoda.
He apuntado antes que La bruja es el último exponente de la saga que Camilla Läckberg inició en el año 2004 con La princesa de hielo, saga que ha ido aumentando año tras año atrayendo sobre ella numerosos elogios y convirtiéndola en la autora más leída de Suecia.
Quizá por todo esto y por el largo camino recorrido, Camilla Läckberg alterna en  La bruja no dos historias sino tres coordinadas de forma inteligente: la desaparición de Linnea, una niña de 4 años que vive con sus padres en una granja a las afueras de Fjällbacka; el asesinato de Stella, otra niña de la misma edad a la que se encontró muerta hace treinta años en esa granja propiedad de su familia; y unos terribles sucesos acaecidos en la zona en el año 1672, con acusaciones de brujería de por medio, que impresionan bastante por la ausencia de humanidad de casi todos los actores.
La novela, la más extensa de la serie, 679 páginas, recoge en su argumento conflictos sociales de actualidad, como la inmigración, en este caso de sirios en Suecia; el bullyng o la homosexualidad. Todo ello, unido a un argumento con multitud de variables por las características psicológicas y sociales de las personas que aparecen, los traumas que arrastran y lo inesperado del desenlace, convierten a La bruja en una novela muy recomendable para cuya lectura no importa demasiado no haber leído ninguna otra de la citada serie.


sábado, 22 de diciembre de 2018

NAVIDAD LITERARIA


Mientras buscaba textos que tuviesen relación con la Navidad, encontré la recopilación que adjunto realizada en el año 2017 por Andrés Seoane. Como su vigencia no ha prescrito ni lo hará nunca, se me ha ocurrido pedírsela prestada. Espero que todos disfruten de ella. Cualquier aficionado a la literatura lo haría. 


Las fechas navideñas están marcadas por historias atemporales, esos relatos clásicos que encierran toda la magia y el espíritu de una época especial. Partiendo de la canónica literatura anglosajona del XIX, y ampliando el foco hacia alguna de las tradiciones del resto de Europa, ofrecemos una selección de los mejores textos para sentarse frente a la chimenea y dejarse llevar por la imaginación.
Son muchas las historias navideñas que juegan un papel destacado en nuestro imaginario común, pero si tuviéramos que destacar una de ellas sería sin duda el archiconocido Cuento de Navidad de Charles Dickens, publicado originalmente en 1843. No es el ejemplo más antiguo, pero, sin duda, esta historia de redención en la que el escritor vuelca su dura y pobre infancia para criticar sin piedad la crueldad y la codicia supuso un hito duradero que más de un siglo y medio después sigue vigente a través de su versión original, que continúa editándose, y también a través de multitud de adaptaciones literarias, teatrales y cinematográficas. Una de las más destacadas de los últimos tiempos es el volumen Cuentos de Navidad (Literatura Random House), inspirado en la edición inglesa de 1852, que añade al célebre relato otras cuatro narraciones de ambientación navideña, donde se entreveran los motivos principales del mundo dickensiano: la caridad, la infancia, los mitos populares, las desigualdades sociales, los sueños y la magia.

El incontestable éxito de Dickens estuvo favorablemente abonado por una sociedad victoriana que en aquellos años estaba inmersa en la recuperación de las viejas tradiciones navideñas que habían sufrido un periodo gris bajo el severo puritanismo de siglos anteriores. Desde entonces, leer y releer el fantasmal clásico se tornó un ritual más para alcanzar la milagrosa catarsis provocada por estas fechas. Pero como decíamos, aunque Dickens disfruta del privilegiado título de "Padre de la Navidad", este honor debería recaer en otro escritor anglosajón que el propio Dickens reconoció como fuerte inspiración, el estadounidense Washington Irving, que en 1820 ya dejó reflejada esa nostalgia y melancolía navideñas en Vieja Navidad, una pequeñita novela que recoge las tradicionales celebraciones navideñas en una casa de campo inglesa.
Recientemente traducida por primera vez al español por la editorial El paso, el relato de Irving recorre cinco escenas hiladas sobre una tradicional familia campestre decimonónica que contiene todos los cánones del género prefigurado por él, con abundancia de humor, ternura, nostalgia y una exacerbada exaltación de la amistad y la fraternidad. Resulta hoy paradójico leer cómo ya entonces el escritor se queja amargamente de la trivialización de unas Navidades que comenzaban sutilmente a tomar un cariz más materialista que espiritual, a pesar de estar las historias sobrenaturales tan íntimamente ligadas al género navideño. Fue tal el éxito del libro en el siglo XIX, que éste conoció una nueva edición, ya en Inglaterra en 1885, con el añadido de los dibujos de Randolph Caldecott, un ilustrador clásico de la era victoriana cuyas imágenes también se incluyen en la actual edición.

Continuando el periplo por las islas, el artefacto navideño sufre una nueva evolución con otro gigante de las letras británicas que vivió a caballo entre los siglos XIX Y XX. Ningún escritor podría representar mejor que el gran 
G.K. Chesterton la figura de Papá Noel, por su descomunal volumen y su aire de ferocísima bondad, cualidad especialmente navideña. Su condición de católico activista se manifiesta en su decidida e insistente defensa de la Navidad, a la que dedicó artículos, ensayos, cuentos y poemas e incluso una breve obra de teatro, recopiladas ahora por la editorial Renacimiento en El espíritu de la Navidad. Nótese que Chesterton, confeso admirador de Dickens, ya alude impunemente al "espíritu de la Navidad", ese constructo conformado durante todo el XIX y que el escritor hereda gozosamente. Su afilada y polémica pluma brilla aquí en defensa de las tradiciones y ataca críticamente a aquellos que eran demasiado modernos para unas fiestas tan familiares.

Aunque no solo de literatura anglosajona viven las Navidades. Otro de los grandes clásicos europeos en el ámbito del relato, el danés 
Hans Christian Andersen, es autor de un buen puñado de cuentos enmarcados en estas fechas. La editorial Everest ha publicado no hace mucho una versión ilustrada de sus Cuentos, entre los que se encuentran relatos tan conmovedores como La pequeña cerillera, que narra la historia de la niña que aterida de frío en Nochevieja intenta calentarse encendiendo las cerillas que no ha conseguido vender. También firma Andersen La Reina de las Nieves, un cuento sobre la lucha entre el bien y el mal en el que prima la amistad, adaptado hace algunos años al cine por Disney, que ha disfrutado recientemente de versiones ilustradas de editoriales como Anaya, Laberinto o San Pablo.

Bajando hacia Centroeuropa, y obviando la rica tradición recogida por los Hermanos Grimm, entre la que se podrían destacar narraciones como Hansel y Gretel o Rumpelstiltskin, merece ser mencionada una de las primeras historias navideñas del romanticismo alemán, especialmente famosa en la actualidad por el ballet musicado por Chaikovsky. Aunque el compositor ruso se basó en una versión del cuento escrita por Alejandro Dumas, la narración original de El Cascanueces y el rey de los ratones data de 1816 y pertenece al prolífico escritor alemán E. T. A. Hoffmann. La editorial Blume recupera este cuento clásico en el que una niña que permanece enferma en cama comienza a alternan viajes entre el mundo real y otro de fantasía en una maravillosa oda a la imaginación.

Viajando a latitudes más septentrionales, nos encontramos con un maravilloso ejemplo de uno de los cuentistas más grandes de todos los tiempos. En Vanka Antón Chéjov aborda también el tema de la infancia maltratada, tan caro a la literatura victoriana, pero tratado desde una inconfundible óptica rusa. Se trata de un precioso y tierno cuento de Navidad, en el que un pequeño huérfano de nueve años, aprendiz de zapatero en Moscú, pobre y que lleva una vida mísera, se dirige a su abuelo para que venga a por él. Otro delicioso relato navideño salido de la estepa, en este caso ucraniana, es Nochebuena (Nórdica, 2017), una historia costumbrista con coloridos toques folclóricos donde Nikolái Gógol representa, en un mundo surreal y mágico, la lucha cósmica y eterna entre el bien y el mal. Diablos, brujas y pasiones humanas narradas en un plástico cuento que como no puede ser de otro modo en estas fechas, termina con final feliz.

España, espíritu propio
Nuestro país también ha sido pródigo en la producción de historias navideñas firmadas por algunas de las mejores plumas del XIX. En sus volúmenes de Cuentos españoles de Navidad, publicados en 2015, la editorial clan reúne narraciones de Nochebuena, Nochevieja, Reyes y el gordo del sorteo de Navidad, que retratan una sensibilidad que hemos heredado y constituyen un medio de mantenerlas vivas y de conocer nuestra identidad cultural en las fiestas más hermosas del año escritas por grandes autores como Pedro Antonio de Alarcón, BécquerGaldós, Blasco Ibáñez o Emilia Pardo Bazán.
Salpicados de costumbrismo patrio, muchas de las historias también beben de los temas tradicionales en las literaturas europeas. Por ejemplo en La mula y el buey, Galdós crea el personaje de Celinina, una niña muy enferma ya próxima a morir que mezcla en su cabeza realidades y puras ensoñaciones. Por contra, El premio gordo de Blasco Ibáñez aborda un tema puramente español como la lotería. ¿No le ha tocado el premio gordo de la Navidad? Al protagonista de este relato sí. Blasco Ibáñez cuenta la vida de Jacinto, un hombre humilde al que le toca la lotería y descubre que no es todo tan bonito como parece antes de ver como su vida se desmorona por momentos. Una historia perfecta para desear que no nos haya tocado el gordo, quizá un consuelo para muchos en un día como hoy.




viernes, 14 de diciembre de 2018

LOS 115 PASOS DE KAIRÓS

Tras el éxito obtenido por Imaginar a Peter Pan, libro ilustrado por Miguel Calatayud con texto de Manuel Roig, la Editorial Degomagom saca al mercado un nuevo libro, ilustrado esta vez por Miguel Cerro y cuyo texto lo ha escrito alguien que se esconde bajo el seudónimo Remo Mora.
El título de este nuevo libro es Los 115 pasos de Kairós, y en su presentación, que se realizó en Ibi, sede de la citada editorial, actúo, con una canción alusiva a la historia contenida en él y con el mismo título, el cantante de rap Abram.
Miguel Cerro es un ilustrador cordobés que conocí en el año 2015, cuando dibujó la portada del número 19 de Opticks. Desde que se inició en el mundo del diseño y de la ilustración allá por el 2008, ha evolucionado, hasta lograr un estilo del todo personal y, por lo tanto, inconfundible.
Eso ha supuesto años de trabajo, de desarrollar al máximo su talento innato para el dibujo y la creación artística. Trabajo que le ha llevado a participar en multitud de proyectos nacionales e internacionales, a contar con su propio estudio y a obtener premios tan importantes como el Internacional de Compostela de Álbum Ilustrado y a ser el único ilustrador español incluido en la Lista de Honor de la IBBY 2018.
El estilo personal de Miguel Cerro lo podemos apreciar en las ilustraciones de la obra que hoy traigo a Opticks, que responden, no sólo a su evolución como autor, sino al interés que ha ido adquiriendo por difundir un determinado mensaje. En Los 115 pasos de Kairós el mensaje resulta optimista y esperanzado, empuja a actuar, y el resultado es tan hermoso como positivo.
Un mensaje, que aunque pueda parecer sorprendente, han reconocido sin dificultad los que, de alguna manera, han tenido contacto con él. Así Remo Mora, autor del texto, o Abram, poeta, compositor y cantante de rap, que forma parte de las filas del sello alicantino Magna Records, y ha publicado una buena cantidad de canciones, incluida la que lleva el título del libro, Los 115 pasos de kairós, que impresiona por su belleza y profundidad.
Centrándonos en las ilustraciones de Miguel Cerro y el mensaje que pretende transmitir con ellas, y que el resto de colaboradores ha compartido, hay que tener en cuenta el nombre que Remo Mora da al protagonista del relato, Kairos, que en griego representa un tiempo en el que algo importante y bueno sucede.
¿Y qué es lo bueno e importante que ocurre aquí?  Pues que Kairós, un niño que no era demasiado rápido, ni demasiado hábil ni demasiado bueno jugando al fútbol, no se rinde a la primera, descubre que tiene un talento especial, en este caso para la papiroflexia, y una vez descubierto ese talento, se pone a trabajar y no se acobarda ni se encierra en casa cuando algunos vecinos rechazan o no entienden lo que hace.
¿Y por qué no se rinde y no se acobarda? Porque Kairós disfruta construyendo figuras de papel, le gusta su trabajo, pone pasión en él, cree que puede ser útil a los demás, confía en sí mismo y en el resultado de su esfuerzo.
Y así, pasito a pasito, con 115 pasos y un trabajo creativo y constante, consigue convertir un pueblo triste, en el que todo el mundo tenía prisa, en un lugar tan, tan bonito que sólo contemplando las figuras de formas y colores diferentes que adornaban las calles, la gente fue feliz, comprendiendo además que lo que hacía diferente a Kairós era una riqueza de la que todos participaban.
Lo que acabo de contar es el relato que inventa Remo Mora, porque, por otro lado, los dibujos con los que Miguel Cerro construye su historia son un texto en sí mismos, aunque el texto sea importante para los que sabemos leer. Pero aún así, cualquier persona, un niño contándola a otro niño, aunque ninguno de los dos sepa leer, podría interpretarlos. De igual modo, un adulto si se la cuenta a un niño o a otro adulto.
Y aún hay más, los dibujos son tan expresivos, que estimulan la imaginación para que podamos añadir detalles, destacar aspectos que nos parezcan interesantes, confeccionar narraciones distintas y hasta adjudicar a Kairós personalidades diferentes: el extraterrestre de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, alguien experto en disfrazarse como Mortadelo, o el poseedor del chakra del tercer ojo, centro de la energía sutil de la conciencia y de la espiritualidad en la filosofía budista, que hace a sus poseedores personas especiales (la madre decía a Kairós que todos somos diferentes de algún modo).
Todo esto provoca que, al terminar de ver o de leer el libro, teniendo como fondo el rap de Abram, permanezca en nosotros, en mi caso así ha sido, la grata sensación de haber participado en un proyecto joven que merece la pena, presentado ahora también, como sucedió con la publicación de Imaginar a Peter Pan, en una primorosa y excelente edición.

jueves, 6 de diciembre de 2018

CUANDO SALE LA RECLUSA

El pasado 19 de octubre se entregaron en Oviedo los Premios Princesa de Asturias. Entre los premiados, en este caso con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, como ya indiqué el 8 de junio en la reseña de Tiempos de hielo, estaba la escritora francesa Fréderique Audoin-Rouzeau, autora de dicho libro, que firma sus obras con el seudónimo de Fred Vargas.
Los periodistas dicen de Fred Vargas, refiriéndose a su carácter, que es una persona tímida, que jamás firma autógrafos y huye de las entrevistas y de cualquier clase de exposición pública.
Quizá por esa razón, en una emotiva carta de agradecimiento, excusó su asistencia a la entrega de los Premios alegando motivos de salud. Lo que le supuso dejar de recibir los 50.000 euros y la escultura de Joan Miró que obtienen los galardonados, ya que en las bases se indica que la presencia de éstos en el acto de entrega es obligatoria.
Ese carácter retraído e introspectivo lo encontramos en muchos de los personajes que aparecen en las novelas policiacas que escribe esta autora, género que, por otro lado, afirma comenzó a cultivar por diversión y para descansar de su habitual trabajo como especialista en arqueología, zoología e historia.
Se me ocurre que el hecho de que Fred Vargas se divierta escribiendo sus novelas, ayuda a que todas sean distintas y vayan mejorando con cada nueva entrega.
Así me parecen geniales Huye rápido vete lejos (2001), Tiempos de hielo (2015) y la que hoy traigo a Opticks, última publicada, Cuando sale la reclusa (2017).
Por el contrario, no encuentro tan extraordinarias Los que van a morir te saludan, escrita en 1987 y El hombre de los círculos azules de 1991.
Como en entradas anteriores, 8 de junio y 25 de junio, he hablado ampliamente de las características de la escritora francesa, me centraré  en Cuando sale la reclusa, obra perteneciente a la serie que protagoniza el comisario Adamsberg ayudado por sus habituales compañeros en la comisaría: los comandantes Dangrard y Mordent, las tenientes Retancourt y Froissy, los también tenientes Mercadet, Veyrenc, Voisenet y Noël, el cabo Estalère, y algunos más que los lectores irán descubriendo, ya que se trata de un libro en el que conviven tres investigaciones diferentes y una gran cantidad de personajes.
La novela se inicia con el comisario Adamsberg en Islandia (allí se desarrolla una parte de Tiempos de hielo). Sentado en una roca de la escollera del puerto, contempla relajado a los marineros que regresan de la pesca. Acaba de perder el móvil sepultado en excrementos de oveja, lo que aprecia en su justo valor y le hace sentirse muy lejano de los 27 agentes de la Brigada Criminal del distrito 13 de París.
Perdido el móvil, es un marinero el que le avisa de que ha llegado un mensaje de la capital de Francia. En el mensaje se requiere su presencia para investigar el asesinato de una mujer que ha sido atropellada, quizá por su marido o quizá por su amante.  
Resuelto ese primer asesinato, llegan las noticias de dos muertes más, las de dos hombres de edad avanzada, infectados inexplicablemente al morderles una pequeña araña denominada reclusa.
Es en este caso en el que Fred Vargas despliega todo su talento como arqueóloga, narradora, historiadora, zoóloga y experta en recorrer los oscuros laberintos del alma humana.
Al igual que en las anteriores novelas que protagoniza, el comisario Adamsberg se deja guiar por su intuición para investigar la muerte de esos hombres, que él considera han sido asesinados, pero en su mente hay una especie de niebla que le impide dar a su equipo elementos sólidos en que apoyar la investigación.
Por otro lado, dos miembros del equipo, el comandante Danglard y la teniente Froissy, se ven afectados por cuestiones en las que el comisario también se verá obligado a intervenir.
Entre unas cosas y otras, la trama se complica con nuevas muertes y nuevas y horripilantes historias que nos presentan a reclusas que no son  precisamente arañas.
Tratándose de una novela del género negro, mejor es no seguir hablando sobre ella y que el lector descubra sus muchas y variadas cualidades.
Sí que puedo decir que en sus páginas va a encontrar ternura, humor, maestría en el desarrollo de la trama, angustia, compasión, rabia, compañerismo y hasta seducción.
De igual modo podrá obtener conocimientos de historia, arqueología y aracnología, por citar unos cuantos.    
Además, dejando a un lado los conocimientos y las cualidades que cada uno apreciará a su manera, Cuando sale la reclusa de Fred Vargas  permite, al sumergirse en un apasionante y extraordinario relato policiaco, alejar por un tiempo las preocupaciones habituales.

 

 

 

jueves, 29 de noviembre de 2018

MARATHON MAN

Hace algo más de una semana, el día 16, murió a los 87 años el novelista, guionista y dramaturgo estadounidense William Goldman.
Creo que a William Goldman se le conoce más en su faceta de guionista que en la de novelista o dramaturgo. ¿Qué aficionado al cine no recuerda Dos hombres y un destino, La princesa prometida o Todos los hombres del Presidente?
Sin embargo, hoy en Optick no voy a hablar de esas grandes películas, sino de una novela, Marathon Man, publicada en 1974.
Marathon Man, al igual que sucedió con su obra La princesa prometida, también originó una película, que protagonizaron Dustin Hoffman y Laurence Olivier, entre otros, y fue estrenada con el mismo título en 1976.
No he visto la película, por lo tanto no sé si el argumento se ajusta por completo a la novela. De ser así, mantendrá en vilo al espectador casi desde el principio.
Digo casi porque imagino que los primeros capítulos del libro adaptados al cine proporcionarán pistas sobre lo que va a suceder después. Pistas que permitan unir las tres historias con las que se inicia, en las que intervienen personajes que, en apariencia, no tienen entre ellos ninguna relación.
La primera historia presenta a dos ancianos, uno judío y otro alemán, circulando con sus respectivos coches por una calle de Manhattan. Ambos ancianos se enfrentan en un atasco y emprenden, encolerizado el uno con el otro, la desenfrenada carrera que los conducirá a la muerte.
En la segunda, conocemos a Babe (Thomas Babington Levy), un joven desgarbado, alto y flaco, licenciado en literatura en Oxford, que está preparando el doctorado, puede correr 15 millas sin fatiga alguna, sueña ser campeón de maratón; y soporta que se metan con él, por su aspecto desaliñado y enclenque, los vecinos del apartamento en el que vive en un barrio poco recomendable.
La tercera está protagonizada por Scylla, agente secreto estatal perteneciente a un grupo de élite denominado la División, al que atacan  una serie de personas que pretenden matarle en diversos momentos y escenarios.  
Poco a poco el ritmo del relato se hace más rápido. Scylla sale bien parado de los intentos de asesinato aludidos.
Babe sintoniza enseguida con el que desea dirija su tesis, el profesor Biesenthald, eminente historiador que le cuenta que admiraba a su padre del que fue buen amigo.
El padre de Babe, brillante e inteligente historiador como Biesenthald, se suicidó al ser acusado de comunista en la caza de brujas emprendida por el senador McCarthy y no poder soportar la presión social.
Para completar su, en apariencia buena racha, Babe conoce en la biblioteca de la facultad a una joven, Elsa, que al contrario de lo que le sucede habitualmente con las chicas, se muestra interesada por él.
Pero es a partir de la página 103, el libro tiene 266, cuando los acontecimientos se suceden de manera vertiginosa y Babe se convierte a su pesar en la principal víctima de una trama criminal que le desborda, y cuyo principal objetivo es hacerse con un número indeterminado de diamantes que pertenecieron a los judíos torturados y muertos en Auschwitz.
El personaje más siniestro en dicha trama es un dentista, Christian Szell, en la novela ayudante de Mengele, que regresará de Sudamérica, donde está escondido, con la intención de recuperar esos diamantes de la caja brindada de un banco de Nueva York, utilizando para ello los terroríficos métodos que perfeccionó en Auschwitz.
No digo más. La novela, que gana conforme te vas adentrando en sus páginas, además del suspense y del ritmo perfecto, tiene riquezas que el lector atento descubrirá con gusto.

Al mismo tiempo, su lectura podrá suponer un pequeño homenaje, en mi caso lo ha sido, al escritor que acaba de morir.