miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA VERDAD SOBRE EL CASO SAVOLTA

Pese a ser una gran admiradora de Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, no recuerdo haber hablado en Opticks de ninguna de las obras que ha escrito.
Así que hoy, uniéndome a las felicitaciones que ha debido recibir por el prestigioso premio que le ha sido otorgado, hablaré sobre la que supuso su entrada triunfal en el mundo de la Literatura. Se trata de La verdad sobre el caso Savolta, Premio de la Crítica en 1976 y una de esas obras que seduce al lector por múltiples razones, entre las que podrían citarse las siguientes:
-Porque en ella encontramos todos los géneros, desde la novela picaresca a la negra; el folletín, la novela sentimental, de costumbres, histórica, etc. -Porque los personajes están perfectamente caracterizados y los ambientes magistralmente descritos.
-Por la construcción del relato, en la primera parte en forma de declaración ante un juez que, además de contar con diversa documentación proporcionada por personas que participaron en el caso, obliga con sus preguntas al declarante a explicar unos hechos  acaecidos diez años antes; y en la segunda, de manera lineal hasta llegar al sorprendente desenlace.
-Porque en sus páginas hay crítica, denuncia social, suspense y un humor entre irónico y sarcástico que será la carta de presentación de Eduardo Mendoza en obras posteriores.
Los sucesos narrados en La verdad sobre el caso Savolta tuvieron lugar en Barcelona durante los años 1916 y 1917; el principal protagonista es Javier Miranda que contará lo sucedido a un juez de Nueva York diez años más tarde.
Javier Miranda, que había estudiado dos cursos de leyes en su Valladolid natal, llega a Barcelona en busca de trabajo y entra como ayudante en el despacho del abogado Cortabanyes, por mediación del cual conoce a Paul André Lepprince, un francés joven y ambicioso que trabaja en la empresa del señor Savolta.
Dicha empresa fabricó armas para los alemanes durante la 1ª Guerra Mundial y ahora se enfrenta a los movimientos obreros potenciados por el anarquismo en su afán de mejorar las precarias condiciones de vida de los trabajadores.
Esto proporciona a Eduardo Mendoza la posibilidad de presentarnos la realidad de Barcelona en aquellos complicados tiempos. Una ciudad a la que llegaban inmigrantes desde las zonas más deprimidas de España e intentaban sobrevivir en un ambiente de miseria, prostitución, robos y asesinatos, algunos de ellos a manos de matones pagados por los empresarios que buscaban así amedrentar a los obreros y evitar las huelgas.
Lepprince planea casarse con Mª Rosa, hija única del señor Savolta que es asesinado en el trascurso de una fiesta celebrada en su casa.
La investigación de ese asesinato y del anterior de un periodista, Domingo Pajarito de Soto, que desconfiaba de las actividades de la empresa Savolta, corre a cargo del comisario Vázquez, ayudado casi sin pretenderlo por Nemesio Cabra Gómez, individuo de ambientes marginales con alteraciones psicológicas.  
En ese mundo marginal vive también María Coral, una hermosa gitana de la que se enamoran Lepprince y Miranda y que desempeñará un importante papel en la trama.
Pero no sólo los personajes que acabo de citar prestigian la novela de Eduardo Mendoza, otros muchos aportan detalles humorísticos, como, además de Nemesio, el sargento Totorno; sorprendentes, como el grupo de mujeres anarquistas que integran la caravana del amor libre; inquietantes, como el asesino a sueldo Max o el mismo Lepprince, etc.
La riqueza argumental, de composición, vocabulario, ambientes, personajes y matices  que encierra La verdad sobre el caso Savolta es tal,  que resulta imposible comprimirla en unas cuantas líneas.
Aunque como supongo que la mayoría de los lectores habrán leído ya la novela, todos deben saber muy bien de lo que hablo.
   

martes, 29 de noviembre de 2016

PURGA

Despido noviembre con dos novelas cuya lectura me ha llevado a buscar información sobre el país en el que se desarrolla la trama de ambas: Estonia. Hablo de Purga y de Cuando las palomas cayeron del cielo que tienen como autora a Sofi Oksanen, nacida en Finlandia de padre finlandés y madre estonia.
Leyendo algunas entrevistas que se han hecho a  Sofi Oksanen, ésta explica que su interés por Estonia surgió durante las visitas que hacía a sus abuelos maternos. La verdad es que, según la información que he conseguido, la historia de ese pequeño territorio, situado entre Rusia, el Báltico y Letonia, da para muchas novelas.
Sofi Oksanen en estas dos que escribe se centra en acontecimientos acaecidos durante el siglo XX, en concreto en las sucesivas ocupaciones de Estonia por los soviéticos (1940-41), los alemanes (1941-44) y finalmente de nuevo por los soviéticos (1944-1991), o sea, durante y después de la 2ª Guerra Mundial.
En la actualidad, Estonia, con capital en Tallin, es una república independiente desde 1991, forma parte de la Unión Europea y ha conseguido una  prosperidad muy superior al resto de los países bálticos.
Los acontecimientos relatados en Purga abarcan desde el año 1936 al 1992 y los que aparecen en Cuando las palomas cayeron del cielo se extienden desde 1941 a 1966. En ninguno de los dos relatos la historia que se nos cuenta es lineal, sino que va de delante atrás y de atrás adelante, según el interés del narrador, en capítulos cortos presididos por el año en el que se producen los hechos.
La publicación de Purga, que antes había sido una obra de teatro, supuso para Sofi Oksanen el reconocimiento mundial y multitud de premios. Las protagonistas son, sobre todo, la anciana Aliide Truu, que vive sola en Estonia en una casa de campo apartada de la aldea, y Zara, joven rusa descendiente de los estonios deportados a Vladivostok.
El encuentro entre Aliide y Zara se produce cuando la anciana recoge a la joven de la huerta que rodea su vivienda, en la que se ha refugiado harapienta, sucia y medio desfallecida. Poco a poco, y en una magistral narración, a veces psicológica, a veces poética y casi siempre cruel, descubrimos cómo ha sido la vida de las dos mujeres: la de la anciana, enamorada del marido de su hermana a la que desde niña envidió, e intentando sobrevivir bajo el yugo de nazis y comunistas; y la de Zara, engañada por un grupo de proxenetas rusos y obligada a prostituirse en Berlín. Muchas escenas, en uno y otro caso, están narradas con gran crudeza, duele leerlas.
En Cuando las palomas cayeron del cielo el principal protagonista masculino, Edgar Mees, está inspirado en un individuo real que supo camuflar su identidad para ganarse el favor tanto de los nazis como de los comunistas. Incluso ofreciéndose como delator y cronista de falsos sucesos en los que denunciaba a todo el que podía dificultar sus planes de trepa, y en los que él desempeñaba un papel de héroe.
Otro personaje masculino es Roland, primo del anterior y hombre honesto que lucha por una Estonia libre. El principal personaje femenino, Juudit, esposa de Edgar, reacciona con desconcierto ante unos acontecimientos que la superan y termina siendo una víctima de las circunstancias.
De nuevo, en esta segunda novela, Sofi Oksanen profundiza en la personalidad de los personajes, trazando un minucioso retrato psicológico.
Pero Sofi Oksanen no sólo cuida el retrato del personaje, da también mucha importancia a los detalles que aportan entidad al mismo y nos hacen comprender mejor sus reacciones en un determinado entorno. Así conocemos desde las características de las viviendas, a los paisajes, los trabajos, las comidas, la forma de vestir y los cambios que experimenta todo bajo el dominio de unos y otros.
Por lo tanto, se trata de dos libros con enormes riquezas, muy bien documentados y cuidadosamente escritos, aunque más Purga que Cuando las palomas cayeron del cielo, en el que la acción se embrolla un poco al final y has de retroceder buscando aclaraciones que no encuentras o no te convencen, al menos en mi caso.
Por desgracia la fama que se obtiene al publicar un libro suele perjudicar casi siempre al que se escribe a continuación.
 
 

martes, 22 de noviembre de 2016

BRÚJULA

Vuelvo de la biblioteca con Brújula, novela por la que su autor, Mathias Enard recibió el Premio Goncourt 2015.
De Mathias Enard he leído Habladles de batallas, de reyes y de elefantes, libro que comenté en Opticks hace años. Así que con la admiración que aquella obra me produjo, inicio la lectura de Brújula y nuevamente me maravilla la forma elegante y erudita que tiene de escribir el autor francés.
Brújula relata los recuerdos y vivencias de Franz Ritter, musicólogo y orientalista austriaco, que vienen a su mente durante una noche de insomnio en su casa de Viena.
Franz Ritter está muy enfermo y reflexiona sobre la existencia: La existencia es un reflejo doloroso, un sueño de opiómano, un poema de Rumi cantado por Shahram Nazeri. En su reflexión se hace eco de un largo artículo sobre el poeta iraní Sadeq Hedayat autor de La lechuza ciega que le ha enviado Sarah, la mujer estudiosa de Oriente de la que lleva veinte años enamorado. Sarah, la bella e intrépida joven de vida nómada que le regaló una brújula que siempre señala al Este.
En sus recuerdos, el musicólogo aporta los vastos conocimientos que posee de personas del mundo de la cultura: música, literatura, filosofía, pintura, arqueología, arquitectura, etc. cuya vida y obras  guardan de algún modo relación con Oriente. Así encontramos a Omar Jayam, al citado Sadeq, a Hafez y su Divan, a Annemarie Schwarzenbach, la familia Mann, Listz, Beethoven, Balzac, Pessoa, Chopin, Wagner (del que no habla muy bien por cierto), Hesse, Proust y muchos más que  Mathias Enard va incorporando al relato en un paseo por la historia que incluye ciudades como Palmira, Alepo, Estambul, Teherán, Damasco, Viena, París o Madrid, y que pone de manifiesto hasta qué punto estamos conectados, la riqueza que eso supone y la catástrofe que trae consigo el hecho de olvidarlo o pretender destruirlo por la fuerza de las armas: revolución iraní de Jomeini, destrucción de Palmira por el estado islámico o de Alepo por Putin y El Asad.
La relación entre Oriente y Occidente que tanto aportó a la cultura universal en un tiempo requiere ahora, según Mathias Enard, una nueva visión del mundo que incluyese al otro en el yo. Por ambas partes. Alteridad.
Brújula es tantas cosas a la vez que resulta imposible resumir su riqueza en unas breves líneas.
Yo, aunque suene cursi, definiría el contenido como una declaración de amor. El amor de Franz por Sarah. Sarah, evocada de mil maneras: su pelo rojo, su risa, su interés por el pasado, su búsqueda continua. Sarah, tan real y cercana en las cartas que escribe a Frank desde los distintos lugares que visita.
Pero también el amor del escritor por Oriente. El Oriente mágico y misterioso, bullicioso y diverso, cantado por poetas que, como Hafez, celebran los placeres del vino, la caza y el amor y que está en la base de obras del Occidente universales en todos los campos.
Oriente, comprimido al igual que el genio en la botella que encontró Abdellah, y que esta Brújula libera para que sirva de homenaje a todos aquellos que, partiendo hacia el Levante o el Poniente, cayeron en las redes de la diferencia hasta el punto de sumergirse en las lenguas, las culturas o las músicas que iban descubriendo, a veces hasta perderse en cuerpo y alma.

 

 

lunes, 14 de noviembre de 2016

TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES

No sé por qué me enfrenté a la lectura del libro de Angelika Schrobsdorff   titulado Tú no eres como otras madres pensando en que podría parecerse a El mundo de ayer de Stefan Zweig. Quizá me despistó el hecho de que Zweig y la madre de Angélica eran judíos, pertenecían a la burguesía, disfrutaron de muchos privilegios en una época, y en otra padecieron los perversos efectos del nazismo.
El caso es que las primeras páginas de Tú no eres como otras madres me dejaron bastante desconcertada y no demasiado predispuesta a valorar lo que iba a encontrarme después.
Gran error, porque conforme avanzaba en la lectura, más me interesaba el relato, hasta llegar a la sobrecogedora segunda parte en la que ya mi admiración fue total. 
Angelika Schrobsdorff cuenta en este libro la vida novelada de su madre, de soltera Else Kirschner, que nació en Berlín en 1893 y murió en Gauting en 1949. De familia pequeño burguesa, en su casa se practicaba la religión judía y en ésta se educaba a la niña, esperando llegase el momento de concertar para ella un matrimonio conveniente con algún miembro de la comunidad que le garantizase un futuro similar al presente que estaba viviendo.
El problema es que Else manifestó desde el principio una personalidad indomable, no aceptaba convenciones sociales y solía hacer lo que le apetecía y con quien le resultaba más grato. Así tuvo tres hijos, un chico y dos chicas, de tres hombres distintos y se entregó a todas las diversiones que los felices 20 proporcionaban en aquellos tiempos a las clases más privilegiadas.
Esa especial manera de ser, libre, espontánea e inconsciente, unida a su belleza, su cultura y su nulo fingimiento, atraía a los que la rodeaban, que se convertían en admiradores o amigos con los que divertirse, viajar y disfrutar de los más variados placeres; pero igualmente contribuyó a que no se percatase del peligro que suponía el auge del nazismo hasta que no padeció directamente sus efectos, primero en Alemania y después en Bulgaria, donde se refugió junto con sus dos hijas; su hijo, de gran personalidad también, había seguido otro camino.
La historia la cuenta Angelika, la hija menor, que no es nada condescendiente con ella misma; y es la madre, desde la madurez característica que otorga el sufrimiento, la que intenta corregirla con la intención de que no cometa lo que considera sus errores.
El reconocimiento de esos quizá errores del pasado, los consejos, las ilusiones, la desaparición del mundo en el que fue feliz y su propio declive personal lo transmite Else en las conmovedoras cartas que escribe a sus hijos y que encontramos al final del libro. Ahí se manifiesta como una madre preocupada y cariñosa, así como una persona reflexiva y sensata que mantiene viva la esperanza de reunirlos de nuevo.
Tú no eres como otras madres coincide con El mundo de ayer en la visión que nos da de una Europa, sobre todo Alemania y Austria,  en la que poco a poco, ante la pasividad, la inconsciencia o la complicidad de muchas personas se va desarrollando un movimiento nacionalista que termina en el horror del III Reich. Una semejanza más es la desgarrada sinceridad con la que se expresan sus autores.
Por lo anterior y por otras razones para cuya explicación requeriría mucho más espacio, Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff  (Friburgo 1927-Berlín 2016) que estuvo casada con Claude Lanzmann, autor de Shoah, el mítico documental del Holocausto, es un libro muy recomendable  lleno de personajes impactantes que a ningún lector pueden dejar indiferente.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

EL GUARDIÁN INVISIBLE

Como ya todos los lectores deben saber, la ganadora del Premio Planeta en este año 2016 ha sido Dolores Redondo con la novela Todo esto te daré. En segundo lugar quedó Marcos Chicot con El asesinato de Sócrates. De Marcos Chicot comenté hace algún tiempo en Opticks El asesinato de Pitágoras. De Dolores Redondo aún no he comentado nada. Así que pedí en la biblioteca uno de sus libros y volví a casa con El guardián invisible, primera entrega de la llamada Trilogía del Baztán que tantos éxitos parece ser ha proporcionado a su autora.
El guardián invisible se publicó en el año 2013, así que si su éxito fue tan grande como dice la prensa, estoy segura de que la mayor parte de los lectores conocerán esta novela. Para aquellos que aún no la conocen diré que se trata de una novela policiaca, la protagoniza la inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, felizmente casada con James, importante escultor norteamericano que llegó a Pamplona tras las huellas de Hemingway.
En El guardián invisible Amaia Salazar ha de resolver el asesinato de una adolescente cuyo cadáver ha aparecido en los alrededores del pueblo navarro de Elizondo. La inspectora, que nació en ese pueblo en el que viven sus dos hermanas, Ros y Flora, y su tía Engrasi, decide trasladarse a él con su marido para, desde la casa de Engrasi que la cuidó de pequeña, dirigir con más facilidad la investigación.
Pronto se producen nuevos asesinatos y la trama de la novela se complica al tener Amaia Salazar que enfrentarse a los traumas de un pasado que deseaba olvidar, a los conflictos que viven sus hermanas y a la insubordinación de uno de sus compañeros recién divorciado.
Todas estas cuestiones están muy bien enlazadas por Dolores Redondo, de manera que la novela se lee con agrado y facilidad.
Tratándose de un relato policiaco que engrosa una larga lista de novelas del mismo género, Dolores Redondo, en la creación de la protagonista de su trilogía, pienso que ha buscado diferenciarse de otras escritoras de series policiacas protagonizadas por mujeres, por ejemplo, la inspectora Petra Delicado de Alicia Giménez Bartlett, la detective Kinsey Millhouse, de Sue Grafton, la jueza Mariana de Marco de José Mª Guelbenzu, la forense Kay Scarpetta de Patricia Cornwwell o la subinspectora de las Mozos de Escuadra Norma Forester de Teresa Solana. A esta última podría parecerse en que las dos forman parte de cuerpos de policía autonómicos, pero ahí acaba el parecido.
En general, las mujeres que intervienen en la investigación de diversos delitos son, según las autoras citadas, personas de fuerte carácter, algunas divorciadas, otras con parejas esporádicas; las más, celosas de su libertad e independencia.
Una segunda cuestión que diferencia a Dolores Redondo del resto es la subordinación de la historia que cuenta al paisaje en la que se desarrolla, el mismo nombre, Trilogía del Baztán, lo da a entender.
La tercera diferencia está relacionada con esa subordinación, y es la intervención en el relato de personajes fantásticos extraídos de las leyendas que tienen su origen en esos parajes húmedos y fantasmagóricos; leyendas que perduran en el tiempo y que son anteriores, incluso, a la implantación del cristianismo.
En resumen, El guardián invisible de Dolores Redondo es una novela policiaca con elementos originales que la diferencian notablemente del resto; novela que ha proporcionado a su autora un éxito que considero merecido y que ahora, sin duda, aumentará con la publicidad que supone para un escritor la concesión del Premio Planeta.
 

martes, 1 de noviembre de 2016

EL MARINO QUE PERDIÓ LA GRACIA DEL MAR

En la literatura llamémosle “de culto”, tan grata para mi inolvidable amigo Manolo, se incluye con total merecimiento el libro del que he elegido hablar en unas fechas en las que la evidencia de la muerte se exorciza o soslaya tras festejos y ritos. Se trata de El marino que perdió la gracia del mar que publicó en 1963 Yukio Mishima.
El marino que perdió la gracia del mar refleja de manera magistral las principales características de la personalidad de Mishima: su fragilidad, su obsesión por la belleza, su excentricismo. No es un libro amable, de hecho, cuando terminas su lectura, te queda una sensación de incomodidad que ahora, en la distancia, en mi caso aún pervive. Luego vuelves al principio, relees las reflexiones del marino, su relación con ese mar del que perdió la gracia, con la mujer que contribuyó a ello; te horrorizas ante la crueldad premeditada de los adolescentes, en especial del que comanda al grupo, te asombra la frialdad en la ejecución de sus condenas y te admiras de la capacidad del escritor japonés para expresarlo todo de un modo que sorprende, aturde y maravilla.
Cuando lees la biografía de  Yukio Mishima, el control que sobre él ejercía su abuela, las enfermedades que le aquejaron, alguno de los juegos a los que le sometía su padre, comprendes en gran parte lo que fue su vida posterior, incluso, su suicidio para el que utilizó una espada con la que se abrió el vientre según la antigua costumbre samurái.
Infancia y situación de su país tras la 2ª guerra mundial y las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, tal vez explican en parte la historia que contiene esta pequeña pero intensa obra.
Los principales protagonistas son tres: Fusako, una ejecutiva de 33 años, bella, rica y viuda, Noboru su hijo de 13 de alta capacidad intelectual que espía a través de un hueco que ha encontrado en el armario de la habitación en la que duerme el dormitorio de ella y todo lo que en él sucede, y Ryuji, el marino excéntrico e insociable que espera en la inmensidad del mar una suerte de destino rutilante, privativo al que no tendrá nunca acceso el común de los mortales.
Las escenas que contempla el chico antes de que la madre conozca al marino y después cuando se hacen amantes, están  expresadas con imágenes y metáforas que introducen al lector en una atmósfera sensual y turbadora. Turbación con la que el adolescente descubre la sexualidad a través del cuerpo y los actos de una mujer que no desea compartir con aquel hombre que pretende convertirse en el padre que no echa de menos.
En el cuidado e interesante prólogo que precede al relato y que escribe Fernando Savater, éste nos dice  que Yukio Mishima no es demasiado apreciado en Japón, ya que se le considera un escritor occidentalizado que se aproxima poco a los intrincados recovecos del alma japonesa. Pienso que las cuestiones que trata Mishima en El marino que perdió la gracia del mar poseen un valor universal, el libro dio origen a una película con actores occidentales y la frialdad con la que actúa el grupo de Noboru resulta similar a la que encontramos en los chicos de El señor de las moscas de William Golding.
El resto, la forma de escribir y la insistencia en resaltar determinados aspectos de la narración creo se deben a la educación recibida en su infancia, a una intensa sensibilidad y al genio con el que las musas suelen premiar a determinados seres.  
 

martes, 25 de octubre de 2016

LA NOCHE DE LA USINA

A veces cuando acabas un libro te gustaría hablar con el autor y expresarle todo lo que has sentido durante la lectura. Luego compruebas que muchas personas debieron experimentar una necesidad parecida, porque en la prensa han ido apareciendo desde el día de su publicación, además de entrevistas, interesantes alusiones y comentarios admirativos. Me refiero a Patria de Fernando Aramburu.
Así que guardo para mí lo sentido y traigo a Opticks una obra muy distinta, ya que tiene como núcleo central un engaño y una venganza, pero que coincide con la anterior en que también, al terminar de leerla, me hubiese apetecido contarle al escritor mis impresiones. Se trata de La noche de la Usina y su autor es Eduardo Sacheri que recibió por ella el Premio Alfaguara de novela 2016. Se denomina usina a una edificación con maquinaria destinada a producir energía eléctrica.
Alguien diría que los protagonistas de La noche de la Usina son un conjunto de perdedores, o lo que en las sociedades actuales consideramos como tales, aunque Eduardo Sacheri afirma que en este mundo nuestro perdedores somos todos, empezar a vivir es empezar a perder.
Aun teniéndolo en cuenta, ese grupo que el autor sitúa en un pequeño pueblo de Argentina, al que llama O´Connor, durante la crisis económica de 2001 que desembocó en el corralito bancario, por diversas coyunturas, cada uno las suyas, vive una situación especial de decadencia y pobreza que Perlassi, un miembro del grupo que fue futbolista, conoció tiempos mejores y ahora regenta una gasolinera, cree poder remediar mediante un negocio de almacenaje y venta de semillas y fertilizantes del que obtendrán los consiguientes beneficios.
Pero en todo negocio que requiera una considerable cantidad de dinero interviene en la mayor parte de las ocasiones un banco; y en el banco al que acude Perlassi representando al resto, el empleado que lo atiende resulta ser un sinvergüenza (en España sabemos bastante de eso). Así que el sinvergüenza y un empresario de su misma categoría moral (también sabemos de eso en España), se ponen de acuerdo para estafarlos.
Junto a la estafa, un hecho dramático altera por completo la vida de Perlassi y lo acaecido parecerá ser ya irremediable. Sin embargo, las circunstancias contribuyen a que el ex futbolista salga del bache en el que está sumido, decida que es preciso hacer algo para recuperar lo que les han robado y trace un plan que han de poner en práctica entre todos.
Porque a pesar de que el que lleve la voz cantante sea Perlassi, La noche de la Usina es una novela coral, cada uno de los que conforman el pequeño grupo de “perdedores” posee alguna característica que le identifica magistralmente.  
Hasta aquí se puede contar el argumento sin privar al posible lector de la satisfacción de descubrir la enorme riqueza que esconde la obra de Eduardo Sacheri.
En mi caso, desde la manera de presentar a los distintos tipos humanos que aparecen, sus características y reacciones, hasta la historia de amor que surge en medio de la trama, la crítica, la tragedia, el humor, el modo chispeante y agudo de narrar, el uso de palabras habituales en su país, Eduardo Sacheri es argentino, todo me ha gustado.
Hasta podría asegurar que en la mayor parte de las trescientas sesenta y seis páginas de que consta La noche de la Usina encontré algún detalle que hizo de la lectura de este libro un placer.