sábado, 16 de febrero de 2019

YO, JULIA


En numerosas ocasiones uno de mis hijos me ha recomendado las novelas sobre la historia de Roma escritas por Santiago Posteguillo, y hasta ahora no se me había ocurrido leer ninguna.
Debo decir en mi descargo que las últimas novelas históricas que he leído, algunas de ellas reseñadas en Opticks, me han decepcionado bastante, y no me apetecía perder el tiempo en un nuevo y, por lo general, voluminoso tocho que conllevase otra decepción.
Sin embargo Yo, Julia, Premio Planeta 2018, obra de Santiago Posteguillo, ha supuesto una grata sorpresa y me ha reconciliado con el género y hasta con mi hijo que empezaba a enfadarse.
Ya no tanto por el personaje, Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo, nacida en Emesa, en la provincia oriental de Siria, hija de un rey sacerdote del culto al dios del sol El-Gabal, inteligente y ambiciosa que logra, mediante la eliminación de todos sus enemigos, ayudada por su astucia y las dotes guerreras de su esposo, fundar una dinastía, la Dinastía Severa; sino por el modo de escribir que tiene el escritor valenciano, que, además de valerse de una exhaustiva documentación que aporta rigor científico al relato, consigue, mediante una eficaz combinación de factores, dotar a sus libros de interés y amenidad de principio a fin.
Así en Yo, Julia conviven un narrador histórico, el médico Galeno, con otro omnisciente, el autor; y una gran cantidad de personajes importantes contemporáneos de la protagonista: Cómodo, Pertinax, Didio Juliano, Plauciano, Dion Casio, etc., etc., con personas anónimas que para ellos no tenían valor alguno, como los esclavos y los soldados, cuyas vidas nos dicen mucho de las características de la sociedad romana de aquellos siglos.
Santiago Posteguillo es un profesor universitario que ama su trabajo y que se esfuerza para que sus alumnos se interesen también por las materias que imparte.
Esa vocación pedagógica se nota en sus libros, en la forma tan visual de las escenas que describe, ya sea una batalla, perfectamente diseñada en su estrategia y en su resultado; ya sea un complot político, una masacre o un acto amoroso. Todo es real y fácilmente imaginable.
Junto a la vocación pedagógica, están su temprano interés por la novela negra y la poesía. Lo primero añade una dosis de misterio a la narración; lo segundo contribuye a su fluidez. 
En la historia de Roma las mujeres más destacadas lo fueron por su relación con el emperador o el gobernante correspondiente y muchas de ellas no terminaron sus días de la mejor manera.
La verdad es que tampoco abundan los gobernantes del Imperio que muriesen de muerte natural; y en la despiadada lucha por el poder que solía caracterizarlos, resultaba difícil que las mujeres se mantuviesen al margen.
Julia Domna no sólo no se mantuvo, sino que, convencida de que los dioses le habían asignado esa tarea (se habla de un oráculo), influyó de manera decisiva en la ascensión al trono imperial de Septimio Severo y comenzó a preparar a sus hijos, Basiano y Geta, como futuros césares.
Santiago Posteguillo destaca todo esto y la convierte en protagonista, situándola al lado de su esposo en todos los momentos en los que fue necesario adoptar decisiones determinantes.
El libro incluye al final una “nota histórica” del autor, en la que analiza los personajes históricos de la novela según el tiempo y las circunstancias concretas que vivieron y lo que se nos ha contado sobre ellos, con poca objetividad en ocasiones.
De igual modo, Santiago Posteguillo se refiere a los personajes creados por él, justificando su aparición en la necesidad de mostrar aspectos de la sociedad romana que, sin su presencia, desconoceríamos. Está claro también que los papeles que desempeñan contribuyen a que la urdimbre del relato sea aún más consistente.
Tras la “nota histórica”, la novela se enriquece todavía más con un mapa del Imperio romano desde el año 192 d. C. a 197 d. C., el árbol genealógico de la Dinastía Severa, los planos de las principales batallas, un extenso glosario de términos latinos y de otras lenguas y una completa bibliografía.
En resumen, Yo, Julia de Santiago Posteguillo reúne todos los ingredientes para ocupar desde hoy un lugar de honor en mi biblioteca.





viernes, 8 de febrero de 2019

UN MAR VIOLETA OSCURO


Mientras leía Un mar violeta oscuro, obra que quedó finalista en el Premio Planeta 2018, pensaba que para el jurado sería del todo imposible desconocer la identidad de su autora, Ayanta Barilli, hija del escritor Fernando Sánchez Dragó, ya que ella en ningún momento oculta su origen, y el libro es el relato de la historia familiar, centrada en especial en las mujeres: la bisabuela Elvira, la abuela Ángela, la madre Caterina, hasta llegar a la misma Ayanta y relatarnos su infancia en Italia, país donde nació, y su vida actual en Madrid, ciudad en la que habitualmente reside.
Dejando al margen el nulo anonimato de la autora, que continúo sin entender a la hora de presentarse a un concurso, Un mar violeta oscuro, además del precioso título, posee valores que lo hacen muy aconsejable y que explicaré a continuación.
En primer lugar, las personas que aparecen en él son seres reales con sus virtudes y sus defectos. Ayanta Barilli no embellece los hechos acaecidos ni pretende dejar bien a quienes los realizan, intenta ser objetiva, a pesar de que se trata de su propia familia, cuyos comportamientos no siempre fueron admirables.
En segundo lugar, la escritora describe el marco de la historia que nos cuenta de una manera muy detallada. Sobre todo lo referido al ambiente social en el que se desenvuelven las protagonistas y que determina muchas de sus acciones.
En tercer lugar, realiza un profundo análisis psicológico de los personajes principales, hombres y mujeres, y aunque los primeros, en general, no salen demasiado bien parados, hay que reconocer que dicho análisis lleva consigo una cierta mirada compasiva que reduce su gravedad o vileza.
En cuarto lugar, el modo de unir personas y acontecimientos de tiempos distintos (todo el siglo XX y parte del XXI) no añade complicación a la lectura ni limita el interés del relato, sino que nos hace reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones y la libertad que tiene el individuo de comportarse de una forma u otra.
En quinto lugar, y como he apuntado anteriormente, ésta es, en lo fundamental, una historia de mujeres con personalidades y vivencias tan especiales y significativas que merecen el libro que acaba de editarse, Un mar violeta oscuro, en el que otra mujer, Ayanta Barilli, última descendiente de la saga, las trae hasta nosotros con poético y amoroso cuidado.



jueves, 31 de enero de 2019

TRES DÍAS Y UNA VIDA


Tres días y una vida es el cuarto libro que leo del escritor francés Pierre Lemaitre. Los anteriores, comentados ya en Opticks, fueron Nos vemos allá arriba, por el que recibió el Premio Goncourt en el año 2013, Irene y Rosy & John. Los dos últimos pertenecen a la serie policiaca que protagoniza el comandante Camille Verhoeven.
Teniendo en cuenta que Pierre Lemaitre pretende hacer de cada uno de sus libros un ejercicio de admiración por la literatura, me enfrenté con buen ánimo a Tres días y una vida. Puedo afirmar que la manera de contarnos la historia, una historia no muy distinta al iniciarse de la que puede verse reflejada en cualquier página de sucesos, interesa de principio a fin.
Aun tratándose de un libro bastante breve, 222 páginas, Pierre Lemaitre organiza la narración en torno a tres fechas: 1999, 2011, 2015, que coinciden con etapas importantes en la vida del protagonista.
Todo empieza en 1999 con la desaparición del niño de 6 años Rémi Desmedt cerca de la Navidad en Beauval, un pueblo de la Francia interior que fue próspero en un tiempo gracias a los empleos facilitados por una fábrica local de juguetes de madera que ahora tiene problemas.
En Beauval vive el principal protagonista de la historia, Antoine Courtin, un chico de 12 años hijo único. Sus padres se divorciaron cuando él era pequeño y a pesar de que su padre, que vive en Alemania, le envía un regalo en cada cumpleaños, no siente por él ningún apego, al contrario de lo que le sucede con respecto a su madre, de cuya felicidad se considera responsable e intenta no hacer nada que la disguste.
El carácter reservado de Antoine origina que no sea demasiado popular entre sus compañeros de colegio y que tenga por amigo a Ulises, un perro que le acompaña a todas partes aunque es propiedad de su vecino, el señor Desmedt. Rémi Desmedt, hijo pequeño del citado señor, admira a Antoine y le gusta ir tras él a una cabaña que el chico ha construido en el cercano bosque.
En todos los libros que he leído de Pierre Lemaitre una desgracia suele conducir a otra mayor. Aquí el atropello de Ulises por un automóvil que le deja malherido, hace que el señor Desmedt lo remate de un disparo, que Antoine contemple horrorizado la escena y que, al seguirle hasta la cabaña el pequeño Rémi, como era su costumbre, el chico descargue su rabia sobre él dándole un golpe en la cabeza que le provoca la muerte.
Hasta aquí puede contarse sin que se altere el clima desasosegante que crea de un modo magistral en todas sus obras el escritor francés. En este caso valiéndose de unos personajes del todo reales en sus virtudes y en sus defectos, en el ambiente cerrado de un pueblo en el que la desconfianza y el qué dirán lleva a la ocultación y a la mentira y, sobre todo, en el cúmulo de sentimientos encontrados: miedo, arrepentimiento, renuncia y expiación que determinan las acciones de Antoine, el sujeto principal del relato.
Si a lo dicho hasta ahora unimos un final tan sorprendente como inesperado, cerraremos con broche de oro una pequeña obra maestra. 

jueves, 24 de enero de 2019

EL ORDEN DEL DÍA


Un nuevo libro, El orden del día,  tan breve, 141 páginas, como intenso. Mereció el Premio Goncourt en el año 2016 y para mí resulta incalificable, en el sentido de que todo lo que se dice en él sucedió de verdad, como de verdad son sus protagonistas. En este caso quizá podría calificarse de documento histórico, género que interesa mucho a su autor, el escritor francés Éric Vuillard.
Pero ocurre que Éric Vuillard ha engarzado de tal forma los acontecimientos que recoge en su obra que, en lugar de un frío documento, nos parece estar leyendo una novela de intriga política, si no supiésemos las consecuencias de los actos protagonizados por las personas que se citan.
Lo cierto es que la mezcla de documento histórico y novela, al presentar la trayectoria de unos determinados personajes y lo que ocurrió entonces, nos lleva a reflexionar sobre los complicados tiempos que vivimos en cuestiones sociales, políticas, económicas…, así como la rapidez de los cambios que se producen en cada una de ellas.
Puede que esa haya sido la idea que albergaba la mente del autor a la hora de escribir este libro y hacerlo de un determinado modo: impulsar al lector a la reflexión, y yo diría que incluso a la acción, ante un mundo cambiante e impredecible en muchos aspectos, pensando que las lecciones que el pasado ofrece ayudarían a clarificar el futuro que nos aguarda.
La acción desarrollada en El orden del día se inicia en el año 1933 en el Reichstag, palacio del presidente de Alemania. A él llegan veinticuatro caballeros, trajeados elegantemente según la época, que representan a las empresas alemanas más importantes del momento: Opel, Krupp, Siemens, I G Farben, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta…
Los caballeros son recibidos por Hermann Goring y el nuevo canciller Adolf Hitler que les plantean que los objetivos del partido nazi de cara a las elecciones próximas consisten en acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, suprimir los sindicatos y permitir a cada patrono ser un Führer en su empresa. Para aplicar estos objetivos necesitan dinero. Todos se comprometen a pagar.
Un compromiso recompensado de diversas maneras, una de las cuales la encontramos casi al final del relato: incorporación a esas empresas, como mano de obra esclava, de personas procedentes de los campos de concentración creados por los nazis.
Noviembre de 1937, Chamberlain envía a Lord Halifax a entrevistarse con Hitler, Goebbels y Goering. Lord Halifax anota en su diario: Aunque hay mucho en el sistema nacionalsocialista que ofende profundamente la opinión británica, no soy ciego a los que él (Hitler) ha hecho por Alemania, y los logros, desde su punto de vista, para mantener el comunismo fuera de Alemania. 
En Austria, la pasividad del Presidente de la República Wilhel Miklas provoca un debilitamiento del sistema constitucional, que se agrava con las decisiones tomadas por el canciller Kurt von Schuschnigg realizando concesiones importantes a los nazis austriacos. A pesar de lo cual no logra satisfacer a Hitler que desea anexionarse Austria.
Tras buscar sin resultado la ayuda de los países vecinos para frenar el expansionismo alemán, Kurt von Schuschnigg, tras largas negociaciones para fijar el orden del día, se entrevistó con Hitler el 12 de febrero de 1938, viéndose forzado por éste a entregar la cartera de Interior al principal dirigente nazi de Austria Arthur Seyss-Inquart.
El 29 de septiembre de 1938 en la Conferencia de Múnich, los equipos de Daladier por Francia y de Chamberlain por Reino Unido, con la mediación de Mussolini, venden a Hitler Checoslovaquia a precio de saldo. Lo grotesco es que a Chamberlain le calificaban muchos de “infatigable artesano por la paz”, cuando él era consciente de la catástrofe que se avecinaba.
Así, paso a paso, que es como se anuncian a menudo las mayores catástrofes, Éric Vuillard  nos permite asistir a reuniones en las que impera un respeto misterioso por la mentira, nos adentra en mansiones de gentes poderosas que hablan de cosas intrascendentes mientras los tanques alemanes, cuya fabricación había prohibido el Tratado de Versalles y se realizó en el extranjero por medio de sociedades pantalla, invaden Austria, en una surrealista escena que describe el autor, con el beneplácito de una buena parte de la población austriaca y el suicidio aterrorizado de otra.
Repaso lo que he escrito hasta ahora y me doy cuenta de todo lo que debiera añadir, si pretendiese plasmar el contenido de El orden del día, un libro que tiene… 141 páginas.
Un contenido que ilustra, apasiona, enfada y hace pensar a un tiempo, porque como dice sabiamente Éric Vuillard: Nunca se cae dos veces en el mismo abismo. Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y de pavor. El abismo está jalonado de altas moradas.





jueves, 17 de enero de 2019

MI HERMANA VIVE SOBRE LA REPISA DE LA CHIMENEA


Hoy traigo a Opticks un libro bastante breve, 232 páginas; es obra de la escritora inglesa Annabel Pitcher y se titula Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea.
En este caso el título responde al contenido porque para el padre de James (Jamie) y Jasmine (Jas), Rose, gemela de Jasmine, que murió a los 10 años un 9 de septiembre en un atentado terrorista en Londres, continúa viviendo en la urna colocada sobre la repisa de la chimenea.
Mi hermana Rose vive sobre la repisa de la chimenea. Bueno, al menos parte de ella. Tres de sus dedos, su codo derecho y su rótula están enterrados en una tumba en Londres. Mamá y papá tuvieron una discusión de las gordas cuando la policía encontró diez pedazos de su cuerpo. Mamá quería una tumba que pudiera visitar. Papá quería incinerarlos…
Cuando ocurrió el atentado, Jamie, tenía cinco años y su familia era feliz. La muerte de Rose alteró por completo el panorama familiar hasta hacerlo casi irrespirable.
Tras cinco años de problemas, con la madre en manos de psicólogos y el padre dándose a la bebida, el día en que Jamie cumplía diez años, la madre confesó que tenía un amante, Nigel, miembro de su grupo de apoyo; Jas llegó a casa con el pelo teñido de rosa y el conflicto degeneró en catástrofe.
La madre abandonó la casa y se marchó con Nigel. Los niños quedaron al cuidado del padre, que buscó trabajo en un pueblo al norte de Londres y se instaló allí con ellos y con Roger, el gato de Rose que ahora no se separa del niño.
“No hay gente” dije cuando encontramos la casa al final de un camino serpenteante, y yo iba mirando por la ventanilla en busca de alguien con quien jugar. “No hay musulmanes”, me corrigió papá, sonriendo por primera vez aquel día.
Cuando salimos del coche, nos quedamos mirando nuestra nueva casa. El sol se estaba poniendo, las montañas tenían un brillo naranja y yo veía nuestro reflejo en una de las ventanas: papá, Jas y yo con Roger en brazos. Por una milésima de segundo me sentí lleno de esperanza…
La historia está contada en primera persona por James que ha cumplido diez años, que apenas recuerda a la hermana que su padre tiene tan presente, que no entiende por qué las cenizas de la muerta importan tanto y Jas y él, que están vivos y necesitan cariño y atenciones, no obtienen ni lo uno ni lo otro.
La incorporación a un nuevo colegio agudiza los problemas que el niño siempre experimentó al relacionarse con los compañeros de curso. Nunca fue popular en el grupo porque es inteligente, le gusta leer y dibujar y le cuesta hablar con gente a quien no conoce.
Para complicar más la situación, la maestra lo sienta al lado de una niña musulmana, Sunya, que lleva velo y por la que tampoco los cabecillas de la clase muestran simpatía.
Poco a poco y a iniciativa de Sunya que descubre que, junto al rechazo que concitan, ambos son partidarios de Spiderman y sus historias, los dos se hacen amigos, aunque él se siente culpable y teme que su padre descubra que ella es musulmana.
Las amistad entre Sunya y Jamie, las situaciones conflictivas a las que se enfrentan y la manera cómo las resuelven, las dudas del niño por el hecho de tener una amiga denostada por el padre, la actitud protectora de Jas hacia su hermano con una madurez impropia de una adolescente, todos los sentimientos que experimenta Jamie ante la mamá ausente y el papá enajenado, las estrategias de las que se vale para reunir de nuevo a la familia, y mucho más que el lector descubrirá en el libro, convierten a Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea en una pequeña obra maestra por la capacidad que ha tenido la autora de colocarse en el lugar del niño y hablarnos como imaginamos lo haría él, con un lenguaje en el que encontramos ternura, humor, dudas, alegría, rabia, incredulidad, esperanza, dolor, etc.
También por el modo en que Annabel Pitcher ha organizado el relato introduciendo los diálogos en cursiva (yo los he señalado entre paréntesis), técnica que agiliza la lectura y la hace más amena, comprensible y cercana.













jueves, 10 de enero de 2019

LOS BAÑOS DEL POZO AZUL


Un amigo me presta el libro que hoy traigo a Opticks y me advierte al hacerlo de que, en su opinión, le sobran páginas.
En otras ocasiones me he referido aquí a esas voluminosas obras cuyo argumento, que podría resultar interesante, pierde por completo el interés cuando el autor ocupa para desarrollarlo más páginas de las convenientes.
Es lo que sucede con Los baños del pozo azul, novela escrita por Jesús Sánchez Adalid.
De Sánchez Adalid he leído cuatro novelas. La primera, que recomendé a muchas personas, fue El mozárabe.
La segunda, regalo de una amiga por el entusiasmo que mostré ante la primera, se llamaba Los milagros del vino y me decepcionó bastante.
En la tercera, Y de repente, Teresa, se habla más de la Inquisición que de la Santa en sí.
Con la tercera, Los baños del pozo azul,  la decepción ha ido en aumento. Explicaré por qué.
En Los milagros del vino, el tema tratado era original y distinto al expuesto en El mozárabe, no tenía nada que ver con al-Ándalus. La decepción venía porque, al igual que a ésta, le sobraban páginas.
A Los baños del pozo azul, no sólo le sobran páginas, sino que el autor extremeño ha aprovechado el merecido éxito que obtuvo con El mozárabe para construir una historia centrada también en los tiempos del califato de Córdoba y, además, con algunos de sus protagonistas.
Así aparecen el tercer califa Hisem II, su madre, Subh Um Wallad, y Almanzor como más importantes. Aunque hay otros personajes secundarios, históricos o no, por ejemplo, el eunuco Chawdar, comunes a ambas narraciones, y se hacen continuas referencias al pasado del califato, tan presente en la anterior novela.
Junto a Subh, su hijo Hisem, Almanzor y el eunuco Chawdar, desempeñan un papel destacado un eunuco más joven, Sisnán, y su amiga Delila, sirvienta en la casa de Subh; las ocurrencias de ambos ocupan demasiado espacio y llegan a aburrir.
Pero es un joven poeta, Farid al Nasri, el que quizá debiera sobresalir en el relato, por la importancia que Jesús Sánchez Adalid da en él a la poesía, reproduciendo poemas de este joven, de autores anónimos o de famosos poetas de la época.  
Sin embargo, Farid al Nasri y su amigo el comerciante Yacub sólo sirven para alargar un poco más la trama que se desarrolla en el libro, en la cual un grupo de personas, familiares y partidarios de la dinastía omeya, intenta arrebatar el poder a Almanzor, que se aprovecha del poco carácter de Hisem, el califa legítimo, y de que su madre, la sayida Subh, permanece recluida en los Alcázares, lejos del palacio de Medina Azahara, para tomar todas las decisiones importantes y ejercer de facto dicho poder.
En ese movimiento de oposición a Almanzor sobresale el cadí Raíg al Mawla o Eneko según su nombre vasco, hermano de la sayida Subh o Auriola, ya que los dos llegaron a Córdoba desde la tierra de los vascones y está comprobado que eran de origen navarro.
Los Baños del Pozo Azul, título de la obra, como su nombre indica son unos baños públicos, en este caso para personas distinguidas, que Eneko compra al propietario con el objetivo de regalárselos a su hermana y lograr así que secunde sus planes en contra de Almanzor. El poeta Farid y sus amigos se encargarán de embellecerlos al máximo, logrando que la sayida se encuentre feliz y relajada en ellos.
En los últimos capítulos de la novela a los Baños del Pozo Azul se les otorga una nueva función. Aunque eso deberán descubrirlo los posibles lectores.
Resumiendo. La revuelta de Subh contra Almanzor, en un entorno tan extraordinario como la Córdoba califal, puede que mereciera un libro, pero no de 718 páginas.

miércoles, 2 de enero de 2019

LA BRUJA


Empiezo el año 2019 con una novela perteneciente al género negro que me ha parecido interesante por las razones que después explicaré. Se trata de La bruja, su autora, nacida en Suecia, es Camilla Läckberg.
La bruja es el último exponente de una serie que Camilla Läckberg inició en el año 2004 con La princesa de hielo, primera novela que publicaba y cuyo éxito la impulsó a continuar escribiendo libros con los mismos protagonistas principales, el policía Patrik Hedström y la escritora Erika Falcky, a los que fue poco a poco añadiendo familiares de ambos y nuevos personajes, muchos de ellos vecinos de Fjällbacka, lugar de nacimiento de la autora y en el que se desarrollan las historias que cuenta, que hasta ahora han comenzado con un crimen y su posterior investigación.
Por lo general, la ya famosa escritora sueca alterna en el transcurso de la investigación del o de los asesinatos, el tiempo actual con alguna época del pasado que guarda relación con las víctimas, los asesinos o todos en general, lo que le permite ampliar el campo del relato, profundizar en la psicología de los distintos personajes y hasta despistar al lector con datos contradictorios, encontrados en muchas ocasiones por Erika mientras busca materiales para confeccionar sus propios libros.
Una característica que creo importante destacar de Camilla Läckberg es la habilidad que muestra en la creación de ambientes; algo que notamos de manera acusada en La bruja, hasta el punto de que hay momentos en los que la lectura de determinados pasajes resulta opresiva y, por tanto, incómoda.
He apuntado antes que La bruja es el último exponente de la saga que Camilla Läckberg inició en el año 2004 con La princesa de hielo, saga que ha ido aumentando año tras año atrayendo sobre ella numerosos elogios y convirtiéndola en la autora más leída de Suecia.
Quizá por todo esto y por el largo camino recorrido, Camilla Läckberg alterna en  La bruja no dos historias sino tres coordinadas de forma inteligente: la desaparición de Linnea, una niña de 4 años que vive con sus padres en una granja a las afueras de Fjällbacka; el asesinato de Stella, otra niña de la misma edad a la que se encontró muerta hace treinta años en esa granja propiedad de su familia; y unos terribles sucesos acaecidos en la zona en el año 1672, con acusaciones de brujería de por medio, que impresionan bastante por la ausencia de humanidad de casi todos los actores.
La novela, la más extensa de la serie, 679 páginas, recoge en su argumento conflictos sociales de actualidad, como la inmigración, en este caso de sirios en Suecia; el bullyng o la homosexualidad. Todo ello, unido a un argumento con multitud de variables por las características psicológicas y sociales de las personas que aparecen, los traumas que arrastran y lo inesperado del desenlace, convierten a La bruja en una novela muy recomendable para cuya lectura no importa demasiado no haber leído ninguna otra de la citada serie.