jueves, 18 de mayo de 2017

EL LIBRO DE JONÁS

Vuelvo de la biblioteca con El libro de Jonás, obra de un autor del que no había leído nada todavía, a pesar de saber que ha recibido varios premios, entre ellos el Azorín de novela por Hotel Paradiso en el 2014, se trata de Ramón Pernas.
En la contraportada nos explican que El libro de Jonás es una narración delicadamente literaria y evocadora basada en las voces de sus protagonistas, desde su infancia en un pueblo gallego costero, Vilaponte, hasta el comienzo de su ancianidad…
El principal protagonista del relato es un profesor de universidad jubilado que regresa de vez en cuando a la localidad en la que nació y va rememorando sucesos de la lejana niñez.
Así conocemos la gran influencia que ejerció sobre él, y que se mantendrá hasta el final de la historia, Justo Pastor Blanco, también llamado Jonás, que perdió un ojo a los 9 años a consecuencia del golpe de una varilla de paraguas lanzada por otro niño mientras jugaban.
La pérdida de un ojo no supuso ningún drama para el pequeño, ya que el ojo restante poseyó desde esa fecha la facultad de ver el futuro, dando lugar así a que Justo Pastor se sintiese de sobra compensado.
Justo Pastor Blanco tenía tres hermanas: Áurea, Argentea y Cobre. En el pueblo vivía también un misterioso sastre ciego, Nicanor Corbelle, que contaba a los chavales historias de ahogados y desaparecidos, en las que la muerte desempeñaba un papel primordial.
Mientras el profesor rememora todo esto, en Vilaponte permanece sólo, soltera como él, Argentea, su amor de juventud. Ninguno de los dos conoce el paradero de Justo Pastor Blanco, que abandonó el pueblo cuando todos eran jóvenes. El profesor sabe que está vivo porque así se lo aseguró Humberto Rey, un marino que llegó a Vilaponte diez años atrás, abrió la  librería Nemo y se convirtió en su compañero de tertulias librescas.  
En el tercer capítulo es Argentea la que relata sus experiencias de adulta, que le conducen a casarse con el profesor en los umbrales de la vejez.
En el cuarto, la narración corre a cargo de Humberto Rey.
Tras ellos, retoma el relato el profesor tres capítulos más. En el octavo será la mujer, convertida por fin en su esposa, la que habla.
El desenlace de la historia lo dejará Ramón Pernas a la responsabilidad del profesor en los capítulos noveno y décimo.
Resulta complicado destacar lo que podría ser más positivo en  El libro de Jonás por la enorme cantidad de cuestiones que Ramón Pernas aborda en sus doscientas ochenta y seis páginas y que, a mi parecer, siempre a mi parecer, provocan tal dispersión en la mente del lector que cuesta ocuparse de una de ellas.
A pesar de las complicaciones apuntadas, centrándonos en la figura del profesor, creo que darían para un buen libro los recuerdos de la infancia, que el escritor asocia al lugar de origen utilizando un bello lenguaje y numerosas referencias literarias (La Isla del Tesoro, Moby Dick, El motín de la Bounty, La travesía del Snark,…).
Junto a esos recuerdos, son destacables las formas de tratar el amor de juventud transformado en maduro, el inesperado matrimonio al iniciarse la vejez con la consiguiente limitación del espacio privado, la consciencia de la fugacidad de la vida o los lamentos por la pérdida del vigor que requiere la nueva pareja.  
Pero luego están las hermanas de Justo Pasto Blanco cada una con su singular historia: Argentea y su sexualidad saciada, Aurea, casada con un guardia civil al que ETA asesina en el País Vasco, y Cobre, que ejerce la medicina en África como miembro de una organización internacional.
Está Humberto Rey, el oscuro pasado que deja entrever, la organización de la librería, sus amores…
Está el misterio de Justo Pastor Blanco y el porqué del sobrenombre de Jonás.
Y para acabarlo de arreglar, está la omnipresente figura del sastre ciego Nicanor Corbelle que Ramón Pernas recupera en la última parte de la historia, convirtiéndolo en el promotor de una asociación de diablos de la que no acabo de ver la finalidad y el encaje en la mayoría de los capítulos

miércoles, 10 de mayo de 2017

ENTRE CIELO Y TIERRA

De nuevo traigo a Opticks un libro que me han recomendado, aunque éste no lo había leído antes ni estaba enterada de que tiene continuación. Se trata de Entre cielo y tierra, primer título de una trilogía escrita por el autor islandés Jón Kalman Stefánsson. En la contraportada aparecen los restantes títulos de la trilogía, a saber, La tristeza de los ángeles y El corazón del hombre.
De la lejana Islandia conozco sólo a Arnaldur Indridason y su nóvela del género negro La mujer de verde. La obra de Jón Kalman Stefánsson resulta muy distinta, en ella no hay tramas policiacas ni asesinatos muertos y el paisaje sobresale como determinante: Las montañas se alzan imponentes sobre la vida, la muerte, y también sobre las casas apiñadas en la lengua de tierra.
Y junto a las montañas el mar que modeló con su furia de siglos los fiordos y de cuya riqueza la población se vale para sobrevivir, a pesar de que el trance de obtenerla suponga para muchos pasar a formar parte del marítimo reino de los ahogados: Las autoridades y los comerciantes quizá gobiernen nuestros míseros días, pero el mar y las montañas reinan sobre nuestras vidas.
Las vidas de unas personas que vivieron hace ya cien años y que Jón Kalman Stefánsson pretende rescatar del olvido utilizando las palabras: Nuestras palabras son como brigadas de salvamento, que nunca desisten en su cometido, rescatar sucesos del pasado y vidas extintas del agujero negro del olvido.
Al principal protagonista de Entre cielo y tierra Jón Kalman Stefánsson no le adjudica un nombre, nos lo presenta como el muchacho. De hecho, la trilogía se denomina así: Trilogía del muchacho.
El muchacho y su amigo Bárdur son pescadores y regresan a la vivienda del patrón de la barca en la que faenan para reunirse con los compañeros y salir a pescar bacalao. Vuelven desde Lugar, localidad en la que han comprado provisiones, periódicos y varios libros, entre ellos El paraíso perdido de John Milton. El viaje dura más de tres horas por senderos escarpados y peligrosos, en los que se reparten el espacio la nieve de las montañas y el fuego de los volcanes. Hablan de poesía, de los sueños, de todo los que nos mantiene despiertos. Bárdur piensa en la joven que ama. El muchacho en que quiere hacer algo en esta vida, aprender idiomas, leer mil libros, llegar hasta la esencia de las cosas…
La historia continúa y vamos conociendo nuevos personajes masculinos y femeninos, nunca de manera superficial; el autor muestra el interior de cada uno, sus deseos, sueños, frustraciones.
Junto a los vivos, los que han muerto ahogados pasean por las páginas de Entre ecielo y tierra en una especie de realismo mágico similar al que podemos hallar en Pedro Páramo de Juan Rulfo. El infierno es no saber si estamos vivos o muertos…, estar muerto y darte cuenta de que no prestaste atención a la vida mientras podías hacerlo.
Los poemas de John Milton, la belleza cruel de una naturaleza salvaje, la soledad y el aislamiento de unas personas que luchan por sobrevivir, los sueños de los que ansían otra clase de lucha, el enfrentamiento sin sentido con un destino aciago, la solidaridad, la muerte, la amistad, la esperanza. Esto y mucho más, expresado con palabras sentidas y un enorme lirismo, convierte al libro de Jón Kalman Stefánsson en una obra muy recomendable con la que disfrutarán todos los amantes de la mejor literatura.

jueves, 4 de mayo de 2017

UNA BENDICIÓN

Compruebo al principio del libro que hoy traigo a Opticks, Una bendición de Toni Morrison, que la primera edición en español se realizó el año 2009; fue precisamente ese año cuando mi amigo Manolo me lo prestó para que lo leyera.
Deduje lo anterior porque, al empezar a leer la citada obra, prestada de nuevo, el contenido y la manera de escribir no me eran ajenos. Así que busqué entre las fichas que guardo de los libros recomendados por Manolo y encontré la correspondiente a éste.
Aun así debo decir que ha sido grato volver a leerlo, aunque de entrada no lo recordase en absoluto. ¡Ah la memoria!
En ocasiones he afirmado que los libros que escogía mi inolvidable amigo eran siempre buenos, no demasiado fáciles de leer y generalmente pesimistas. Características todas que aparecen en Una bendición; junto a las cuales yo añado que los sentimientos descritos y la sensibilidad con la que se exponen son propios de una mujer de raza negra.
En la ficha que realicé el año 2009 resumo el contenido del libro explicando que se trata de “una historia de esclavitud a finales del siglo XVII en tierras de América del Norte, entonces colonia británica”.
El principal protagonista masculino es Jacob Vaark, un comerciante que hereda de un tío al que no conocía una considerable extensión de terreno y decide montar una granja en la que, poco a poco y por diversas razones, se reúnen cuatro mujeres. Junto a su esposa inglesa, Rebekka, que Jacob consiguió de unos padres para los que suponía una carga y que poseía las cualidades que demandaba “que no fuese beata, en edad fértil, obediente pero no servil, que supiera leer pero no fuese orgullosa, independiente pero que le cuidara”; tres sirvientas: la indígena Lina, única superviviente de una tribu autóctona, acogida durante un tiempo por un grupo de presbiterianos y comprada después por él; Dolor, mestiza de origen desconocido a la que abandonaron y Florens, esclava negra que de niña entregó su madre a Jacob como pago de una deuda que el dueño de ambas había contraído con el comerciante.
El título Una bendición tiene su origen en esa entrega, la madre ofrece a la hija a un hombre que cree podrá cuidarla, con el objetivo de que no comparta su misma suerte.
Aunque todos los personajes femeninos son importantes, Florens, sobresale sobre las demás  y es la única que habla en primera persona. El relato comienza cuando la joven, que ha cumplido ya dieciséis años y vive en la granja, al morir Jacob de viruela y enfermar su mujer, va a buscar al herrero que trabajó el hierro en la mansión que el señor quiso construir a imitación de los grandes propietarios que conocía. Dicho herrero, un hombre libre de raza negra, conoce remedios capaces de curar a Rebekka. El viaje de Florens en su busca, enamorada de él desde que realizó las rejas de la casa, es tanto físico, a través de territorios salvajes e inhóspitos, como espiritual, hacia el amor y la libertad.
El libro, lo he apuntado antes, no resulta fácil de leer, la historia avanza y retrocede en el tiempo; se insiste una vez y otra sobre las motivaciones de los personajes, las relaciones entre ellos, las circunstancias que mediatizan comportamientos, el enfrentamiento continuado a un medio hostil y la influencia que todo ello tiene sobre la evolución personal de cada uno de los individuos.
En general en Una bendición, cuyo contenido denso, profundo y de gran belleza impresiona y hace pensar, creo que Toni Morrison, Premio Nobel 1993 y Premio Pulitzer 1988, pretende destacar no sólo la esclavitud de la población negra, sino otras muchas esclavitudes, por ejemplo, las provocadas por la ambición, el egoísmo, la religión, la apariencia, etc. Esto también lo apunté en mi ficha de hace ocho años.

jueves, 27 de abril de 2017

EL BUEN NOMBRE

El 3 de diciembre de 2012 escribí en Opticks la reseña de un libro de relatos de Jhumpa Lahiri designado Mejor Libro del año 2008 por el periódico The New York Times, se titulaba Tierra desacostumbrada.
Ahora, abril de 2017, he tenido la oportunidad de leer de nuevo una obra de la citada autora. En este caso se trata de una novela, El buen nombre, que publicó el año 2003, tras la obtención en el 2000 del Premio Pulitzer por Intérprete de emociones, que era también una colección de relatos.
Apunto lo anterior porque hay escritores especialistas en el relato pero que fallan en la novela. Sin embargo, Jhumpa Lahiri, aun tratando en El buen nombre los temas que podemos hallar en los relatos, por ejemplo, emigración y desarraigo, adaptación a una nueva cultura o conflictos generacionales, por citar algunos, no escribe páginas de más, es decir, no alarga la historia innecesariamente, sino que lo que cuenta forma parte de un todo que atrapa e interesa desde el principio.
En El buen nombre Jhumpa Lahiri construye, con ese estilo claro y preciso que la caracteriza, una novela de identidades, de búsqueda de un lugar propio en un mundo cambiante y de los conflictos personales y familiares que esa búsqueda lleva consigo.
La historia que nos cuenta abarca las cuatro últimas décadas del siglo XX y se inicia con la vida en común en Boston de Ashoke y Ashima Ganguli, un matrimonio indio cuya boda fue acordada por las respectivas familias. Ashoke es ingeniero, ha encontrado trabajo en Estados Unidos y no tiene demasiadas dificultades para adaptarse al nuevo ambiente. Ashima, que acaba de quedarse embarazada, echa de menos a su familia, junto a todo lo que ha dejado atrás, e intenta conservar las tradiciones que aprendió de pequeña en cuanto a vestimenta, comidas y costumbres.
Ashoke y Ashima quieren que sea la abuela de la joven la que les comunique mediante una carta el nombre que le gustaría tuviese la criatura que ha de nacer. Llega el parto y no la carta. Como la administración del hospital les exige que pongan un nombre al niño, Ashoke recuerda el accidente de tren que estuvo a punto de costarle la vida en su país, y del que se salvó gracias al libro de Nikolái Gógol que iba leyendo, así que decide llamarlo Gógol.
Gógol, hijo de bengalíes, ciudadano estadounidense y de nombre ruso, crece entre dos culturas. Sus padres complementan la más lejana viajando los tres a la India, y más tarde los cuatro, tras el nacimiento de su hermana Sonia.
Gógol y Sonia han de buscar un cobijo entre ambas culturas, integrar la una con la otra y encontrarse a sí mismos; aunque la novela se centra sobre todo en Gógol: infancia, adolescencia y madurez, y en su lucha por lograr una identidad propia, conquistar un espacio personal, sin que eso suponga rechazar, como hizo durante mucho tiempo, las enseñanzas familiares.
El hecho de que Jhumpa Lahiri sea una experta en Literatura, con varios títulos universitarios y un máster en escritura creativa, se nota en la maestría como está escrito el libro: en tercera persona, exactitud en las descripciones, frases cortas y directas y gran habilidad al presentar estados emocionales, lo que contribuye, junto a la importancia del tema tratado, a que El buen nombre se lea con facilidad e interés.
Por otro lado, está claro que Jhumpa Lahiri, nacida en Londres de padres bengalíes,  ha debido vivir situaciones similares a las que aparecen en El buen nombre. Al igual que ella misma, los personajes pertenecen a clases medias acomodadas en las que la educación tiene mucha importancia, y son abundantes las alusiones a obras literarias, músicas y usos y costumbres propios de esos ambientes.
Sólo muy de pasada se alude a la Calcuta mísera  y en ningún momento se plantean enfrentamientos serios que supongan marginar o rechazar a los que provienen de otra cultura.




jueves, 20 de abril de 2017

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando recogí en la biblioteca el libro de Elena Ferrante titulado Un mal nombre, Isa me advirtió que era el segundo de una trilogía. Mi respuesta fue que me daba igual, sólo quería saber cómo escribía una autora de la  que tanto me habían hablado. De la impresión que me causó el citado libro dejé constancia en Opticks el pasado 18 de octubre.
Ahora, después de que en uno de los grupos de lectores de los que formo parte decidieran leer La amiga estupenda, primer título de la trilogía, pienso que no me precipité en mi elección, porque el hecho de conocer en gran parte el desenlace de la historia iniciada en este volumen ha contribuido a que disminuya el interés por dicho desenlace, lo que me ha permitido centrarme más en todo aquello que lo provoca: ambientes familiares y sociales, caracteres, relaciones que se establecen entre los distintos protagonistas, etc.
También es cierto que la autora o el autor (hay páginas que creo más propias de una imaginación masculina), profundiza con gran habilidad en la psicología de los personajes y describe muy bien los ambientes en los que éstos se desenvuelven y sus respectivos modos de actuar, así que resulta sencillo e interesante investigar las causas de los hechos narrados.
La amiga estupenda se inicia con un preámbulo o introducción en el que Elena Greco (Lenú) ya una señora de más de 60 años que vive en Turín, recibe la llamada desde Nápoles de Rino, hijo cuarentón y bastante inútil de Raffaela Cerullo (Lila o Lina), comunicándole que su madre lleva dos semanas desaparecida.
La amistad entre Lila y Lenú comenzó en la infancia, al haber nacido ambas a mediados del siglo XX en un barrio marginal de Nápoles y compartido colegio y experiencias. Lina fue siempre una persona brillante, decidida y libre. Lenú, más insegura, creció bajo la influencia de la fuerte personalidad de su amiga. Una amiga que le había confesado en varias ocasiones sus deseos de desaparecer, de volatilizarse; y da la impresión de haberlo conseguido ya que su hijo no encuentra ni un solo rastro de ella en la casa, hasta ha cortado la parte de las fotografías en las que podía verse su imagen.
La reacción de Lenú es de enfado; tanto, que decide escribir la historia de la desaparecida para que quede constancia de su existencia y no logre de nuevo cumplir sus propósitos.
En La amiga estupenda Lenú explica el nacimiento de su amistad con Lila y el modo como ésta evoluciona durante la infancia y la adolescencia. Junto a la evolución de su amistad, detalla las distintas transformaciones físicas que ambas experimentan e insiste una vez y otra en el vínculo que las une, pese a lo antagónico de unos caracteres que las conducen a transitar por diferentes caminos, Lenú asciende en la escala social gracias a los estudios y Lila busca otros medios para ese ascenso.     
Aunque el eje central de la novela sea la relación entre las chicas, el resto de las personas que intervienen en el relato, pertenecientes sobre todo a nueve familias que habitan el barrio, están fabulosamente bien caracterizadas: aspecto físico, miedos, envidias, sueños, fracasos…
La narración es ágil y elegante. Los detalles que diferencian a unas clases de otras, por ejemplo hablar en dialecto o en italiano clásico, resultan siempre significativos. La historia atrapa desde la primera página y es rica en vocabulario y matices.
En resumen, por lo escrito hoy y por lo que escribí en la anterior reseña, pienso que la trilogía de Elena Ferrante será sin duda un excelente regalo con el que celebrar el Día del Libro.

jueves, 13 de abril de 2017

PRIMER TESTAMENTO

Hoy, Jueves Santo, día en el que las calles de España se llenan de procesiones, traigo a Opticks el libro de una persona a la que no agradaban demasiado dichas manifestaciones religiosas, salvando las saetas, expresión real de un sufrimiento secular.
El libro es Primer testamento y la persona el escritor catalán, fundador de la editorial Kairós, Salvador Pániker, que murió el  pasado 1 de abril a los 90 años y cuya vida desde el principio consistió en una larga búsqueda. En Primer testamento, publicado en 1985, habla, a modo de dietario o de diario, de los tiempos en los que esa búsqueda se inicia.
Salvador Pániker nació en Barcelona en 1917. Su padre era un indio cosmopolita de educación británica y su madre una joven de la alta burguesía catalana. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos, Salvador fue el menor, lo que, unido a la diferencia de edad con sus hermanos, originó que le mimasen más que al resto. Todo esto lo cuenta él mismo cuando, aquejado de los problemas de salud que padeció a lo largo de su vida adulta, se le ocurre mirar hacia atrás y poner por escrito los recuerdos de entonces a la luz del ahora.
Surge así ante los ojos del lector una completa panorámica del tiempo transcurrido entre el nacimiento del escritor y el año 1956, fecha en la que termina este Primer testamento. Esa panorámica, que tiene sobre todo como marco central la ciudad de Barcelona, incluye ciencia, filosofía, literatura, política, música y religión, mucha religión, y junto a la religión, las dudas.
Salvando las tremendas distancias de edad, clase social, cultura y sexo, es fácil identificarse con el adolescente inquieto que busca respuestas, que oculta su profunda insatisfacción bajo una pose cínica, que critica las incongruencias que ve a su alrededor y, en soledad, se critica a sí mismo con enorme dureza, saber lo que quiero, vivir como quiero.
La crítica está presente desde el principio al fin del relato y en ocasiones es demoledora, porque el autor la justifica siempre con ejemplos concretos: los jesuitas, el nacionalismo, el Opus, el franquismo, el nacionalcatolicismo, la universidad, algunos miembros de su familia más cercana, el papel social de la mujer, etc. nada escapa a su aguda e inteligente manera de mirar.
Un análisis crítico, apoyado en la lectura de obras religiosas, filosóficas o científicas cuyos autores cita, que pone de manifiesto lo que le preocupó a lo largo de unos años en los que descubrimos su hedonismo, su interés por el sexo, su curiosidad intelectual, su evolución de un cristianismo basado en la culpa hacia un taoísmo que relativiza todo lo que pasa y que ahuyenta el temor a la muerte porque fuera del espacio-tiempo lo que ha sido siempre es.
La presencia de la muerte resulta una constante en el libro y ante ella Pániker reacciona más como un observador que como alguien afectado directamente, aunque se trate de su abuela, su padre o su segundo hijo. En realidad sus dotes de observador determinan el contenido de Primer testamento. Científico y filósofo, ingeniero y humanista, observa y analiza lo que ve y lo que le sucede en un ejercicio de introspección en el que destacan sus ansias de libertad, de belleza, de trascendencia y su necesidad de amar y ser amado (habla de él mismo como un joven guapo y es muy bella la chica de ojos verdes de la que se enamora y que será su primera mujer, Nuria Pompeia).
Las últimas páginas de Primer testamento están destinadas precisamente a explicar la relación matrimonial por completo burguesa que establece con Nuria. Relación en la que ambos actúan como se espera lo haga una pareja de su clase. Pero… Nosotros, durante años, fuimos trampeando. La falta de información y la necesidad de amparo retrasaron la crisis… No se podía negar la buena intención. Sólo que una sutil y subterránea corriente de tristeza, de mentira verdadera, de asilo de enajenados, se colaba en el ambiente.
La historia continúa. Por fortuna Salvador Pániker ha escrito más libros.

 

  

lunes, 3 de abril de 2017

MIRLO BLANCO,CISNE NEGRO

Leer la prosa de Juan Manuel de Prada supone siempre una lección, por su estilo denso y cuidado, por la riqueza de vocabulario que utiliza y por sus metáforas y giros sintácticos tan personales y deslumbrantes.
Todo ello lo podemos encontrar en el libro que hoy traigo a Opticks titulado Mirlo blanco, cisne negro.
La primera impresión que te produce la lectura de Mirlo blanco, cisne negro es que se trata de una sátira despiadada contra el mundillo que rodea a la literatura en general. No queda nada a salvo: editoriales y editores, suplementos literarios, autores consagrados, el escritor los llama “viejas glorias”; autores noveles, para Juan Manuel de Prada “nocilleros”; magnates o “mangantes” de la prensa, antólogos “cantamañanas”, blogueros “misacantanos” etc.
Luego, conforme te adentras en el libro y vas reflexionando, comprendes hasta qué punto la novela es también un ensayo sobre lo que es y lo que debiera ser la Literatura, las dificultades de todo tipo a las que se enfrenta el creador, pienso que cualquier creador no sólo el que escribe.
Al mismo tiempo Juan Manuel de Prada analiza la relación que puede establecerse entre maestro y discípulo, sin quedar en la novela clara cómo debería ser esa relación para beneficiar al uno y al otro.
Los sucesos narrados en Mirlo blanco, cisne negro los relata en primera persona uno de los protagonistas, cuando ya han transcurrido bastantes años de que acaeciesen. Se trata de Alejandro Ballesteros, un joven que obtuvo cierto éxito al publicarle el editor Ramiro Cifuentes una colección de cuentos más o menos fantásticos que tituló Un debut prodigioso. Deseando proseguir el camino iniciado, pero sin demasiada confianza en sí mismo, el joven escritor se traslada a Madrid, encuentra alojamiento con Paloma, una chica que poco después se convierte en su novia, empieza a escribir una novela que titula Madonna y, con su primer libro en ristre, se dedica a asistir a todos los saraos literarios, esperando entrar en un mundo que se describe con sarcástica ironía.
En uno de los festejos conoce a Nieves, la atractiva esposa de Octavio Saldaña, autor de El arte de pasar hambre, una obra que él leyó con 17 años y que le pareció excepcional. Ante la simpatía y receptividad de la mujer, Alejandro le entrega Un debut prodigioso buscando conocer la opinión del marido. Mientras le llega la respuesta, busca el libro de Octavio Saldaña para leerlo de nuevo, quedando de nuevo admirado, y se informa sobre las actividades actuales de Saldaña, descubriendo que, por su forma de ser directa y libre, al margen de cualquier norma social o corrección política, se ha convertido en una especie de apestado que dejó de escribir y critica a todo el mundo en un programa de radio que dirige y cuyo director lo soporta porque la crítica destructiva que ejerce, aunque disguste a muchos, aumenta la audiencia.
Pronto entre Alejandro Ballesteros y Octavio Saldaña se establece una relación de maestro discípulo, en la que Saldaña, cisne negro, pretenderá dirigir y encauzar en una determinada dirección a Ballesteros, mirlo blanco.  
La historia va progresivamente complicándose con la aparición de nuevos personajes y acontecimientos. Pero todo eso tendrá que descubrirlo el posible lector. A mí me queda por decir que Mirlo blanco, cisne negro es una obra polémica por el tema que trata y la manera que tiene Juan Manuel de Prada de tratarlo, dejando al margen la forma de escribir del autor a la que ya he aludido al principio de la reseña.