martes, 21 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

Ayer, en uno de los grupos de lectores a los que pertenezco, hablamos de poesía y aparecieron los nombres habituales: Neruda, Alberti, García Lorca, Miguel Hernández, los Machado… Muchos hombres y ninguna mujer.
Por eso, hoy, 21 de marzo y equinoccio de primavera, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Poesía, traigo a Opticks a dos poetas o poetisas, una más conocida, Gloria Fuertes, y otra no tanto, al menos para mí, Ángela Figuera Aymerich, cuyos poemas, destinados al público infantil, tuve ocasión de leer hace algún tiempo en una antología titulada El silbo del aire, pero que ahora he descubierto como poeta comprometida con el bienestar de las personas y su entorno gracias a una componente del grupo.

De Gloria Fuertes  este año se ha empezado a hablar bastante, es la conmemoración del centenario de su nacimiento (Madrid en 1917). Yo la conocí en Granada, cuando empezaba a valorarse mucho su poesía, en especial la dedicada a los niños. Me pareció una mujer sencilla y cercana, a la vez que profunda y consciente de la realidad de su tiempo. Algo que más tarde pude comprobar leyendo el libro Obras incompletas que ella misma prologó, exponiendo sus inquietudes y explicando las características de su poesía: Mi obra, en general, es muy autobiográfica, reconozco que soy muy “yoista”. Lo que a mí me sucedió, sucede o sucederá, es lo que ha sucedido al pueblo, es lo que ha ocurrido a todos, y el poeta sabe, más o menos, mejor o peor, contarlo, necesita decirlo, porque necesitáis que lo digamos.

NO DEJAN ESCRIBIR

Trabajo en un periódico
pude ser secretaria del jefe
y soy sólo mujer de la limpieza.
Sé escribir, pero en mi pueblo
no dejan escribir a las mujeres.

Al igual que Ángela Figuera, Gloria Fuertes fue poeta de postguerra: En los primeros años de nuestra postguerra, al palparnos vivos, a pesar y todavía, necesitábamos gritar –como todo superviviente- que estábamos aquí, que nos llamábamos así, que sentíamos de aquella manera.

CANTAMOS CONTIGO

Ven a jugar con nosotros,
nosotros somos unos buenos chicos.
Hemos cambiado el fusil por una escoba,
vamos a barrer la trinchera.
Hemos cambiado la bomba de mano
por una mano en la mano.

Sin embargo su gran éxito lo consiguió al hacer del público infantil sujeto y destinatario fundamental de sus poemas:

VERSOS DE LA MADRE

Cierra los ojitos,
mi niño de nieve.
Si tú no los cierras,
el sueño no viene.
Arriba, en las nubes,
las estrellas duermen,
y abajo, en el mar,
ya sueñan los peces.

O los muchos que protagonizan animales:

TODO EN SU SITIO

Los lobos, en el monte;
Los pollitos, en el corral,
Los peces, en el agua;
Los barcos, en el mar.

Ángela Figuera Aymerich nació en Bilbao en 1902 y murió en Madrid en 1984. De familia republicana, padeció en especial los rigores de la postguerra. Posteriormente fue profesora de Lengua y Literatura en diversos institutos. Su poesía, más ligada a los estándares clásicos que la de Gloria Fuertes, sin que podamos considerarla por completo como poesía social, expresa su compromiso con el ser humano y es un grito de denuncia contra las situaciones de injusticia, desigualdad o violencia:

NO QUIERO

No quiero
que los besos se apaguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

Ángela Figuera también escribe para niños:

ANTOJOS

-Mamá, yo quiero la luna…
-Hijo mío, está muy alta…
-Mamá, yo quiero un caballo…
-Hijo, si no tienes cuadra.
-Mamá, quiero un pececito…
-¿Y quién lo saca del agua?...
-Mamá, yo quiero una piedra…
-Eso, sí…Ten dos, y calla.
Termino la conmemoración del Día Mundial de la Poesía con un nuevo poema de Ángela Figuera que dedico, como seguro hubiese querido ella, a todas las personas amen la poesía.

UNIDAD

Si todos nos sintiéramos hermanos.
(Pues la sangre de un hombre, ¿no es igual a otra sangre?)
Si nuestra alma se abriera (¿No es igual a otras almas?)
Si fuéramos humildes. (El peso de las cosas,
¿no iguala la estatura?)
Si el amor nos hiciera poner hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y lágrima con lágrima.
Si nos hiciéramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.
Por encima del fuego y de la nieve;
aún más allá del oro y de la espada.
Si hiciéramos un bloque sin fisura
con los dos mil millones
de rojos corazones que nos laten.
Si hincáramos los pies en nuestra tierra
y abriéramos los ojos serenando la frente,
y empujáramos recio con el puño y la espada,
y empujáramos recio, solamente hacia arriba,
qué hermosa arquitectura se alzaría del lodo.

lunes, 13 de marzo de 2017

SUEÑOS EN EL UMBRAL

En los distintos medios de comunicación se hace referencia al conflicto entre ciertos países de la Unión Europea y Turquía, a consecuencia de los impedimentos que estos países ponen a las campañas políticas del presidente turco Erdogan, que pretende convocar un referéndum para controlar todo el poder por tiempo indefinido.
Estas noticias me han recordado el libro de Fatema Mernissi, socióloga y escritora marroquí, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003,  titulado Sueños en el umbral.
Fatema Mernissi nació en Fez en 1940, cuando Marruecos estaba ocupado por los franceses y en la sociedad del territorio pervivían las antiguas tradiciones. Así que la niñez y pubertad de Fatema transcurrió entre las paredes de un harén en el que vivían su abuelo paterno y sus mujeres, un tío de la niña y las suyas, sus propios padres y otros familiares, ya que todos ellos pertenecían a la clase acomodada de la ciudad y podían permitírselo.
Sueños en el umbral es el relato en primera persona de las vivencias de la futura socióloga en esa época, el choque entre unas costumbres que su madre y algunas mujeres del harén criticaban frente a las que, también en el harén, defendían la tradición oponiéndose a los cambios. Ahí aparece una referencia a Atatürk, el primer Presidente de la República de la Turquía democrática y laica, que otorgó a las mujeres idénticos derechos que a los hombres, algo que se envidiaba en el harén al conocerse las noticias.
Al igual que hiciera Shrezade en los cuentos de Las mil y una noches, en dieciocho capítulos Fatema va narrando lo que ocurre en su entorno, tanto en Fez, en un harén de ciudad, como en las visitas que realizaba a su abuelo paterno y a su abuela Yasmina en las propiedades que éste tenía en el campo. De las esposas del abuelo, Yasmina era la más libre y decía a su nieta que nunca debía aceptar la desigualdad porque no era lógica y así lo habían mantenido Alá y Su profeta.
Sueños en el umbral, pese a que sólo tiene 299 páginas, esconde una enorme riqueza de contenido que llega al lector por medio de una niña muy querida por todos, con una madre que se rebela y desea para ella una vida distinta, pero sin estridencias, sin rupturas, citando unos orígenes en los que las mujeres desempeñaron una importante función social y, como Shrezade, destacaron por su sagacidad e inteligencia.
La narración para mí ha sido una gozada, recoge la belleza de la decoración que existe en el harén, de los campos cuando van a la granja, de las telas que bordan las mujeres, de los baños, del cielo cambiante que se contempla desde la terraza, de las historias que cuenta la tía Habiba o las representaciones teatrales de la prima Chama. Junto a la belleza, hay también humor en las travesuras de los niños y su esfuerzo por entender el mundo de los adultos, las triquiñuelas de que se valen las mujeres para burlar a los hombres, los cuidados faciales, los coqueteos de los primos mayores…
Belleza, humor, ternura, ingenuidad, interesantes reflexiones femeninas e historia del mundo musulmán desde el punto de vista de una mujer abierta a los cambios, pero que conoce y respeta la riqueza histórica que sustenta la cultura en la que fue educada.
Un punto de vista que Fatema Mernissi defendió a lo largo de su vida en la gran cantidad de libros que escribió, sus clases en la universidad y sus demandadas conferencias. Lo que la convirtió en una intelectual enormemente valorada dentro del mundo islámico más democrático y abierto, aunque temo que Erdogan no comparta ese punto de vista.    

domingo, 5 de marzo de 2017

NADA SE OPONE A LA NOCHE

Quizá porque entre mis lecturas más recientes están el libro de Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, y el de Angelika Schrobsdorff, Tú no eres como otras madres, el que acabo de leer, Nada se opone a la noche, de la escritora francesa Delphine de Vigan, no me ha impresionado tanto como a la mayoría de las personas que forman el grupo de lectores.
Reconozco que Nada se opone a la noche es una obra muy bien escrita y cumple a la perfección el objetivo que se había propuesto su autora: exorcizar pasados fantasmas, reconstruyendo la historia familiar e intentando hallar las claves del trastorno mental que sufría su madre (a la que se refiere con el nombre de pila, Lucile) y de su posterior suicidio.
Delphine de Vigan piensa que se lo debía a Lucile, que era preciso escribir esa historia, ajustar las piezas del puzle integrado por parientes y amigos en una especie de ofrenda de amor a la madre que acaba de morir.
Partiendo del diario personal de la mujer, antiguas fotografías, otros testimonios gráficos, sus propios recuerdos y lo que pueden aportarle los hermanos de la madre muerta, Delphine de Vigan habla de sus abuelos, Liane y Georges, padres de Lucile, de cómo se conocieron y de la numerosa familia que crearon: nueve hijos propios y uno adoptado; de la alegría y vitalidad ruidosa y desinhibida que reinaba en la casa y del drama que se produjo cuando uno de los hijos propios y el adoptado murieron.
Habla también de las características especiales de Lucile, su extraordinaria belleza que propició se convirtiese en modelo de ropa infantil, y al mismo tiempo de su fragilidad y de sus ausencias y silencios en medio del bullicio.
Poco a poco, en una investigación con altibajos, recorre la vida de su madre, su matrimonio a los dieciocho años, el nacimiento de ella y de su hermana, el divorcio de sus padres cuando tenía seis años y su hermana dos, la aparición de la enfermedad mental que obligó a ingresarla en diversos momentos, sus distintas parejas, su forma de vivir fuera de cualquier norma y al final, sus ganas de superar el pasado, de ganarse la vida trabajando como asistente social, de cuidar de sus nietas y sus plantas.
Expuesto así, exceptuando la muerte de los chicos y la enfermedad mental de Lucille, no parece una historia demasiado brutal. Sin embargo, si a lo anterior añadimos incestos, suicidios, drogas y otras cuestiones igual de traumáticas, entendemos por qué  Delphine de Vigan se ve impulsada a realizar un exorcismo vertiendo en el papel unos hechos que, de alguna manera, justifican el comportamiento de Lucille que es presentada aquí como una víctima y, a la vez, como un ser humano admirable.
Nada se opone a la noche ha obtenido en Francia numerosos premios, lo que ha consolidado la carrera literaria de  Delphine de Vigan, que ya  presentó al público cuestiones personales en un libro anterior, Días sin hambre, en el que se refería a su anorexia.

martes, 28 de febrero de 2017

LO PROHIBIDO

Mi amiga Mila me recomienda un libro publicado en el año 1971 por la editorial Clásicos Castalia. Indico esto porque las personas encargadas de seleccionar las obras que tal editorial había de publicar, y que aparecen en las primeras páginas, poseían un prestigio intelectual indudable.
Así que no sorprende que el autor del libro recomendado por mi amiga, que se titula Lo prohibido, sea Benito Pérez Galdós.
Lo prohibido es una voluminosa novela cuyo protagonista, José María Bueno de Guzmán, relata en primera persona lo que le ocurre durante unos años tras llegar a Madrid en 1880 e instalarse cerca de un primo de su padre, su tío Rafael, agente de negocios muy valorado, que tiene un hijo soltero, Raimundo, bastante estrambótico y tres hijas casadas: María Juana, Eloísa y Camila, a cuyos maridos José María no les reconoce demasiadas virtudes.
El tal José María es hijo único de un andaluz juerguista y una inglesa puritana que, al morir, le han dejado convertido en un hombre rico educado en el puritanismo de su madre, lo que no ha contribuido a que disfrute de muchas diversiones hasta su llegada a la capital.
El ambiente de Madrid hace que el joven, con dinero y bien parecido, se integre en las fiestas y en las tertulias, se olvide de los negocios y se dedique a seducir a las jóvenes más cercanas: sus tres primas, lo prohibido.
El proceso de seducción con sus ventajas e inconvenientes ocupa toda la novela, que sería un auténtico folletín si no fuera porque Galdós es un maestro y esa maestría se expresa en la manera cómo profundiza en los distintos personajes, realizando un auténtico análisis psicológico de cada uno de ellos.
Junto al análisis de los personajes, está el retrato que hace de la sociedad madrileña en la etapa de la Restauración. Nada escapa a la agudeza de su pluma. Con tono irónico nos habla de unas gentes que viven de las apariencias, de la hipocresía de políticos y banqueros no menos corruptos que los que a diario vemos en los periódicos; de la frivolidad de las damas, su necesidad de figurar y su falta absoluta de escrúpulos que las conduce al adulterio.
Pero no todo es negativo en Lo prohibido, una de las primas de José María, Camila, no se presta a los manejos del libertino y Galdós destaca en ella características que la muestran como una mujer libre y leal en aquella sociedad corrompida. Una mujer a la que importa poco el qué dirán y que, aunque al principio José María piensa por su comportamiento extravagante, que no está en sus cabales, poco a poco va valorando su espontaneidad, el amor desinhibido que demuestra a su esposo, el desapego de la riqueza, la salud y hasta las ganas de comer, concluyendo que, si no puede tener su amor y sus favores, no renunciará nunca a su amistad.
Concluyendo, Lo prohibido, sin ser una de la novelas más conocidas de Benito Pérez Galdós, nos permite encontrarnos con su genio de escritor de culto, así como con algunos de los personajes que aparecen en otras obras suyas más conocidas, por ejemplo La de Bringas.
 

lunes, 20 de febrero de 2017

MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA

Afirma el escritor israelí Amos Oz que el espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino el que está entre lo escrito y el lector mismo.
Sin embargo mi opinión es que no siempre ocurre así. Hay obras muy alejadas de tus personales circunstancias pero que reflejan la vida de sus protagonistas de una manera tan auténtica, tan especial, que deseas conocer a quien supo mirar, sentir y expresar lo mirado y sentido de ese modo.
Es lo que me ha ocurrido al terminar de leer Manual para mujeres de la limpieza de la escritora norteamericana Lucia Berlin.
Lucia Berlin nació en Alaska en 1936 y murió en California en el año 2004. Se casó y se divorció tres veces, tuvo cuatro hijos y provenía de una familia en la que algunos de sus miembros eran alcohólicos: su abuelo, su tío, su madre y ella misma.
Su infancia no fue fácil, padecía escoliosis por lo que llevaba un corsé ortopédico; eso, unido a los continuos cambios de residencia debidos al trabajo de su padre, a lo que se añadía la inadaptación y el alcoholismo de su madre, podría haber provocado que las historias que nos cuenta fuesen amargas y desesperanzadas. Muy al contrario, hay tal vitalidad en ellas, tantas ganas de sobrevivir a los fracasos y las pesadumbres, que esas historias no atraen la compasión del lector sino su admiración y su respeto.
Manual para mujeres de la limpieza contiene cuarenta y tres de los setenta y siete relatos que Lucia Berlin escribió, animada por diversos amigos del mundo de las letras y de la creación en general que supieron apreciar sus cualidades literarias y humanas. Los relatos, de extensión variable, repasan toda la vida de la autora hasta que su salud, cada vez más deteriorada, le permitió cierta autonomía, aunque su casa era una caravana y no podía prescindir de la botella de oxígeno fundamental para sus deteriorados pulmones.
En dichos relatos aparece con distintos nombres. Pero, y volvemos a lo de tener en cuenta la vida del autor, como sabemos bastantes detalles de esa vida, a pesar de que, como afirmaba en una entrevista su hijo mayor, la imaginación de Lucia era mucha, visualizamos con facilidad lo que ocurre en cada uno de ellos y la reconocemos, porque Lucia se detiene en los detalles que, aunque parezcan nimios, nos sitúan en el lugar concreto en el que suceden los hechos que narra, escondiendo además siempre una profunda reflexión.  
Lucia Berlin tuvo que desempeñar trabajos muy diversos para sacar adelante a sus hijos, mujer de la limpieza fue uno de ellos. Por consiguiente, no le resultaría difícil escribir un Manual para mujeres de la limpieza, título de uno de los relatos, elegido también para dar nombre a este libro que recomiendo hoy con entusiasmo, por las cuestiones que ya he comentado y muchas otras que seguro descubrirán los lectores.

domingo, 12 de febrero de 2017

DIENTES BLANCOS

La novela Dientes blancos se publicó en Gran Bretaña el año 2001. Su autora, Zadie Smith, de padre inglés y madre jamaicana, tenía sólo 23 años y no esperaba el enorme éxito que obtuvo la que era su primera novela, hasta el punto de convertirse en un libro de obligada lectura en muchos centros educativos.
La verdad es que ahora, con una Europa desconcertada entre el Brexit, los atentados terroristas, los populismos, el auge de la extrema derecha nacionalista y la crisis de los refugiados, el libro de Zadie Smith es de una vigencia total porque en él encontramos, descritos con ironía y una singular agudeza, algunos de los conflictos que estamos viviendo y hasta de los avances en el campo científico que, como entonces, crean polémica. 
La historia que nos cuenta Zadie Smith se desarrolla sobre todo en un barrio de Londres, iniciándose con el suicidio fallido de uno de sus protagonistas, Alfred Archivald Jones de 47 años que trabaja doblando folletos en una imprenta y al que un matrimonio frustrado impulsa a quitarse la vida. El hecho de que su plan no dé resultado, hace que Archie decida vivir de otra manera. Así que al conocer a la joven Clara Bowden, hija de una jamaicana Testigo de Jehová que desea escapar del fanatismo de su madre y de su novio igualmente Testigo, pese a la muy notable diferencia de edad, le pide en matrimonio y ella acepta.
Por otro lado tenemos a Samad Miah Iqbal, musulmán de origen bengalí que trabaja de camarero en el restaurante de un pariente y es amigo de Archie desde que combatieron en la misma patrulla durante la 2º Guerra Mundial, que se ha casado con Alsana Begum, una veinteañera de Bangladesh.
La amistad entre los hombres conduce a que las dos mujeres se hagan también amigas, quedándose embarazadas a un tiempo; Clara tiene una niña, Irie, y Alsana los gemelos Millat y Magid.
Como Samad es un musulmán fiel a su religión y vive anclado en un pasado familiar que considera glorioso, decide enviar a su tierra a Magid uno de los gemelos, porque no tiene dinero para enviarlos a los dos. Su idea es que el niño sea educado en los valores musulmanes tradicionales. Millat e Irie quedan en Londres, asisten al mismo instituto y el director, defensor del multiculturalismo, los pone en contacto con una familia de intelectuales ingleses acomodados, los Chalfens, en la que el marido investiga los efectos de la manipulación genética y la mujer es una experta en botánica.
Dientes blancos tiene 525 páginas, así que lo que acabo de contar no supone ni una mínima parte de su enorme riqueza argumental y de contenido. Zadie Smit, por su juventud al escribirla y por sus propias circunstancias familiares, puede mostrar sin riesgo a equivocarse los conflictos que viven los jóvenes: enfrentamiento con los padres para afianzar la propia personalidad, problemas de estudios y generacionales, primeros amores y escarceos sexuales, drogodependencias, etc. lo hace imprimiendo al relato un ritmo ágil y un tono desenfadado, a ratos humorístico y a ratos sarcástico, que resulta muy atrayente.
Tono con atisbos de novela negra, aunque sin olvidarse del humor, que usa cuando se refiere a la etapa bélica de Archie y Samad, y que sigue existiendo al tratar las cuestiones raciales. En este último caso hay bastante denuncia social y una mordacidad no muy frecuente en alguien tan joven.
En resumen, Dientes blancos de Zadie Smit es una extraordinaria novela que divertirá y sorprenderá al lector por su contenido, que en el año 2002 adelantó cuestiones que preocupan y mucho en 2017, y por el genial modo de ver la realidad y reflejarla que tiene esta escritora.

  

sábado, 4 de febrero de 2017

ZYGMUNT BAUMAN


Hace unas semanas leí con admiración la entrevista que Gonzalo Suárez realizó en Papel a Zygmunt Bauman. Algún tiempo después Yasmina Yousfi, una antigua y querida alumna, me hizo llegar el libro de este filósofo y sociólogo polaco de origen judío titulado VIDAS DESPERDICIADAS-La modernidad y sus parias cuya lectura acentuó en mí la admiración inicial.
Zygmunt Bauman nació en Polonia en 1925 y murió en Gran Bretaña el pasado 9 de enero. Así que posiblemente la entrevista que le hizo Gonzalo Suárez en su casa de Leeds, con motivo de la publicación del libro Extraños llamando a la puerta, sería la última que concedió.
Tanto en la entrevista como en el libro, Zygmunt Bauman plantea cuestiones de total actualidad que encontramos habitualmente en los distintos medios de comunicación. Por ejemplo, la eliminación de los desechos que, a consecuencia de la oferta continúa de novedades y el elevado consumismo, producimos  cada vez en mayor cantidad.
Pero Bauman no se refiere sólo a desechos materiales, sino que habla de desechos humanos, personas no productivas, inmigrantes, refugiados y demás parias que la globalización económica va dejando fuera del sistema.
Zygmunt Bauman crea el término “modernidad líquida” para referirse a esa sociedad de consumo global en la que todo se escurre y cambia rápido: las modas, los afectos, los artilugios electrónicos, las noticias, los sucesos…
Los sólidos valores de antaño: estado fuerte, empleo indefinido, familia estable, religión como freno o como refugio han desaparecido. Ahora se nos dice que hay que hacerse a la idea de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida, también de ciudad y de forma de pensar, adaptándose a las circunstancias que se modifican de continuo, haciendo que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre y que la depresión se haya convertido en una enfermedad corriente.
Esa fragilidad en el pensamiento da como resultado individuos fácilmente manejables que tienen dificultad para comprometerse con nada que implique una continuidad a la que no están acostumbrados o alguna clase de sacrificio y cuyas ideas de felicidad acaban en una tienda.
Es fácil comprobar, mirando alrededor, que ante la fragmentación y la fragilidad que experimenta en situaciones como las citadas: cambio de pareja, de trabajo, de ambiente…, el individuo busque seguridad fuera de sí en un líder fuerte o un sentimiento tribal compartido: Trump, Putin, nacionalismos excluyentes.
Las redes sociales que multiplican los contactos y te proporcionan amigos virtuales no atajan esa fragilidad, todo lo contrario, aumentan la soledad, el egoísmo y hasta la simpleza, porque son tan “líquidas” que no permiten el razonamiento, la reflexión o el anclaje intelectual de las opiniones.
Sigue explicando Bauman que la globalización ha terminado con la individualidad, el conócete a ti mismo y actúa en consecuencia. La televisión muestra a personas en todos los lugares del mundo que, en general, se diferencian poco. En especial los jóvenes visten de un modo similar, escuchan las mismas músicas, consumen idénticos alimentos, leen el best seller de moda, se comportan de manera parecida. Diferenciarse de la manada sin salir de ella cuesta dinero: zapatillas, móviles de alta gama, ropa de marca, vacaciones exóticas que, no obstante, otros conseguirán también siempre que su poder adquisitivo lo permita.
De lo anterior podría deducirse que Zigmunt Bauman fue un filósofo y sociólogo pesimista y desesperanzado. Sin embargo, reconocidas y estudiadas las enfermedades que padece el mundo, el diagnóstico ya se ha realizado y las soluciones  empiezan a materializarse, apoyadas en planteamientos de personas de ambientes distintos que han sido conscientes de la gravedad del problema. Por ejemplo, las alegaciones del filósofo alemán Hans Jonas a favor de una mayor conciencia ecológica planetaria y una ética de la responsabilidad; o el Papa francisco que aporta tres soluciones para construir una sociedad sana: recuperar el arte del diálogo, ofrecer a la gente un lugar digno en la sociedad y lograr para todos una educación de calidad; o el mismo Bauman  que, junto a plantear la necesidad de una mayor solidaridad mundial o, como también dice el Papa Francisco, que la economía ponga a las personas por encima de los beneficios, insiste en lo relacionado con la educación citando una enseñanza de la sabiduría china: Si piensas en el próximo año, planta maíz. Si piensas en la próxima década, planta un árbol. Pero si piensas en el próximo siglo, educa a la gente.
Zygmun Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2010. Sería genial para todos nosotros tener su magisterio en cuenta.