martes, 27 de septiembre de 2016

ROSY & JOHN

El folio en blanco y el compromiso personal de llenarlo de letras semana tras semana. A veces, como hoy, con la cabeza puesta en otra cosa, en un hecho concreto que deseas termine de la mejor manera para el amigo que lo está sufriendo, con el que compartiste muchas de las lecturas de este blog.
 No estaba él y sus siempre atinados consejos mientras intentaba encontrar algo atrayente entre las novedades de la biblioteca. Así que, al azahar, elegí tres libros de autores que ya conocía.
Hoy traigo a Opticks el más breve de los tres: Rosy & John de Pierre Lemaitre con sólo 154 páginas y del que no hay demasiado qué decir después de haber leído del mismo autor Nos vemos allá arriba, por el que obtuvo el Premio Goncourt en el año 2013, e Irene, novela policiaca con la que inició la serie protagonizada por el comandante Verhoeven.
Rosy & John tiene también como protagonista a dicho comandante, que si en Irene debió resolver una serie de terribles asesinatos, aquí le ordenan investigue el estallido de un obús que pronto descubre ha de ser el primero de siete preparados para estallar en distintos puntos del territorio francés.
Mientras que en Irene la identidad del asesino la conocemos casi al final del relato, en Rosy & John es al principio cuando, tras el estallido del primer obús, el joven que lo ha colocado, Jean Garnier, se entrega a la policía exigiendo que liberen a su madre que está en la cárcel y además una gran cantidad de dinero que les permita abandonar el país.
Se inicia entonces un forcejeo entre Jean y el comandante Verhoeven, con la intervención de la policía antiterrorista que actúa brutalmente, algo que no gusta al comandante partidario de descubrir los motivos que han conducido al joven a colocar los obuses y plantear las citadas exigencias investigando su vida y dialogando con él.
La historia está muy bien construida y mantiene el interés del lector hasta la última página. Después aparece una nota del autor en la que explica a qué se debe el breve formato de este libro y que, aunque se trate de un caso cerrado, es una continuación de otros protagonizados igualmente por Verhoeven.
Por esa razón creo que Rosy & John permite apreciar el buen hacer del escritor francés en una escasa dosis. Será del todo necesario leer Irene si deseamos profundizar en la impactante figura del comandante y valorar de manera objetiva a su creador.

 

   

lunes, 19 de septiembre de 2016

IMPACIENCIA DEL CORAZÓN

Mi inolvidable amigo Manolo, que seleccionaba con habilidad de orfebre sus lecturas, solía decir que hay libros tan especiales desde la primera a la última página que si hablas de ellos estropeas a los demás la maravilla de su descubrimiento.
Son esos libros cuyo argumento permanece por mucho tiempo en tu memoria y el exquisito cuidado que ha puesto el autor al elaborar el contenido de los mismos te hace pensar que la perfección puede alcanzarse cuando el trabajo se une a las cualidades innatas.
Eso es lo que pienso al terminar de leer Impaciencia del corazón de Stefan Zweig.  
A aquel que tiene le será dado más. Estas palabras del Libro de la Sabiduría las podrá confirmar con tranquila seguridad cualquier escritor en el sentido de que a “aquel que ha narrado mucho le será referido más”.
De esta manera empieza Stefan Zweig su relato, un relato que dice haber recibido por deferencia de su principal protagonista, el teniente Hofmiller, que decide confiárselo a él porque está cansado de que se le considere un héroe de guerra, cuando la vida con nimbo y aureola le parece falsa e insoportable y siempre ha dudado del heroísmo que le atribuyeron y que tan altas condecoraciones le supuso.
Anton Hofmiller hijo de un funcionario austriaco y con cinco hermanos más, ante la precaria situación que vive su familia, se ve forzado a entrar en el ejército, en concreto en el cuerpo de caballería según capricho de una tía rica que le aporta por ello una pequeña renta mensual. A los 25 años, ya teniente, destinan a su regimiento a una pequeña población cercana a la frontera húngara. Allí le hablan de un rico propietario, Lajos von Kekesfalva, que reside junto con su hija, una sobrina y numerosos criados en el castillo que lleva su nombre. La curiosidad provoca que Hofmiller busque ser invitado al castillo y sea presentado al dueño y a otras personas importantes, así como a la sobrina de von Kekesfalva y a su hija Edith, que descubre está paralítica.
En su narración, el teniente incluye, además de la suya, otras dos historias, la de von Kekesfalva y la del doctor Cóndor que atiende a Edith. En las historias de los tres hombres ocupa un lugar determinante la compasión.
Existen dos clases de compasión. Una cobarde y sentimental que, en verdad, no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la emoción molesta que causa la desgracia ajena, aquella compasión que no es compasión verdadera, sino una forma instintiva de ahuyentar la pena extraña del alma propia. La otra, la única que importa, es la compasión no sentimental pero productiva, la que sabe lo que quiere y está dispuesta a compartir un sufrimiento hasta el límite de sus fuerzas y aun más allá de ese límite.
Stefan Zweig fue un gran viajero, un escritor cosmopolita al que le interesa el conocimiento directo de las gentes, de sus vidas y lugares donde viven, así como de las manifestaciones culturales y los avances de la civilización.
Mientras leía El mundo de ayer: Memorias de un europeo entendí hasta qué punto el escritor austriaco había reflexionado y reflexionaba sobre sí mismo, a la vez que sobre las gentes, lugares y situaciones que iba conociendo. Eso hace que la profundización en los sentimientos de los personajes que protagonizan Impaciencia del corazón resulte tan impactante y certera y que dichos personajes nos parezcan tan creíbles.
En estos tiempos extraños que vivimos es un placer leer a Stefan Zweig. Más aún recordando su declarado pacifismo y el enorme trabajo que realizó en pro de la unidad material y espiritual de Europa, “la gran amistad de las naciones que desconoce las fronteras”.

lunes, 12 de septiembre de 2016

EL LIBRO DE LOS BALTIMORE

La verdad sobre el caso Harry Quebert  fue la primera novela que leí de Joël Dicker. La califiqué como una novela “joven” entre otras razones más literarias porque lo era su autor, 29 años;  lo eran la mayoría de sus protagonistas y lo eran los alumnos de bachillerato de diversos institutos gallegos que le otorgaron el XX Premio San Clemente, aunque ése fuera sólo uno de los numerosos premios que recibió.
La segunda novela que leo de Joël Dicker se titula El Libro de los Baltimore y también me parece “joven”.
Protagonizada, al igual que la obra anterior, por el famoso escritor Marcus Goldman, la trama que desarrolla el libro se centra en la historia de la familia Goldman que el mismo Marcus se encarga de escribir como homenaje a sus parientes más próximos y queridos: los Goldman-de- Baltimore. Él pertenece a los Goldman-de-Montclair, Nueva Jersey, y siempre se sintió fascinado por los parientes de Baltimore que encarnaban el sueño americano con sus mansiones suntuosas, sus éxitos profesionales y deportivos y sus vacaciones de glamur.
El Libro de los Baltimore tiene 479 páginas divididas en un prólogo: Un mes antes del Drama (2004); cuatro partes: El libro de la juventud perdida (1989-1997), El libro de la fraternidad perdida (1998-2001), El libro de los Goldman (1960-1989), El libro del Drama (2002-2004), El libro de la reparación (2004-2012) y un epílogo: Día de Acción de Gracias (2012).
La palabra Drama escrita con mayúscula, detalle que manifiesta la importancia que lo que esconde tiene para Marcus, va apareciendo a lo largo de gran parte del relato, de tal modo que lo acaecido, que no está expuesto de forma lineal, se teje alrededor de ese suceso creando una interesante y amena intriga.
Sin embargo, y a pesar de reconocer que Joël Dicker escribe bien, el hecho de que la narración se centre sobre todo en las vivencias de un grupo de niños, más tarde jóvenes, expuestas por uno de ellos que nos habla de los estudios, las relaciones familiares y sociales, las diversiones o el amor, determinadas por un conjunto de complicaciones de lo más variado, algunas bastante inverosímiles, provoca que El Libro de los Baltimore se revista de una pátina juvenil que seguro agrada a muchos lectores, pero que a mí me ha dejado con una sensación parecida a la que experimenté cuando leí La verdad sobre el caso Harry Quebert, agravada aquí porque la historia está menos elaborada y hay pocos personajes creíbles.
    

lunes, 5 de septiembre de 2016

DIME QUIÉN SOY

Hablo sobre los clubes de lectura con el encargado de la biblioteca del pequeño pueblo castellano manchego en el que acostumbro a pasar las vacaciones. Dice que en esta comunidad los clubes de lectura funcionan muy bien y que los encuentros con autores que congregan a un elevado número de personas suelen ser un éxito, aunque en ocasiones el autor no termine de conectar con la gente, algo que no sucedió en el último de esos encuentros en el que la invitada fue Julia Navarro.
Ante el entusiasmo que muestra el bibliotecario al referirse a la citada autora que, al parecer, derrocho simpatía y amabilidad con todo el mundo, en lo que coinciden otros miembros del club que asisten a la charla, pido que me recomienden un libro escrito por ella que haya conseguido el aplauso general. Me recomiendan dos: Dime quién soy y Dispara yo ya estoy muerto. Al estar el segundo prestado, vuelvo a casa con Dime quién soy y sus mil noventa y siete páginas.
Dime quién soy se inicia con el encargo que hace a Guillermo, un joven periodista que no atraviesa un buen momento profesional porque pretende ser objetivo y veraz en su profesión, tía Marta, la exigente y puntillosa hermana de su madre.
Tía Marta descubre en un cajón la foto de una bella mujer vestida de novia y piensa que podría tratarse de la esposa de su abuelo que desapareció poco después de dar a luz el primer hijo. Lo que ha de hacer Guillermo es averiguar todo lo concerniente a esa mujer de la que sólo conoce el nombre, Amelia, ya que el niño al ser mayor cambió el apellido materno adoptando el de la persona que desde entonces se ocupó de él.
En el archivo de la parroquia Guillermo descubre que la mujer de su bisabuelo se llamaba Amelia Garayoa Cuní y había nacido en 1917.
De ahí en adelante Julia Navarro confecciona un relato en el que el periodista ha de viajar a diversos países para entrevistarse con personas que conocieron a su bisabuela. En esos encuentros se produce una vuelta al pasado y vamos conociendo la historia de Amelia en el trascurso de periodos históricos terribles: guerra civil española, gobierno de Stalin, 2ª guerra mundial, división de Alemania, construcción del muro de Berlín, etc.
Para llenar de contenidos que no aburran a lo largo de mil noventa y siete páginas, Julia Navarro utiliza las técnicas que caracterizan a un best-seller: amor, violencia e intriga, en este caso con base histórica tipo la Trilogía de Ken Follett, aunque aquí sea con acento hispano.
A pesar de que muchos de los hechos que expone son verídicos y algunos de los personajes que aparecen existieron en la realidad, la protagonista principal del relato, Amelia Garayoa Cuní, no resulta en absoluto creíble.
Pero creo que eso es lo que menos importa a los entusiastas de Dime quién soy, una novela que se lee con facilidad, entretiene y permite que pueda establecerse un interesante diálogo en el grupo.
 

domingo, 28 de agosto de 2016

CHANDLER. MUÑOZ PUELLES

Tras un paréntesis de cuatro días en los que, tras asistir en Mérida dentro de la programación de Teatro Clásico a la obra de Aristófanes, La guerra de las mujeres (Lisístrata), en la que Estrella Morente, en el papel de la revolucionaria pacifista, secundada por Aida Gómez, Antonio Canales y un buen conjunto de bailarines, músicos y cantaores, realiza una actuación excepcional en el escenario igualmente excepcional del Teatro Romano, visité en Portugal el pueblo fronterizo de Elba. Allí, aunque disfruté contemplando los numerosos vestigios que conserva de su pasado histórico, también pude comprobar lo difícil que resulta entender el portugués cuando tu interlocutor habla deprisa.
Menos mal que no tengo intención de viajar a países que posean idiomas aún mas ajenos a los sonidos que me son familiares.
Así que de nuevo en el pueblo manchego con cuyos vecinos me entiendo a la perfección, continúo comentando algunos de los libros que he leído durante el mes de agosto. Hoy destacaré dos. El más antiguo, la edición que poseo es de 1984, se titula Una pareja de escritores y contiene cuatro relatos escritos por Raymond Chandler (1896-1959). El primero de estos relatos habla precisamente de Una pareja de escritores.
Raymond Chandler, al que hasta ahora conocía como autor de novelas policiacas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, introduce en estas historias la angustia existencial, el asesinato y el misterio consiguiendo, como maestro que es en la creación de ambientes y personajes extraños y atormentados, que el lector se pregunte por el destino de cada uno de ellos y no pueda evitar un escalofrío en el trascurso de tan desasosegante lectura.
El más actual, publicado en el 2014, lleva el título de Fantasmas y aparecidos, lo escribió Vicente Muñoz Puelles que recoge en él una recopilación de textos que tienen a lo sobrenatural como nexo de unión. Dichos textos, que el mismo Muñoz Puelles adapta y contextualiza, van precedidos de una breve biografía de cada uno de sus autores, todos  españoles: Don Juan Manuel, Lope de Vega, Quevedo, el padre Feijoo, Bécquer, Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez.
En la didáctica presentación del libro, Muñoz Puelles se refiere a lo que denomina “literatura de fantasmas”, poniendo de manifiesto su importancia a lo largo de todas las épocas y citando multitud de autores que la han cultivado, por ejemplo: E. T. Hoffmann, Allan Poe, Charles Dickens, Óscar Wilde, Henry James, etc.
Fantasmas y aparecidos es un libro que puede resultar interesante para acercar a los jóvenes a los grandes de las letras españolas a través de la literatura de terror. Recuerdo una experiencia con mis alumnos que llamamos Leyendas a la luz de una vela y consistía en inventar historias similares a las que presenta Fantasmas y aparecidos. A pesar de que entonces sólo nos basamos en las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, la experiencia resultó un éxito. Todavía no eran tan populares como lo son en la actualidad las truculentas películas de zombis.  
 

 

 

 

lunes, 15 de agosto de 2016

DESPIERTA Y LEE

Empezar las vacaciones de verano con un libro de Fernando Savater que se titula Despierta y lee puede constituir una osadía, si tenemos en cuenta que, según la prensa especializada, la mitad de los españoles nunca ha leído un libro y además las temperaturas características de esta época del año invitan más a la siesta que a la lectura.
Pese a todo, el libro me ha parecido tan interesante y me ha resultado tan ameno, que creo puede triunfar en cualquier tiempo; mucho más si aquellos que lo leen, como es mi caso, encuentran en sus páginas argumentos que ratifican las propias ideas.
Despierta y lee se divide en dos partes separadas por un Intermedio. La primera parte, Tienes razón, va precedida de un Prefacio en el que Fernando Savater habla de sus comienzos en la literatura, y de un precioso artículo o Pórtico denominado La tierra natal en el que aborda la cuestión nacionalista partiendo de un cuadro de Jan Vermeer que representa la ciudad de Delft.
En el interior de Tienes razón encontramos quince artículos con títulos tan sugerentes como Ética de la alegría, Actualidad del humanismo, Hacia una ciudadanía caopolita o Regreso a Erich Fromm, en ellos Savater insiste en lo que siempre le ha preocupado: la libertad, la ética, la solidaridad, la cultura, la paz…, apoyándose en Meleagro, Kant, Voltaire, Fromm, Juaristi
Unas veces lo hace analizando citas como esta de Meleagro: La única patria, extranjero, es el mundo en que vivimos; un único caos produjo a todos los mortales; es decir, bailamos sobre el abismo pero cogidos de la mano. El corro debe hacerse más y más amplio, no excluir a nadie.
Otras veces se centra en un libro: Cándido de Voltaire o El miedo a la libertad de Erich Fromm, un filósofo al que admiro desde que leí El arte de amar hace ya mucho tiempo.
El Intermedio, que titula Cariños cinematográficos, contiene ocho artículos relacionados con el mundo del cine: películas, actores, directores: El rapto de la bestia, Groucho y sus hermanos, El ocaso de los héroes
La segunda parte, Que corra la voz, es la más extensa con cuarenta y tres comentarios más o menos breves sobre cuestiones diversas: Izquierda y derecha, África soñada, Contra la cultura como identidad, Cristianismo sin agonía, Vuelta a mi primer Cioran, etc.
Hay que recordar que Fernando Savater es un gran admirador de Cioran cuyos libros dio a conocer en España y sobre el que realizó una tesis doctoral; puede que de esa admiración surgiera el Despierta que acompaña al lee ya que uno de los propósitos de Cioran con sus aforismos consistía en “hacer despertar”.
También Fernando Savater termina la segunda parte de Despierta y lee con una serie de aforismos, él los llama Ideoclips, por ejemplo: “Me interesa la ética porque hace la vida humana aceptable; y la estética porque la hace humanamente deseable”, y sobre el mes actual: “Una de las alegrías de agosto es poder meditar –a la sombra, desde luego- sobre el sol. Otro gozo agosteño: las fiestas. Sobre todo si uno pone esmero en evitar ir a ellas”.
La última parte del libro o Despedida sólo tiene un artículo que se titula La mayoría y que se inicia con una fórmula utilizada por los romanos para referirse a alguien que acaba de morir, Se fue con la mayoría, afirmaban.
Y concluye Fernando Savater: “Pero si un día los vivos pudiesen imponer su votación a los muertos, si los derrotaran en las urnas del presente, si lograsen hacer triunfar sus derechos positivos sobre la negación rencorosa que llega desde lo oscuro, desde la herida falsedad de la memoria… ¡Ah, entonces, quizá entonces! Lástima que yo ese día estaré en minoría otra vez”.

domingo, 31 de julio de 2016

EL DIABLO SOBRE LAS COLINAS

El verano está presente en la mayor parte de los libros de Cesare Pavese, escritor y poeta italiano que hoy, a punto de comenzar las vacaciones de agosto, traigo a Opticks. El bello verano, La playa, Fiestas de agosto y el que acabo de leer esta semana, El diablo sobre las colinas, por citar algunos ejemplos, tienen la citada estación de marco preferente.
Cesare Pavese, que nació en el Piamonte en 1908 y se suicidó en 1950, fue siempre una persona atormentada que dudaba de su propia valía: “Me produzco la impresión de un mendigo…, voy describiendo mi miseria como los mendigos ponen a la vista la sordidez de sus llagas”. Una miseria no real, ya que Pavese pertenecía a una familia bien situada, tuvo una cara educación, estudió letras y el éxito profesional le llegó pronto.
La miseria de Pavese es por tanto simbólica, su aguda introversión, mente analítica y exagerado perfeccionismo, le provoca una insatisfacción que le conduce a padecer crisis de muchos tipos: profesionales, políticas, religiosas…
Esa angustia vital, esa necesidad de hallar un asidero la encontramos en El diablo sobre las colinas que pertenece a una de sus últimas etapas como escritor, aquella que el propio autor considera de “realidad simbólica”, es decir, de negación del realismo convencional por la vía del símbolo. En 1938 escribía Pavese a propósito de esto: “Nada de personajes que digan cosas inteligentes, las cosas inteligentes debes saberlas tú y desplegarlas en la construcción de la historia”.
El diablo sobre las colinas resume muy bien algunos de los mitos literarios que caracterizan a Cesare Pavese. Junto al verano, símbolo de plenitud vital, las colinas de su tierra, casi todo el relato se desarrolla en ellas, que simbolizan el personal anhelo nunca logrado de una vida natural e instintiva; la adolescencia como tiempo de desengaño; la desnudez como imagen de comunicación con la naturaleza.
Otra característica que podemos encontrar en esta obra es la figura del narrador que recae siempre en un personaje secundario que traza una línea argumental mínima; simplemente nos cuenta algo que sucedió y nosotros debemos extraer conclusiones e imaginar un posible final.
El diablo sobre las colinas consta de dos partes bien diferenciadas. En la primera tres estudiantes pasan las noches de verano en Turín buscando sensaciones que les permitan alejar el aburrimiento, por ejemplo, subir a las colinas que rodean la ciudad. Una noche a las colinas sube también, aunque en un lujoso automóvil, Poli, mayor que ellos, de familia acaudalada, drogadicto y abúlico que conoce a Oreste, uno de los tres estudiantes, por tener una extensa finca cerca de las tierras familiares del joven, y consigue enredarlos llevándoselos con él y con su amante en un itinerario nocturno que el narrador muestra con desagrado.
En la segunda parte los tres estudiantes se reúnen en la casa de Oreste  para terminar de pasar el verano. Los padres de Oreste son campesinos acomodados y los jóvenes disfrutan de una naturaleza exuberante y de un pantano en el que pueden bañarse desnudos.
Su felicidad natural termina cuando les dicen que Poli ha venido a su finca, deciden ir a visitarlo, descubren que está casado con una joven de su misma clase social y se quedan, invitados por el matrimonio, a pasar varios días en la lujosa casa.
El contraste entre la familiaridad y la sencillez en las relaciones que conocieron en la casa de Orestes y la insatisfacción casi angustiosa que descubren aquí, manifestada en multitud de detalles, acciones y diálogos, provocan que el lector, al menos en mi caso, busque en todo ello las causas por las que Cesare Pavese se tomó a los 42 años una dosis letal de pastillas.
El diablo sobre las colinas es un gran libro, profundo, poético y simbólico que te hace levantar de vez en cuando la vista de sus páginas, subrayar ciertas frases y preguntarte por los diablos que condujeron al genial escritor piamontés a tomar una decisión tan drástica.