domingo, 28 de agosto de 2016

CHANDLER. MUÑOZ PUELLES

Tras un paréntesis de cuatro días en los que, tras asistir en Mérida dentro de la programación de Teatro Clásico a la obra de Aristófanes, La guerra de las mujeres (Lisístrata), en la que Estrella Morente, en el papel de la revolucionaria pacifista, secundada por Aida Gómez, Antonio Canales y un buen conjunto de bailarines, músicos y cantaores, realiza una actuación excepcional en el escenario igualmente excepcional del Teatro Romano, visité en Portugal el pueblo fronterizo de Elba. Allí, aunque disfruté contemplando los numerosos vestigios que conserva de su pasado histórico, también pude comprobar lo difícil que resulta entender el portugués cuando tu interlocutor habla deprisa.
Menos mal que no tengo intención de viajar a países que posean idiomas aún mas ajenos a los sonidos que me son familiares.
Así que de nuevo en el pueblo manchego con cuyos vecinos me entiendo a la perfección, continúo comentando algunos de los libros que he leído durante el mes de agosto. Hoy destacaré dos. El más antiguo, la edición que poseo es de 1984, se titula Una pareja de escritores y contiene cuatro relatos escritos por Raymond Chandler (1896-1959). El primero de estos relatos habla precisamente de Una pareja de escritores.
Raymond Chandler, al que hasta ahora conocía como autor de novelas policiacas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, introduce en estas historias la angustia existencial, el asesinato y el misterio consiguiendo, como maestro que es en la creación de ambientes y personajes extraños y atormentados, que el lector se pregunte por el destino de cada uno de ellos y no pueda evitar un escalofrío en el trascurso de tan desasosegante lectura.
El más actual, publicado en el 2014, lleva el título de Fantasmas y aparecidos, lo escribió Vicente Muñoz Puelles que recoge en él una recopilación de textos que tienen a lo sobrenatural como nexo de unión. Dichos textos, que el mismo Muñoz Puelles adapta y contextualiza, van precedidos de una breve biografía de cada uno de sus autores, todos  españoles: Don Juan Manuel, Lope de Vega, Quevedo, el padre Feijoo, Bécquer, Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez.
En la didáctica presentación del libro, Muñoz Puelles se refiere a lo que denomina “literatura de fantasmas”, poniendo de manifiesto su importancia a lo largo de todas las épocas y citando multitud de autores que la han cultivado, por ejemplo: E. T. Hoffmann, Allan Poe, Charles Dickens, Óscar Wilde, Henry James, etc.
Fantasmas y aparecidos es un libro que puede resultar interesante para acercar a los jóvenes a los grandes de las letras españolas a través de la literatura de terror. Recuerdo una experiencia con mis alumnos que llamamos Leyendas a la luz de una vela y consistía en inventar historias similares a las que presenta Fantasmas y aparecidos. A pesar de que entonces sólo nos basamos en las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, la experiencia resultó un éxito. Todavía no eran tan populares como lo son en la actualidad las truculentas películas de zombis.  
 

 

 

 

lunes, 15 de agosto de 2016

DESPIERTA Y LEE

Empezar las vacaciones de verano con un libro de Fernando Savater que se titula Despierta y lee puede constituir una osadía, si tenemos en cuenta que, según la prensa especializada, la mitad de los españoles nunca ha leído un libro y además las temperaturas características de esta época del año invitan más a la siesta que a la lectura.
Pese a todo, el libro me ha parecido tan interesante y me ha resultado tan ameno, que creo puede triunfar en cualquier tiempo; mucho más si aquellos que lo leen, como es mi caso, encuentran en sus páginas argumentos que ratifican las propias ideas.
Despierta y lee se divide en dos partes separadas por un Intermedio. La primera parte, Tienes razón, va precedida de un Prefacio en el que Fernando Savater habla de sus comienzos en la literatura, y de un precioso artículo o Pórtico denominado La tierra natal en el que aborda la cuestión nacionalista partiendo de un cuadro de Jan Vermeer que representa la ciudad de Delft.
En el interior de Tienes razón encontramos quince artículos con títulos tan sugerentes como Ética de la alegría, Actualidad del humanismo, Hacia una ciudadanía caopolita o Regreso a Erich Fromm, en ellos Savater insiste en lo que siempre le ha preocupado: la libertad, la ética, la solidaridad, la cultura, la paz…, apoyándose en Meleagro, Kant, Voltaire, Fromm, Juaristi
Unas veces lo hace analizando citas como esta de Meleagro: La única patria, extranjero, es el mundo en que vivimos; un único caos produjo a todos los mortales; es decir, bailamos sobre el abismo pero cogidos de la mano. El corro debe hacerse más y más amplio, no excluir a nadie.
Otras veces se centra en un libro: Cándido de Voltaire o El miedo a la libertad de Erich Fromm, un filósofo al que admiro desde que leí El arte de amar hace ya mucho tiempo.
El Intermedio, que titula Cariños cinematográficos, contiene ocho artículos relacionados con el mundo del cine: películas, actores, directores: El rapto de la bestia, Groucho y sus hermanos, El ocaso de los héroes
La segunda parte, Que corra la voz, es la más extensa con cuarenta y tres comentarios más o menos breves sobre cuestiones diversas: Izquierda y derecha, África soñada, Contra la cultura como identidad, Cristianismo sin agonía, Vuelta a mi primer Cioran, etc.
Hay que recordar que Fernando Savater es un gran admirador de Cioran cuyos libros dio a conocer en España y sobre el que realizó una tesis doctoral; puede que de esa admiración surgiera el Despierta que acompaña al lee ya que uno de los propósitos de Cioran con sus aforismos consistía en “hacer despertar”.
También Fernando Savater termina la segunda parte de Despierta y lee con una serie de aforismos, él los llama Ideoclips, por ejemplo: “Me interesa la ética porque hace la vida humana aceptable; y la estética porque la hace humanamente deseable”, y sobre el mes actual: “Una de las alegrías de agosto es poder meditar –a la sombra, desde luego- sobre el sol. Otro gozo agosteño: las fiestas. Sobre todo si uno pone esmero en evitar ir a ellas”.
La última parte del libro o Despedida sólo tiene un artículo que se titula La mayoría y que se inicia con una fórmula utilizada por los romanos para referirse a alguien que acaba de morir, Se fue con la mayoría, afirmaban.
Y concluye Fernando Savater: “Pero si un día los vivos pudiesen imponer su votación a los muertos, si los derrotaran en las urnas del presente, si lograsen hacer triunfar sus derechos positivos sobre la negación rencorosa que llega desde lo oscuro, desde la herida falsedad de la memoria… ¡Ah, entonces, quizá entonces! Lástima que yo ese día estaré en minoría otra vez”.

domingo, 31 de julio de 2016

EL DIABLO SOBRE LAS COLINAS

El verano está presente en la mayor parte de los libros de Cesare Pavese, escritor y poeta italiano que hoy, a punto de comenzar las vacaciones de agosto, traigo a Opticks. El bello verano, La playa, Fiestas de agosto y el que acabo de leer esta semana, El diablo sobre las colinas, por citar algunos ejemplos, tienen la citada estación de marco preferente.
Cesare Pavese, que nació en el Piamonte en 1908 y se suicidó en 1950, fue siempre una persona atormentada que dudaba de su propia valía: “Me produzco la impresión de un mendigo…, voy describiendo mi miseria como los mendigos ponen a la vista la sordidez de sus llagas”. Una miseria no real, ya que Pavese pertenecía a una familia bien situada, tuvo una cara educación, estudió letras y el éxito profesional le llegó pronto.
La miseria de Pavese es por tanto simbólica, su aguda introversión, mente analítica y exagerado perfeccionismo, le provoca una insatisfacción que le conduce a padecer crisis de muchos tipos: profesionales, políticas, religiosas…
Esa angustia vital, esa necesidad de hallar un asidero la encontramos en El diablo sobre las colinas que pertenece a una de sus últimas etapas como escritor, aquella que el propio autor considera de “realidad simbólica”, es decir, de negación del realismo convencional por la vía del símbolo. En 1938 escribía Pavese a propósito de esto: “Nada de personajes que digan cosas inteligentes, las cosas inteligentes debes saberlas tú y desplegarlas en la construcción de la historia”.
El diablo sobre las colinas resume muy bien algunos de los mitos literarios que caracterizan a Cesare Pavese. Junto al verano, símbolo de plenitud vital, las colinas de su tierra, casi todo el relato se desarrolla en ellas, que simbolizan el personal anhelo nunca logrado de una vida natural e instintiva; la adolescencia como tiempo de desengaño; la desnudez como imagen de comunicación con la naturaleza.
Otra característica que podemos encontrar en esta obra es la figura del narrador que recae siempre en un personaje secundario que traza una línea argumental mínima; simplemente nos cuenta algo que sucedió y nosotros debemos extraer conclusiones e imaginar un posible final.
El diablo sobre las colinas consta de dos partes bien diferenciadas. En la primera tres estudiantes pasan las noches de verano en Turín buscando sensaciones que les permitan alejar el aburrimiento, por ejemplo, subir a las colinas que rodean la ciudad. Una noche a las colinas sube también, aunque en un lujoso automóvil, Poli, mayor que ellos, de familia acaudalada, drogadicto y abúlico que conoce a Oreste, uno de los tres estudiantes, por tener una extensa finca cerca de las tierras familiares del joven, y consigue enredarlos llevándoselos con él y con su amante en un itinerario nocturno que el narrador muestra con desagrado.
En la segunda parte los tres estudiantes se reúnen en la casa de Oreste  para terminar de pasar el verano. Los padres de Oreste son campesinos acomodados y los jóvenes disfrutan de una naturaleza exuberante y de un pantano en el que pueden bañarse desnudos.
Su felicidad natural termina cuando les dicen que Poli ha venido a su finca, deciden ir a visitarlo, descubren que está casado con una joven de su misma clase social y se quedan, invitados por el matrimonio, a pasar varios días en la lujosa casa.
El contraste entre la familiaridad y la sencillez en las relaciones que conocieron en la casa de Orestes y la insatisfacción casi angustiosa que descubren aquí, manifestada en multitud de detalles, acciones y diálogos, provocan que el lector, al menos en mi caso, busque en todo ello las causas por las que Cesare Pavese se tomó a los 42 años una dosis letal de pastillas.
El diablo sobre las colinas es un gran libro, profundo, poético y simbólico que te hace levantar de vez en cuando la vista de sus páginas, subrayar ciertas frases y preguntarte por los diablos que condujeron al genial escritor piamontés a tomar una decisión tan drástica.   

miércoles, 27 de julio de 2016

LA ESTRATEGIA DEL AGUA

Hoy traigo a Opticks un libro muy apropiado como lectura de verano. Su autor es Lorenzo Silva y su título La estrategia del agua.
La estrategia del agua pertenece a la serie de novelas policiacas que el escritor madrileño inició en 1998 con El lejano país de los estanques. Los protagonistas principales de dicha serie, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, forman parte de la Guardia Civil y progresivamente van ascendiendo en el escalafón. En la novela que nos ocupa, sexta de las publicadas, Bevilacqua (Vila) es brigada y Virginia sargento.
En esta ocasión Bevilacqua y su compañera han de resolver el asesinato de un hombre, Óscar Santacruz, que tiene en la mesita de noche de su dormitorio como lecturas habituales El arte de la guerra de Sunzi o Sun-Tzu y el Manual de Epicteto. De las reflexiones de ambos, que Vila encuentra subrayadas, proviene el título del libro.   
La referencia a obras literarias, películas y demás manifestaciones culturales es una de las características de las novelas que he leído pertenecientes a la citada serie. Lorenzo Silva se vale de Bevilacqua, al que presenta como una persona de gran cultura, para incorporar a sus libros elementos de ella.
Otra característica sería que, junto a la parte cultural del relato, siempre existan detalles jocosos. Por ejemplo, en La estrategia del agua, el trato que el brigada da a un joven guardia de su equipo llamado Juan Arnau cambiándole continuamente el nombre, y la presencia de una eficaz y llamativa cabo a la que llama Barbie Superguardia.
Pero junto al aspecto cultural y al jocoso, es preciso destacar también la denuncia social que aparece en todas las historias, que abordan cuestiones relevantes y a veces polémicas. En La estrategia del agua se habla del diferente trato que se suele dar a mujeres y a hombres en casos de divorcio, de la corrupción en diversos campos, de la delincuencia internacional y hasta del caos circulatorio existente en Madrid, por citar algunas de esas cuestiones.
En resumen, La estrategia del agua, al igual que el resto de los títulos de la serie creada por Lorenzo Silva, es una novela policiaca ágil y entretenida que hace pensar y sonreír; además contribuye a que sea algo más llevadero el calor que estamos padeciendo estos días.

miércoles, 20 de julio de 2016

LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER

Es muy difícil resumir en un folio lo que a Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, le ha supuesto años de trabajo y miles de horas grabando entrevistas.
Así que me voy a permitir utilizar para hablar de La guerra no tiene rostro de mujer, obra de la escritora bielorrusa citada, algunas de las palabras con las que, en las primeras páginas, se refiere a él la misma  autora, y otras extraídas de una de las entrevistas que le hicieron cuando ganó el Nobel.
Dice Svetlana Alexiévich al preguntarle sobre la guerra en la entrevista del periódico: Hay una cultura al dios Marte. Condecoramos a la gente que va a la guerra. Y sin embargo creo que cualquier guerra es un asesinato. Es una barbaridad. Tenemos que matar ideas, no personas.
Y en las primeras páginas del libro explica: Escribo sobre la guerra. Yo, la que nunca quiso leer libros sobre guerras a pesar de que en la época de mi infancia y juventud fueran la lectura favorita. De todos mis coetáneos. No es sorprendente: éramos hijos de la Gran Victoria. Los hijos de los vencedores.
Escribe sobre la guerra porque, a pesar de rechazar el tema, es consciente por su formación y años de periodista de que aunque los libros que hablan de guerras son incontables, siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres.
Por eso investiga, reflexiona y descubre que: La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan sólo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no sólo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.
Yo quiero escribir la historia de esta guerra. La historia de las mujeres.
Fiel a la tarea que se ha propuesto, Svetlana Alexiévich recorre los territorios de la antigua URSS, entrevista a miles de mujeres que participaron en la 2ª Guerra Mundial (casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo), y nos transmite palabra por palabra lo que ellas le cuentan. Enfermeras, francotiradoras, telegrafistas, guerrilleras, zapadoras, partisanas, pilotos, cirujanas… comparten con nosotros  sus recuerdos, terroríficos en la mayoría de los casos.
Descubrimos que casi todas entran en el ejército muy jóvenes, éramos unas niñas y no había ni uniformes ni botas que nos vinieran bien. Recordemos que la URSS estaba presidida por Stalin y que la propaganda belicista y patriotera, propia de todas las dictaduras ahora y siempre, se había adueñado de las mentes juveniles. Era preciso echar a los nazis, defender la sagrada tierra rusa. En una de las entrevistas, el relato de la entrevistada ilustra muy bien esto. La militar, capturada por el ejército alemán es torturada, pero no se doblega ante la sorpresa de quien dirige a los torturadores qué le pregunta en razón de qué soporta el castigo  y ella replica con lo que había estudiado de marxismo-lenilismo en el colegio y en la universidad.  
Hambre, frío, dolor, muertos y más muertos, más de veinte millones, ¿En Rusia cree que alguien se ha atrevido a contar a todos los que murieron? ¿Y los supervivientes? Cientos de mutilados. Mujeres, hombres y niños traumatizados o con secuelas irreversibles a causa de la guerra.
Gentes obligadas a celebrar la Gran Victoria cuando todos los suyos han muerto o desaparecido. Cuando al volver del frente muchas mujeres son despreciadas por participar en lo que consideran una tarea de hombres. Cuando las que se sienten incapaces de celebrar la victoria, terminan desterradas a campos de trabajo o callan años y años hasta que Svetlana Alexiévich les ofrece la posibilidad de contarlo.
Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Pero también de la ternura, de la compasión, de la belleza en las ocasiones y los lugares más inesperados; de los  reencuentros y de la amistad; del amor, que es la única manera de salvarnos, de la omnipresente esperanza.
La guerra no tiene rostro de mujer agotó a la escritora, pero no su capacidad de denuncia de cualquier tiranía, de todo belicismo: A los jóvenes que ven a la URSS con buenos ojos les pido que lean uno solo de mis libros. Con uno sería suficiente.

miércoles, 13 de julio de 2016

EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA

El día de la independencia es el título de la novela que acabo de leer del escritor norteamericano Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, cuyo jurado en su dictamen lo ha calificado como “el gran cronista del mosaico de historias cruzadas que es la sociedad americana”.
El día de la independencia, auténtico “mosaico de historias cruzadas”, se publicó en 1995, el protagonista principal es Frank Bascombe, personaje creado por Richard Ford para una obra anterior, El periodista deportivo, y que aparecerá en obras posteriores.
Hay quien dice que Frank Bascombe sería el álter ego de Richard Ford por algunas coincidencias en las biografías de ambos, por ejemplo, el hecho de trabajar como periodistas deportivos o ser hijos únicos; él lo ha negado, prefiere considerarlo un personaje con el que los lectores interactúen y más o menos se identifiquen. Yo creo, por las entrevistas que he leído de este autor y por el contenido de sus libros, que en Richard Ford hay mucho de Frank Bascombe, pero eso no le perjudica, sino que contribuye a hacerlo más cercano y amable.
En lo que no estoy de acuerdo es en considerar a Richard Ford un exponente del “realismo sucio” parecido a su amigo Raimond Carver, algo que también se le atribuye. Raimond Carver, al menos en los relatos que conozco de él, incide en el aspecto negativo de la vida y se muestra pesimista y desesperanzado. Sin embargo, El día de la independencia es una obra en muchos momentos poética, con detalles de enorme ternura y un tono reflexivo no exento nunca de esperanza.
La historia contada por el mismo Frank Bascombe se desarrolla en fechas cercanas al 4 de julio, día en el que se produjo la Declaración de independencia de EEUU promulgada por Thomas Jefferson en 1776, cuando según John Adams que le ayudó en la redacción de ésta, “todas las colonias se comportaban como naciones separadas y ferozmente guerreras, aunque supieran que necesitaban ser más felices y seguras e hicieran todo lo posible por conseguirlo”.
La necesidad de ser más feliz y estar más seguro de sus decisiones y afectos es la que siente Bascombe, mientras dice vivir lo que llama “periodo de existencia”. Un periodo que se ha propuesto atravesar ignorando lo que no le gusta o parece inquietante o confuso, pensando así que esa confusión o inquietud desaparecerán. El problema es que, a pesar de su disposición a ignorarlas, las complicaciones que le inquietan y confunden continúan produciéndose en mayor o menor grado.
Una complicación es que, a pesar de que se divorció de su esposa Ann hace siete años y ella volvió a casarse, no la olvida. Otra que Paul, uno de sus dos hijos que viven con Ann desde que se divorciaron, se ha convertido en un adolescente con graves problemas de conducta. Otra más que no acaba de convencerle la relación que mantiene desde hace unos meses con Sally, atractiva ejecutiva de su edad. Tampoco su trabajo como agente inmobiliario le satisface por completo, hay clientes que no le pagan y otros que no saben lo que quieren. Para completar sus dudas y resquemores, se considera un desastre como padre. Esta última circunstancia ha hecho que decida aprovechar la fiesta del 4 de julio para llevar a su hijo a visitar diversos lugares relacionados con el beisbol y el baloncesto que cree pueden interesarle, intentando a la vez una aproximación que ayude al chico a sentirse mejor y a modificar quizá sus actitudes negativas.
Así que todo el libro relata el viaje iniciado por Frank, primero para atender cuestiones relacionadas con su trabajo y ver a Sally, después para recoger a Paul y visitar los lugares programados, y finalmente, tras el grave percance que sufre el joven, volver a Haddan, la ciudad turística y residencial de Nueva Jersey en la que vive y en la que continúa su ahora más optimista reflexión final.
Mientras va recorriendo una parte de Estados Unidos, Frank Mascombe nos muestra el modo de vida del americano de clase media y alta: paisajes, tipos, costumbres…, mientras intenta aclarar sus ideas y encontrar un camino que le permita mejorar su existencia y al mismo tiempo la de los demás.
Ese impresionante fresco está dibujado con todo detalle, Richard Ford se considera un escritor lento y esa lentitud le hace ser minucioso y profundo, sin renunciar a la estudiada sencillez de una prosa que estimula e impacta desde la primera a la última línea.
El día de la independencia convirtió a Richard Ford en el primer escritor norteamericano que logró ganar con la misma obra los premios más prestigiosos de narrativa, el Pulitzer y el PEN/Faulkner.

miércoles, 6 de julio de 2016

FAMILIAS COMO LA MÍA

Vuelvo de la biblioteca con un libro que me ha recomendado Kiko, se titula Familias como la mía y su autor es el barcelonés Francisco Ferrer Lerín.
Antes de explicar un poco el contenido de Familias como la mía, debo decir que Kiko no me recomienda nunca libros ordinarios, sino rarezas de toda clase y condición, aunque, eso sí, se trata de rarezas muy bien escritas. La obra de Francisco Ferrer Lerín, del que nunca había leído nada hasta ahora, es una de ellas.
La primera parte de Familias como la mía recoge las memorias de Pablo Amatller Moragas, a quien Ferrer Lerín afirma haber conocido en la universidad durante el curso 1962-1963 mientras Pablo estudiaba medicina y él derecho, ¿es eso cierto?, aseguraría que no.
Lo más probable es que Pablo Amatller Moragas sea un personaje de ficción, pese a la cantidad de datos históricos que contiene su historia y a las intromisiones del autor en algunos momentos de ella a lo largo de esta primera parte, así como de la segunda, integrada por diversos relatos, textos poéticos, citas bibliográficas y aclaraciones incalificables literariamente que también tienen a Pablo Amatller de principal protagonista.
Las memorias de Pablo se inician en 1960 y terminan en 1986. De familia acomodada, nos dice que su padre era médico y se esperaba que él  lo fuera igualmente, por lo que estudiaba medicina a la vez que leía en profundidad a Faulkner y mantenía sus primeros contactos eróticos; que dejó la carrera cuando su padre, que engañaba a su madre con otras mujeres de forma habitual, los abandonó y unas malas inversiones realizadas después del abandono hundieron la economía familiar.
Al comprobar la escasez de medios de subsistencia con los que cuenta, Pablo consigue dinero jugando al póquer en partidas clandestinas hasta que le corresponde hacer el servicio militar. Tras su original experiencia en el ejército, se aficiona a la ornitología y se integra en un grupo protector de las aves necrófagas que termina alimentando a dichas aves con métodos bastante terroríficos. Más tarde, por mediación de un capitán al que había conocido en la mili, se convierte en espía dentro de una especie de servicio secreto que actúa en los últimos años de la dictadura franquista.
Los elementos que constituyen la segunda parte, a los que ya me he referido, inciden en historias que aparecen en la primera, aclarando hechos, profundizando en la vida de determinadas personas, ampliando pasajes con nuevos detalles, etc. Cada uno de esos capítulos puede leerse al margen del resto atribuyéndole la categoría de reseñable ejercicio literario.
Para terminar debo decir que Familias como la mía de Francisco Ferrer Lerín no es un libro fácil de leer. En él encontramos desde el realismo sucio al surrealismo, pasando por la ciencia ficción, la novela negra, la proclama ecológica, la denuncia social, la crítica al nacionalismo, el sarcasmo y la lírica más amarga. Ese enorme conjunto de elementos diversos, que conciernen aún más a la segunda parte, contribuyen a la complejidad de la obra y dificultan el conocimiento valorativo del autor, al que sí que se llega con agrado y admiración al término de la primera parte.