martes, 16 de octubre de 2018

EL AGUA DE LA VIDA

Hace ya algunos años, concretamente en el 2011, leí un libro de  la escritora de nacionalidad canadiense y estadounidense Sara Gruen titulado Agua para elefantes; me pareció una novela entretenida y de lectura fácil.
Así que, tras aconsejar a uno de los grupos de lectores de los que formo parte que leyeran El jinete polaco, y comentar entre todos la obra de Muñoz Molina, consideré conveniente suavizar el ritmo con una novela del todo distinta, y elegí El agua de la vida de la citada Sara Gruen.
Los principales protagonistas de El agua de la vida son Maddie y Hellis Hyde, un joven matrimonio de clase alta de Filadelfia que, en 1944, viven en la ciudad una vida de lujos y fiestas, ajenos a la 2ª guerra mundial que asola gran parte del planeta; en ese modo de vivir les acompaña Hank, amigo de Hellis.
El padre de Hellis ha sido general y no soporta que su hijo, aquejado de daltonismo, no participe en la guerra (tampoco lo hace Hank porque tiene los pies planos).
El caso es que, tras una de esas fiestas en la que Maddie y Hellis se emborrachan y montan un escándalo, el general, indignado, los echa de casa.
Ante el negro futuro, Hellis decide viajar a Escocia en busca del monstruo del lago Ness. Su padre lo buscó en un tiempo sin resultados. Encontrándolo, el joven pretende demostrarle lo mucho que vale. Le acompañarán en el viaje su esposa y su amigo Hank.
Escocia está afectada por la guerra y ni el alojamiento que les espera ni lo que en él se les ofrece, responde a las expectativas de los tres.
El choque con la nueva realidad resulta traumático en diversos aspectos. De ahí se van a derivar una serie de circunstancias que lo cambiarán todo, hasta llegar a un final de novela rosa tan increíble como los distintos personajes que pueblan la narración.   
El agua de la vida tiene 448 páginas, en algunas de ellas la autora agradece a un buen número de personas la ayuda que le prestaron mientras investigaba sobre Escocia, el monstruo, el desarrollo de la guerra, los  efectos sobre dicho territorio y Gran Bretaña en su conjunto, etc., etc.
La verdad es que no entiendo cómo se puede obtener un resultado tan pobre si se cuenta con la ayuda de tantas y tan ilustres personas.

domingo, 7 de octubre de 2018

EL JINETE POLACO


Es un placer empezar octubre con un libro que es una obra de arte, nada menos que El jinete polaco de mi admirado Antonio Muñoz Molina.
Son muchos los expertos que han analizado y glosado esta novela, que fue Premio Planeta en 1991 y posteriormente Premio Nacional de Literatura, yo me limitaré, desde mi sola posición de lectora, a explicar, con la brevedad acostumbrada, por qué la considero una obra de arte.
Primero, porque incluye todos los géneros aplicables a la novela:
-Novela histórica, al abarcar un largo periodo de la historia, desde el asesinato de Prim a la guerra del Golfo.
-Novela de amor, por la relación que se establece entre sus dos principales protagonistas: Nadia y Manuel.
-Novela negra, si nos fijamos en la momia de la misteriosa joven que aparece emparedada en los sótanos de la Casa de las Torres.
-Novela costumbrista, ya que expone de un modo detallado los usos y costumbres populares de las gentes de Mágina.
-Novela social, en los aludidos usos y costumbres pueden apreciarse las diferencias sociales existentes en dicha población.
-Novela en parte autobiográfica, no cuesta nada identificar en multitud de párrafos a Manuel protagonista con Antonio escritor.
En segundo lugar, por la construcción del relato en sí, una larga metáfora de la condición humana con todas sus grandezas y flaquezas: los orígenes y la aceptación o no aceptación de lo que fuimos y somos, el arraigo y el desarraigo, la búsqueda de uno mismo en la persona del otro, la pervivencia de la memoria, el sentido casi mecánico a veces del deber, el arrepentimiento y la culpa, el paisaje modelador de personalidades y conciencias, el amor como encuentro e impulso…
En tercer lugar, el vocabulario utilizado, el nombre exacto de las cosas. Esa especial cadencia de la frase que invita a repetir la lectura y a meditar sobre lo que has leído, porque hay ahí una profundidad que se te escapa.
Te hablo de otro mundo en el que los atributos de las cosas eran siempre tan indudables como las formas de los cuerpos geométricos que venían dibujados en las enciclopedias escolares, pero tampoco ignoro que sin la furia de la huída no habría existido esta dulzura del regreso ni que el agradecimiento sólo fue posible después de la traición.
Es Manuel quien habla cuando vuelve a Mágina porque le comunican que su abuela ha muerto. Antes del regreso, su vida de traductor en organismos internacionales fue una huída constante, un deambular de un continente a otro, de un país al siguiente, realizando el trabajo asignado de manera mecánica.
En uno de esos viajes encontró a Nadia que resultó ser hija de un comandante destinado en Mágina a comienzos de la guerra civil, el comandante Galaz.
La Mágina de Manuel no es otra que la Úbeda de Antonio. Coinciden sus leyendas, sus paisajes, sus calles y sus plazas. Subo por la calle del Pozo… recorro los miradores desde los jardines de la Cava hasta el ábside del Salvador y distingo los verdes brillantes y los azules suaves y los grises de niebla del valle del Guadalquivir, la alta silueta de la sierra de Mágina, borrosa tras la lluvia, los caminos blancos que descienden entre las huertas hacia los olivares y el río.
El escritor rememora los hechos del pasado. El cuarto de la viga en el que nació, perteneciente a la casa alquilada por sus padres, es el mismo en el que nace Manuel. Y te quedas dudando si serán coincidentes las personalidades y ocupaciones de los padres, abuelos, bisabuelos; y, de nuevo, una única hermana para Manuel y Antonio y un instituto público y Jim Morrison y John Lennon y los olivares y los seriales radiofónicos y la no aceptación de ese presente ya que vivía enfermo de palabras y voces. El jinete polaco está repleto de personajes significativos que, vuelvo a repetir, no sé si existieron realmente pero parecen reales por lo bien dibujados: el comandante Galaz, que compra en un anticuario el grabado de Rembrant que dará nombre al libro; el médico don Mercurio que estuvo, incluso, en la guerra de Cuba; Ramiro Retratista, que conserva en sus fotos imágenes de habitantes de Mágina que ayudarán a Manuel a construir su historia personal; el teniente Chamorro, represaliado tras la guerra civil y buen amigo de inspector Florencio Pérez; el periodista local Lorencito Quesada; el torero Carnicerito, orgullo de la localidad…
Toda la novela es un ir y venir constante, de atrás adelante y de adelante atrás acompañando a Manuel en sus recuerdos, estimulados por las fotografías que guarda en un baúl Ramiro Retratista y dulcificados por la presencia de Nadia, la hija del comandante Galaz con la que coincidió de adolescente en Mágina, sin que entonces esa presencia supusiese nada en su andar alterado.  
Recuerdos que hasta pudieran ser los nuestros, al tratarse de una obra que no se queda en la superficie de las cosas, los lugares o las personas; por el contrario, Antonio Muñoz Molina profundiza en todo ello, dotando de sentido cada gesto, palabra o detalle, sin juzgar ni pontificar sobre nada, dejando que el lector, desde su libertad y manera de entender el mundo, extraiga conclusiones y medite.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA MODISTA DE DOVER STREET

He decidido terminar septiembre con un libro que, al contrario de los anteriores que he comentado en el presente mes, sólo tiene 365 páginas. Se trata de La modista de Dover Street, primera novela como tal de la profesora de historia inglesa y experta en escritura creativa Mary Chamberlain.
Cuando me recomendaron esta novela, de inmediato pensé en El tiempo entre costuras de María Dueñas, allí la protagonista también cose. Luego, conforme avanzaba en la lectura, iba encontrando nuevas similitudes: el ambiente social de la costurera, un falso enamorado, una guerra.
Teniendo en cuenta que El tiempo entre costuras se publicó en el año 2009 y La modista de Dover Street en el 2016, y añadiendo a ese dato que Mary Chamberlain da clases como experta en escritura creativa, podría darse el caso de que, al analizar la obra de María Dueñas, a la profesora se le hubiese ocurrido una historia que compartiese algunas de sus características.
Pero como lo que acabo de escribir sólo son suposiciones mías, pasaré a la historia en sí.
La modista de Dover Street está contada en tercera persona por un narrador omnisciente, que inicia su relato con una escena que después descubriremos tuvo lugar en el campo de concentración de Dachau. Luego, la narración retrocede a la ciudad de Londres en 1939.
En Londres, una jovencita de familia humilde, Ada Vaughan, busca aprender a hablar con la máxima corrección para dirigirse así a la selecta clientela que aspira a obtener trabajando como modista.
Mientras llega el momento de organizar su propia casa de modas, Ada, que posee excelentes cualidades para desempeñar la profesión, va aprendiendo primero con un sastre, Isidore, y después con la Sra. Buckley. Trabajando en el taller de ésta, conoce a Stanislaus von Lieben, que dice pertenecer la aristocracia húngara y con el que frecuenta lugares de la ciudad hasta ese momento fuera de su alcance.
Ada se enamora del aristócrata y accede a acompañarle a París, soñando siempre con la alta costura.
En París estalla la guerra, huyen a Bélgica. La joven descubre que su amado no es lo que ella creía en ningún aspecto. Termina acogida en un convento en el que las monjas cuidan ancianos y en el que da a luz a un niño.
Junto con otras monjas inglesas, es trasladada a Alemania a una nueva residencia de ancianos, y desde la residencia la conducen a Dachau.
En Dachau trabaja como modista, en condiciones terribles, para la mujer del comandante del campo y otras esposas de jerarcas nazis.
Liberado el campo por tropas americanas, regresa a Londres. Termina siendo juzgada por colaboracionista.
Todo lo anterior y mucho, mucho más en 365 páginas. Así que el ritmo de la novela, volvemos a las técnicas de escritura creativa, ha de ser necesariamente ágil. Los acontecimientos se suceden de manera vertiginosa y el lector no se aburre en ningún momento, ya que está pendiente de lo que ocurrirá a continuación.
¿Qué destacaría como positivo de la novela? Junto al ritmo, la descripción que  Mary Chamberlain hace, en su labor de historiadora, del Londres anterior a la guerra y, mejor aún, de lo que encuentran después los que regresan a la ciudad. No sólo del aspecto de la urbe en sí, sino de la gente y sus estrategias para sobrevivir en medio de la devastación.
De igual modo, resultan interesantes las detalladas referencias a los tejidos que utiliza Ada en su labor. Está claro que la autora se ha documentado bien.
Otro aspecto a destacar es lo relacionado con el juicio al que se somete a la joven. La verdad es que impresiona.
Lo que no me impresionó en absoluto fue lo que se nos cuenta de la estancia de Ada en Dachau. Me parece del todo inverosímil.
Algo similar me sucedió cuando leí El niño con el pijama de rayas. Nunca entenderé, publicidad excluida, por qué ese libro se hizo tan famoso.
 

jueves, 20 de septiembre de 2018

MÁS QUE UNAS MEMORIAS

Repasando mi vida de lectora, caigo en la cuenta de que nunca me interesaron los libros de memorias. De hecho, el que hoy traigo a Opticks me lo prestó un amigo, al que se lo regaló el mismo autor incluyendo una amable dedicatoria.
El libro se titula Más que unas memorias y el escritor de la amable dedicatoria es nada menos que Ramón Tamames.
Digo nada menos porque Ramón Tamames desempeñó un importante papel en gran parte de los acontecimientos que han dado forma a la España actual: antifranquismo, Transición democrática, Constitución de 1978.
Aunque conozco una parte de ese importante papel desde mis tiempos de estudiante, sólo había leído de él Introducción a la economía española, un compendio de su extraordinaria obra sobre economía que fue Estructura económica de España, a cuya elaboración se refiere con detalle en estas memorias.
Ahora sé que también ha escrito novelas y hasta se ha atrevido con la  pintura en una larga, fecunda y apasionante vida que aquí explica con la amenidad y buen hacer de un experto creador.
Son muchas las cuestiones que interesan en este extenso libro, 807 páginas; entre ellas, el repaso que hace de la historia de España a partir de sus primeros recuerdos cuando tenía 3 años en 1936, hasta 2013, fecha en que lo publica.
Pese a vivir en Madrid las estrecheces de la posguerra, con su padre, médico, encarcelado al haber sido comandante de Sanidad en el ejército republicano, y una vez éste libre, huérfano de madre a los siete años, la visión que Tamames ofrece de la infancia junto a sus cuatro hermanos resulta positiva.
Está claro que fue un niño feliz. Tuvo la enorme suerte de contar con un padre que se preocupó siempre del bienestar y la educación de sus hijos. Asistió al Liceo Francés, aprendió idiomas, dispuso de la excelente biblioteca paterna y aprovechó las posibilidades de formación que se le ofrecían gracias a su inteligencia, curiosidad y deseos de aprender. Así cursó dos carreras universitarias (Derecho y Económicas) y acumuló un impresionante bagaje cultural en multitud de campos.
Comprometido muy joven con la sociedad de su tiempo, en 1956 ingresa en el Partido Comunista. Partido que ayuda a legalizar y que abandona decepcionado por su estancamiento en 1981. Hasta entonces, es un antifranquista activo y participa junto a otras eminentes personalidades en los Pactos de la Moncloa y en la elaboración de la Constitución de 1978.
El relato de cómo se gestó la Transición, tan denostada por algunos en estos días, me ha recordado las clases que dediqué a explicarla entusiásticamente a mis alumnos, cuando, además de la aceptación popular que obtuvo en nuestro país, eran numerosas las naciones sudamericanas y de otras latitudes que querían conocer los pasos que se habían dado para pasar sin traumas de una dictadura a una democracia. Ramón Tamames se encargó en varias ocasiones de viajar a esas naciones e informar al respecto ya que, en palabras de Adolfo Suárez, a la Carta Magna vigente, la única verdaderamente consensuada en nuestra historia de doce constituciones o similares, se debe la estabilidad política de cuarenta años, que ha permitido generar un considerable progreso.
Junto a la enumeración y, en su caso, el análisis de cuestiones serias, hay en el libro multitud de anécdotas que otorgan ligereza al relato. Por ejemplo, las relacionadas con el torero Luis Miguel Dominguín, amigo del padre y del tío de Tamames, cirujanos ambos en plazas de toros.
Del mismo modo resultan curiosos e instructivos los viajes que Ramón Tamames, solo o en compañía de su esposa Carmen, realiza. Una esposa a la que declara su amor en bastantes páginas del libro.
El amor que confiesa sentir por su esposa es un buen acicate, en los tiempos convulsos que vivimos llenos de enfrentamientos, rupturas, insultos y descalificaciones, para terminar la reseña de Más que unas memorias, destacando la faceta afectiva de Ramón Tamames, amigo de sus amigos, admirador de todo lo que merece ser admirado, ya se trate de libros, músicas, pinturas, paisajes o personas; hijo agradecido, marido amante, padre pesaroso por las muchas ausencias y abuelo satisfecho y encantado de poder ejercer como tal.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

LA REBELIÓN DE ATLAS


Otro de los libros que he leído durante el largo y tedioso agosto ha sido La rebelión de Atlas de la escritora rusa nacionalizada norteamericana Ayn Rand.
De Ayn Rand ya conocía Los que vivimos y El manantial. De esta última obra, incluso, vi la película que dirigió King Vidor y protagonizaron Gary Cooper y Patricia Neal.
Ayn Rand nació en Rusia en 1905, padeció los efectos de la revolución de 1917, lo que más tarde le permitió escribir Los que vivimos (1936), obra que considera próxima a su autobiografía, en la que relata algunas de las muchas penalidades que sufrió gran parte del pueblo ruso con la llegada del comunismo; la protagonista es una joven, Kira, que ama la libertad por encima de todas las cosas.
También el protagonista de El manantial (1943), el arquitecto Howard Roark, independiente e íntegro como Kira, ama la libertad y se enfrenta a la corrupción de un sistema que considera a las personas simples peones al servicio de intereses espurios. Estos intereses los puede representar el Estado, las iglesias o cualquier otra organización que no tenga en cuenta la individualidad del ser humano.
En el año 1957, supongo que con las ideas filosóficas y sociales que encontramos en sus anteriores obras del todo asentadas, Ayn Rand publica La rebelión de Atlas, novela de casi 1200 páginas en las que, valiéndose de dos grupos bien diferenciados de personajes, intenta poner al alcance del gran público dichas ideas.
La rebelión de Atlas recrea en sus inicios una sociedad distópica imaginaria en la que se repite la enigmática pregunta: ¿Quién es John Galt?
La pregunta, cuya respuesta aparecerá bien avanzada la lectura, se plantea a la vez que va desmoronándose el sistema empresarial y de servicios por la acción de un grupo de personas que representan lo que Ayn Ran critica. Entre ellas están Jim Taggart, presidente de los ferrocarriles Taggart, el Dr Pritchett, director de un importante departamento de filosofía; Wesley Mouch, intermediario en Washington, Mister Thompson, jefe del Estado, y algunos más, entre políticos, funcionarios y empresarios.
Frente a este grupo, se hallan los que practican las ideas de la autora; curiosamente aquí no aparece ningún político. Serían Dagny Taggar, hija del fundador de los ferrocarriles Taggar, hermana de Jim y jefe de operaciones de la compañía; Hank Rearden, industrial del acero e inventor del metal Rearden, Francisco d’Anconia, rey mundial del cobre o Ragnar Daneneskjold que considera a Robin Hood un enemigo de la humanidad.
Una de las claves del conflicto, que se extiende progresivamente, está en la práctica del principio marxista que subyace tras los planteamientos del primer grupo, que mantiene que hay que aportar a la sociedad “cada uno según sus condiciones para cada uno de acuerdo con sus necesidades”.
Este principio les lleva a implantar de forma obligatoria el colectivismo, la nacionalización de empresas y hasta La Edad del Amor, desde un Estado omnipresente que lo regula todo y pone cientos de trabas a la iniciativa personal, porque es más fácil gobernar a los mediocres.
Por el contrario, los pertenecientes al segundo grupo defienden la libertad del espíritu humano para crear y trabajar en ello, teniendo como principal objetivo la consecución de la felicidad y la prosperidad individual mediante el ejercicio de ese trabajo.
Ante la presión de los defensores del colectivismo que, entre otras maldades, utilizan la prensa como ariete, los partidarios de la libertad optan por desaparecer.
Entonces la distopía poco a poco da paso a la utopía. Pero eso es algo que ya habrán descubierto los que hayan leído este libro, dada su antigüedad.
A los que pretendan leerlo ahora, no puedo descubrirles nada más sin estropear la intriga del relato.
Decirles sólo que La rebelión de Atlas, se esté o no de acuerdo con los postulados que defiende su autora, y a pesar de lo que se extiende a veces en esa defensa, supone una muy interesante, entretenida  y aleccionadora lectura.
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 30 de agosto de 2018

EL LIBRO DE MI DESTINO. UNA VOZ ESCONDIDA

Completo las reseñas literarias del mes de agosto en Opticks con dos libros de la socióloga, psicóloga y novelista iraní Parinoush Saniee.
El título del primero, de contenido más ambicioso y con mayor número de páginas es El libro de mi destino. El segundo se titula Una voz escondida.
Parinoush Saniee, al ser entrevistada en Babelia, explica que harta de realizar informes que nadie leía o que eran prohibidos por la censura, decidió aprovechar las informaciones obtenidas en su trabajo diario como terapeuta para escribir una novela.
Nació así El libro de mi destino, que en sus 448 páginas recoge la historia de Irán desde el año 1930 con los distintos movimientos revolucionarios que condujeron a la caída del Sah, continuando con la implantación de la República Islámica de Jomeini y la guerra entre Irán e Irak, hasta llegar a la época actual.
La persona que nos cuenta esa historia y los padecimientos que le acarrea es una mujer, Masumeh o Masum, adolescente de 16 años que, en busca de mejores condiciones de vida, se traslada con su familia a Teheran desde Qum, pueblo en el que residen.
Masum tiene tres hermanos varones, dos mayores que ella, y una hermana menor. Su madre considera preciso seguir la tradición y buscarle ya un marido. Pero la joven, ayudada por su padre, el único que la comprende en casa, consigue que le permitan continuar los estudios, pronto interrumpidos de un modo dramático.
 Parinoush Saniee no se considera novelista; afirma que todo lo que cuenta procede de las entrevistas y las investigaciones realizadas en el ejercicio de su profesión. Quizá por eso la historia de Masum, al igual que la del resto de los personajes que encontramos en el trascurso del relato, organizado de manera lineal y con la claridad y sencillez de una experta, nos parece tan real.
Costumbres, comidas, ritos, cambios sociales, sentimientos religiosos, modernidad, inmigración, conflictos familiares y políticos… Nada escapa a la atenta mirada de la socióloga, que analiza lo que ve con la profundidad que le proporcionan sus conocimientos de psicología.
Atención especial merece la figura de Masum, han sido miles las mujeres que han pasado por las mismas o parecidas circunstancias, y muchas se han enfrentado a los acontecimientos vividos con idéntica valentía y firmeza.
Pero no sólo Parinoush Saniee ejerce de socióloga y psicóloga en El libro de mi destino, también aprovecha la maternidad de Masum para hacer pedagogía, cuando ésta, intentando alejar a su hijo mayor del fanatismo y de las ideas totalitarias, le dice, por ejemplo: La ideología pura es una trampa, te convertirá en una persona con prejuicios, impedirá que te formes tu propio criterio y tus propias opiniones y te hará tendencioso. Y al final te convertirá en un fanático.
Tras el éxito obtenido por El libro de mi destino, Parinoush Saniee escribió Una voz escondida, obra más breve, 272 páginas, y basada en un hecho que estudió en su consulta: el caso de un niño que no habló hasta los 7 años.
Partiendo de este caso, la escritora iraní construye una historia amarga y tierna a un tiempo en la que, a través de la mirada del niño, Shahab, que en primera persona nos cuenta lo que ocurre, analiza de nuevo los distintos roles de la familia en el Irán actual, representados aquí por un padre distante que no acepta lo que considera un defecto de su hijo, una madre que no ve tal defecto pero no sabe cómo enfrentarse al conflicto y una abuela materna excepcional.
En resumen, El libro de mi destino y Una voz escondida reúnen todos los valores necesarios para recomendarlos a los amigos, tanto si son lectores habituales como si no lo son.

miércoles, 22 de agosto de 2018

LA BASTARDA DE ESTAMBUL

Una amiga del grupo de lectores me recomienda que lea La bastarda de Estambul, novela publicada en el año 2006 por la escritora de origen turco Elif Shafak.
El primer capítulo titulado Canela nos presenta a Zeliha, atractiva joven de 19 años que corre bajo la lluvia por las calles de Estambul porque llega tarde a una consulta médica.
En ese primer capítulo observamos ya algunos detalles que se irán repitiendo en el relato: el nombre de los capítulos siempre asociado a un producto alimenticio: garbanzos, azúcar, avellanas tostadas…; la intensa personalidad de todas las mujeres que encontramos en él; y la ciudad de Estambul anárquica, abigarrada y cambiante como un barco en movimiento.
Pronto conocemos a la familia de Zeliha, la familia turca Kazanci, de clase media alta e integrada en la actualidad por seis mujeres: madre, abuela y cuatro hermanas. El único hermano, Mustafá, se fue a estudiar a Estados Unidos a donde lo enviaron para alejarle de la maldición que parece perseguir a los varones de la casa y por la cual todos mueren jóvenes.
En el capítulo segundo, Garbanzos, la acción se centra en otra familia, esta vez armenia, la de Barsam Tchajmajchian que vive con su madre y sus dos hermanas en Estados Unidos, se ha casado con Rose, una norteamericana de Kentucky, tienen una hija, Armanoush  (Amy para Rose), y acaba de divorciarse.
De nuevo aquí destacan las mujeres, las armenias de convicciones firmes, recordando siempre el genocidio que se cometió con su pueblo por parte de los turcos; y Rose, la norteamericana, incapaz de adaptarse a las costumbres del clan de su marido, pero presentando también  características peculiares.
En el tercer capítulo, Azúcar, la familia armenia descubre que Rose se ha casado con un turco, y que a la niña Armanoush, Amy, será un turco quien la eduque; posibilidad que llena a todos de pavor.
En el cuarto capítulo, Avellanas tostadas, descubrimos por fin a la persona que da nombre al libro, la bastarda, Asya Kazanci, hija de Zeliha a la que no pudo abortar cuando corría hacia la clínica en el capítulo primero.
Me detengo aquí. El libro tiene dieciocho capítulos y no creo haber descubierto nada que limite su interés en los cuatro a los que me he referido.
Una parte de la narración tiene lugar en la época actual; nos muestra el modo de vivir de ambas familias, insistiendo en la forma de ser de las mujeres, en la preparación de las comidas tradicionales, creencias religiosas o ausencia de ellas, trabajos, maneras de vestir, perspectivas de futuro, etc. 
En el caso de la familia turca, presenta además cómo se desarrolla la vida en Estambul. Resulta interesante el análisis de la Turquía actual que realizan los amigos de Asya en las tertulias del Café Kundera, así como todo lo relacionado con dicho café.
Igualmente, por el lado armenio, el foro que mantiene Armanoush a través de Internet con un grupo de jóvenes de esa procedencia al que llaman Café Constantinopolis.
Otra parte de la novela nos traslada al pasado, a la época del genocidio. En concreto al año 1915 cuando en la ciudad de Estambul un numeroso grupo de intelectuales armenios fueron asesinados por los turcos y sus familias deportadas, en una larga marcha en la que casi todos murieron por las penalidades sufridas o a manos de soldados o bandidos.
Ese genocidio, herida abierta para los armenios, y negado o reducido a un enfrentamiento armado entre ambas comunidades por muchos turcos, se analiza en el curso de la narración, que busca tender puentes de concordia.
Muchas más cuestiones se abordan en el libro, abigarrado a veces; son tantas, que el final nos llega de improviso y creo que resulta un tanto acelerado, si tenemos en cuenta el número de personajes que aparecen y los distintos ambientes en los que actúan.