domingo, 22 de julio de 2018

EL CORAZÓN DEL HOMBRE

Un antiguo tratado de medicina árabe afirma que el corazón del hombre se divide en dos partes, la primera se llama “dicha”, la segunda, “desesperación”. ¿En cuál de ellas hemos de confiar?
Así introduce Jón Kalman Stefánsson El corazón del hombre, tercera parte de la Trilogía del muchacho que inició al publicar Entre cielo y tierra y prosiguió después con La tristeza de los ángeles.
En antiguas entradas he hablado admirativamente de los dos primeros títulos que muestran el amor que el escritor siente por su tierra, la singular y misteriosa Islandia.
Un amor que Jón Kalman Stefánsson demuestra con creces en la trilogía citada, no ocultando nunca lo terrible que puede ser el país en el que ha nacido: paisajes, clima… Menos aún lo terrible que fue para las gentes que vivieron en él a lo largo del siglo XIX, que es la época en la que se desarrolla la historia del muchacho protagonista.
Como a Jón Kalman Stefánsson, además de amar a Islandia y disfrutar escribiendo, le gustan la filosofía y la poesía, en los libros aludidos abundan poéticas y filosóficas descripciones. Por ejemplo, en El corazón del hombre: El día desperdiga por el páramo a los pájaros, esas notas que están entre el cielo y la tierra, las matas de hierba son perros que sestean, los riachuelos, una música resplandeciente y cristalina, en días como esos los páramos son parte del país de la eternidad.
He elegido esta descripción porque los acontecimientos narrados en este tercer libro suceden sobre todo en primavera y verano. Aunque el autor nos advierte: Los veranos en Islandia son tan breves y caprichosos que a veces se diría que no existen. Pero luego añade con admiración: No hay nada en el mundo más luminoso ni límpido que el mes de junio: el crepúsculo y el alba se confunden, las sombras desaparecen y el cielo se pinta de un azul de eternidad incluso en plena noche.
Los personajes principales que aparecen aquí son los mismos que en los otros dos títulos: el muchacho, Jens, Geirprúdur, Helga, Ragnheidur, Kolbeinn, Gísli, Fridrik… A ellos se añaden personajes nuevos, como Álfheidur, la joven madre de pelo rojo y ojos verdes que tendrá un papel importante en el relato.
Poesía, filosofía, valor de las palabras, cuidada descripción de paisajes y ambientes, la pesca del bacalao fundamental para la subsistencia; mujeres fuertes, independientes y decididas (más aún que en los libros anteriores). Y junto a todo ello, como elemento que sobresale en El corazón del hombre, la maldad. Maldad y brutalidad en algunos; maldad asociada al poder en otros: El poder convierte a veces al hombre en un ser demoniaco, por eso los seres humanos pueden ser la peor plaga que existe sobre la tierra.
Termino el comentario del libro de Jón Kalman Stefánsson con una reflexión sobre las trilogía en conjunto y, quizá, mi equivocada percepción de la misma.
El primer título: Entre cielo y tierra, tiene 192 páginas sorprendentes y maravillosas.
Las 320 páginas del segundo, La tristeza de los ángeles, conservan la magia latente en el primero y logran que no decaiga el interés por conocer el desenlace de la historia.
En el tercero, El corazón del hombre, las páginas son 384. Creo que sobra un buen número de ellas y, además, el desenlace de la historia queda al arbitrio de cada lector.  
  

domingo, 15 de julio de 2018

MIDDLESEX


Nací dos veces: Fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960, y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.
Así empieza el escritor norteamericano de ascendencia griega Jeffrey Eugenides la novela Middlesex, que fue publicada en el año 2002 y obtuvo el Premio Pulitzer en el 2003.
Cuando en uno de los grupos de lectores de los que formo parte recomendaron la citada obra, recordé haber leído del mismo autor hace bastante tiempo La trama nupcial, que, pese a sus más de 500 páginas y lo pretencioso de su contenido, no consiguió interesarme.
Middlesex tiene aún más páginas que La trama nupcial, 660, pero aquí el contenido está organizado de tal manera que interesa de principio a fin.
Esas líneas del principio que he copiado ya son un acicate para quienes se enfrentan a este libro. Luego el interés se acentúa al proseguir la lectura y escuchar a la persona que nos cuenta su historia, porque cumplidos 41 años, y habiendo sido como Tiresias, primero una cosa y luego otra, siente que se acerca otro nacimiento y quiere poner por escrito de una vez: ese viaje en montaña rusa de un solo gen a través del tiempo. ¡Háblame, Musa, de la mutación regresiva ligada a mi quinto cromosoma!
La persona que nos habla desde Berlín, donde trabaja como funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, se llama Cal Stephanides. Sin embargo, hasta bien avanzada la pubertad respondió al nombre de Callíope o Callie.
La mutación regresiva a la que Cal se refiere determinó que la preciosa niña de ojos de Cleopatra admirada por todos en su infancia, se convirtiese, conforme iba creciendo, en un ser de constitución androide para lo que nadie, menos aún ella misma, aportaba ninguna explicación.
Así que a los problemas que su aspecto físico le ocasionaban en la vida diaria, Callie añadía el desconocimiento del porqué de su aspecto. Hasta el año 1974 en el que un diagnóstico médico certificó que era hermafrodita.   
Esa historia sola da para un libro, que sería de total actualidad a tenor de los últimos movimientos sociales, ya que realiza un profundo y exhaustivo análisis de los sentimientos de Callíope- Cal ante su gen alterado y explica cómo se enfrentaban los médicos estadounidenses y la sociedad en general, en la década de los 70, a las cuestiones relacionadas con la identidad sexual.
Pero Jeffrey Eugenides no se conforma con una sola historia y aprovecha las numerosas páginas de Middlesex para que Cal, haciendo de narrador omnisciente, relate dos historias más que también le afectan, aunque estén situadas en épocas distintas.
Los protagonistas de la más antigua son dos hermanos huérfanos, Lefty y Desdémona, sus abuelos, que en 1922, huyendo de la masacre de armenios y griegos en Esmirna cometida por los turcos, viajaron en un barco a los Estados Unidos y se instalaron en Detroit.
Esta parte tiene mucho de novela histórica, desde la vida de los jóvenes en su aldea natal, los gusanos de seda, la persecución turca, el viaje, el incesto y la boda, la llegada y la adaptación a una sociedad nueva y diferente; las transformaciones de esa sociedad, en especial entonces las que se relacionaban con la industria automovilística y la ausencia total de protección de los trabajadores.
Enlazada con la historia de los abuelos está la de los padres de Callie, Milton y Tessie, así como de su hermano mayor, Capítulo Once. En el libro no se nos dice el porqué de ese nombre. Parece ser que Cal le llama así a posteriori, después de que el muchacho dejase en bancarrota la empresa familiar. El Capítulo Once de la ley de impuestos norteamericana hace referencia a la bancarrota.
Aquí la historia familiar incluye los acontecimientos que se van produciendo en Estados Unidos a nivel político, militar y social. Por ejemplo, la guerra de Vietnam, la presidencia de Nixon, los disturbios raciales, etc. A la vez, la vivencia del sueño americano, que persigue con particular interés Milton; y los movimientos juveniles de protesta que fagocitan a Capítulo Once.
Pese a la gran variedad de contenidos y al elevado número de páginas, Middlesex no es una novela que resulte pesada en ningún momento. Jeffrey Eugenides se expresa con agilidad y claridad y enriquece el relato con detalles humorísticos, históricos y mitológicos que aportan ligereza, proporcionan un interés especial a los que somos aficionados a esas cuestiones, y reducen los aspectos dramáticos.
Identidades sexuales su evolución y vivencia, humor, documentado devenir histórico, al igual que fundamentada crítica; mitología griega, transformaciones políticas, económicas y sociales…
La riqueza de contenidos que encontramos en Middlesex y la maestría como narrador que muestra a lo largo de toda la novela Jeffrey Eugenides, convierten a este libro en una obra muy recomendable; merecedora sin duda ninguna del Pulitzer que obtuvo gracias a ella el autor norteamericano, que se declara admirador de Gabriel García Márquez y sus Cien años de soledad, así como de los relatos homéricos.

 

jueves, 5 de julio de 2018

LA LLAMADA DE LA TRIBU

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida…
He querido iniciar el comentario del libro que hoy traigo a Opticks titulado La llamada de la tribu, con unos párrafos del Quijote en los que Miguel de Cervantes pone de manifiesto la importancia de la libertad; importancia que he defendido siempre.
El autor de La llamada de la tribu es Mario Vargas Llosa, que aprovecha esta obra para explicar su devenir intelectual y político, desde la juventud marxista y existencialista admiradora de Sartre, hasta el liberalismo de la madurez.
La doctrina liberal ha representado desde sus orígenes las formas más avanzadas de la cultura democrática y lo que más nos ha ido defendiendo de la inextinguible “llamada de la tribu”.
Para llegar a ese convencimiento, Vargas Llosa ha recorrido un camino de reflexión y análisis, ayudado por la lectura de los pensadores liberales que aparecen en el citado libro: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel.
Sería del todo absurdo por mi parte pretender resumir la riqueza de datos y contenidos que albergan las 311 páginas de La llamada de la tribu, no tengo ni los conocimientos ni el espacio suficiente para hacerlo; me limitaré a bosquejar con unas cuantas pinceladas ideas significativas que he encontrado en ellas.
Antes debo decir que me he sentido reconfortada al comprobar que personas de extraordinaria valía intelectual y humana han dedicado su vida a demostrar que el ansia y la vivencia de la libertad es lo que hace que los seres humanos progresen como tales y en cualquier campo; mientras que su ausencia trae consigo todos los males.
En líneas muy generales, los siete pensadores que Vargas Llosa destaca en La llamada de la tribu coinciden en defender en sus distintas publicaciones la propiedad privada, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la educación como motor de progreso, la democracia con la correspondiente separación de poderes, el pluralismo ideológico y la libertad de mercado, aunque esto último siempre al servicio del bienestar de los individuos.
En lo que no existe una total coincidencia es en lo que más preocupa a cada uno de ellos. Brevemente señalaré algunas de esas preocupaciones.  A Adam Smith (1723- 1790) en La riqueza de las naciones le preocupa el intervencionismo estatal y los derroches y gastos inútiles que producen los reyes y ministros.
José Ortega y Gasset (1883-1955) en La rebelión de las masas critica el extremismo  dogmático de la izquierda, el conservadurismo nacionalista y católico de la derecha; el comunismo y el fascismo que convierten al individuo en hombre masa, y el nacionalismo como típico fenómeno de la hegemonía creciente de lo colectivo o gregario sobre lo individual.
A Friedrich August von Hayek (1899-1992), uno de los tres pensadores que, junto a Karl Popper e Isaiah Berlin, afirma Vargas Llosa que han influido más en su pensamiento político, en Camino de Servidumbre  expone que la planificación centralizada de la economía socava de manera inevitable los cimientos de la democracia y hace del fascismo y del comunismo dos expresiones de un mismo fenómeno, el totalitarismo.
La principal preocupación de Sir Karl Popper (1902-1994) en La sociedad abierta y sus enemigos es el nacionalismo, que supone el regreso a la tribu; lo llama “horrible herejía” de la civilización occidental y lo identifica como enemigo mortal de la cultura de la libertad.
Raymond Aron (1905-1983) era un anticomunista radical. Se enfrentó a los pensadores de izquierda de su generación y analizó el marxismo en El opio de los intelectuales que define como un libro “de combate y de filosofía”. Estaba en contra del poder del Estado y de la burocracia que limita.
Sir Isaiah Berlin (1909-1997) en Cuatro ensayos sobre la libertad expresa su aversión por las dictaduras y el totalitarismo. Como los anteriores, escribió multitud de ensayos y artículos. Personalmente es el que más me ha impresionado por su sentido común, su tolerancia y su imparcialidad al enfrentarse a personas con ideas distintas a las suyas. Isaiah Berlin no juzga, estudia y analiza en profundidad las ideas de lo que no piensan igual que él. Es aburrido leer a los aliados, a quienes coinciden con nuestros puntos de vista. Más interesante es leer al enemigo, al que pone a prueba la solidez de nuestras defensas. Y no queda ahí el argumento, sino que prosigue: Lo que, en verdad, me ha interesado siempre, es averiguar qué tienen de flaco, de débil o de erróneo las ideas en las que creo. ¿Para qué? Para poder enmendarlas o abandonarlas.
Jean-François Revel (1924-2006) en La tentación totalitaria expone, con multitud de datos objetivos, ya que los hechos le interesaban más que las teorías y nunca le importó refutarlas si descubría que no eran confirmadas por los hechos, que el principal obstáculo para el triunfo del socialismo en el planeta no era el capitalismo sino el comunismo.
Termino el comentario con una definición de liberalismo extraída del apartado que, en La llamada de la tribu, Vargas Llosa dedica a Ortega y Gasset: El liberalismo es primero que nada una actitud ante la vida y ante la sociedad, fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como valor supremo.    





lunes, 25 de junio de 2018

NUEVOS LIBROS DE FRED VARGAS

Tras leer Tiempos de hielo de la escritora francesa y Premio Princesa de Asturias 2018 Fred Vargas, sentí curiosidad por conocer algunos datos más de la historia del comisario Adamsberg que en Tiempos de hielo se dan por sabidos.
Dos han sido las obras que me han permitido aproximarme a esa historia esta semana. La primera, El hombre de los círculos azules, obtuvo el Prix du Festival de Saint-Nazaire 1992. Presenta a Adamsberg recién nombrado comisario en París, en el distrito 5. Ascenso obtenido por haber resuelto cuatro asesinatos en su anterior destino.
Pese a sus reconocidos éxitos, los antiguos compañeros le consideraban un tanto asilvestrado (procedía de los Bajos Pirineos) y no acababan de entender cómo sin un método sistemático y científico de investigación, de manera casi intuitiva, lograba resolver los casos.
Junto a Adamsberg trabaja ya el inspector Danglard, y también se nos habla de Camille, la joven de la que el comisario está enamorado. Apunto estos nombres porque los hallamos de nuevo en la segunda obra aludida: Huye rápido, vete lejos publicada en el año 2002.
El hombre de los círculos azules tiene sólo 196 páginas. Una de sus protagonistas es Mathilde Forestier, oceanógrafa que, cuando no estudia peces en los océanos, se dedica a estudiar personas. Así encuentra a un hombre que dibuja por las noches en lugares solitarios círculos azules, en el centro de los cuales sitúa objetos que tiran los viandantes o algún animal muerto. Al lado del círculo hay una inscripción: Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?
La cuestión se complica cuando en el centro del círculo aparece una persona asesinada. Entonces el comisario y su método intuitivo entran en juego.
Debo decir que si éste fuese el primer libro que hubiese leído de Fred Vargas, no habría buscado ninguno más. Aunque el eje central del argumento sea original y la figura del comisario se aparte de la norma, la mayoría de los personajes se comporta de un modo absurdo, sin que ese comportamiento aporte nada al relato. Por otro lado, el ritmo de la narración es muy lento y la trama criminal resulta demasiado rebuscada. Tanto, que he terminado el libro sin haber descubierto por qué el hombre de los círculos azules coloca junto a ellos la citada inscripción; y, la verdad, no me apetece una segunda lectura.
Pasan los años. Fred Vargas continúa escribiendo novelas policiacas con los personajes señalados y otros de creación nueva, entre ellos los llamados evangelistas que darán nombre a una serie distinta, pero que tendrán un papel en el segundo libro al que me he referido, Huye rápido, vete lejos en el que el dibujo que vemos del comisario Adamsberg y todo lo relacionado con los hechos que ha de investigar, muestran con creces la madurez creativa de la autora.
Aquí las calles de París están limpias de círculos azules. Sin embargo, en las puertas de cada vez más edificios alguien dibuja un cuatro invertido y debajo tres letras: CLT.
Previamente a estas apariciones, Joss, un viejo marino bretón que abandonó la profesión porque siendo capitán de un barco, tras explicar al patrón que no estaba en condiciones de navegar, forzarle éste a hacerlo y morir dos marineros en una tormenta que estalló durante la travesía, al regresar a tierra, se enfrentó a él y le golpeó. Por ello fue encarcelado y al término de su condena nadie quiso contratarle.
Ahora, ya viejo, en un distrito humilde de París ejerce de pregonero, tras aceptar la sugerencia del fantasma de su bisabuelo que también lo fue.
Para realizar esa función, ha construido una urna que deposita en un lugar concreto, pidiendo a la gente que deje el dinero que corresponde al mensaje que se encargará de pregonar. El trabajo le va bien y le reporta beneficios, hasta que depositan en la urna, dentro de gruesos sobres de color marfil, unos textos extraños que parecen anunciar un peligro.
En el barrio donde vive Joss, junto a una serie de personajes con características singulares, existe un bar, el Vikingo, en el que suelen reunirse los vecinos, y un hotel propiedad de un anciano letrado, Herve Decambrais, que alquila habitaciones y ayuda a resolver los distintos asuntos que le plantean.
Decambrais escucha habitualmente los pregones de Joss e intenta descifrar el contenido de los extraños textos. Al fin descubre que son fragmentos de tratados sobre la peste escritos a lo largo de los siglos, y sospecha que anuncian una nueva epidemia. Esa sospecha le impulsa a acudir, acompañado de Joss, a la comisaria dirigida por Adamsberg.
En paralelo a las actividades de Joss, Decambrais y resto de vecinos, Adamsberg ha recibido la visita de una mujer que ha visto en las puertas de las viviendas de varios edificios en París los cuatros invertidos y las letras. Al investigar la denuncia, comprueban que siempre queda una puerta por marcar.
La coincidencia temporal entre la aparición de los dibujos y el depósito en la urna de los mensajes, hace que el comisario se preocupe. Preocupación que aumenta cuando en una de las viviendas con la puerta no marcada se comete un asesinato.
Huye rápido, vete lejos tiene 416 páginas y mucha y variada riqueza de contenidos, que seguro atraerá la atención del lector y que resulta imposible resumir en pocas líneas. Por mi parte debo decir que me ha gustado tanto como Tiempos de hielo y constituye un excelente acicate para seguir leyendo a Fred Vargas.   
 
 
 

lunes, 18 de junio de 2018

LA TRANSPARENCIA DEL TIEMPO

El primer libro que leí de Leonardo Padura fue Herejes. El segundo, Máscaras. Hoy traigo a Opticks el tercero, se titula La transparencia del tiempo y, al igual que los anteriores, tiene como protagonista al detective privado y ex policía Mario Conde.
En La transparencia del tiempo Mario Conde está a punto de cumplir 60 años. Ante él se erguía la evidencia numérica de haber gastado ya las tres cuartas partes (quizá más, nadie lo sabe) del tiempo máximo que pasaría en la tierra y la firme convicción de que el último plazo probable no iba a ser para nada el mejor.
Con ese estado de ánimo, acentuado por las características del entorno, en el que junto a una Habana que se cae a pedazos, habitada por gentes que sobreviven a duras penas, empiezan a surgir lujosas viviendas propiedad de políticos, contrabandistas y diversas clases de delincuentes más o menos peligrosos, Mario Conde acepta el encargo de buscar para un antiguo compañero de preuniversitario la talla de una Virgen de Regla que heredó de su abuela y dice le han robado.
El compañero, Roberto Roque Rosell, “Bobby”, es uno de esos contrabandistas que vive muy bien vendiendo al exterior obras de arte. La historia que le cuenta al detective pasa por su ingreso en el Partido y posterior expulsión, al ser denunciado por haber mantenido relaciones homosexuales. Homosexualidad que intentó reprimir casándose y engendrando dos hijas, pero que ya, quizá por la nueva apertura del régimen, no disimula alejada su familia y con diversos amantes; el último de los cuales es el que ha robado la Virgen y desvalijado casi por completo la vivienda que compartían.
Mientras busca la imagen perdida, se producen varios asesinatos, interviene la policía y Mario Conde termina colaborando con ellos. Es en esa búsqueda cuando constata las enormes diferencias, a las que ya he aludido, entre el modo de vivir de los ricos y la miseria de asentamientos ilegales, en donde se amontonan, en condiciones infrahumanas, personas que provienen de apartados lugares de la isla.
Los capítulos en los que se nos cuentan las peripecias de la investigación y de la propia vida del detective, se alternan con otros que forman parte de la novela que él, en la faceta de escritor que siempre deseó cultivar, intenta sacar adelante.
El protagonista de esa futura obra es Antoni Barral, un campesino del Pirineo catalán que, durante la Guerra Civil, huyó de su aldea con la Virgen negra que conservaban en ella y que consideraban muy milagrosa. Tras una larga y complicada travesía, Antoni Barral y su Virgen llegaron a Cuba.  
Pero la historia de Antoni Barral y de la Virgen no se limita a eso, Leonardo Padura, retrocediendo en un estudiado viaje en el tiempo, los hace aparecer de nuevo en los siglos XV, XIV y XIII.
En fechas concretas de esos siglos, el catalán, ligado siempre a la Virgen negra, protagoniza impactantes aventuras; en algunas participan los templarios, San Bernardo y hasta el mismo Roger de Flor.
Como he dicho antes, La transparencia del tiempo, que acaba de ser publicado, es el tercer libro que leo de Leonardo Padura. El primero que leí, Herejes, lo publicó en el año 2013. El segundo, Máscaras, data de 1997.
Los tres coinciden en que desarrollan una trama de tipo policiaco, en que su protagonista es Mario Conde y en la visión que éste da de La Habana y de sus habitantes. Pese a lo cual no se exilia como tantos, sino que permanece en ella, a pesar de las penurias, porque se siente ligado emocional y estéticamente a esa tierra.  
Sin embargo, en La transparencia del tiempo, tal vez por las referencias a la edad que encontramos al principio, he observado ciertos rasgos que no recuerdo estuviesen presentes en los dos anteriores.
El primer rasgo es la espiritualidad y hasta el misticismo con el que Leonardo Padura trata lo que se relaciona con la Virgen de Regla y con la Virgen negra.
El segundo es la amarga desesperanza al referirse a Cuba. Incluso el Conejo, amigo culto e imbatible de Conde y personaje fijo en las novelas que protagoniza, tiene previsto dejar el país. Lo que quiero es probar. Al menos eso: tener la posibilidad de probar y, si me dejan, escoger… No es que quiera quedarme: es que casi nunca hemos podido escoger, nos quitaron el derecho a equivocarnos.
Finalmente, y como curiosidad, existen alusiones al independentismo catalán tan en boga en los últimos meses. Hasta la bandera independentista catalana se creó en Cuba… Parece que algunos de los nacionalistas se reunieron acá en La Habana con el anarquista Buenaventura Durruti para sumarlo a la causa.

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de junio de 2018

TIEMPOS DE HIELO

Con la curiosidad de conocer la forma de escribir de Fred Vargas, que ha obtenido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2018, me dispongo a leer Tiempos de hielo, investigando previamente detalles relacionados con una autora de la que hasta hoy no había leído nada.
Descubro que Fred Vargas es el seudónimo que eligió Fréderique Audoin-Rouzeau para sus obras de ficción, inspirándose en el personaje de María Vargas que interpreta Ava Gadner en la película La condesa descalza. Hay que añadir aquí que esta reputada arqueóloga e historiadora francesa es autora también de libros de divulgación científica en los que aparece su nombre real.
Sin embargo, el jurado del Premio Princesa de Asturias, en sus alegaciones al otorgárselo a la escritora francesa, no destaca la formación científica de la misma, sino su maestría para construir historias en el campo de la novela negra y policiaca. Aunque en dicha maestría está claro que ha de influir la formación científica que atesora.
Veamos algunas de esas alegaciones: Fred Vargas (Frédérique Audoin-Rouzeau) entiende la sociedad como un misterioso y complejo ecosistema. En su obra narrativa destaca la originalidad de sus tramas, la ironía con la que describe a sus personajes, la profunda carga cultural y la desbordante imaginación, que abre al lector horizontes literarios inéditos. Su escritura combina la intriga, la acción y la reflexión con un ritmo que recuerda la musicalidad característica de la buena prosa en francés. En cada una de sus novelas la Historia surge como metáfora de un presente desconcertante. El vaivén del tiempo, la revelación del Mal se conjugan en una sólida arquitectura literaria, con un fondo inquietante que, para goce del lector, siempre se resuelve como un desafío a la lógica.
Tiempos de hielo pertenece a la serie de novelas policiacas que tienen como principal protagonista al comisario Adamsberg, un policía singular algo despistado en apariencia, sus colaboradores le apodan “peleador de nubes”, que, como es lógico, resuelve con brillantez los casos que se le presentan.
Los compañeros del comisario, al menos los que aparecen en Tiempos de hielo, número ocho de la serie, poseen igualmente rasgos singulares. Citaré a unos cuantos de todos los que forman la Brigada Criminal. Así el comandante Danglard es una enciclopedia andante. Al comandante Mordent le apasionan los cuentos de hadas. La teniente Violette Retancourt mide 1’80 m y pesa 110 kg, talla y peso que sabe utilizar con eficacia. El teniente Mercadet sufre de hipersomnia, lo que no le impide hacer bien su trabajo con el apoyo de los compañeros. El teniente Veyrenc es especialista en historia y el pelo le crece de dos colores por una agresión que sufrió en la infancia.
La trama desarrollada en Tiempos de hielo se inicia con el aparente suicidio de una sexagenaria profesora de matemáticas. Aparente porque a su lado se ha trazado un signo que semeja ser una guillotina, lo que hace que el caso se derive a la Brigada Criminal del comisario Adamsberg.
Tras esta muerte, se producen otras, coincidiendo las víctimas con los miembros de una expedición a Islandia que terminó de manera trágica.
La situación se enreda aún más cuando los policías descubren que los muertos forman parte de una misteriosa asociación que se dedica a reconstruir las sesiones de la Asamblea Nacional que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa. Los asociados, que visten como se vestía entonces, aprenden de memoria los discursos de los miembros más significativos de la Asamblea, entre los que destaca Robespierre.
Volviendo al fallo del jurado, en Tiempos de hielo podemos encontrar las características de Fred Vargas destacadas en él. Por ejemplo, la ironía en la descripción de los personajes; la intriga, la acción y la reflexión que se aprecian en todo el relato; el vaivén del tiempo, la revelación del mal, el desafío a la lógica, el fondo inquietante, la sólida arquitectura literaria; y lo que a mí, aficionada a la materia me ha interesado más, la Historia como metáfora de un presente desconcertante.
 
 
 

 

miércoles, 30 de mayo de 2018

LAS CHICAS DEL CAMPO

El hecho de que Antonio Muñoz Molina, escritor al que admiro, recomendase el libro que hoy traigo a Opticks, me llevó a poner un interés especial en su lectura. Deseaba encontrar por mí misma las cualidades que habían complacido al autor ubetense.
El libro, una novela, se titula Las chicas del campo, fue publicado en 1960 y su autora es Edna O’Brien, nacida en Irlanda en 1933.
Las chicas del campo, en parte autobiográfica, tiene como protagonistas principales a Caithleen que hace de narradora, y a su amiga Baba. Las dos viven en un pueblo de la Irlanda rural en los años 50, y tanto sus familias como sus caracteres son muy diferentes.
Caithleen o Kate, es una niña tímida, estudiosa y reflexiva, le gusta leer y está bastante influenciada por el entorno que la rodea: un padre borracho, jugador y violento al que detesta; una madre frágil y sometida al marido que intenta protegerla; y todo ello dentro de una sociedad clasista, controlada por un catolicismo represivo, en la que el alcohol, el machismo y la crítica determinan sus señas de identidad.
Por el contrario Baba es decidida y descarada. Se aprovecha de la retraída Kate, pero también de sus padres, que están bien situados, y de cualquiera que se pone a su alcance.
Al morir la madre de Kate en un accidente y perder su padre por las múltiples deudas que acumula la casa familiar y las tierras, los padres de Baba se ocupan de ella, hasta que ambas ingresan como internas en un colegio de monjas. La dureza del internado, en el que Kate ha logrado entrar gracias a una beca, hace que Baba ideé un retorcido plan para que las expulsen.
Tras la expulsión, las dos se van a Dublín, Baba a estudiar y Kate a trabajar en una tienda; aunque comparten la habitación que han alquilado los padres de Baba en una casa de huéspedes y disfrutan juntas de la libertad que les proporciona la ciudad, al no haber nadie allí que las controle; sólo la casera recrimina a veces inútilmente un comportamiento que considera escandaloso.
Esta sería en resumen la historia contenida en Las chicas del campo. El principal valor de la misma creo reside en la manera como la autora nos la cuenta.
Distinguiré primero su realismo. Está claro que Edna O’Brien vivió muchas de las situaciones que aparecen en la novela. Así el realismo es total al describir la belleza de los paisajes, las costumbres o la sordidez de determinados ambientes; todo está narrado con sencillez y perspicacia por alguien que ha disfrutado o padecido en ellos. Sin embargo, no hay ningún tipo de rencor al referirse a los malos momentos, es la mirada de una persona sensible que ama la libertad y la belleza.
Luego la ingenuidad y el romanticismo con el que la Kate adolescente imagina el futuro y afronta las relaciones que mantiene con los hombres que va conociendo, en contraposición a las intenciones sobre todo materiales que mueven a Baba.
Por fin el contraste entre las dos amigas, distintas hasta en el físico (he leído que  Edna O’Brien considera a Baba como su alter ego), lo que no impide el aprecio que se tienen y la complicidad que reina entre las dos.
Las imágenes de mujer que presenta la autora resultaron revolucionarias cuando fue publicada la novela y a mucha gente le escandalizó el contenido, hasta el punto que el cura de la aldea quemó tres ejemplares que había encontrado en una librería. Recordemos que era el año 1960 y se trataba de la católica Irlanda.
Leída ahora, lo único que sorprende es el humor ingenuo y fresco con el que se expresa la autora, la inteligencia y profundidad con la que observa a los demás y los describe y el genio literario que demuestra al construir un relato que, una vez empezado, y estoy de acuerdo con Muñoz Molina, resulta imposible dejar de leer.